miércoles, 9 de abril de 2014

- 4 - OIGO TU RISA Y CREO EN LOS MILAGROS

-¿Te parece si vamos a cenar algo?- definitivamente no me quería decir nada aún. Me cambió de tema a la velocidad de la luz, pero me dio igual, no iba a rechazar aquella invitación.
-Siempre que pagues tu...- bromeé. Y con esa broma mi primera sonrisa sincera. Porque no podía aguantar ni un solo minuto más con aquella tontería de hacerme el enfadado, con ella era algo imposible. Habló con el hombre que tenía pensado conducir y le dijo que se fuera, que ya conducía ella. Me cambié al asiento del copiloto y ahora si, nos fuimos. El restaurante no quedaba muy lejos de allí, por lo que llegamos en apenas 10 minutos. 
Aparcó un poco más lejos para que no nos vieran llegar juntos. Primero salí yo. Entré en el restaurante y esperé en la entrada. Luego entró ella, que habló con el camarero y disimuladamente nos llevaron (otra vez) a una sala especial. ¡Hay que ver, la de privilegios que tenía esta mujer!
Cuando nos sentamos me pareció el mejor momento para pedirle que me contara lo que se suponía que tenía que decirme. 

-Oye Malú..
-¿Si?- dijo con esa sonrisa suya que nos enamora tanto a todos
-¿Que era eso de lo que tenías que hablar conmigo? 
-Pues... He pensado en lo del otro día Dani. 
-¿En lo que?
-¿Cómo que "lo que"? Casi nos besamos ¿o es que no te acuerdas?
-Claro que me acuerdo... 
-¿Entonces? 
-No te entiendo Malú... ¿Qué es lo que has pensado?
-Que eso no puede ser. Que quiero que seamos amigos, nada más. Estoy en un momento complicado de mi carrera y...- aquello partió mis esquemas en dos, tres y cien mil pedazos. Que ingenuo fui al pensar que podía estar con alguien como ella... en fin. ¿Yo con ella? ¿En que cabeza cabe? No, no. Imposible. 
-No importa. 
-¿De verdad? Por supuesto me gustaría que quedáramos a tomar algo de vez en cuando... como amigos, claro. 
-Si, si... Lo que quieras. 
-Dani ¿que pasa? 
-Nada... Oye, me voy. Ya hablaremos, algún día... 

No la dejé responder y me fui. No quería que me viera mal allí, no. Empecé a caminar deprisa hasta que llegué donde había un par de taxis aparcados. Me subí al primero que vi y le pedí que me llevara a casa. 
Necesitaba desconectar de todo, por lo que me pareció mejor apagar el móvil y pasar de todo. Total, mi hermana estaría en casa de Aurora así que cualquier cosa llamaría al fijo... 
Llegué a casa, me cambié de ropa y me tumbé en la cama. Pasaban las horas y yo seguía allí, mirando al techo y sin moverme. Empezó a llover. Muy fuerte. Como una de estas tormentas que desbordan los ríos, se inundan las carreteras... Llovía demasiado. 
Eran las dos de la mañana ya y yo seguía sin poder dormir. No dejaba de pensar en lo que había dicho. Que no quería nada. Básicamente me mandó a la mierda. Y yo como un gilipollas pillándome por ella. Já. Qué irónico. Supongo que soy tonto por ilusionarme. Un don nadie como yo nunca podría estar con alguien tan grande como ella... era imposible. 

A las tres de la mañana sonó el timbre. Me supuse que era mi hermana así que fui a abrirle la puerta. Pero no era ella, no. 
Al verla allí parada se me abrieron los ojos como platos. Estaba parada frente a mi, chorreando agua a mansalva. Estaba empapada, pero preciosa. 

-¿Qué haces aquí Malú? 
-Lo siento...- dijo con la voz rota.- Siento haber sido tan tonta...

No me dio ni tiempo a reaccionar. Pasó y me abrazó con fuerza, cosa que agradecí. 
Yo seguía allí, sin saber que hacer. Primero me dice que no quiere nada, pero luego viene a mi casa y se me echa encima. Me interrumpió de todos estos pensamientos con un beso que me dejó aún más desconcertado. Nuestros labios se juntaron, a lo que yo no puse pegas. ¿Para que? 
La empujé un poco hacia atrás para poder cerrar la puerta y luego lo hizo ella para llevarme hasta el sofá. Me sentó y ella encima. Estaba empapada, pero no existía ni la más mínima sensación de frío. 
Quitó mi camiseta con delicadeza y luego yo la suya. Desabroché su pantalón, se deshizo de los míos y luego por fin volvimos a juntar nuestros labios. Sus labios junto a los míos eran aún más perfectos. Por no decir que encajaban a la perfección. Era la pieza del puzzle que me había faltado siempre, la pieza clave. 
Acariciaba su espalda con delicadeza. Su piel era como la de un bebé. Tan suave que ni real parecía. Era como una muñequita, de estas de porcelana que piensas que se van a romper solo con mirarla. Frágil, muy frágil. Y me encantaba. 
Después de un rato teniéndola sobre mi, la cogí haciendo que cruzara sus piernas e mi espalda y pasamos a la habitación. La tumbé despacito y muy poco a poco fui poniéndome sobre ella. 
Solo podía pensar en una sola cosa: sus labios contra los míos. Me mordía el labio inferior y yo a ella y poco a poco iba aumentando la pasión, la velocidad, todo. Mi corazón a mil por hora y su respiración en mi oído que lo aceleraba todo aún más. 
(...)

Los primeros rayos de sol hicieron que me despertara. Como no, se me había olvidado bajar la persiana de todo. Siempre me pasaba exactamente lo mismo y por las mañanas tenía ganas de pegarme. 
Miré a mi lado buscando las primeras buenas vistas de la mañana, pero no estaba. ¿Se había ido sin decirme nada o solo se había levantado? Tenía que comprobarlo. No podía haberse ido, todavía no. 
Me miré al espejo de mi habitación. Tenía unos pelos de psicópata que no podía con ellos... Me pasé la mano peinándome un poco y salí tal cual, aún sin vestir. Miré en el salón pero no la vi. También en la cocina y tampoco estaba... 
Después de un rato se me ocurrió mirar a la terraza, y allí estaba. Más guapa que nunca. Estaba de espaldas a mi, apoyada en la barandilla y con una taza en la mano. Llevaba una camiseta ancha mía que le llegaba un poco por encima de la rodilla y dejaba ver también uno de sus hombros al descubierto. Desde luego puedo decir que de todas las vistas del mundo, esa es justo la que quiero en mi vida cada mañana, cada tarde y cada noche. 
Me acerqué sin hacer ruido y la abracé por la espalda. 

-Buenos días, preciosa.- Le susurré al oído. Apoyó su cabeza en mi hombro y pude ver como sonreía.
-Estos si son buenos días.- Dijo, seguido de un beso. Y luego otro, y otro, y otro más.- ¿Quieres que hagamos algo hoy? 
-Claro- sonreí- ¿Tienes algo en mente? 
-Pues... podemos quedarnos aquí si te apetece.- Me sonrió de forma pícara y sonreí.
-¿Seguro? No se si vendrá mi hermana... 
-¿Tienes una hermana?- dijo sorprendida.
-Si. Tiene 16 años. Si te viera aquí seguro que le daría algo de la emoción.- reí
-Entonces... Podríamos darle una sorpresa a la chiquilla ¿no?
-¿En serio harías eso por mi hermana? 
-Por tu hermana y por ti, que se que lo estás deseando.- me guiñó un ojo y sonreí. Si, tenía razón, me comían por dentro las ganas de contárselo a mi hermana. 
-No pensaba que te fuese a dar igual que se enterase- dije aún sonriendo
-Es que, no tiene nada de malo ¿no? Al fin y al cabo, somos amigos.- Espera, espera. ¿Acaba de decir amigos? Al instante se me borró la sonrisa de golpe y lo notó.- Que es broma, idiota. Pero si es tu hermana pues supongo que nos podrá guardar el secretito.- sonrió. 
-Eres genial- sonreí. Me acerqué a ella y volví a besarla. 

Y así pasamos el día, entre besos, abrazos y caricias. ¿Qué más puedo pedir? Desde luego no creo que haya mayor felicidad que la que yo sentía en ese momento, que ya no era poca. 
Ahora solo me intrigaba saber la reacción de mi hermana. No por que pudiera ser mala, sino por que seguro que tan pronto llegara a casa y la viera iba a flipar. Su ídola en casa y conmigo. Si es que parece de locos... 
Ese momento no tardó en llegar. A la hora de comer escuché como una llave se introducía en la puerta. 

-Escóndete- le dije a Malú
-¿Que me esconda? ¿Por que? 
-Para darle una sorpresa, tonta. Anda, vete a la cocina ¡corre!- Malú se fue a la cocina corriendo y en ese momento entró mi hermana. Ahora, ahora si. El momento más gracioso del día, desde luego. 

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