-Hola guapo.- sonrió
-¡Hola! ¿Qué tal todo?
-¿Muy bien y tu? Dichosos los ojos... ¡por fin te veo!
-Lo siento mucho Teresa, de verdad.- le dije bajando la cabeza.- No estaba con muchos ánimos para salir cuando me llamabas...
-No pasa nada bobo.- Apretó mis mejillas y me besó en la mejilla. ¿Comemos juntos?
-Claro.- sonreí
Fui a la sala del comedor y me senté con Teresa en la misma mesa de siempre. Yo creo que ya tendrían que ponerle nuestro nombre. Hablamos de todo un poco. Ella estaba trabajando en una revista y hace poco la habían ascendido a jefa. Me contó cosas de su trabajo y demás. Pero una de las cosas que me contó me hizo dejar de atender por un momento a lo que me seguía contando.
-Estoy muy contenta con tu hermana Dani, trabaja realmente bien para ser tan joven.- volvió a sonreír.
-¿Mi hermana? ¿Cómo que trabaja muy bien para ser tan joven?
-Si, eso. Que lo hace muy bien. Se nota que el periodismo le gusta. Estoy pensando en ascenderla y todo...
-¿Me estás diciendo que mi hermana trabaja en la misma revista que tu? ¿Que es periodista?- El corazón me dio un vuelco. ¿Cómo es que yo no sabía nada? ¿Cómo que mi hermana estaba trabajando sin que yo lo supiera? ¿Y por qué no me lo dijo? ¿Por qué de periodista? Eran miles las preguntas que se formulaban en mi cabeza minuto a minuto. O estaba loco o aquello era una locura.
-¿No lo sabías? ¡Mierda! Ya he metido la pata... Pensé que lo sabías Dani, de verdad...
-No, no lo sabía... Pero ¿cuando va ella a la revista? Por que siempre que sale me dice que va a casa de Aurora...
-Tu hermana se pasa los días casi al completo en la revista Dani. Sale de clase en las horas libres y va, luego vuelve a clase, va a comer contigo y viene a la revista otra vez. ¿Aurora? No será Aurora Estevez ¿no?
-Y yo sin enterarme... Si, esa misma. ¿Qué le pasa?
-Es la hija del jefe.- rió- Anda que no es espabilada la niña.- reímos. Si, yo me reí, pero ni pizca de gracia. En pocas palabras estaba llamando a mi hermana conveniencias, así, con todo el morro del mundo.- Bueno, pero dejemos de hablar de esto. Hay alguna que otra cosa que me interesa más.
-¿De qué se trata?
-De ti.- rió- Quiero que me cuentes que es de tu vida desde que lo dejamos. ¿Has conocido a alguien?- Esa pregunta me puso muy nervioso. ¿Se enfadaría si le decía que si? ¿O se lo tomaría bien? ¿Había conocido ella a alguien? Otra vez las preguntitas de las narices...
-Pues...-carraspeé un poco para aclarar la garganta. Se me había formado un nudo en ella que casi no me dejaba ni respirar.- Si, he conocido a alguien.- me ruboricé y sonreí al recordarla. Se me había quedado su imagen completamente gravada en mi cabeza. Y era tan preciosa, tan delicada, tan todo... que era imposible de olvidar. Teresa se quedó callada. Nada más había acabado de decirle aquel "si" sus ojos se volvieron platos y su sonrisa se esfumó. ¿Bipolaridad? Tal vez.
-Ah... que bien- fingió una sonrisa- Me alegro Dani...- Agachó la cabeza y se puso a jugar con la pajita en su vaso de coca-cola. Conocía perfectamente aquella reacción. Nunca fue capaz de controlar esas cosas, era muy transparente en ese sentido.
-¿Ocurre algo?
-No... no. Nada. ¿Que va a ocurrir?- pasaba de decepcionada a borde, de borde a enfadada y de enfadada a triste. Bipolar señores, bipolar. Lo que ocurre es que yo no entiendo esto. Ella también quiso dejarme. Es más, los dos estuvimos de acuerdo en dejarlo. ¿Y ahora? ¿Ahora que le pasa? ¿Pretendía que me quedara para ella siempre? Desde luego no lo entendía, no...
-Nada no, Teresa. Te conozco. Dime a ver. ¿Que pasa?
-¿Que va a pasar Dani? Pues que no hace ni dos semanas que lo dejamos y ya estás con otra.
Creía que me querías...
-Y te quiero, pero no como antes. ¿Que pretendes? ¿Que lo dejemos y espere a volver a sentir lo mismo por ti para estar juntos de nuevo? ¿Que siga solo hasta que se te de el capricho? No te entiendo, Teresa. De verdad que no. Tu estabas de acuerdo en que lo dejáramos. Tu lo quisiste así. ¿A que viene esto ahora, eh?
-Me precipité. ¿Era eso lo que querías oír? Pensé que era eso lo que quería. Pero ahora me doy cuenta de que me molesta que sonrías y no sea por mi. Me molesta y mucho. Yo te quiero aquí... te necesito conmigo Daniel. ¿Qué pasa? ¿No quieres que volvamos?
-Lo siento pero no Teresa. Lo mejor es que seamos amigos.
-No puedo ser tu amiga sabiendo que estás con otra.
-Pareces una cría, de verdad. Pues ¿sabes que? Si no puedes ser mi amiga por estar con otra, lo mejor será que no seamos ni siquiera amigos. ¿Contenta?
No quise escuchar más. Fui a la barra, pagué mi comida y le hice un gesto a Esteban para despedirme.
Aquello era de locos. Todo en realidad. Yo con Malú, mi hermana periodista, mi ex celosa... ¿Y ahora qué?
Ah, bueno ¡y no olvidemos mi metedura de pata con Malú antes!
Si es que de un día para el otro todo me salía mal. Era una cosa buena y quinientas mil malas. Así toda mi vida.
Necesitaba desahogarme, echarlo todo fuera. Empecé a correr hacia el estudio. Ya no me importó que estuviera lejos, ni que empezara a llover... nada. Solo quería llegar allí y poder desconectar de todas aquellas preguntas que mi cabeza seguía haciéndose, incansable.
¿Por qué tantas preguntas sin respuesta? ¿Por que tantas paranoyas? ¿Por qué me complico tanto la vida? No lo entiendo; no me entiendo.
Llegué al estudio bastante más rápido de lo normal. Me había motivado a correr, supongo que era algo que me relajaba, en cierto modo.
Me senté frente al piano y empecé a darle a las teclas sin partitura alguna, para que saliese todo de forma natural. Cuando reaccioné por fin, me di cuenta de que sería bueno grabar lo que tocara, por si había algo decente. Puse el móvil sobre el piano, le di al botón REC y empecé a tocar.
Cerré los ojos y me imaginé a Malú. No me quitaba su imagen de la cabeza. Me encantaba imaginarla, imaginar su voz... Aunque me parece mucho más bonita cuando está a mi lado, o abrazándome, o besándome. En general, la veo preciosa conmigo.
No soy consciente de lo que toco, así esté tocando teclas al azar sin sentido alguno. No me importa, solo puedo pensar en ella.
Y como si de telepatía se tratase, cuando acabo de tocar la veo parada frente a mi, con lágrimas que corren por sus mejillas sin parar. Tiene la sonrisa más grande y bonita del mundo, y esta vez me la dedica a mi. Yo aún sin entender por qué y como estaba ella allí, me levanté de la banqueta y di cuatro pasos hasta ella. Cogí su cintura y la aproximé a mi, más fuerte que nunca. Unimos nuestros labios una vez más. A fuego lento, sin prisa. Pasó sus manos por mi cuello, se separó un poco de mi y apoyó su frente en mi pecho.
-La canción que acabas de tocar... Es preciosa. Y lo que cantabas... Te quiero.- Y lo cierto es que no había prestado gran atención. Me había pasado esto de cuando bebes mucho y al día siguiente no te acuerdas de nada, pero en apenas minutos. Había sido todo tan de corazón que ni siquiera había pensado en lo que cantaba ni como. Y en ese momento se me encendió una luz. ¡La grabación! Luego la escucharía, cuando estuviera solo, por que saber lo que había dicho delante de ella me haría morir de la vergüenza.
-¿En serio te ha gustado?- sonreí volviendo a poner mis labios sobre los suyos.- Yo te quiero más.
-Me ha encantado cariño. -sonrió- No mientas Dani, soy yo la que ha venido a buscarte.- sacó la lengua y casi me derrito allí mismo.
-Será mejor que te calles cariño, no tienes razón.
-No me callaré.
-Pues deberías...
-¿Quieres que me calle?
-Si.
-Pues cállame.
Y la besé con más pasión que antes incluso, con más dulzura. La levanté y la senté en el piano. Ahora si, la tenía a la altura perfecta y todita para mi.
-Eres lo jodido mejor.- le susurré.
Y con eso se me olvidó todo, sin excepción alguna. Me daba igual que mi hermana trabajara, o que mi ex se celara... o miles de cosas que a veces no me dejaban conciliar el sueño. Hoy no, hoy me daba igual. Solo me centraba en ella ¿qué más necesito?
Así pasamos la tarde, entre besos y caricias en aquel pequeño estudio en el que casi no cabía un alfiler, cuando a mitad de la tarde una llamada inesperada me descolocó.
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