miércoles, 30 de abril de 2014

- 15 - DILES, QUE NUESTRO AMOR ES GRANDE COMO EL UNIVERSO

Me desperté con el ruido que se estaba formando en los vagones. Me di cuenta de que habíamos llegado ya a Madrid así que cogí mi maleta y me di prisa para que no me cerraran la puerta, lo único que me faltaba era quedarme dentro del tren. 
Ya fuera revisé que tenía todo conmigo y me dirigí directamente al apartamento de Malú. Estaba aún con el móvil apagado, por lo que nadie sabía que estaba en Madrid. Salí a la calle, cogí un taxi y di la dirección. Obviamente no hice parar al taxista justo en frente de la casa de Malú, sino una calle más atrás. Vi la casa a lo lejos y me entró miedo. No se si a que no estuviera o a que no quisiera verme. Creo que a lo segundo. Miedo, miedo y más miedo. Mis piernas temblaban, de esto que se te olvida hasta como se camina. Cogí fuerza, no preguntéis de donde, y empecé a caminar hacia su puerta. Llamé al timbre y esperé un poco. Debió pasar un solo minuto, pero se me hizo tan eterno que decidí irme. Pero cuando me estaba yendo su voz hizo que me parara en seco.

-¡¿DANI?! ¿ERES TU? - gritó con la voz temblorosa.

No dije nada, solo me giré y la miré. Noté que había estado llorando, mucho. Verla así me confundía. ¿Me echaría de menos? Pronto me dio la esperanza de haberme echado de menos, efectivamente. Vino corriendo hacia mi y me abrazó con fuerza a lo que la correspondí acercándola más a mi. Cogí su cara y besé sus labios. No se apartó, lo cual era buena señal. Nos separamos y al mirar hacia la puerta vi a mi hermana en el marco, apoyada y sonriendo. Me hizo un gesto con la cabeza para que pasara con Malú dentro. Pasé una vez más mi brazo por su cuello y entramos dentro. Como la echaba de menos... Echaba de menos sus labios, su sonrisa, su risa, sus ojos, toda ella en general. Nos sentamos en el sofá, yo aún abrazado a ella y mi hermana en frente nuestra sentada en una silla. 

-Nos tenías muy preocupadas Dani... te llamamos una y otra vez al móvil pero lo tenías apagado ¿se puede saber donde te metiste?- mi hermana estaba enfadada, muy enfadada. No me gustaba verla así, es que lo odiaba. Entendía su enfado, porque vaya tela con lo mío... Pero no se lo podía contar, no le podía contar que había vuelto a beber, eso no. 
-Lo siento, de verdad... Salí después de irse Malú, a despejarme tan solo. Pero se me acabó la batería y...
-Si Dani, pero eso habrá sido un rato, pero tuviste el teléfono apagado todo un día ¿acaso no dormiste en el hotel?- Mi hermana empezaba a insistir y yo no sabía que responder. Si le decía que no, me preguntaría donde dormí y si no se lo decía Malú probablemente pensaría que la engañé con otra y eso no me lo puedo permitir. Pero si le decía que había vuelto a beber, mi ella se enfadaría y Malú también, así que en cualquier caso acabaría fastidiado. Con la presión y los nervios no me quedó más remedio que mentirle. Me arrepiento y no sabéis cuanto, pero no soy capaz de decirle lo que realmente había pasado...
-No, no dormí en el hotel. Quedé con Gonzalo y dormí en su casa.- El problema que podía tener ahora era que mi hermana se diera cuenta de que le mentía y, por la cara que puso me supuse que era así. Solo esperaba que si se daba cuenta, no dijera nada. 
-Bueno, esto... yo... Os dejo solos.- dijo cogiendo sus cosas y aproximándose a la puerta. Le di un abrazo.- Ya hablaremos tu y yo en casa.- me dijo en un susurro. 
-Gracias, de verdad.- le contesté del mismo modo. 

Se fue y Malú y yo nos quedamos a solas. Pensé ¿y ahora qué? No sabía si besarla, si hablar con ella y preguntarle que es lo que había pasado... No sabía nada en absoluto. Al darse cuenta de que yo estaba un poco descolocado habló ella, cosa que le agradecí enormemente. 

-Creo que tengo que explicarte un par de cosas ¿no?- me dijo con una media sonrisa. Asentí y me hizo un gesto para que me sentara a su lado. Cuando me senté, cogió mis manos y prosiguió.- Verás Dani, ayer me llamaron diciéndome que iban a publicar unas fotos nuestras en una revista y me asusté. Me asusté y no supe hacer otra cosa que salir corriendo... Pero tan pronto me fui me di cuenta de que irme me había destrozado, pero no volví por si ya no querías verme. No se por qué lo hice sin decirte nada, de verdad, pero lo siento... Te quiero, Dani.

Sus palabras me impactaron, se clavaron dentro de mi y me aliviaron. "Te quiero, Dani". Tres simples palabras que me habían provocado escalofríos tan solo al escucharlas salir de su boca. No me lo pensé, simplemente la besé, una y otra vez. Como si hubiéramos estado separados meses... tal vez años. Ya no quería separarme de ella, de su piel. En ese momento dejamos de hablar, no hacía falta. Podíamos decirnos lo que quisiéramos sin decir absolutamente nada y eso me encantaba. Ya no pensaba, no podía. Me concentré en ella, en sus ojos justo en frente de los míos y su piel rozando la mía. Sus manos recorrían mi espalda, las mías acariciaban su pelo. ¿Qué mejor parte de una pelea que su reconciliación?
(...)
Los dos en el sofá, mi brazo rodeando su cintura y nuestras caras a centímetros. No sabía si preguntarle por lo de las fotos o dejarlo estar. Si contarle lo que había pasado en Cantabria o no... Mi cabeza una vez más de tantas estaba llena de preguntas. 

-Malú...
-¿Si? 
-¿Que haremos con las fotos? 
-Hay alguien que ya se ha encargado de eso por nosotros bobo.- dijo sonriendo. Yo debía de estar embobado o algo, porque no entendía nada. 
-¿Quien? ¿Y que se supone que hizo? 
-Martina. Las fotos las iban a publicar en la revista donde ella trabaja. 
-¿Qué dices? Pero ella no tuvo nada que ver en eso, estoy seguro...
-Lo sé Dani, pero ella las ha recuperado. Ella fue a hablar con su jefa y le pidió que no las publicara. Nos han hecho un favor enorme... ¿Quieres verlas? 
-Buf, menos mal, estaba asustado.- reímos- Si, ¿son bonitas?
-Son preciosas pero porque salgo yo, tampoco te flipes.
-¿Perdona? Si salieron bien es gracias a mi guapa.- Reímos a carcajadas una y otra vez. Fue a buscar las fotos y cuando las vi me invadió una sensación que no soy capaz de explicar aún. Era un conjunto de muchas cosas, todas buenas por supuesto. Esas fotos eran realmente preciosas, sin duda. Eran fotos que conservaríamos toda la vida, todas ellas. 
-¿Te gustan?
-Me encantan.- nos quedamos callados un instante hasta que luego seguí.- ¿Pero sabes una cosa que me encanta más? 
-¿Qué cosa?- me dijo con los ojos muy abiertos, sentada frente a mi. Me acerqué más a ella y empecé a hacerle cosquillas, muchas. Acabé abrazado a ella, entre carcajada y carcajada. Me aproximé a su oído...
-Tú.- le susurré.

Nuestros labios volvieron a juntarse. Mi sonrisa ya era imborrable, aunque eso me pasaba solo al ver la suya. No se cuanto tiempo pasamos así, entre bromas, risas, guerras de cosquillas y besos, sobre todo muchos besos... Sé que se había hecho tarde y ya iba siendo hora de irme. Además tenía que hablar con mi hermana lo antes posible, por si acaso. 

-Cariño, tengo que irme.
-¿Ya? 
-Si, tengo que ir con Martina que tenemos una charla pendiente. Puedes venir luego a dormir si quieres.- le dije con una sonrisa pícara.
-Me parece bien.- sonrió- Voy dentro de dos horas ¿te parece?
-Perfecto.- sonreí- Te quiero. 

Besé sus labios y me fui camino a mi casa. 
Por el camino me acordé de Gonzalo, que por mis cálculos no llegaría hasta las seis o siete de la mañana. Decidí llamarlo, para comprobar que todo iba bien. 

-¡Hey! ¿Qué tal primo? 
-Gonzalo, va todo bien ¿no?
-Si, si, no te preocupes. Me quedan aún unas horas pero todo va bien, no te preocupes.
-De acuerdo... Ten cuidado eh. 
-¡Si mamá! Venga hombre, no te preocupes.- reímos
-Muy bien, muy bien. 

Colgué el teléfono aunque no muy convencido por lo que me decía mi primo. Después de un rato andando con la cabeza mirando al suelo y los brazos en los bolsillos de la chaqueta, completamente sumergido en todos mis pensamientos, llegué a mi piso pero me quedé un momento allí, recapacitando y eligiendo cautelosamente las palabras que iba a decirle a mi hermana. No estaba segura de si sería mejor decirle la verdad o callarme. Supongo que me guiaría por lo que pasara en el momento, según fuese capaz de decírselo o no, quien sabe... 
Respiré hondo y subí hasta mi casa. Cuando abrí la puerta Martina estaba en el sofá, leyendo mientras escuchaba música. Tenía puesto el disco "Vive" de Malú. Ahora si, había llegado la hora de hablar con mi hermana. 

domingo, 27 de abril de 2014

- 14 - NO ME ACOSTUMBRO, SIN TI YO NO SÉ

Narra Dani:
Me desperté en un parque. No se muy bien que hora era, ni que hacía allí. Me costaba abrir los ojos y me dolía un montón la cabeza. Intentaba recordar lo que había pasado, pero no era capaz. Solo recuerdo que cuando se fue Malú salí del hotel. Fui a despejarme pero ¿luego a donde fui? Además, de eso hacía ya bastante tiempo, por lo menos un día... Increíble, ¡no recordaba nada!
Miré a mi al rededor y vi un par de botellas vacías. No, por Dios, esto otra vez no... 
Lo cierto es que cuando era joven, con la edad de mi hermana más o menos me encantaba salir por la noche con mis amigos. Salíamos todos juntos y bebíamos, bebíamos mucho. Con los años se acabó convirtiendo en una "obsesión". Salía cada noche, día tras día y año tras año. Descuidé los estudios, me volví agresivo... lo fastidié todo por la bebida. Pero a los 19 años estuve a punto de ir a la cárcel por robar borracho. Mi hermana fue la única que consiguió que dejara todo esto. Ella me hizo ver que le estaba haciendo daño, tanto a ella como a mi y a todos los que me rodeaban y claramente no podía seguir así. Aunque ella era pequeña ya era muy lista. Me hizo darme cuenta de que lo mejor era asistir a AA. La llevaba a clase todas las mañanas y mientras ella estaba allí yo iba a las reuniones. Así fue pasando el tiempo hasta que después de dos años ya estaba completamente recuperado. Hacía vida normal y mi relación con mi hermana a partir de ese momento era muchísimo mejor. Encontré trabajo y conocí a Teresa y a Esteban. Eso me enseñó miles de cosas. Entre ellas me enseñó a ser mejor y a que la bebida no solucionaba nada, claro. Pero de repente ahora, en una noche lo había fastidiado todo. Solo había hecho falta que ella se fuera y que mi hermana no estuviera para que a la mínima me hubiera dado por volver a eso, otra vez. Me sentí un inútil, un completo inútil. No tenía ni idea de lo que había hecho, ni de donde estaba, ni de la hora que era, nada. Miré mi móvil, sin batería. Cogí fuerzas para levantarme de la hierba, donde llevaba ya un rato sentado desde que me había despertado y decidí preguntarle a alguien donde estaba. Encontré a una chica sentada en un banco con un perro. Me acerqué a ella y le hablé. 

-Perdona ¿te importaría decirme dónde estoy? Estoy algo perdido...- Rápidamente notó que estaba algo confuso y no dudó en ayudarme.
-Por supuesto, estás en el parque del hotel Victoria.- En ese momento me acordé de que nunca había salido del hotel. Así que solo me faltaba recordar lo que había pasado... vamos avanzando.- ¿Cómo te llamas? 
-Me llamo Daniel ¿y tu? 
-Sara- sonrió- Encantada Daniel.- se hizo un silencio incómodo, ya que no sabíamos de que hablar, pero pronto habló ella cosa que agradecí.- ¿Y cómo es que no sabías ni donde estabas?- rió
-Pues... creo que he bebido un poco de más.- dije agachando la cabeza, algo avergonzado.
-Una chica ¿me equivoco?
-No, no te equivocas... -sonreí
-Te invito a un café y me lo cuentas, si quieres claro. 
-Estoy algo cansado... Pero si, un café me vendría bien.- acepté.

Sara era muy maja. Parecía tener unos veinti tantos o treinta y pocos. Lucía una larga y lisa melena negra y tenía unos ojos azules, muy llamativos. Me caía bien, si. 
Fuimos a la cafetería del hotel y nos sentamos en la mesa de la ventana. No tardó en venir el camarero, que tomó nuestro pedido y lo trajo algunos minutos después. Habíamos pedido los dos un café con leche, yo con un bollo y ella se conformó con la galleta de canela que te ponen con el café en cualquier cafetería. Que eso no lo entiendo, porque a ver que hambre te quita esa galleta, si es más pequeña que la cuchara que te dan... Pero en fin, ese es otro tema. 
Sara y yo habíamos congeniado estupendamente. Me contó que ella era de Murcia. Que había venido para despejarse un tiempo por un problema con su pareja. No recuerdo muy bien lo que me contó, porque mientras me lo contaba yo estaba pensando en si volver a Madrid o no, en si Malú querría verme o no... Solo recuerdo que Sara mencionó algo de que se iban a casar dentro de poco. Yo le conté lo que había pasado con Malú, omitiendo claro el pequeño detalle de que era Malú. Simplemente le dije por lo que habíamos venido aquí y que se había ido así de la nada.

-Creo que tendrías que volver y hablar con ella Dani.
-¿Y si no quiere verme?
-Pero... ¿Y si en realidad si que quiere verte? ¿Y si está esperando a que vayas y no vas, qué?
-Si... tienes razón, pero no se que hacer...
-Mira, no pierdes nada Dani. Vas allí y la buscas. Si quiere hablar contigo perfecto, sino tendrás que darle algo de tiempo... 
-No quiero fastidiarlo todo más Sara, tienes que entenderme...
-Escucha Dani, me vas a hacer caso y vas a ir a Madrid, la vas a buscar y vas a hablar con ella. Así, sin pensarlo siquiera. ¿Sabes por qué?- moví la cabeza hacia los lados, en señal de negación.- Pues porque si lo piensas no lo harás y si no lo haces puedes estar perdiendo la oportunidad de recuperarla. ¿Acaso no la quieres?
-Claro que la quiero.- dije convencido
-Pues ve a por ella si no quieres perderla para siempre, no seas tonto.- Después de pensarlo unos segundos comprendí que Sara tenía toda la razón del mundo. 
-Si... Eso mismo voy a hacer.- Me levanté y dejé el dinero de los cafés en la mesa y antes de irme me despedí.
-Oye Dani, toma mi número, por si acaso.- me guiñó el ojo y me tendió una tarjeta.
-Gracias Sara, de verdad.- me sonrió y me hizo un gracioso gesto con la mano a lo que le correspondí con otra sonrisa. 

Subí a mi habitación, cogí el cargador y enchufé el móvil para que se cargara un poco pero no lo encendí, lo dejé apagado mientras hacía las maletas. Recogí todo bastante rápido. Bajé a una pequeña sala del hotel donde había un par de ordenadores, teléfonos y una tele con sofás. La sala de ocio. Tuve la gran suerte de que había un ordenador desocupado. Busqué si había algún vuelo, pero no tuve suerte. Todos eran para mañana por la tarde y eso me parecía demasiado tiempo. Decidí entonces fijarme si había algún tren. ¡Bingo! Había uno para dentro una hora. Reservé un billete y recogí todo tan rápido como pude. Tenía que dejar la habitación rápido y darme prisa porque la estación de trenes estaba algo lejos y no quería perder ese tren (en todos los sentidos). 
Di las llaves en recepción y me dirigí a mi coche. Aún tenía el móvil apagado, no quería que nadie supiera que volvía a Madrid, aún no. Cuarenta y cinco minutos después por fin llegué a la estación. Lo que no me di cuenta antes fue el pequeño detalle que se me había escapado, ¿qué se supone que voy a hacer con mi coche? 
No se si fue la decisión más acertada, pero decidí llamar a mi primo que vivía aquí. Me acerqué al teléfono de la estación, para no encender el mío. Lo llamé y le conté que estaba aquí, pero que necesitaba un favor porque ya me iba. Le pedí que viniera a recoger mi coche y se fuera a Madrid con el, así ya de paso podría estar unos días con mi hermana y conmigo. Aceptó encantado, porque siempre quiso salir de Cantabria. Mi primo se llama Gonzalo. Tiene venticinco años y es guitarrista. No me parecía muy buena idea dejarle el coche, porque no me inspiraba gran confianza. Más que nada por si tenía un accidente, que verás luego la que nos puede armar mi tía... Aún así el vino encantado. Faltaban cinco minutos para que saliera mi tren y por fin llegó. No le pude explicar nada, solo le di las llaves, la dirección de mi casa y le advertí que fuera con cuidado. Ahora si, con mi primo ya informado me subí al tren. 
Cada hora que pasa se me hace eterna. De echo creo que no llegaron a pasar diez minutos en aquel tren y yo ya pensaba que habían pasado horas. No dejaba de pensar una y otra vez en lo que haría cuando tuviera a Malú delante, si es que no me cierra la puerta antes. ¿Qué se supone que tengo qué decirle? ¿Me estará esperando o no querrá verme? Me inundaban las dudas, no era capaz de imaginarme qué es lo que haría si de repente no quiere que esté allí, si me rechaza, si sigo sin saber lo que le pasa... ¿Y si no voy a verla? ¿Y si lo dejo estar? Pero... ¿Y si la pierdo para siempre? No, no me podía permitir perderla, a ella no. Entonces ¿que se supone que tengo que hacer? Pregunta tras pregunta se fueron cerrando mis ojos hasta que me quedé profundamente dormido. 

- 13 - SI TE SIENTES TRISTE, PELEA Y RESISTE

-Teresa, por favor.
-Si, si, que ya voy...- volvió a hacer una pausa, que me puso más de los nervios aún pero pronto siguió.- No voy a publicar ninguna de las fotos, te voy a dar las que tu ya sabes para que las saques de aquí y voy a hablar con mi jefe y decirle que no puedo publicar unas simples fotos si no tengo nada que poner de ellas... Es lo único que puedo hacer.
-¿En serio? ¡Pero eso está genial! ¿Voy a buscarlas ahora? 
-Si, si, ven rápido y que no te vean irte con las fotos que la liamos.- Le colgué el teléfono y subí las escaleras lo más rápido que pude. Llegué a donde estaba ella y rápidamente las metí en la mochila que llevaba a la espalda.- Que sea la última vez que tengo que hacer una cosa así Martina, por favor.
-Te lo prometo.- le dije con una sonrisa.- Millones de gracias Teresa, te debo una.

La abracé y salí de allí. No cabía en mi de tanta felicidad. Ahora solo tenía que llamar a Dani para contárselo todo. Ahora si, daba igual lo que le dijera porque como ya estaba todo solucionado no podía enfadarse conmigo... Lo llamé pero nada. Tenía el móvil apagado y no había otra forma de contactar con el. Decidí llamar a Malú... Un tono, dos tonos, tres, cuatro...

-¿Diga?- su voz sonaba rota, como su hubiera estado llorando hace apenas un segundo. 
-Malú, soy Martina. ¿Ha pasado algo?- Suspiró un segundo, por lo que intuí que algo no iba bien.
-¿Por qué lo preguntas?
-Tu voz... suena como si hubieras llorado... ¿Va todo bien?
-No puedo mentirte Martina... hay algo que no va bien. 
-¿Quieres contármelo? 
-Si, claro... pero antes ¿para qué me llamabas? 
-Pues, es que llamé a Dani pero nada, que no lo coge y quería saber si estaba contigo.- Tras estas palabras escuché como volvía a suspirar y cogía fuerzas para contestarme. 
-Me he ido Martina... He cogido un avión y ya estoy de camino a mi casa...- Su voz ahora si, más rota que antes. Casi sin fuerzas para pronunciar una palabra y seguramente entre lágrimas. 
-¿Qué dices? ¿Cómo que te has ido? Pero Malú... ¿Por qué?
-Escucha ¿por qué no nos vemos y te lo cuento?
-Si, claro... Estaré en tu casa en media hora...

Colgó el teléfono y en ese momento lo primero que se me vino a la cabeza fue Dani. Pensaba en lo mal que lo estaría pasando el, porque a saber lo que había tenido que pasar para que Malú se quisiera ir... Yo no entendía nada ¿se habrá enterado de lo de las fotos? ¿Lo habrá dejado por eso? Claro que si es por eso a mi me va a caer una bronca monumental, porque las fotos las tengo yo, yo trabajo en la revista... y miren donde miren solo les va a salir "yo, yo y yo". Van a pensar que fue todo culpa mía y a ver como hago para explicar que no, que yo me enteré después...Y a ver como explico también lo de la revista, porque a Dani no le dije que yo trabajaba allí. Que igual se enteró por alguien, si, pero seguramente me pediría explicaciones ¿y que le digo? 
Todo me inundaba. Me estaba metiendo en líos yo sola, sin comerlo ni beberlo. Desde luego lo mío no es normal. 
Después de media hora como había dicho por teléfono llegué a casa de Malú. Me daba miedo darle al timbre, hablar con ella y que no me entendiera. Que me culpara a mi de lo que había pasado. En ese momento me daba miedo todo. Pensé en dar la vuelta, en volver a casa. Pero luego decidí darle al timbre, por Dani. Porque por lo menos, si ella se había enfadado con el por lo de las fotos estaría bien aclarárselo y que volvieran... por él. 
Le di al timbre y a los dos minutos apareció Malú a abrirme la puerta. Me hizo un gesto con la mano para que entrara y pasé hasta sentarme en el sofá. Si os digo la verdad no sabía que decirle. Me partió en mil millones de pedacitos verla como estaba, con todo el maquillaje corrido, los ojos rojos e hinchados y alguna que otra lágrima que ahora se secaba para disimular. Estaba rota y verla así me rompía a mi también. 

-¿Quieres contarme lo que ha pasado?- le dije temiéndome lo peor.
-Hoy... me llamaron diciéndome que tenían unas fotos mías con Dani... Y que las iban a publicar en una revista. Puede que te parezca poco, pero no sabes lo que significaría eso en mi vida Martina... Total, que me sentí superada, mi cabeza no dejaba de darle vueltas a las cosas y lo primero que se me ocurrió fue salir corriendo sin decirle nada de esto a tu hermano. Le dije que no podíamos estar juntos, que se había acabado... Nada más crucé la puerta quise volver. Me arrepentí al instante de todo. Me sentí una estúpida por no decir ni siquiera lo que pasaba. Pero no volví por miedo a que no quisiera verme. Ya no había vuelta atrás, solo me quedaba volver, porque después de todo seguro que estaría muy enfadado, molesto, dolido... qué se yo, fui una cobarde.- Todo aquello me impactó. Sabía que era por lo de las fotos, es que lo sabía... Ahora, no se de donde, pero tenía que coger valor y decirle lo de las fotos, lo de la revista... aclarárselo todo y cuanto antes. 
-Verás Malú... tengo algo que decirte pero necesito que me dejes hablar del tirón ¿vale?- asintió con la cabeza y comencé.- Bueno... en primer lugar quiero que sepas que no van a publicar vuestras fotos...- su cara era de no entender nada, y normal.- Y no las van a publicar, porque he hablado con la directora de la revista y hemos conseguido no tener que publicarlas... La directora de la revista es mi jefa, para que me entiendas mejor...- me quedé cabizbaja y luego la miré a los ojos para que se diera cuenta de que ya podía hablar si quería. Vi como sus ojos se inundaban, quise decirle algo pero se me adelantó.
-Quiero creer que no has tenido nada que ver en eso Martina... Realmente no te creo capaz... Por eso te doy las gracias por haber conseguido que no las publiquen, es todo un alivio desde luego.- Aquello me alivió. El saber que confiaba en mi y me creía me quitaba un gran peso de encima, la verdad. 
-Toma.- le tendí las fotos y vi como al verlas se le dibujaba una sonrisa en la cara. Eso me decía que quería a mi hermano y que lo echaba de menos, mucho. 
-Gracias, de verdad.- Dijo abrazándome con fuerza. 

No dije nada más en ese momento, no podía. Me venía muy grande todo. Además de que tenía un nudo en la garganta que no me dejaba decir nada, porque a todo esto seguía sin saber donde estaba mi hermano y eso me podía. Malú y yo lo llamamos una y otra vez al móvil pero no cogía. Sugerí llamar a mi abuela, pero Malú me dijo que no quería preocupar a la mujer, porque se iba a llevar un susto muy grande. Se nos ocurrió llamar al hotel y nos dijeron que no había dejado la habitación. Le pedimos al recepcionista que mandara a alguien a ver si estaba allí, o que llamaran al teléfono de la propia habitación pero no estaba. No sabíamos nada de el y esto ya empezaba a preocuparnos. 

-¿Y si le ha pasado algo por mi culpa?- repetía Malú una y otra vez. Parecía que iba a darle un ataque de ansiedad, o de nervios quizás porque lloraba y temblaba sin poder parar. 
-Cálmate Malú, de verdad. Seguro que no le ha pasado nada...- 

La abrazaba pero la pobre seguía llorando. Me dolía tanto verla así... Era una mezcla de todo. Los nervios por mi hermano, la pena que sentía al verla a ella así, la culpa que me invadía por lo de las fotos... Todo eso y alguna que otra cosa más ocupaban mi mente en ese momento. 
Después de bastante rato llorando desconsoladamente Malú se quedó profundamente dormida y un rato después también yo, había sido un día demasiado largo. 

Me desperté por la mañana con la luz del sol que me daba en los ojos. Malú seguía dormida con la cabeza apoyada en mis piernas. Acaricié su pelo. Tenía toda la cara llena de maquillaje, manchada de negro por el rimel. Se despertó un rato después. 

-Buenos días Martinita.- dijo fingiendo una sonrisa que no le salió bien. Esa no era la Malú que yo había conocido un día en mi cocina, ni la que salía todos los días por la tele con una sonrisa de oreja a oreja... Y eso me dolía, no sabéis cuanto.
-Buenos días.- sonreí.

Se fue a la cocina a preparar café y mientras yo cogí mi móvil para ver si había noticias de Dani pero nada. Ni una llamada, ni un whats app... nada. Miré su última conexión, pero era ya de hacía un día. Volví a llamarle pero nada. Seguía apagado. Llamé a Teresa, por si la había llamado pero tampoco a ella. Hablé con Esteban y me dijo que no sabía nada de él, aunque también había estado intentando localizarle... Nada, era como si de repente se lo hubiera tragado la tierra. Hay hermanito, pero donde te metes...

lunes, 21 de abril de 2014

- 12 - Y SIN TU LUZ, EL APAGÓN

No sé deciros en qué momento se me ocurrió la terrible estupidez de dejarla ir. No se como pude quedarme callado mientras salía por esa puerta. No me moví, no articulé palabra alguna. No entiendo por qué, cuando al mismo tiempo pensaba solo en ir tras ella, en cogerla del brazo y besarla... Pero no hice nada. Solo dejé que se fuera, como se van los minutos, las horas o los días... sin más. Ahora me siento estúpido. Siento que soy un gilipollas por no haberla parado, por no insistirle más para que me contara lo que le pasaba, el por qué de querer irse. No hice nada de lo que tendría que haber hecho, porque soy un completo inútil. Bajé corriendo a recepción cuando reaccioné, pero no estaba. Salí del hotel por si la veía pero nada. Se había esfumado. O yo había tardado mucho en reaccionar o ella era realmente rápida. No estaba, y como ella mis esperanzas también se habían esfumado. Es increíble lo poco que duran las buenas historias... Pero sobre todo es increíble lo destrozado que te dejan cuando se acaban. Si os soy sincero no sé que hacer ni como. No se si seguir llamándola, aunque no creo que sirva de mucho, cuando no hace más que colgarme. No se si coger mis cosas y ponerme de camino a Madrid o si quedarme aquí de por vida y olvidarme de ella para siempre. Pero me queda aún la esperanza de que se arrepienta, de que la razón actúe en mi favor y le haga entender que tiene que volver. Puede que lo creáis tontería, pero si lo pensáis bien tiene mucho sentido. O ninguno, yo que sé. Solo se que ahora estoy hundido. Mi hermana vuelve a Madrid, Malú me deja y simplemente se va... ¿Qué estoy haciendo mal? Decido volver a la habitación, descansar un poco y ponerme en marcha para volver a Madrid. Creo que será lo mejor que puedo hacer en estos momentos... 

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Narra Martina: 
Me quedan apenas unas dos horas para llegar a Madrid. No pude decirle nada a Dani de lo que vengo a hacer aquí, porque estoy segura de que no le gustará nada lo que tengo que contarle. Lo que ha pasado es que han filtrado en mi revista unas fotos de Malú en nuestra casa, de ellos juntos y demás, y nada más verlas Aurora me llamó. Tengo que conseguir que no lleguen a los editores y que no las publiquen. ¿Cómo voy a hacer? No tengo ni idea. Solo se que si Malú se entera, si es que no se enteró ya, puede ser caótico. Y ya no digamos que se entere Dani... Entonces no se que pasará. He pensado en hablar con Teresa, explicarle que no podemos publicar esas fotos pase lo que pase. Hacerle entender que es por el bien de Dani, o yo que se. Supongo que no estará enfadada con el... según yo se aún son amigos ¿no? Mi cabeza está hecha un lío. Sabía que iba a pasar esto desde el momento en que vi a Malú en casa. Lo sabía. Al fin y al cabo no siempre puedes esconderte de una cámara y menos de los fotógrafos de mi revista, que son lo más entrometidos, desalmados y cotillas que hay. A ellos no les importa arruinar la vida privada de un famoso, o la vida tranquila de una persona corriente, ellos lo ponen todo patas arriba, sin importarles nada más que su reportaje. Así cuente mentiras o sea todo verdad, les da exactamente igual lo que pasa.
He intentado hablar con Aurora y convencerla de que hable con su padre. Que le diga que no publiquen las fotos, no se... Pero por más que lo ha intentado su padre le ha dicho que no se meta en su trabajo. 
Si os digo la verdad, me daría igual perder mi trabajo con tal de que fotos como esa no se publiquen. Solo por el echo de que es mi hermano y es lo que más quiero en el mundo. Además, no es que me paguen una barbaridad como para que sea una pérdida muy grande... No, no es una gran pérdida. La verdadera pérdida sería que eso salga a la luz y tener a mi hermano mal. Que pierda esa sonrisa que siempre me inculcó a mi. Eso si es una pérdida. 
(...) 
Acabo de llegar a Madrid. Solo me queda ir a casa, dejar la maleta y ponerme en camino a la revista para llegar lo antes posible. 

-¡Hola Martina! ¿Que tal? Tu hermano me avisó de que venías y...
-Y tienes que vigilarme ¿no?- le sonreí a Esteban que estaba en el portal de mi casa.
-Exacto. Que lista eres chica. Bueno, tengo que volver al bar ¿vienes un rato?
-Bueno, primero tengo que arreglar unos asuntos, pero iré en cuanto acabe. 
-Pero es que... ya sabes, tengo que saber a dónde vas para decírselo a tu hermano. 
-Esteban, eso es exactamente lo que no quiero- reí- Él no puede enterarse de a donde voy... Pero si me prometes no contárselo, cuando vuelva te lo digo. 
-No puedo dejarte ir sin saber a donde, por favor. 
-Bueno... voy a ir a la revista donde trabajo. Solo tiene que saber eso.
-¿Trabajas? 
-Larga historia, luego me invitas a un café y te la cuento.- le guiñé un ojo y subí a casa. 

No tardé nada. Subí, dejé las cosas y salí corriendo. Llegué a la revista pronto y menos mal. Los editores llegaban en una hora, para revisar el material y hacer la revista que saldría a la venta mañana. Saludé a Aurora, que me esperaba en la puerta. 

-Tía, lo siento, no he podido hacer nada. Mi padre no quiere escucharme.- dijo preocupada
-No pasa nada, gracias. Voy a intentar hablar con Teresa, que seguramente las habrá visto ya.- Me despedí de Aurora y entré a la redacción a hablar con Teresa. La vi nada más entrar y como si de una señal se tratase, tenía las fotos en la mano. 
-¡Teresa! Menos mal que te encuentro aquí. 
-Anda Martina ¿tu no estabas en Cantabria? 
-Si, pero he venido por esas fotos que tienes en la mano. 
-¿Estas? - me enseñó las fotos y efectivamente eran las de Dani y Malú, pero ella aún estaba viendo la primera que era una de Malú sola. 
-Si, estas. No puedes publicarlas en la revista.
-¿Por qué no?
-¿Las has visto todas? 
-No ¿que les pasa? 
-Déjamelas un momento.- se las cogí, busqué la que me había pasado Aurora por whats app, que se veía claramente a Dani abrazando a Malú y se la enseñé a Teresa. Su cara cambió al instante. Se la notaba nerviosa, sin saber que hacer. 
-De verdad que lo siento muchísimo Martina... Por mucho que quisiera no podría deshacerme de estas fotos sin arriesgarme a que me echaran... Perdóname de verdad...
-Teresa, tenemos que hacer algo, en serio. ¿No puedes publicar solo las de Malú sola? ¿Poner un artículo tonto y ya está? No puedes dejar que les destruyan todo, Teresa. Hazlo por Dani al menos...- Tras unos segundos pensativa por fin me contestó
-Mira Martina, voy a intentar hacer lo que dices pero no puedo asegurarte que pueda. Te llamaré dentro de un rato para confirmarte si puedo hacer algo o no ¿de acuerdo? Es todo lo que puedo hacer por ahora.
-Vale... Espero tu llamada... Gracias Teresa. 

Salí del edificio a tomar el aire. No podían publicar aquellas fotos y solo espero que Teresa pueda hacer algo porque sino se va a fastidiar todo... 
Es increíble como pueden cambiar las cosas en cuestión de segundos, como todo se pone patas arriba y no eres capaz de hacer nada por mucho que quieras. Me siento tan ahogada que todo esto me supera. Ahora es cuando se nota lo notablemente unida que estoy a mi hermano. Lo peor es querer ayudar y no poder, porque te da una impotencia que no sabes llevar. 
Estuve esperando una media hora bastante larga por la llamada de Teresa y cada vez me impacientaba más. ¿Debería subir a ver si hay algún problema o esperar hasta que me llamara? 
No lo sabía, no sabía que hacer, qué pensar, nada. Incluso se me ocurrió llamar a Dani y contárselo todo, pero me arrepentí porque aún me quedaba una pequeña esperanza. 
Estaba mirando al móvil fijamente, como cuando esperas un whats app de la persona que te gusta, pues igual. Lo miraba y lo miraba pero mi telequinesis al parecer no funcionaba en ese momento. 
Me estaba desesperando cuando mi móvil sonó por fin, ahora si. Eso si, como no fuera Teresa...  
Pero si, por suerte era Teresa. Tenía ganas de descolgar, por una parte pero no por la otra. Porque no quería malas noticias, como es obvio.

-Si Teresa, dime
-Bueno Martina... 

domingo, 20 de abril de 2014

- 11 - SÉ QUE AHORA VOLVERÁN LAS MAÑANITAS FRÍAS

Me desperté entre sus besos y ese aroma de su colonia que tanto me gustaba. 

-Buenos días princesa.
-Buenos días cariño. ¿Qué tal has dormido? 
-Bien pero...
-¿Si? 
-Lo mejor es despertar, siempre que sea a tu lado.- sonreí
-Oioioi, pero que cursi ta' quedao eso ¿no?- reímos
-¿Ves? Es que me empalagas Malú, esto no puede ser.- reí- ¿Tu que tal has dormido? 
-Genial- sonrió- He pensado que hoy podríamos ir a algún sitio bonito para sacar las fotos.
-Me parece perfecto-asentí- Primero tenemos que llevar a mi hermana a la estación de autobuses. 
-¿Se va? 
-Si, me dijo que ha pasado algo y tiene que irse. 
-¿Y la vas a dejar ir? ¿Sola? Dani, tu no estás bien, hacemos las maletas y vamos. 
-Malú, confío en ella. Además, es mejor dejarla, porque si no la dejo yo se que es capaz de escaparse... Prefiero que vaya y hablar con Teresa y Esteban para que me vayan informando. 
-Bueno... si tu lo dices... Solo espero que no te equivoques, porque sino...
-Yo espero lo mismo, créeme...- Y así como telepáticamente mi hermana llamó a la puerta. Fui a abrirle y me topé con su cara, más deslumbrante que nunca.- Buenos días hermanita. Se te ve feliz. 
-¡Si! Voy a bajar a desayunar ¿venís? 
-Claro, danos un minuto y vamos.
-Vale, pero no tardéis eh- dijo mirándonos a Malú y a mi respectivamente y aún sonriendo. Se fue y yo me fui a la ducha. A los dos minutos escuché como Malú entraba en el baño. 
-¿Te apetece que ahorremos agua?- dijo con una sonrisa picara abriendo la mampara de la ducha. Asentí y se metió conmigo en la ducha. Estuvimos allí una rato bajo el agua, entre beso y beso, echándonos jabón por encima y haciendo el tonto, que nunca venía mal. Cuando salimos después de unos 10 minutos más o menos salimos abrazados hacia la habitación.- Dani ¿qué me pongo? 
-Nada- sonreí- Así estás preciosa.- Estábamos los dos sentados en la cama, ella mirando a la maleta y yo secando su pelo con la toalla y acariciando sus hombros de vez en cuando. 
-Anda tonto, en serio.- dijo mientras se giraba y depositaba un dulce beso en mis labios. 
-Pues... Ponte una blusa y unos vaqueros Malú, yo de eso no entiendo- me reí y seguidamente se abalanzó sobre mi, abrazándome y besándome entre risas. 
-Eres tonto Dani- dijo finalmente
-Te repito que soy tu tonto.- le guiñé el ojo- ¿Me dejas peinarte? 
-¿Peinarme? ¿Por qué? No estoy loca eh! Quiero salir a la calle decente-rió
-Que tonta eres- le dije haciéndome el ofendido- Te apuesto lo que quieras a que soy capaz de peinarte y dejarte guapísima.
-Yo ya soy guapísima.- no pude evitar reírme, tenía razón, pero yo tenía que aparentar que no. 
-Si... bueno... ¿Aceptas o no?
-Hecho- aceptó- Si pierdes pagas la cena en el restaurante que yo quiera.- propuso desafiante.
-Lo que la señorita quiera.- Me levanté, cogí unos vaqueros y una camiseta y me vestí. Después cogí su cepillo de pelo de dentro de su maleta y me coloqué detrás de ella sobre la cama, justo en el mismo sitio donde estaba hace unos cinco minutos. Peiné su pelo como cuando peinaba a mi hermana. Me encantaba, era tan largo, tan bonito... Y el echo de que fuera ella lo hacía aún mejor. La verdad es que lo único que quería era cepillarle el pelo cual niña pequeña, tenía claro que si se trataba de una apuesta la perdía seguro. Pero no me importaba, solo quería ese momento a su lado. Cuando ya le había quitado todos los nudos posibles se lo revolví un poco, lo que la descolocó.
-Dani ¿me peinas o me despeinas?- dijo entre risas
-Bueno, bueno. Es que yo no quiero una Malú perfectamente peinada, mujer, yo te quiero al natural, así como ahora.- reí. Tras unas carcajadas, un par de besos y unos cuantos almohadazos que me llevé, se levantó y volvió a rebuscar en su maleta hasta que encontró qué ponerse. 
Se vistió más rápido de lo que pensaba y estaba preciosa. Si, bueno, era preciosa de serie, pero en fin, ya me entendéis. 
-¿Estoy bien? 
-Estás genial cariño. ¡Anda, te has peinado!- dije riendo. Se había improvisado una trenza despeinada a un lado, que la hacía aún más preciosa.- Bueno, vamos que mi hermana se va a enfadar.- Cogí las llaves del coche y la cámara y bajamos al restaurante. 
Mi hermana estaba allí, sentada en una mesa y con cara de enfadada. ¡Que miedo presentarse allí ahora!
-¡Ya estamos aquí! Perdón por tardar hermanita, en serio.
-Bueno, ya estoy acostumbrada a que siempre llegues tarde.- me dijo mirándome aún enfadada. Malú y yo pedimos dos cafés, que como habíamos tardado tendríamos que tomarnos muy rápido para que mi hermana no perdiese el autobús.
Al acabar fui a pagar y nos fuimos a por el coche para llevar a mi hermana a la estación. Aquella idea e gustaba cada vez menos, os lo aseguro. Pero a Martina, a terca no le gana nadie. Llegamos allí, esperamos con ella por el autobús y llegó la despedida. 

-En serio, tan pronto llegues llámame. 
-No me pasará nada, Dani. Tranquilo.- Me dio un abrazo, otro a Malú y se fue... Ahora no la vería hasta que volviéramos nosotros. 

Nada más vi como se alejaba llamé a Esteban. Le conté lo que pasaba y le pedí que me la vigilara. ¿Qué otra opción tenía? 
Ahora si, Malú y yo a sacar fotos. Había escogido un rinconcito al que mi madre me llevaba siempre, en una playa preciosa. Aquello era ideal, porque no había gente en ese lado de la playa, con lo cual no nos arriesgábamos a que la vieran. 
Cogimos el coche y fuimos hasta allí. Su cara lo decía todo, le encantaba. Sacamos un par de fotos, pero aquello no duró mucho. Aproveché el momento para recordar esa playa de manera diferente. Cogí su cintura, la acerqué más a mi y besé sus labios. Me deshice de su ropa y ella de la mía, sin prisa. La fui llevando hacia el agua y de vez en cuando me decía "Dani para, para que hace frío". Y si, el agua estaba helada, de esto que como te quedes allí sin más podrías morir de hipotermia, muy tranquilamente. 
Aún así entramos en el agua, ella con las piernas cruzadas a mi espalda y yo intentando hacerle cosquillas. En definitiva, después de un rato allí dentro no hacía frío. Eso si, cuando saliéramos de allí nos íbamos a morir congelados. Entre besos y más besos una vez más se nos fue el tiempo volando. Cuando salimos del agua ella temblaba. Me sentí culpable de un posible resfriado en aquel momento. Recordé que tenía una manta en el coche así que la cogí en brazos cual película y la llevé allí. La cubrí con la manta mientras le daba pequeños besos en el cuello, en la mejilla y acabando en sus labios, otra vez. La dejé allí un momento y fui a coger nuestra ropa que había quedado en la playa. Cuando volví ella estaba hablando por el móvil y parecía que algo iba mal ¿pero el qué? Cuando por fin colgó y levantó la cabeza vi como las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas. Me acerqué pero puso su mano entre nosotros para que no me acercara. No entendía nada. ¿Pero qué pasa? Se vistió con rapidez dentro del coche y mientras yo me quedé pensativo en el asiento del conductor. Así sin decirme nada se bajó del coche con su bolso y se fue andando por la carretera. 

-¡Hey! ¿Pero qué te pasa?- Fui corriendo hacia ella y la cogí del brazo. No dejaba de llorar y me rompía por dentro. No me contestaba y cada vez me lo hacía más difícil todo. La paré en seco tirando de su brazo y vi que no era capaz de mirarme, solo miraba al suelo. Levanté su barbilla, haciendo que me mirara.- Por favor, deja que te lleve al hotel. No quiero que te pase algo.- Asintió y vino conmigo al coche. 

El camino hacia el hotel lo pasamos completamente en silencio. Ella mirando por la ventanilla y yo a la carretera. No dijimos ni una sola palabra ni cuando llegamos. Entramos en la habitación del hotel y yo insistí. Necesitaba una explicación, porque estoy seguro de que si pasaba un minuto más así no lo soportaría.

-¿Puedes decirme ahora qué es lo que pasa?- Dejó lo que estaba haciendo y me miró. Me miró con aquellos ojos inundados de lágrimas, que por poco me hacen llorar ami. 
-Me voy. 
-¿Así sin más?
-Si. 
-¿Por qué? 
-Porque si. Yo ya sabía que esto no funcionaría. No podemos estar juntos Dani, lo siento.- Aquellas palabras se me clavaron como estacas. ¿Pero qué está diciendo? ¿Va en serio o es una broma? No me creía que me estuviera diciendo aquello de verdad, no. Seguro que había una explicación lógica para aquello... Solo me hacía falta saberla.
-Malú, si me dices que es lo que pasa yo creo que... 
-No. Ya está. Se acabó.

Me enfadé muchísimo. Me faltaba el aire y me puse histérico. Salí a la terraza para tomar el aire. "Se acabó" se repetía en mi mente. Esas dos palabras se me habían clavado y dolía, dolía mucho. La miraba y seguía allí, haciendo la maleta otra vez. Se iba. Se iba y mi mundo se caía. Porque imaginaros que una de las personas más importantes de vuestra vida, de repente empieza a recoger sus cosas y se va, así sin deciros lo que pasa ni nada. ¿Qué hacéis? Si alguien lo sabe que me lo diga, porque yo desde luego no se que hacer.
Cuando acabó de recoger todo, me miró por última vez y se fue. Salió por la puerta y yo no hice nada. La dejé ir, sin más. ¿Y ahora qué? 

viernes, 18 de abril de 2014

- 10 - TE ADIVINO ENTRE CARICIAS Y PROMESAS

-...- carraspeé un momento para hacerle saber que estaba allí- Martina... 
-Dani yo...
-Me da igual. He venido solo por la cámara de fotos. 
-Ya pero déjame que te explique, que yo...
-Que me da igual, Martina. La cámara por favor.- Miré a Martina ir a por la cámara con la cabeza agachada, estaba avergonzada, y no me extraña. Seguidamente miré a Jesús, que no sabía donde meterse. Aún así no dije nada, al fin y al cabo ella ya era mayorcita ¿quién era yo para meterme en su vida? Ah, si, espera: su hermano. Me había enfadado, mucho. Demasiado quizás. Pero no dije nada. Me dio la cámara y me fui. Ni siquiera miré a Malú, no me hacía ninguna gracia que me viera con aquella cara de amargado que tenía en ese momento. 

Llegamos a nuestra habitación y solo me tumbé en la cama boca abajo. Escondí la cabeza bajo la almohada. Ya ni fotos con la mujer más preciosa del mundo me apetecían. Me había quitado las ganas de todo. Joder, que es Jesús... Es como si se liara con su primo, igual. En fin, yo y mi mal humor nos metimos en la cama para desconectar del mundo por un rato, aunque fuera, pero aquello no duró mucho. Por suerte para mi llegó Malú, animándome solo con el echo de tener ganas de aguantarme aún estando con humor de perros. Se agachó frente a la cama y estuvo un rato mirándome a los ojos. Por un minuto, o muchos, no se exactamente cuanto, perdí por completo la noción del tiempo. Dejó de importar absolutamente todo, solo estábamos ella y yo, mirándonos como dos embobados, o por lo menos yo a ella claro. Acarició mi mejilla y sonrió. En ese momento lo único que pensé fue "¿Qué quiere? ¿Que me enamore más?". Consiguió sacarme una sonrisa, tan solo con la suya. Poderosa ¿eh? 

-¿Me haces un sitio aquí?- me dijo aún con su mano en mi cara. 
-Cómo no, un sitio para la señorita.- Sonreí y me eché un poco al otro lado para que pudiera ponerse ella. Se tumbó frente a mi y se acercó hasta que estuvimos a apenas dos escasos centímetros. Quise besarla, pero se me adelantó y comenzó a hablar. 
-No tienes que ponerte así cada vez que veas a tu hermana con un chico, Dani.
-Ah ¿que la tendré que ver más veces?- reímos- No es por nada Malú, pero no es una vista muy agradable- reí- Además, no es por eso... Es porque Jesús y su familia son amigos de nuestra familia desde hace muchísimo tiempo... Nuestros padres se conocían ya incluso antes de que yo naciera, así que imagínate si hace años... Es como si fueran primos, tal cual. Y dime ¿tu te liarías con tu primo?- En ese momento su risa inundó la habitación. Se reía a carcajadas sin parar. Pero ¿que le hacía tanta gracia? A pesar de no entender si se reía de mi o de que, inevitablemente me empecé a reír también, porque no hay risa más contagiosa que la suya, al menos para mi. 
-Dani, son niños, no le des tanta importancia hombre.- siguió riendo- Además, malo será que se casen ¿no? O que tengan hijos, o cualquier cosa así... Solo son críos bobo, te emparanoyas demasiado.
-¿Tu crees?
-Claro que si idiota. ¿O es que tu no te liabas con nadie a su edad?- Pues si, tenía razón. Yo no era el mejor ejemplo a seguir, está claro. Creo que en ese momento me comporté como un padre y no como un hermano... Se supone que yo se lo que pasa a su edad, se supone que yo también hacía tonterías (que en mi caso no eran pocas), y como tenía razón, no me quedaba más remedio que pedirle perdón a mi hermana por haberme puesto así. Pero ¿que le voy a hacer? Creo que el papel de padre se me fue pegando con los años... 
-Tienes razón cariño.- sonreí-  Luego hablaré con ella.
-Pues claro que la tengo ¿qué pensabas?- me guiñó el ojo

Seguidamente se acercó aún más para besarme, ahora si.
Nuestros labios se juntaron poco a poco y nos fundimos en un largo beso en el que una vez más había dejado de existir todo. Es increíble como solo ella conseguía que me olvidara de todo, que entrara en razón... pero sobretodo que si algo me sucedía, dejase de existir todo miedo por completo. No todas las personas consiguen eso, no. Ella es especial, diferente. Brilla con luz propia y hace que todos brillemos a su lado. Te mira y te atrapa en sus ojos. Y cuando sonríe, imitas su sonrisa inconscientemente, pero nadie la supera. Solo ella, que cada vez que sonríe es mejor que la anterior, al menos a mis ojos. Su risa es la música que se graba en mis oídos y ya no se va, que si en algún momento ella no está, estoy seguro de que su risa retumba en mi mente, recordándomela a ella y haciendo que sonría como un idiota enamorado. Y ya no hablemos de su piel. Esa piel suave que te tienta a acariciarla sin parar, una y otra vez. A despertarse por las mañanas y acariciar sus tatuajes, contar sus lunares... Esos si que son buenos días. Su desparpajo; su forma de hablarte en cada momento; su dulzura; su forma de sentarse, de mirar; sus constantes movimientos de manos con los que se expresa; sus caras... Cosas que la hacen única, preciosa, perfecta y adorable. Que te incitan a quererla, sea como sea. 
Ahora decidme ¿de cuántas personas podremos decir lo mismo? Yo, si os soy sincero, creo que no podremos decir nunca nada igual sobre nadie, nunca. 

Serían ya las 12 de la noche, más o menos, cuando decidimos salir a dar un paseo bajo las estrellas. Era una noche despejada, sin ninguna nube que tapara aquel cielo casi negro con millones de puntitos amarillos. Salimos al jardín trasero del hotel y fuimos cogidos de la mano hasta una zona un poco más alejada de la gente. A pesar de la oscuridad aún se distinguía bien por la tenue pero eficaz luz de las farolas, por lo que no nos podíamos arriesgar. Había un sitio que, si no me equivoco, estaría destinado a las parejas, ya que era un sitio rodeado de un seto gigante, con una puertecita que estaría allí de adorno, porque cerrar no cerraba. Muchas flores y un pequeño montículo de hierba para sentarse o incluso tumbarse. Era perfecto, porque allí tumbados nadie nos podría ver desde ningún otro sitio y podríamos contemplar las estrellas sin inconveniente alguno. 
Estaba siendo todo tan perfecto que hasta parecía mentira. 
No sé deciros exactamente cuanto tiempo estuvimos allí, ya que como sabéis, el tiempo y yo no congeniamos cuando está allí Malú. Sé que después de mucho tiempo con su cabeza en mi hombro, mirando las estrellas y robándole algún que otro beso, recibí un whats app de Martina, pidiéndome que fuera a su habitación. 

-Malú, voy a ir a hablar con Martina ¿vale? 
-Vale cielo, voy contigo y ya me quedo en la habitación.- La ayudé a levantarse, cogí su cintura y la acerqué más a mi hasta juntar nuestros labios.-Te quiero.
-Yo te quiero más.- Le dije volviéndola a besar. 

Rodeé su cuello con mi brazo y caminamos así hasta llegar a la habitación. Le di las buenas noches, por si cuando llegaba ya estaba dormida y fui a la habitación de Martina. Cuando llegué la vi tumbada de espaldas a la puerta.

-Gracias por venir Dani...- dijo con la voz entrecortada. Estaba llorando. Me senté en el suelo para mirar sus ojos y acaricié su pelo.
-¿Que pasa Martina? 
-Lo hice todo mal Dani...todo...
-¿Qué es lo que hiciste mal? 
-Todo Dani, me fallé a mi misma, te fallé a ti y le fallé a... A alguien...- Al decir esto último noté que algo más pasaba, pero no quise preguntar porque supuse que no era asunto mío. Mi hermana con estos temas hablaba cuando ella lo consideraba, así que me tocaba esperar hasta que se decidiera a contarlo.
-A mi no me fallaste Martinita... creo que saqué las cosas de quicio, nada más.- le sonreí
-Gracias. Gracias por estar aquí, por cuidarme tanto... 
-Eres mi hermana pequeña, no me queda más remedio.- bromeé- A ver, que tu tan sentimental no es bueno. ¿Que más pasa? 
-Quiero volver a Madrid cuanto antes...
-¿Y eso? Pensé que querrías quedar con Sara y Mónica- nuestras primas- ¿Por qué quieres irte?
-Si... Quería quedar con ellas pero tengo que irme... Ha pasado algo y... es que no te lo puedo contar... 
-No te preocupes, ya me lo contarás... Bueno pues, mañana por la mañana nos vamos ¿de acuerdo?
-¿Qué? Ah no, no. Malú y tu os quedáis Dani, no seas tonto. Te he llamado para decírtelo y que mañana no te asustaras si no me ves... Me voy en bus mañana a las 9. Ya cuando vengas pues nos vemos en casa.- sonrió. Pero ¿que le pasaba? ¿Por qué tenía tantas ganas de irse? Y tanta prisa, porque mañana mismo es como... como muy pronto ¿no? Pero bueno, si algo está claro es que a mi hermana a cabezota no le gana nadie, así que no tenía más remedio que, o ir con ella o dejarla ir. 
-Ten muchísimo cuidado, y tan pronto llegues vas a junto Esteban y le dices que me avise. Me llamas cada noche hasta que yo vuelva y no te metas en líos eh. 
-No hermanito, de verdad, estaré bien. Te quiero.- Dijo seguido de un fuerte abrazo.- Y ahora vete tonto, que tengo que dormir.- Me echó la lengua, sonreí y caminé hacia la puerta. 
-¿Vendrás a despedirte mañana? 
-Si, seré tu despertador.- sonrió

Volví a mi habitación, ya nervioso desde temprano. No puedo olvidarme de llamar a Teresa y a Estaban para que me la vigilen el mayor tiempo posible. No por nada en especial, sino por si le pasa algo, que más vale que no... 
Entré en la habitación y Malú estaba en la terraza. Me acerqué allí y estaba en la tumbona, ya dormida claro. Hice lo que pude por cogerla en brazos sin que se despertara y la llevé a la cama. Luego me acosté a su lado, abracé su espalda y cerré los ojos. 

-Te eché de menos, idiota.- Me dijo, haciendo que una sonrisa se dibujara en mi rostro aún con los ojos cerrados. 



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Bueno, este capítulo quiero dedicárselo hoy a mi Marinita. Una vez más, muchísimas felicidades. Espero que los disfrutes a pesar de todo porque te lo mereces. Agradecerte que a día de hoy aún me leeas, porque son casi tres meses (largos) en los que como te dije ya he tenido que aguantar tus tonterías, tus malas ideas... Pero lo que me has echo reír tu, eso no lo consiguen todos. Me repito cuando te digo que espero que pases los 15,16,17...etc añitos a mi lado, que no cambies. Aquí mi pequeño regalo, homenaje, lo que quieras ;) Con esto te digo que te quiero mucho idiota <3

// Para los despistados, ya podéis leer el primer capítulo de la 2ª temporada (1ª novela) aquí: enamorandoamalu.blogspot.com.es  y recordad que mañana os publico el segundo :)

lunes, 14 de abril de 2014

- 9 - ERES TU

-¿Si?- contesté, rezando para que fuera una buena noticia.
-Hola, buenos días. ¿Hablo con Daniel González?- Aquella voz no me resultaba nada familiar. Era una chica que parecía ser joven, más o menos de mi edad.
-Si, soy yo. 
-Me llamo Victoria. Esteban López me ha hablado de usted, muy bien por cierto. Dice que usted trabaja en su bar algunas noches tocando el piano, la guitarra o incluso cantando... Verá, yo tengo un hotel aquí en Madrid y nos gustaría incluír actuaciones musicales en el salón de fiestas y también en el restaurante. Como me ha dicho que es usted muy bueno, ¿le gustaría trabajar con nosotros?- Aquello me dejó de piedra. ¡Un trabajo fijo, por fin! Y eso no era lo mejor, no. Lo mejor era que hacía lo que más me apasionaba, y eso iba a ser un gran paso si quería seguir subiendo peldaños. 
-Por supuesto, me encantaría- dije enseguida
-Estupendo, he dejado la dirección del hotel en su buzón, pásese por el hotel cuanto antes. 
-Perfecto, gracias. 

Y colgó. Mi cara de felicidad en ese momento era insuperable, indescriptible. No hice más que abrazar a Malú, así sin decirle nada. 

-¿Qué pasa cariño?- dijo entre risas
-¡Tengo trabajo!- dije entusiasmado
-¿En serio? ¿Dónde? ¿Haciendo que?- Mi hermana y su agobiante costumbre de hacer mil preguntas a la vez. 
-Si, en serio- reí- En un hotel
-¿Camarero? ¿Botones? No lo aceptes eh!
-No boba, tocando, cantando... esas cosas- las miré a las dos y sonreí
-Eso es genial cielo- dijo Malú sonriendo también. 
-Oye Dani... He llamado a Jesús para quedar un rato, como no nos vamos... No te importa ¿no?-Jesús era un viejo amigo nuestro que tenía la edad de mi hermana. Nuestros padres se conocían desde antes que yo naciera. Tenían otro hijo, Marcos, que tenía dos años más que yo. 
-Claro que no enana, pero vuelve pronto al hotel eh.
-Sii- Martina nos dio un beso en la mejilla a cada uno y se fue. Ahora si, subimos a la habitación del hotel, porque estar mucho tiempo en la calle no iba a ser bueno si no queríamos que nos viesen. 
-¿Que haremos esta tarde? -preguntó Malú mientras subíamos a la habitación
-Mmmm, lo que la princesa quiera- sonreí
-Pues pregúntale y luego me lo dices ¿vale?- me giró la cara y aproveché que no había nadie más en el ascensor. Le di al botón de Stop del ascensor y casi me mata. 
-¡Dani! ¿Pero que haces? ¿Eres tonto? 
-No pasa nada mujer, esto lo ponemos en marcha luego- dije tan tranquilo
-Mira, como nos quedemos encerrados es que te mato... te juro que...- me acerqué más a ella y la callé con un beso al que no puso resistencia alguna. 

Estuvimos bastante rato allí dentro, solos por completo hasta que se me ocurrió darle al botón. Antes de darlo recé para que funcionara, por que sino la que me iba a caer iba a ser buena.
Le di al botón y no se ponía en marcha. Mierda. 

-Dani... por favor... dime que le diste al botón que no era.- Dijo preparada para darme tal hostia que se me quitaran las ganas de volverlo a hacer. 
-Pues... No pero tranquila que esto ahora reacciona y va eh!- Definitivamente me iba a matar. Volví a probar, pero nada, que no iba.- Mira el lado bueno cariño... ¡Estamos juntos!- dije sonriendo, a ver si así me mataba menos
-Eres de lo que no hay Dani- dijo por fin riendo- Te juro que como no salgamos de aquí me enfado, avisado estás.- Me hacía gracia, porque intentaba decirlo seria pero no era capaz. Me acerqué más a ella, la abracé y le dije "Verás como ahora si va a funcionar" al oído. Luego me separé, suspiré y le di al botón. Ahora si, por fin el ascensor se había puesto en marcha. Mi cara era un cuadro, porque eso debió ser un milagro. La cara de Malú se iluminó al instante al ver que por fin funcionaba, pero se quedó tan extrañada como yo. 
-¿Has visto? Soy todo un mago- dije egocéntrico
-Anda, calla y tira- me dijo empujándome para salir del ascensor. 
-Pero... ¿no estás enfadada no?
-Dani... ¡me has encerrado en un ascensor!- si, estaba enfadada, pero no la culpo ya que era comprensible.

Entró en la habitación, sacó una coca-cola del minibar y salió a la terraza. Yo hice lo mismo, cogí una coca-cola e imité sus pasos. Me senté en la silla que había al lado de la suya y me puse exactamente en su misma postura. Incluso imité la cara que puso al mirarme. No pudo aguantarlo más y rompió a reír. Su risa me producía escalofríos, era lo más perfecto y lo que más me encantaba escuchar. 

-Eres un idiota.- dijo mirándome fijamente y haciendo que me perdiera en sus ojos, en su sonrisa, en toda ella. Tardé un par de minutos en reaccionar hasta que cuando por fin lo hice me di cuenta de que tenía una cara de embobado imposible de superar.
-Un idiota que se muere por tus huesos.
-Uiuiui ¿que pretendes conseguir?
-Pues... no sé...- dije con una sonrisa pícara que se lo dijo todo
-Estoy enfadada Dani. 
-Lo se ¿por qué te crees que hago tanto el imbécil?
-Pues a ver... ¿Por que eres imbécil?- rió, y yo con ella
-No boba, para que me perdones jo- dije poniendo voz de niño pequeño
-Que tonto eres, en serio.- dijo otra vez con esa sonrisa tan, tan hipnotizante
-Si... Pero me quieres. 
-¿Lo dudas? 
-Nunca.- Sonreímos, le hice un gesto para que se acercara y vino hasta mi silla. Se sentó encima mía, depositando un beso en mi cuello y subiendo hasta mis labios...

(...)

Pasamos la mayor parte de la tarde así, entre besos y más besos, hasta que finalmente se me ocurrió una idea mejor. 

-Oye Malú ¿por qué no nos hacemos fotos? Así podemos ponerlas en un álbum...o en un cuadro... Si quieres claro. 
-A ver Dani, ya se que quieres empapelar tu habitación con fotos nuestras, pero hombre, más disimulo...- reímos- Que no tonto, que es broma, sacamos todas las que quieras- sonrió. Volví a besarla y luego me decidí a ir a buscar la cámara
-Vale, pues voy a la habitación de mi hermana a buscar la cámara- sonreí
-¿Habrá vuelto ya?
-No se- reí- Pero tengo llave de su habitación
-Pero Dani, a ver si vas a pillar a la chiquilla saliendo de la ducha o algo... mejor llama y que te abra ella. -rió
-Que no mujer, además va a ser un momento. ¿Por qué no vienes conmigo? 
-Bueno venga, vamos. 

Salimos de nuestra habitación y fuimos a la de mi hermana que estaba a unos pocos pasos. 
Abrí la puerta y... Me quedé paralizado. Mi cara pasó de ser " :D " a ser " :O " Malú se llevó las manos a la boca al ver mi cara y se empezó a reír. Pero no, a mi en ese momento, mucha gracia pues no me hizo... 


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Bueno chicos, como sabéis hace unos días he estado hablándoos de una sorpresa... Pues por fin ha llegado el momento de revelarla! Como me ha dado mucha pena dejar la otra, y por lo que vi os ha gustado mucho he decidido continuarla. Eso si, esto cambiará bastante algunas cosas. He pensado en intercalarlas, en subir unos días esta y otros días la otra, por lo que vamos a hacer lo siguiente:
Tendréis esta para leer los Lunes, Miércoles, Viernes y Domingos y la otra los Martes, Jueves y Sábados. Espero que no se me haga muy complicado llevar las dos a la vez, pero de momento será así y probamos a ver que tal. Espero que os guste la idea y una vez más, gracias a todos por leer. Se os quieeeere<3

domingo, 13 de abril de 2014

- 8 - DE AMOR SE PUEDE PARAR EL TIEMPO

Bueno, supongo que no es necesario que os de detalles de lo que pasó después... Todos os imagináis lo que se hace cuando pierdes a alguien ¿no? 
Bajamos los tres; Martina, Malú y yo a saludar a mi familia. No les presenté a Malú, porque no hacía falta. Nada más nos vieron entrar vinieron corriendo hacia nosotros. 

-¡Danielito! ¿Esta es tu novia? ¡Se me parece mucho a una famosa!- dijo mi abuela, que aún no había caído en la cuenta de quien era. 
-¡Pero que dices mamá! ¿Como va a ser su novia? ¡Claro que es famosa, es la cantante, Malú!- dijo mi tía, mirándome con una cara de reencor que no le cabía encima. Pues seguía enfadada por haberme llevado a mi hermana de allí... 
-En realidad...- iba a hablar pero me cortó Malú. 
-Si, soy su novia. Encantada- sonrió. Me quedé a cuadros. Desde luego no tenía ni idea de que quisiera contarlo, así sin más en tan poco tiempo... Me sorprendió, si, pero me alegró muchísimo a la vez. La cara de mi tía en ese momento era un cuadro. Y es que claro ¿quien se iba a imaginar tal cosa? Ni siquiera yo me lo creía aún. 

Estuvimos allí un rato, fuimos a la misa pero antes de que acabara yo tenía que salir de allí. No aguantaba esto, no podía ver a mi madre metida en una caja. Ni siquiera quise preguntar como murió, sabía perfectamente que no lo soportaría. Malú y yo volvimos al hotel. Ella entendía que a mi me costaba y mucho quedarme allí. No soy de piedra y todo aquello le afecta a cualquiera... 
Me apoyé en la barandilla del pequeño balcón que tenía la habitación, cubrí mi cara con las manos y allí me quedé un buen rato. Malú vino a los pocos minutos, se quedó de pie a mi lado y acarició mi espalda cariñosamente. 

-Malú... ¿Tienes un cigarro?
-Tu no fumas Dani...
-Lo se, pero lo necesito. 
-No. No te voy a dar, sabes que es por tu bien.- Y si, lo sabía perfectamente. No le contesté, dejé que el silencio hablara por los dos. Se acercó más a mi, cogió mi cara con sus manos y siguió hablando.- Quiero que lo dejes ya. Quiero que sonrías, por tu madre. ¿Acaso crees que ella quiere verte así?- negué con la cabeza y sin poder evitarlo una lágrima resbaló por mi mejilla- Tu puedes con esto y más Dani, ya te lo dije. Tu madre quiere que seas feliz, que sonrías... A ella se le rompería el corazón si te viera así.- Al terminar de decir sus impactantes palabras, las cuales me hicieron pensar millones y millones de cosas, se acercó más a mi y me abrazó con fuerza, quitándome de todo pensamiento. Y digo quitándome de todo pensamiento por que conseguía que me centrara solo en ella, y eso me encantaba. Nuestros labios se juntaron y el tiempo se paró. Dejó de existir el miedo, la angustia, la tristeza... Los minutos ya no pasaban, todo estaba parado ante nosotros. Recordé entonces la pregunta que me había hecho antes: ¿me estaba enamorando? Pues... aunque parezca mentira y si os soy sincero, si. Estaba locamente enamorado de ella. Puede que lleváramos poco tiempo juntos, si. Demasiado poco, diría yo. Pero cuando el sentimiento es tan, tan grande se nota. Mi percepción del amor creo que es la típica, lo que se suele decir ¿no? Es decir, sabes que estás enamorado de una persona cuando llega y rompe tus esquemas por completo, cuando consigue que te olvides de todo con tan solo sonreírte. Cuando te habla o te mira y tiemblas sin poder parar. Cuando no dejas de pensar en ella, aunque haya mil personas más en quien pensar.  El amor es eso que te rompe por completo y que no sabes controlar. Que piensas constantemente en que la vas a cagar, y del miedo que tienes lo acabas fastidiando todo. 
Podría decirlos mil cosas más. Mil cosas que luego podrían o no ser ciertas. Podría ponerme cursi, o sentimental o como lo queráis llamar, pero no es necesario, por que todos sabéis perfectamente a lo que me refiero cuando os digo que con una sonrisa suya soy el hombre más feliz del mundo ¿no?
Beso a beso, caricia a caricia fuimos deshaciéndonos de nuestra ropa mutuamente y caminando hacia la enorme cama a la vez. Cada roce con su piel, de sus labios en mi cuello, sus mano en mi espalda... todo aquello me hacía delirar. A fuego lento, muy lento, con pasión. 

-¡DANIIII!- Martina me gritaba detrás de la puerta. Que oportuna. 
-Vooooy.- me puse una camiseta de camino a la puerta y le abrí. Me miró de arriba a abajo y sonrió ligeramente. 
-¿Interrumpo?- dijo con una sonrisa pícara que me hizo sonrojar. 
-Un poco si- reí- ¿Que pasa?
-No... nada... Que la abuela nos ha invitado a comer, a los tres.-Soltó una carcajada al ver a Malú tapada con las sábanas y luego volvió a mirarme. 
-Vale, vale. A la hora de comer vamos. 
-De acuerdo pero... Dani. 
-¿Si?
-Que la hora de comer es ahora- rió. Y era verdad, no me había dado ni cuenta de la hora que era. Había perdido toda noción del tiempo. Al ver lo descolocado que estaba siguió.- Te espero en la entrada del hotel. 15 minutos eh! No tardéis. 
-De acuerdo jefa- reímos. 

Fui corriendo y salté sobre la cama.

-¿Le apetece a mi princesa ir a comer con mi abuela?- reímos
-Por supuesto. ¿Traerá mi príncipe el caballo blanco? 
-Lo siento... Estamos a fin de mes.- reímos, esta vez más y más. Aproveché para hacerle cosquillas, muchas. Y entre la guerra de cosquillas y la de almohadas que había montado ella, acabamos otra vez entre miles de besos, perdiendo la noción del tiempo juntos. 
-Dani, para- me decía entre risas- Tenemos que irnos a comer con tu abuela.- Cada vez que se reía más ganas tenía de seguir besándola. Era perfecta, demasiado. 
-Te quiero.- Le dije serio. 
-Yo también bobo.- me dijo, ya de pie frente a mi.- Me visto y bajamos corriendo, que ya llegamos tarde.- sonrió

Me vestí lo más rápido que pude y luego la vi aparecer más guapa que antes. Paranoyas mías o no se, pero cada vez que se iba, cuando volvía yo la veía mucho más guapa. 
Bajamos a la entrada del hotel y mi hermana nos miró con una cara de asesina que no podía con ella. Malú y yo no pudimos evitar reír al verla. 

-Joe Dani, os dije rápido.- refunfuñó
-Lo siento, es que... esto... no encontraba una camisa que me gustara.- reímos
-Daniel, llevas la misma que antes.
-Ya lo se idiota, porque no encontré otra.- la empujé y reímos todos. 

Nos volvimos a encontrar con mi abuela, que nos guió hasta su casa. Lo bueno era que no quedaba muy lejos y en cinco minutos ya estábamos allí. Para mi era toda una gozada volver a comer con mi abuela. Era mi cocinera favorita desde siempre, no había quien se le comparara (de mi familia, digo). Ni siquiera mi madre, que había trabajado de cocinera lo hacía tan bien como ella. 
Pasaron las horas, comiendo los cuatro juntos en aquella casa que tanto echaba de menos. Todo estaba igual, incluso mi abuelo sentado en el sofá viendo el fútbol sin mover un ápice de su cuerpo excepto los párpados. Me vinieron tantos recuerdos de la infancia... Ese fue el tema clave de nuestra conversación. Martina, mi abuela y yo le contamos a Malú de todo sobre nuestra infacia en aquella casa, pues tanto Martina como yo pasamos gran parte de nuestra infancia con nuestra abuela porque nuestros padres de aquellas trabajaban mucho y no teníamos con quien quedarnos.
Se estaba haciendo tarde y decidimos irnos ya. Se suponía que íbamos a volver a Madrid, pero no fue así.

-Bueno, recogemos todo y volvemos ¿no?- le pregunté a Malú de camino al hotel.
-No Dani...
-¿Cómo que no? 
-Tienes que estar aquí unos días con tu familia, es lo que te toca y lo sabes.
-Pero yo quiero estar contigo Malú... No quiero que te vayas sola. 
-¿Y quien te dijo a ti que fuera a irme? ¿Me estás echando ya o qué pasa?- rió
-¿En serio vas a quedarte aquí? 
-Si, nos quedaremos aquí unos días para que me enseñes tu ciudad.- me guiñó un ojo y sonreí.- Pero luego tenemos que volver, ¡porque el trabajo no se va a hacer solo!
-¿Te he dicho ya que eres increíble? 
-No, no me lo habías dicho aún- sonreímos
-Pues lo eres. Eres increíble.- Miré a todas partes, asegurándome que no nos veía nadie y le di un ligero beso en los labios. 
-Dani, estás loco. Os van a ver y la vas a liar.- dijo mi hermana. 
-Que no, que no, que nosotros vivimos al límite Martinita ¿o no lo sabías?- reímos.

Todo aquello estaba siendo tan perfecto que hasta daba miedo. ¿Que voy a hacer si de un día para el otro se acaba todo? 
Y como si de llamaras fuera la cosa, una me sacó de todo pensamiento. No sabía si contestar o no, porque más malas noticias no tenía ganas de escuchar...

sábado, 12 de abril de 2014

- 7 - VIVIR, AUNQUE EL CAMINO SE DERRUMBE FRENTE A MI

Me había quedado paralizado, inmóvil... En shock vamos. Aquella llamada fue como si me estuvieran acuchillando una y mil veces por dentro. La voz no me salía, los ojos se me inundaban y todo mi cuerpo temblaba. 

-Dani ¿qué pasa?- me dijo Malú asustada al verme. Cogió el teléfono de mis manos, pero ya habían colgado. No me moví, ni lo intenté. Nada.- No me asustes Daniel, joder. ¿Qué es lo que pasa?- Al ver lo nerviosa que se estaba poniendo reaccioné. 
-Yo... Tengo que irme...- No conseguía hablar casi. Era tanta la angustia que tenía que no podía. 
-¿Irte a dónde? ¿Pero que pasa? Vayas a donde vayas iré contigo, eso tenlo claro. 
-A Cantabria... Es... mi madre...- Cada palabra me dolía aún más. Y solo el echo de tener que contárselo a mi hermana me daba un escalofrío que poco más me sacudía entero. No podía, no puedo, no quiero. 
-Bueno, tranquilo cariño, cuando estés un poco más calmado me lo cuentas ¿vale?- Me acarició el pelo cariñosamente y besó mis labios. Al menos ella me calmaba, me daba la paz que en aquellos momentos anhelaba. 
-Tengo que ir a casa... a hacer la maleta y avisar a mi hermana... Te llamaré antes de irme para que nos despidamos...
-¿Despedirnos? ¿Por qué? Yo voy contigo Dani. 
-No, de eso nada. Tu tienes que trabajar, no puedes irte.
-Me da igual. Voy a ir y punto. No te pienso dejar solo, no te vas a librar tan fácil.- Sonrió y eso me hizo sentir mil veces mejor. Su sonrisa era la cura que más falta me hacía. ¿Y sus besos? Sus besos eran el antídoto perfecto para todo. Solo de pensar en la suerte que tenía de tenerla a mi lado, en mi cara se dibujó una sonrisa entre lágrimas, una sonrisa más especial que cualquier otra. Era ella la que me daba la felicidad que ninguna otra persona podía, era ella la que iluminaba minuto a minuto cada uno de mis días. En resumen, era ella. No le dije nada más, solo asentí. No me iba a negar a que viniera, porque era consciente de que tenerla conmigo en estos momentos sería un apoyo inmenso... 

Fuimos a mi casa y mi hermana estaba allí frente a la tele y hablando por el móvil. No se quien era, pero desde luego la sonrisa de boba que tenía la conocía perfectamente... 

-Martina, tengo que hablar contigo. Lo siento, pero es importante.- Le dije. Y al verme la cara debió darse cuenta de que era bastante serio y se despidió de quien quiera que fuera que estaba al otro lado del teléfono. 
-¿Ha pasado algo?- dijo mirándonos a Malú y a mi muy fijamente. 
-Es mamá.- Otra vez mi voz se había cortado. Es que no podía soportar esto. No había manera. 
-No me asustes Dani... ¿qué pasa?- No pude contenerme y por mi mejilla empezaron a correr lágrimas sin parar. Una tras otra. No me hizo falta decirle nada más, solo con eso me entendió a la perfección. Se llevó las mano a la cara y ella tampoco pudo aguantar las lágrimas... Lo cual era normal. Acabábamos de perder a nuestra madre. Que vale que ya hacía tiempo que no la veíamos, ¡pero era nuestra madre! 
Malú abrazó a mi hermana con fuerza. No pude evitar verlas a las dos con una sonrisa en la cara. Las dos mujeres más importantes de mi vida, junto con mi abuela y mi madre, abrazadas delante de mi. Claro que hubiera preferido que la escena hubiera sido más alegre, más... ¿memorable quizás?
Fui a coger algo de ropa a la habitación y vi al poco rato a Malú, apoyada en el marco de la puerta y mirándome con una pequeña sonrisa. 

-¿Estás bien?- me dijo con esa voz dulce que tan loco me volvía.
-Si... ¿Cómo no voy a estar bien teniéndote al lado? 
-Anda bobo, ven aquí.- Dio un paso hacia adelante, estiró las manos y fui hacia ella. Enlazó sus dedos en mi cuello y yo cogí su cintura. Se acercó a mi y besó mis labios transmitiéndome tranquilidad, paz, haciéndome saber que estaba a mi lado. 
-Yo ya estoy, cuando queráis...- dijo mi hermana desde el salón. Cogí la mochila con mi ropa y fui con Malú de la mano hacia el salón. 
-Vamos a pasar por la casa de Malú a coger su ropa. ¿Vienes o te recojo luego aquí?
-No, no... Voy con vosotros y luego ya vamos directamente...

No me gustaba nada ver a Martina así. Era normal debido a la situación, pero no me gustaba nada. 
Llegamos a casa de Malú. Bajó ella sola a buscar algo de ropa y salió a los cinco minutos. Ahora si, nos fuimos camino a Cantabria. 

(...)

Habíamos acordado conducir la mitad del camino cada uno. Malú durmió un rato mientras yo conducía y cuando se despertó me insistió para conducir ella. Estaba tan cansado y era tan tarde que accedí para dormir un poco. Paramos en una gasolinera y compramos un café para ella, algo para desayunar por la mañana y agua, bastante agua. Cuando volvimos al coche yo me senté en el lado del copiloto y ella se puso para conducir. 
Me quedé mirando para atrás, a mi hermana. Contemplando cómo se había dormido aún con lágrimas en los ojos, y muchas de ellas que se habían secado junto con su maquillaje en sus mejillas. Ninguno de los dos éramos capaces de soportar aquello. Se nos venía muy grande... Recuerdo que cuando se murió mi padre, tardamos un año entero en dejar de llorar por las noches, en dejar de sentirnos culpables... Nada nos hacía olvidar aquello que tan rotos nos había dejado... ¿Y ahora? ¿Sería igual ahora? ¿Estaríamos un año llorando la pérdida de nuestra madre?
Lo que me preocupaba era que con el tiempo nos habíamos vuelto un poquito más de piedra. Las cosas no nos afectaban tan fácilmente. Pero ¿tanto? ¿Nos habríamos vuelto tan de piedra como para no llorar por nuestra madre? Solo espero que no. Espero no haberme vuelto tan insensible, tan frío... Aunque una vez me dijeron que no llorar por alguien no significa haberlo olvidado, significa que eres fuerte y eres capaz de superarlo. Y cuanto antes lo superas y sigues ¿mejor no? Por que no puedes estar toda una vida lamentándote, si con lágrimas no se arregla nada... 

Entre reflexión y reflexión me quedé profundamente dormido. Cuando me desperté estábamos aparcados y Malú me miraba con una preciosa sonrisa. Hay que ver, nuestro primer viaje juntos y tiene que ser para esto... 

-Buenos días bello durmiente- bromeó
-Buenos días princesa.- La besé en los labios y después miré hacia atrás buscando a mi hermana, pero no estaba.- ¿Y Martina? 
-Ha subido al hotel a prepararse. ¿Quieres que vayamos a nuestra habitación así te arreglas un poco?
-Si... va a ser mejor. 

Subimos a la habitación. Era la 424 y estaba en la quinta planta. Aquello era enorme, muy colorido. Un hotel muy bonito, en definitiva. 
Entramos en la habitación y me quedé asombrado. Era también preciosa, enorme... Me daba pena realmente, vuelvo a repetir, que este fuera nuestro primer viaje juntos, por que no lo íbamos a poder disfrutar como me gustaría...
Dejamos las cosas sobre la cama y me tumbé mirando al techo. 

-¿Qué te preocupa?- me preguntó tumbándose a mi lado y haciendo dibujitos con su dedo en mi abdomen. 
-No lo sé... No es nada. Solo que me molesta que este sea nuestro primer viaje juntos. Por que no lo podemos disfrutar como tal... 
-Escucha Dani, que sea nuestro primer viaje juntos implica que estamos juntos. Juntos para todo. Quiero decir, que te pase lo que te pase voy a ir donde tu vayas, sea lo que sea. Y aunque tengamos que hacer diez mil "primeros" viajes los haremos. ¿Me explico?
-Gracias cariño, de verdad.
-¿Gracias por qué?
-Por no dejarme solo, por querer aguantarme, por hacer lo que haces... Nadie se había preocupado tanto por mi, y que estés conmigo en este momento significa muchísimo ¿sabes? Porque siento que no puedo con esto, que me viene grande y ya no puedo... Por eso, por estar ahí, gracias. 
-No se te viene grande para nada, tu puedes con todo esto y más ¿estamos? Tienes que seguir, por muy jodidas que se pongan las cosas por que la vida es así. Y tienes que...
-Que ponerle un "Sí" a la vida contra todas las adversidades... lo sé. 
-Te quiero tonto.- sonrió
-Yo te quiero más.

Volví a besarla una vez más, cogiendo todas las fuerzas posibles para enfrentarme a todo esto que estaba por venir. Una vez más me había demostrado la falta tan grande que me hacía ella en mi vida, lo muchísimo que la necesitaba y como no, lo mucho que la quería. 
¿Me estaría enamorando? 

viernes, 11 de abril de 2014

- 6 - Y MIRA TÚ, QUE BIEN ESTÁS, COMO SONRÍES

Cogí el coche y me volví a mi casa. Como no me apetecía nada comer solo, bajé al bar de Esteban. 

-Hola guapo.- sonrió
-¡Hola! ¿Qué tal todo? 
-¿Muy bien y tu? Dichosos los ojos... ¡por fin te veo!
-Lo siento mucho Teresa, de verdad.- le dije bajando la cabeza.- No estaba con muchos ánimos para salir cuando me llamabas...
-No pasa nada bobo.- Apretó mis mejillas y me besó en la mejilla. ¿Comemos juntos? 
-Claro.- sonreí

Fui a la sala del comedor y me senté con Teresa en la misma mesa de siempre. Yo creo que ya tendrían que ponerle nuestro nombre. Hablamos de todo un poco. Ella estaba trabajando en una revista y hace poco la habían ascendido a jefa. Me contó cosas de su trabajo y demás. Pero una de las cosas que me contó me hizo dejar de atender por un momento a lo que me seguía contando. 

-Estoy muy contenta con tu hermana Dani, trabaja realmente bien para ser tan joven.- volvió a sonreír. 
-¿Mi hermana? ¿Cómo que trabaja muy bien para ser tan joven?
-Si, eso. Que lo hace muy bien. Se nota que el periodismo le gusta. Estoy pensando en ascenderla y todo... 
-¿Me estás diciendo que mi hermana trabaja en la misma revista que tu? ¿Que es periodista?- El corazón me dio un vuelco. ¿Cómo es que yo no sabía nada? ¿Cómo que mi hermana estaba trabajando sin que yo lo supiera? ¿Y por qué no me lo dijo? ¿Por qué de periodista? Eran miles las preguntas que se formulaban en mi cabeza minuto a minuto. O estaba loco o aquello era una locura. 
-¿No lo sabías? ¡Mierda! Ya he metido la pata... Pensé que lo sabías Dani, de verdad... 
-No, no lo sabía... Pero ¿cuando va ella a la revista? Por que siempre que sale me dice que va a casa de Aurora...
-Tu hermana se pasa los días casi al completo en la revista Dani. Sale de clase en las horas libres y va, luego vuelve a clase, va a comer contigo y viene a la revista otra vez. ¿Aurora? No será Aurora Estevez ¿no? 
-Y yo sin enterarme... Si, esa misma. ¿Qué le pasa? 
-Es la hija del jefe.- rió- Anda que no es espabilada la niña.- reímos. Si, yo me reí, pero ni pizca de gracia. En pocas palabras estaba llamando a mi hermana conveniencias, así, con todo el morro del mundo.- Bueno, pero dejemos de hablar de esto. Hay alguna que otra cosa que me interesa más. 
-¿De qué se trata?
-De ti.- rió- Quiero que me cuentes que es de tu vida desde que lo dejamos. ¿Has conocido a alguien?- Esa pregunta me puso muy nervioso. ¿Se enfadaría si le decía que si? ¿O se lo tomaría bien? ¿Había conocido ella a alguien? Otra vez las preguntitas de las narices...
-Pues...-carraspeé un poco para aclarar la garganta. Se me había formado un nudo en ella que casi no me dejaba ni respirar.- Si, he conocido a alguien.- me ruboricé y sonreí al recordarla. Se me había quedado su imagen completamente gravada en mi cabeza. Y era tan preciosa, tan delicada, tan todo... que era imposible de olvidar. Teresa se quedó callada. Nada más había acabado de decirle aquel "si" sus ojos se volvieron platos y su sonrisa se esfumó. ¿Bipolaridad? Tal vez.
-Ah... que bien- fingió una sonrisa- Me alegro Dani...- Agachó la cabeza y se puso a jugar con la pajita en su vaso de coca-cola. Conocía perfectamente aquella reacción. Nunca fue capaz de controlar esas cosas, era muy transparente en ese sentido. 
-¿Ocurre algo? 
-No... no. Nada. ¿Que va a ocurrir?- pasaba de decepcionada a borde, de borde a enfadada y de enfadada a triste. Bipolar señores, bipolar. Lo que ocurre es que yo no entiendo esto. Ella también quiso dejarme. Es más, los dos estuvimos de acuerdo en dejarlo. ¿Y ahora? ¿Ahora que le pasa? ¿Pretendía que me quedara para ella siempre? Desde luego no lo entendía, no... 
-Nada no, Teresa. Te conozco. Dime a ver. ¿Que pasa? 
-¿Que va a pasar Dani? Pues que no hace ni dos semanas que lo dejamos y ya estás con otra. 
Creía que me querías...
-Y te quiero, pero no como antes. ¿Que pretendes? ¿Que lo dejemos y espere a volver a sentir lo mismo por ti para estar juntos de nuevo? ¿Que siga solo hasta que se te de el capricho? No te entiendo, Teresa. De verdad que no. Tu estabas de acuerdo en que lo dejáramos. Tu lo quisiste así. ¿A que viene esto ahora, eh?
-Me precipité. ¿Era eso lo que querías oír? Pensé que era eso lo que quería. Pero ahora me doy cuenta de que me molesta que sonrías y no sea por mi. Me molesta y mucho. Yo te quiero aquí... te necesito conmigo Daniel. ¿Qué pasa? ¿No quieres que volvamos?
-Lo siento pero no Teresa. Lo mejor es que seamos amigos. 
-No puedo ser tu amiga sabiendo que estás con otra. 
-Pareces una cría, de verdad. Pues ¿sabes que? Si no puedes ser mi amiga por estar con otra, lo mejor será que no seamos ni siquiera amigos. ¿Contenta? 

No quise escuchar más. Fui a la barra, pagué mi comida y le hice un gesto a Esteban para despedirme. 
Aquello era de locos. Todo en realidad. Yo con Malú, mi hermana periodista, mi ex celosa... ¿Y ahora qué? 
Ah, bueno ¡y no olvidemos mi metedura de pata con Malú antes! 
Si es que de un día para el otro todo me salía mal. Era una cosa buena y quinientas mil malas. Así toda mi vida. 
Necesitaba desahogarme, echarlo todo fuera. Empecé a correr hacia el estudio. Ya no me importó que estuviera lejos, ni que empezara a llover... nada. Solo quería llegar allí y poder desconectar de todas aquellas preguntas que mi cabeza seguía haciéndose, incansable. 
¿Por qué tantas preguntas sin respuesta? ¿Por que tantas paranoyas? ¿Por qué me complico tanto la vida? No lo entiendo; no me entiendo. 
Llegué al estudio bastante más rápido de lo normal. Me había motivado a correr, supongo que era algo que me relajaba, en cierto modo. 
Me senté frente al piano y empecé a darle a las teclas sin partitura alguna, para que saliese todo de forma natural. Cuando reaccioné por fin, me di cuenta de que sería bueno grabar lo que tocara, por si había algo decente. Puse el móvil sobre el piano, le di al botón REC y empecé a tocar. 
Cerré los ojos y me imaginé a Malú. No me quitaba su imagen de la cabeza. Me encantaba imaginarla, imaginar su voz... Aunque me parece mucho más bonita cuando está a mi lado, o abrazándome, o besándome. En general, la veo preciosa conmigo. 
No soy consciente de lo que toco, así esté tocando teclas al azar sin sentido alguno. No me importa, solo puedo pensar en ella. 
Y como si de telepatía se tratase, cuando acabo de tocar la veo parada frente a mi, con lágrimas que corren por sus mejillas sin parar. Tiene la sonrisa más grande y bonita del mundo, y esta vez me la dedica a mi. Yo aún sin entender por qué y como estaba ella allí, me levanté de la banqueta y di cuatro pasos hasta ella. Cogí su cintura y la aproximé a mi, más fuerte que nunca. Unimos nuestros labios una vez más. A fuego lento, sin prisa. Pasó sus manos por mi cuello, se separó un poco de mi y apoyó su frente en mi pecho. 

-La canción que acabas de tocar... Es preciosa. Y lo que cantabas... Te quiero.- Y lo cierto es que no había prestado gran atención. Me había pasado esto de cuando bebes mucho y al día siguiente no te acuerdas de nada, pero en apenas minutos. Había sido todo tan de corazón que ni siquiera había pensado en lo que cantaba ni como. Y en ese momento se me encendió una luz. ¡La grabación! Luego la escucharía, cuando estuviera solo, por que saber lo que había dicho delante de ella me haría morir de la vergüenza. 

-¿En serio te ha gustado?- sonreí volviendo a poner mis labios sobre los suyos.- Yo te quiero más. 
-Me ha encantado cariño. -sonrió- No mientas Dani, soy yo la que ha venido a buscarte.- sacó la lengua y casi me derrito allí mismo.
-Será mejor que te calles cariño, no tienes razón. 
-No me callaré. 
-Pues deberías...
-¿Quieres que me calle? 
-Si.
-Pues cállame. 

Y la besé con más pasión que antes incluso, con más dulzura. La levanté y la senté en el piano. Ahora si, la tenía a la altura perfecta y todita para mi. 

-Eres lo jodido mejor.- le susurré.

Y con eso se me olvidó todo, sin excepción alguna. Me daba igual que mi hermana trabajara, o que mi ex se celara... o miles de cosas que a veces no me dejaban conciliar el sueño. Hoy no, hoy me daba igual. Solo me centraba en ella ¿qué más necesito?
Así pasamos la tarde, entre besos y caricias en aquel pequeño estudio en el que casi no cabía un alfiler, cuando a mitad de la tarde una llamada inesperada me descolocó. 

jueves, 10 de abril de 2014

- 5 - SI VOY DE TU MANO NO ME PIERDO

-¡Dani!- dijo corriendo hacia mi y dándome un abrazo
-Hola pequeña- sonreí- ¿te lo has pasado bien?
-Si, estupendamente.- me dijo sonriente- ¿Y tu con tu cita?
-También-sonreí, ahora más que antes al recordar mi "cita". A ver quien me quitaba aquella sonrisa de tonto ahora... 
-¿Comemos juntos o has quedado?
-Viene ella a comer- dije aguantando la risa- ¿Por que no vas a la cocina y preparas algo? 
-¡Vale!

Mi hermana fue acercándose a la cocina mientras tenía el móvil en la mano, por lo que iba distraída y no iba a ver a Malú hasta que entrara. Cada vez me costaba más y más aguantar la risa. Me acerqué a la cocina para ver la cara que ponía. Se apoyó en el marco de la puerta mientras contestaba a un Whats App y a mi la impaciencia me podía.

-¡Las he visto más rápidas!
-¡Que ya vo...- Y cuando subió la cabeza para decirme esto vio que Malú estaba sentada encima de la encimera. Su cara fue un show. Tal cual así.
 
Empecé a reírme a carcajada limpia sin compasión alguna por mi hermana. Ella seguía ahí petrificada mirando a Malú, mientras esta se reía conmigo. Todo un espectáculo. 

-¡Hola! Encantada, soy Malú.- le dijo animada. Pero no le contestó. Seguía sin moverse. Quieta como una estatua, tal cual. 
-Martina ¿estás bien?
-Pero... pero... DANI ¿COMO QUIERES QUE ESTÉ SI TENGO A MI ÍDOLO DELANTE MÍA?¡¡¡¡SOY LA PERSONA MÁS FELIZ DEL MUNDO!!!!.- gritaba. Se la veía tan feliz... Así quería verla todos los días, así. 
-Encantada Martina- sonreía Malú.- ¿Sabes que? ¡Soy tu media cuñada!- dijo con ese desparpajo suyo.- Entonces fui yo ahora el que me quedé perplejo. Había dicho "tu media cuñada". ¿Puedo ser más feliz? ¿Se puede o está prohibido? Aquello me sorprendió, y me encantó y me mató, y todo lo que os podáis imaginar. 
-¿Como no me contaste esto Dani? ¿Cuanto lleváis? ¿Pero tu eres tonto?- No podía parar de reírme. De repente se había indignado, pero era indignación mezclada con lágrimas de alegría, cosa que resultaba muy graciosa. 
-Lo siento Martina, pero es que no te iba a llamar ayer a las 5 de la mañana para contártelo... Llevamos pues... Unas 12 horas, casi. O ni eso ¿que se yo?- reí- Y no soy tonto, te lo estoy contando ahora.- volví a reír. Ahora ya no se enfadó. Puso la mejor de sus sonrisas. Estaba feliz y con ella yo. 
-Estoy flipando. ¿Mi ídolo es mi cuñada? Yo estoy durmiendo aún, seguro...- Mi hermana me leía mi mente, porque yo también creía estar soñando. Y ojalá no despertar nunca, ojalá.
-Bueno, ahora que ya os conocéis puedes hacernos la comida ¿no?- le dije a mi hermana, que como le gustaba cocinar solía hacerme la comida a mi para practicar. Ella quería ser cocinera y se le daba estupendamente, la verdad. 
-Si, si, salid de la cocina. ¡Venga, venga!- le hicimos caso y nos fuimos al salón. 

Cogí a Malú por la cintura, apoyé mi barbilla en su hombro y besé su cuello, su hombro, su brazo...

-Tengo que ir a buscar algo de ropa a casa ¿me acompañas? 
-Claro-sonreí- me visto y vamos. 

Fui a mi habitación, me puse lo primero que encontré y luego fui a la habitación de Martina para cogerle algo de ropa a ella para que fuera hasta su casa. 

-Malú ¿te vale esto?  
 -Asintió, lo cogió y fue al baño a cambiarse. 
No tardó mucho, cosa que me sorprendió, porque cuando mi hermana se viste necesita una hora para cada prenda que se ponga, como mínimo y obviamente eso a mi como hombre me desespera...
Cuando estuvo lista avisamos a mi hermana de que nos íbamos y salimos hacia la casa de Malú. 
Cogimos mi coche y ella me fue indicando paso a paso como llegar. Pude aparcar en la puerta, pues era un sitio bastante reservado. 
Su casa era preciosa y enorme. Tenía dos pisos, muy grandes y muy bien decorados, por cierto. 
Solo su cuarto de baño principal era como mi estudio entero, lo cual para un cuarto de baño era bastante grande. 

-Cariño ¿te falta mucho?- grité desde el salón. No me contestó y decidí subir a ver si todo iba bien. Cuando llegué a su habitación estaba sentada en la cama hablando por el móvil y no tenía buena cara. Parecía que algo iba mal, pero como os podéis suponer no se lo podía preguntar mientras hablaba... Me senté a su lado para intentar escuchar lo que le decían pero no se escuchaba nada. 
Vi como se ponía cada vez muy nerviosa, enfadada, triste... que se yo. Ponía de todo menos una sonrisa. 
De ahí a unos minutos me llamó mi hermana.

-Dime Marti.
-Dani, al final no puedo comer con vosotros... tengo algo importante que hacer... 
-¿Ha pasado algo?
-No, no. Nada. Os dejo la comida en el horno ¿vale? Te quiero. 

Y colgó. Entonces mi cabeza dio vueltas y mil vueltas. ¿Qué había pasado para que ya no pudiera comer con nosotros? ¿Quién había llamado a Malú y qué le estaba diciendo?
Por fin acabó de hablar, me miró apenada y fue a hablar. Si, yo ya sabía que me iba a decir lo mismo que mi hermana. 

-Tengo que irme... 
-¿Cómo? ¿Por qué? 
-Trabajo... Te lo contaré... luego. 
-¿Me llamarás o tendré que esperar otras dos semanas?- después de decirlo me di cuenta de lo borde que había sonado. Había sonado a reproche de mala intención y así lo interpretó ella. Cogió su chaqueta y se fue. 
-Cierra cuando salgas.- fue lo último que me dijo y de mala gana, por cierto, antes de irse. 

Ahora si. Estaba más solo que la una. No sabía que era lo que le pasaba a Malú, ni a mi hermana... Todo era rarísimo. En resumen, hoy me toca comer solo y sin enterarme de nada. Pues que bien...