jueves, 10 de abril de 2014

- 5 - SI VOY DE TU MANO NO ME PIERDO

-¡Dani!- dijo corriendo hacia mi y dándome un abrazo
-Hola pequeña- sonreí- ¿te lo has pasado bien?
-Si, estupendamente.- me dijo sonriente- ¿Y tu con tu cita?
-También-sonreí, ahora más que antes al recordar mi "cita". A ver quien me quitaba aquella sonrisa de tonto ahora... 
-¿Comemos juntos o has quedado?
-Viene ella a comer- dije aguantando la risa- ¿Por que no vas a la cocina y preparas algo? 
-¡Vale!

Mi hermana fue acercándose a la cocina mientras tenía el móvil en la mano, por lo que iba distraída y no iba a ver a Malú hasta que entrara. Cada vez me costaba más y más aguantar la risa. Me acerqué a la cocina para ver la cara que ponía. Se apoyó en el marco de la puerta mientras contestaba a un Whats App y a mi la impaciencia me podía.

-¡Las he visto más rápidas!
-¡Que ya vo...- Y cuando subió la cabeza para decirme esto vio que Malú estaba sentada encima de la encimera. Su cara fue un show. Tal cual así.
 
Empecé a reírme a carcajada limpia sin compasión alguna por mi hermana. Ella seguía ahí petrificada mirando a Malú, mientras esta se reía conmigo. Todo un espectáculo. 

-¡Hola! Encantada, soy Malú.- le dijo animada. Pero no le contestó. Seguía sin moverse. Quieta como una estatua, tal cual. 
-Martina ¿estás bien?
-Pero... pero... DANI ¿COMO QUIERES QUE ESTÉ SI TENGO A MI ÍDOLO DELANTE MÍA?¡¡¡¡SOY LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO!!!!.- gritaba. Se la veía tan feliz... Así quería verla todos los días, así. 
-Encantada Martina- sonreía Malú.- ¿Sabes que? ¡Soy tu media cuñada!- dijo con ese desparpajo suyo.- Entonces fui yo ahora el que me quedé perplejo. Había dicho "tu media cuñada". ¿Puedo ser más feliz? ¿Se puede o está prohibido? Aquello me sorprendió, y me encantó y me mató, y todo lo que os podáis imaginar. 
-¿Como no me contaste esto Dani? ¿Cuanto lleváis? ¿Pero tu eres tonto?- No podía parar de reírme. De repente se había indignado, pero era indignación mezclada con lágrimas de alegría, cosa que resultaba muy graciosa. 
-Lo siento Martina, pero es que no te iba a llamar ayer a las 5 de la mañana para contártelo... Llevamos pues... Unas 12 horas, casi. O ni eso ¿que se yo?- reí- Y no soy tonto, te lo estoy contando ahora.- volví a reír. Ahora ya no se enfadó. Puso la mejor de sus sonrisas. Estaba feliz y con ella yo. 
-Estoy flipando. ¿Mi ídolo es mi cuñada? Yo estoy durmiendo aún, seguro...- Mi hermana me leía mi mente, porque yo también creía estar soñando. Y ojalá no despertar nunca, ojalá.
-Bueno, ahora que ya os conocéis puedes hacernos la comida ¿no?- le dije a mi hermana, que como le gustaba cocinar solía hacerme la comida a mi para practicar. Ella quería ser cocinera y se le daba estupendamente, la verdad. 
-Si, si, salid de la cocina. ¡Venga, venga!- le hicimos caso y nos fuimos al salón. 

Cogí a Malú por la cintura, apoyé mi barbilla en su hombro y besé su cuello, su hombro, su brazo...

-Tengo que ir a buscar algo de ropa a casa ¿me acompañas? 
-Claro-sonreí- me visto y vamos. 

Fui a mi habitación, me puse lo primero que encontré y luego fui a la habitación de Martina para cogerle algo de ropa a ella para que fuera hasta su casa. 

-Malú ¿te vale esto?  
 -Asintió, lo cogió y fue al baño a cambiarse. 
No tardó mucho, cosa que me sorprendió, porque cuando mi hermana se viste necesita una hora para cada prenda que se ponga, como mínimo y obviamente eso a mi como hombre me desespera...
Cuando estuvo lista avisamos a mi hermana de que nos íbamos y salimos hacia la casa de Malú. 
Cogimos mi coche y ella me fue indicando paso a paso como llegar. Pude aparcar en la puerta, pues era un sitio bastante reservado. 
Su casa era preciosa y enorme. Tenía dos pisos, muy grandes y muy bien decorados, por cierto. 
Solo su cuarto de baño principal era como mi estudio entero, lo cual para un cuarto de baño era bastante grande. 

-Cariño ¿te falta mucho?- grité desde el salón. No me contestó y decidí subir a ver si todo iba bien. Cuando llegué a su habitación estaba sentada en la cama hablando por el móvil y no tenía buena cara. Parecía que algo iba mal, pero como os podéis suponer no se lo podía preguntar mientras hablaba... Me senté a su lado para intentar escuchar lo que le decían pero no se escuchaba nada. 
Vi como se ponía cada vez muy nerviosa, enfadada, triste... que se yo. Ponía de todo menos una sonrisa. 
De ahí a unos minutos me llamó mi hermana.

-Dime Marti.
-Dani, al final no puedo comer con vosotros... tengo algo importante que hacer... 
-¿Ha pasado algo?
-No, no. Nada. Os dejo la comida en el horno ¿vale? Te quiero. 

Y colgó. Entonces mi cabeza dio vueltas y mil vueltas. ¿Qué había pasado para que ya no pudiera comer con nosotros? ¿Quién había llamado a Malú y qué le estaba diciendo?
Por fin acabó de hablar, me miró apenada y fue a hablar. Si, yo ya sabía que me iba a decir lo mismo que mi hermana. 

-Tengo que irme... 
-¿Cómo? ¿Por qué? 
-Trabajo... Te lo contaré... luego. 
-¿Me llamarás o tendré que esperar otras dos semanas?- después de decirlo me di cuenta de lo borde que había sonado. Había sonado a reproche de mala intención y así lo interpretó ella. Cogió su chaqueta y se fue. 
-Cierra cuando salgas.- fue lo último que me dijo y de mala gana, por cierto, antes de irse. 

Ahora si. Estaba más solo que la una. No sabía que era lo que le pasaba a Malú, ni a mi hermana... Todo era rarísimo. En resumen, hoy me toca comer solo y sin enterarme de nada. Pues que bien...

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