miércoles, 30 de abril de 2014

- 15 - DILES, QUE NUESTRO AMOR ES GRANDE COMO EL UNIVERSO

Me desperté con el ruido que se estaba formando en los vagones. Me di cuenta de que habíamos llegado ya a Madrid así que cogí mi maleta y me di prisa para que no me cerraran la puerta, lo único que me faltaba era quedarme dentro del tren. 
Ya fuera revisé que tenía todo conmigo y me dirigí directamente al apartamento de Malú. Estaba aún con el móvil apagado, por lo que nadie sabía que estaba en Madrid. Salí a la calle, cogí un taxi y di la dirección. Obviamente no hice parar al taxista justo en frente de la casa de Malú, sino una calle más atrás. Vi la casa a lo lejos y me entró miedo. No se si a que no estuviera o a que no quisiera verme. Creo que a lo segundo. Miedo, miedo y más miedo. Mis piernas temblaban, de esto que se te olvida hasta como se camina. Cogí fuerza, no preguntéis de donde, y empecé a caminar hacia su puerta. Llamé al timbre y esperé un poco. Debió pasar un solo minuto, pero se me hizo tan eterno que decidí irme. Pero cuando me estaba yendo su voz hizo que me parara en seco.

-¡¿DANI?! ¿ERES TU? - gritó con la voz temblorosa.

No dije nada, solo me giré y la miré. Noté que había estado llorando, mucho. Verla así me confundía. ¿Me echaría de menos? Pronto me dio la esperanza de haberme echado de menos, efectivamente. Vino corriendo hacia mi y me abrazó con fuerza a lo que la correspondí acercándola más a mi. Cogí su cara y besé sus labios. No se apartó, lo cual era buena señal. Nos separamos y al mirar hacia la puerta vi a mi hermana en el marco, apoyada y sonriendo. Me hizo un gesto con la cabeza para que pasara con Malú dentro. Pasé una vez más mi brazo por su cuello y entramos dentro. Como la echaba de menos... Echaba de menos sus labios, su sonrisa, su risa, sus ojos, toda ella en general. Nos sentamos en el sofá, yo aún abrazado a ella y mi hermana en frente nuestra sentada en una silla. 

-Nos tenías muy preocupadas Dani... te llamamos una y otra vez al móvil pero lo tenías apagado ¿se puede saber donde te metiste?- mi hermana estaba enfadada, muy enfadada. No me gustaba verla así, es que lo odiaba. Entendía su enfado, porque vaya tela con lo mío... Pero no se lo podía contar, no le podía contar que había vuelto a beber, eso no. 
-Lo siento, de verdad... Salí después de irse Malú, a despejarme tan solo. Pero se me acabó la batería y...
-Si Dani, pero eso habrá sido un rato, pero tuviste el teléfono apagado todo un día ¿acaso no dormiste en el hotel?- Mi hermana empezaba a insistir y yo no sabía que responder. Si le decía que no, me preguntaría donde dormí y si no se lo decía Malú probablemente pensaría que la engañé con otra y eso no me lo puedo permitir. Pero si le decía que había vuelto a beber, mi ella se enfadaría y Malú también, así que en cualquier caso acabaría fastidiado. Con la presión y los nervios no me quedó más remedio que mentirle. Me arrepiento y no sabéis cuanto, pero no soy capaz de decirle lo que realmente había pasado...
-No, no dormí en el hotel. Quedé con Gonzalo y dormí en su casa.- El problema que podía tener ahora era que mi hermana se diera cuenta de que le mentía y, por la cara que puso me supuse que era así. Solo esperaba que si se daba cuenta, no dijera nada. 
-Bueno, esto... yo... Os dejo solos.- dijo cogiendo sus cosas y aproximándose a la puerta. Le di un abrazo.- Ya hablaremos tu y yo en casa.- me dijo en un susurro. 
-Gracias, de verdad.- le contesté del mismo modo. 

Se fue y Malú y yo nos quedamos a solas. Pensé ¿y ahora qué? No sabía si besarla, si hablar con ella y preguntarle que es lo que había pasado... No sabía nada en absoluto. Al darse cuenta de que yo estaba un poco descolocado habló ella, cosa que le agradecí enormemente. 

-Creo que tengo que explicarte un par de cosas ¿no?- me dijo con una media sonrisa. Asentí y me hizo un gesto para que me sentara a su lado. Cuando me senté, cogió mis manos y prosiguió.- Verás Dani, ayer me llamaron diciéndome que iban a publicar unas fotos nuestras en una revista y me asusté. Me asusté y no supe hacer otra cosa que salir corriendo... Pero tan pronto me fui me di cuenta de que irme me había destrozado, pero no volví por si ya no querías verme. No se por qué lo hice sin decirte nada, de verdad, pero lo siento... Te quiero, Dani.

Sus palabras me impactaron, se clavaron dentro de mi y me aliviaron. "Te quiero, Dani". Tres simples palabras que me habían provocado escalofríos tan solo al escucharlas salir de su boca. No me lo pensé, simplemente la besé, una y otra vez. Como si hubiéramos estado separados meses... tal vez años. Ya no quería separarme de ella, de su piel. En ese momento dejamos de hablar, no hacía falta. Podíamos decirnos lo que quisiéramos sin decir absolutamente nada y eso me encantaba. Ya no pensaba, no podía. Me concentré en ella, en sus ojos justo en frente de los míos y su piel rozando la mía. Sus manos recorrían mi espalda, las mías acariciaban su pelo. ¿Qué mejor parte de una pelea que su reconciliación?
(...)
Los dos en el sofá, mi brazo rodeando su cintura y nuestras caras a centímetros. No sabía si preguntarle por lo de las fotos o dejarlo estar. Si contarle lo que había pasado en Cantabria o no... Mi cabeza una vez más de tantas estaba llena de preguntas. 

-Malú...
-¿Si? 
-¿Que haremos con las fotos? 
-Hay alguien que ya se ha encargado de eso por nosotros bobo.- dijo sonriendo. Yo debía de estar embobado o algo, porque no entendía nada. 
-¿Quien? ¿Y que se supone que hizo? 
-Martina. Las fotos las iban a publicar en la revista donde ella trabaja. 
-¿Qué dices? Pero ella no tuvo nada que ver en eso, estoy seguro...
-Lo sé Dani, pero ella las ha recuperado. Ella fue a hablar con su jefa y le pidió que no las publicara. Nos han hecho un favor enorme... ¿Quieres verlas? 
-Buf, menos mal, estaba asustado.- reímos- Si, ¿son bonitas?
-Son preciosas pero porque salgo yo, tampoco te flipes.
-¿Perdona? Si salieron bien es gracias a mi guapa.- Reímos a carcajadas una y otra vez. Fue a buscar las fotos y cuando las vi me invadió una sensación que no soy capaz de explicar aún. Era un conjunto de muchas cosas, todas buenas por supuesto. Esas fotos eran realmente preciosas, sin duda. Eran fotos que conservaríamos toda la vida, todas ellas. 
-¿Te gustan?
-Me encantan.- nos quedamos callados un instante hasta que luego seguí.- ¿Pero sabes una cosa que me encanta más? 
-¿Qué cosa?- me dijo con los ojos muy abiertos, sentada frente a mi. Me acerqué más a ella y empecé a hacerle cosquillas, muchas. Acabé abrazado a ella, entre carcajada y carcajada. Me aproximé a su oído...
-Tú.- le susurré.

Nuestros labios volvieron a juntarse. Mi sonrisa ya era imborrable, aunque eso me pasaba solo al ver la suya. No se cuanto tiempo pasamos así, entre bromas, risas, guerras de cosquillas y besos, sobre todo muchos besos... Sé que se había hecho tarde y ya iba siendo hora de irme. Además tenía que hablar con mi hermana lo antes posible, por si acaso. 

-Cariño, tengo que irme.
-¿Ya? 
-Si, tengo que ir con Martina que tenemos una charla pendiente. Puedes venir luego a dormir si quieres.- le dije con una sonrisa pícara.
-Me parece bien.- sonrió- Voy dentro de dos horas ¿te parece?
-Perfecto.- sonreí- Te quiero. 

Besé sus labios y me fui camino a mi casa. 
Por el camino me acordé de Gonzalo, que por mis cálculos no llegaría hasta las seis o siete de la mañana. Decidí llamarlo, para comprobar que todo iba bien. 

-¡Hey! ¿Qué tal primo? 
-Gonzalo, va todo bien ¿no?
-Si, si, no te preocupes. Me quedan aún unas horas pero todo va bien, no te preocupes.
-De acuerdo... Ten cuidado eh. 
-¡Si mamá! Venga hombre, no te preocupes.- reímos
-Muy bien, muy bien. 

Colgué el teléfono aunque no muy convencido por lo que me decía mi primo. Después de un rato andando con la cabeza mirando al suelo y los brazos en los bolsillos de la chaqueta, completamente sumergido en todos mis pensamientos, llegué a mi piso pero me quedé un momento allí, recapacitando y eligiendo cautelosamente las palabras que iba a decirle a mi hermana. No estaba segura de si sería mejor decirle la verdad o callarme. Supongo que me guiaría por lo que pasara en el momento, según fuese capaz de decírselo o no, quien sabe... 
Respiré hondo y subí hasta mi casa. Cuando abrí la puerta Martina estaba en el sofá, leyendo mientras escuchaba música. Tenía puesto el disco "Vive" de Malú. Ahora si, había llegado la hora de hablar con mi hermana. 

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