Llega el final, mucho antes de lo que había previsto... pero el final al fin y al cabo. No me queda más que agradeceros, mil veces más, a todos los que estéis leyendo esto, a todos los que hayáis leído cada fragmento de esta pequeña historia. Como ya os dije, pretendo con esto que podáis emocionaros... haceros sentir algo, cualquier cosa, aunque sea rabia. Así que de corazón, espero que os guste y que lo disfrutéis tanto como yo al escribirlo. Gracias a todos!
------------------
Disfrutábamos de un maravilloso día en Cantabria, en mi ciudad. Habíamos alquilado una casa en la playa y todo parecía perfecto en aquel momento. Mi hermana y Aurora paseaban por la playa cogidas de la mano. Malú me abrazaba por la espalda, con la barbilla apoyada en mi hombro. Nada en ese momento podía hacerme más feliz.
En cuanto al pasado, no puedo pararme a contaros todo por lo que pasamos cada uno de nosotros. Supongo que os imaginaréis que hubo momentos muy buenos... pero también otros muy malos. Os resumiré un poco la historia:
¿Os acordáis del concierto en Barcelona? ¿Y de Sara? No sabéis la de problemas que me trajo aquello... El novio de Sara apareciendo por Madrid, Malú celosa y Sara, la pobre, que no sabía que hacer. Por lo pronto, los celos de Malú me costaron bastante caros. Mi chica no podía soportar que cuidara de Sara, pensaba que entre nosotros había algo más, cuando en realidad yo solo quería ayudarla. Discutíamos durante meses, dejaba de hablarme y no me abría la puerta de su casa ni me cogía las llamadas. Una vez incluso se fue de Madrid sin decirme a donde, según ella 'a pensar'. Sin duda nuestra relación no fue fácil, ni mucho menos, pero no me arrepiento de nada de lo que hice. No me arrepiento de haberme plantado en su puerta durante horas hasta que decidió salir, ni de recorrer Madrid con el coche para encontrarla, ni de seguirla por los conciertos, esperándola en el camerino con ayuda de su hermano para que habláramos. No me arrepiento de mi decisión de estar a su lado cada día por muy mal que me contestara, ni de comprarle una rosa blanca todos los días, para recordarle lo mucho que la quería. No, no me arrepiento.
Aunque bueno, no todo lo que yo hice es bueno. Mi orgullo desde luego no faltó en ciertos momentos. Había momentos en los que era yo el que me enfadaba y me iba, el que no le contestaba, el que le cerraba la puerta cada vez que hacía algo que no me gustaba y el que se pasaba horas sin hablarle por celos. Y diréis ¿celos? Si, celos. Celos de un compañero de Malú que la invitaba a salir, que quedaban constantemente, aún viéndose cada día, cada hora del día. Y me molestaba mucho. Pero al fin y al cabo, todas esas cosas quedaron reducidas en pequeñas anécdotas que podremos contar a lo largo de los años, riéndonos de lo tontos que fuimos al dejarnos escapar por momentos.
Pero bueno, antes de seguir contándoos nuestra historia, no quiero pasar por alto la de mi hermana:
Para los que no recordéis lo de su viaje a París, os resumiré también, pero mejor me centro en lo importante. Martina me llamó, en el que se supone que era su día de vuelta, para decirme que se quedaría unos meses más. Me enfadé con ella, más que nada porque era un momento en el que la necesitaba bastante, necesitaba que estuviera allí, pero por otra parte estaba orgulloso de ella, de que tuviera la valentía de plantarse allí, prácticamente sola, y ejercer un trabajo periodístico con apenas diecisiete añitos. Me inspiraba valentía, de la que muy pocos tienen y me encantaba. Pero lo importante es su historia allí, lo que me fue contando a través de unos testamentos de whats app que me escribía cada día. En ellos me lo contaba todo, sus sensaciones al entrevistar a modelos parisinas, a grandes diseñadores de moda y a grandes artistas como pintores, escultores... incluso cantantes franceses. Vivía en un piso bastante céntrico en la ciudad de París, con muy buenas vistas. Le daban dinero para que fuera en taxi a Francia, las veces que le tocaba hacer algún reportaje allí, lo cual ella acababa aprovechando para hacer turismo. Se la veía muy feliz, la verdad, hasta por una pantalla se le notaba. Pero un día, en uno de esos textos me decía que tenía que contarme algo muy importante, pero como no íbamos a vernos, que al menos me lo contaría por teléfono. Entre unas cosas y otras, cuando salí de trabajar una mañana se me ocurrió llamarla a Skype. Hablamos durante horas, muchas horas. Pero después de tanto tiempo hablando, viendo como sonreía, con que ilusión pronunciaba cada palabra que decía... Por fin me dijo lo que tenía que decirme. ¡Ella y Aurora estaban juntas! Si os soy sincero, esa noticia me sorprendió... Bueno, me dejó helado cual iceberg, pero no me disgustó en absoluto. Era una de esas noticias que en mi familia (me refiero a mis padres y a nosotros, el resto de la familia es más cerrada...) no nos suele sorprender. Sabemos que es algo normal, con lo cual, cuando me lo dijo mi hermana me alegré mucho. Me chocó, claro, al recordar esa imagen con mi primo en el hotel... Pero me alegré al ver lo feliz que estaba, como sonreía y como le brillaban esos preciosos ojos. Al fin y al cabo ¿que hay mejor que la felicidad de la gente a la que quieres?
Ya estábamos por fin todos juntos. Martina y Aurora pasaron a vivir juntas en mi estudio y todo lo de mi estudio pasó a mi casa, donde se supone que yo viviría solo pero no. Solía dormir en casa de Malú, o Malú allí pero pocas veces. Sara unos meses después de estar en mi estudio ya tenía un pequeño piso en las afueras, y había empezado a trabajar en la cafetería de Esteban, por lo que nos veíamos todos los días.
En resumen, a pesar de todo lo malo siempre acabábamos bien. supongo que como en todas las buenas historias de amor, en mi caso con Malú.
Y... ¿Queréis que os cuente como estamos ahora?
En fin, como es lógico no puedo esperar a que me contestéis, porque sería esperar mucho, y al final no contaría nada... yo me entiendo. Así que, queráis o no, yo os la cuento, que en el fondo se que queréis.
Hace un mes, un mes exacto que sonrío más que nunca. No sé si os ha pasado esto de que estás enamorado hasta las trancas, y lo primero que hace que te des cuenta es tu constante sonrisa, tus ganas de ver a esa persona cada minuto de tu vida, siempre. La verdad, sabía que me estaba enamorando de Malú pero... ¿tanto?
Sin duda ella fue esa persona que lo trastocó todo en mi. Que llegó y me cautivó con su sonrisa, como yo esperaba. Era esa que cambiaría mi vida sin quererlo, sin que yo se lo pidiera. Cuando ella llegó, todo mi mundo se revolucionó. Todo cambió, en todos los aspectos posibles. ¿Y que haces cuando quieres tanto a alguien que te duele?
Yo, en este caso, opté por luchar por ella, por despertarme a su lado cada mañana y por ver su sonrisa muy cerca de la mía. Elegí ser feliz a su lado, envejecer a su lado. Opté por discutir con ella a gritos, pero reconciliarnos entre gemidos ahogados y sentir su piel junto a la mía, muy cerca. ¿Por qué? Sencillo, es la mujer de mi vida.
Soy de los que piensan que cuando has pasado por tanto con una persona, cuando te da igual perder tu orgullo por ella, cuando haces lo que sea por ver su cara, aunque hayáis discutido hasta tiraros toda la vajilla a la cabeza, cuando eso pasa, la relación es la más sincera del mundo. Porque quiere decir que nunca, nunca vas a dejar escapar a esa persona, que estás dispuesto a todo por ella, a todo.
Para mi, en realidad, no suponía ningún esfuerzo quedarme a su lado. Más bien era algo que necesitaba, que pedía a gritos. Necesitaba girarme por la mañana y ver su cara junto a la mía, o su espalda, daba igual. Tenía la necesidad de acariciar sus lunares suavemente para no despertarla, y besar sus labios después de su primera sonrisa del día. No podía estar ni un solo día sin escuchar sus buenos días con esa voz de dormida que me enamoraba, sin ver su cuerpo desnudo cada vez que se levantaba y caminaba hacia la ducha. Me gustaba cada cosa que hacía cada minuto del día. Cada sonrisa que me dedicaba, cada palabra, cada gesto, cada mirada... Me perdía en sus ojos constantemente, sin poder evitarlo nunca, eran hipnóticos. Ella era quien me calmaba cuando yo me preocupaba demasiado, cuando me superaba la situación. Ella me abrazaba siempre, pasara lo que pasara. Aunque si había algo que odiaba eran sus giras... Lo pasaba fatal. Se me encogía el corazón cada vez que tenía un concierto lejos y sabía que iba en coche. Miraba las noticias y veía los accidentes de coche que hay a diario, y siempre la llamaba cada dos horas para saber si estaba bien, para asegurarme de que seguía ahí. Pero siempre me invadía ese miedo de que no me contestara, de que su coche saliera en las noticias, no sé, una de esas cosas que siempre pasan pero rezas con todas tus fuerzas para que nunca le pase a esa persona.
En definitiva, enamorado hasta las trancas.
Si os digo la verdad, nunca supe con certeza cuando estaba enamorado... hasta que la conocí. Con ella lo vi claro. Me ponía nervioso cada vez que me besaba, cada vez que pasaba sus dedos por mi espalda y cada vez que me soltaba un 'Te quiero' así, de la nada. No os podéis imaginar lo que me producía todo aquello. Y ni os imagináis cuando me cantaba, cuando me dedicaba las letras solamente a mi y hacía que se me clavaran en lo más profundo de mi. Eso era magia, magia pura.
Adoraba cada gesto, cada sonrisa, cada letra de las canciones que me cantaba al oído, la ternura con la que me hablaba, las caricias con las que me tranquilizaba siempre... Y podría seguir, pero supongo que no tenéis toda la vida para que os cuente algo que ya sabéis: que es increíble.
Pero, si algo me queda en el tintero es su último viaje a México.
Tuvo que irse, en esa ocasión sin mi compañía y una semana antes de su cumpleaños. Iba a estar allí apenas tres días, pero tres días muy, muy intensos. Pero bueno, mejor os lo cuento con todo detalle, porque es algo esencial en esta historia.
//
Se fue por la mañana después de un leve beso en los labios. No podía acompañarla al aeropuerto ya que tenía bastante trabajo, pero lo entendía y me perdonaba. Íbamos a estar tres días separados. Pero no tres días cualquiera, sino tres días de la semana antes de su cumpleaños. Por una parte aquello me venía estupendo, ya que podría pensar en una gran sorpresa que darle, en algo digno de la mujer que amo ¿no? Así que había decidido tomarme aquello como unos días solo, para poder prepararlo todo, no como unos días interminables sin ella, no sé si me explico.
En cuanto se fue llamé a Martina y a Aurora. Necesitaba que vinieran a ayudarme a pensar. Martina es muy romántica, le gustan mucho los detalles y es muy creativa, siempre tiene ideas nuevas y muy buenas. Digno de una periodista de su rango, vamos.
En cuanto llegaron yo estaba como un loco. Desquiciado porque necesitaba tiempo para prepararlo todo, pero también tenía que trabajar, con lo cual me agobiaba pensar que no me daría tiempo de hacer nada decente antes de que ella volviera.
-Dani, cálmate ¿vale? Vas a hacerle algo increíble, yo lo sé.- dijo mi hermana acariciando mi espalda
-Es que no tengo ni idea de con que sorprenderla ya Martina. Si le regalo más flores, esto será una floristería, tendrá que empezar a venderlas... Si la llevo a un hotel, para ella no será nada nuevo porque está acostumbrada a eso cada vez que tiene conciertos. Si la llevo de viaje me dirá que no, porque todos sabemos que su trabajo suele ser lo principal. ¿Entonces? ¿Que se supone que tengo que hacer?
-Pues...
-¡Oye! ¡Tengo una idea!- gritó Aurora eufórica
Sin esperar a nada me contó aquella idea. ¡Era increíble! Mi hermana y yo nos quedamos completamente boquiabiertos, sin palabras. Era algo que yo siempre había querido hacer, y este era el momento, supongo. Si que tenía miedo, no os voy a mentir, de que algo saliera mal... Pero eso siempre pasa, y no por eso voy a dejar de intentarlo ¿no?
Les pedí a las chicas que buscaran el sitio que más les gustara y me pasaran la dirección. Iría allí en cuanto pudiera a verlo y si me gustaba, a ir preparándolo todo. Se fueron y yo cogí mi coche, con mi guitarra a mi lado y me fui. Primero a comprar lo esencial para la sorpresa, cosa que aún no os puedo revelar. Y luego, casi llegando tarde me fui al restaurante donde me tocaba actuar, mi preciado trabajo. Saludé al dueño, que se había convertido en un gran amigo mío y le pedí un día de vacaciones, ¿adivináis cual? Si, el 15 de Marzo. Ya con todo firmado, subí al escenario y lo dejé todo, una vez más. Solo me hacía falta pensar en ella y salía solo. Dos canciones a guitarra, tres con el piano y ya había acabado mi jornada. Sin duda un muy buen trabajo, la verdad. No pagaban como a un ejecutivo, pero me llegaba para vivir ya que una vez al mes actuaba en fiestas privadas y eso hacía que ganara el doble o el triple que en el restaurante. No me puedo quejar, en resumen.
Los dos días siguientes estaba atacado de los nervios. No quedaba nada para que ella volviera. Yo ya había ido a ver el lugar que Aurora y mi hermana habían escogido, con muy buen gusto por cierto, y ya lo había decorado con anticipo. Solo tenía que ir unas horas antes de la sorpresa para los últimos detalles, pero el resto estaba todo planeado.
La recibí por fin en casa, con un gran abrazo y la cena puesta.
-¿Que tal México?- dije mientras le servía una copa de vino
-Agotador.- dijo graciosa chocando nuestras copas- ¿Qué has hecho tu por aquí?
-Pues nada, lo de siempre. Fui al restaurante, estuve con las niñas... No mucho más.- sonreí
Cenamos entre risas, ella contándome anécdotas de su viaje y yo atendiéndolo sin parpadear siquiera. Como ya era tarde simplemente nos fuimos a la cama, con un par de besos y muchas sonrisas para el día siguiente. ¿Para qué más?
Pasaban y pasaban los días, pero no tuvieron importancia hasta hoy, hoy era el día. Nada más despertarme me levanté lo más despacio que pude. Como cada día desde hacía un tiempo, corrí hacia la floristería y compré una rosa blanca que la mujer ya me tenía preparada cada día. Volví a la casa, preparé el desayuno y lo coloqué todo en una bandeja y se lo llevé a la cama.
-Buenos días marmotita.- besé sus labios y me dedicó su primera sonrisa
-Buenos días madrugador.
-Toma, para la cumpleañera.- le tendí la bandeja y su sonrisa perduró, esta vez más intensa que la anterior
-Pero mira como me mima mi niño.- me besó- Me estás malacostumbrando cariño... ¿que haré cuando no te tenga para estas cosas?
-¿Piensas echarme acaso?
-¿A ti? Ni aunque quisieras.- me senté a su lado, la abracé y besé sus labios.
-Oye, una cosita.
-¿Si?
-¿Dejarás de cumplir años?
-¡Oye!- me dio en el brazo- ¿Me estás llamando vieja?
-No, cariño. No me malinterpretes... Quiero decir que si dejarás de cumplir años, porque me he roto la cabeza para tu regalo.
-¿Y que es?- dijo cual niña pequeña abriendo los ojos como platos
-Sorpresa.- sonreí
-Jo, no vale.- se cruzó de brazos y besé sus labios. Y cada vez que intentaba decir algo o protestar, la besaba una y otra vez. Ya os podéis imaginar como acabó la cosa ¿no?
Pues si chicos si, con el café derramado en las sábanas debido a las patadas que daba cuando le hacía cosquillas.
-Oye Malú.
-Dime cielo.
-Mi hermana quiere que vayas a pasar la tarde con ella.
-Pero ¿y tu?
-Yo tengo trabajo cariño. Aunque tampoco me ibas a hacer mucho caso cuando tu móvil no para de sonar.- y era cierto, sonaba cada dos minutos, siempre una persona tras otra felicitándola en su día.
-Bueno... Te veré esta noche al menos ¿no?
-Por supuesto. Te voy a ir a buscar a casa de mi hermana para ir a cenar así que ponte guapa eh.
-¡A la orden!- estallamos en carcajadas, acabando con nuestros labios pegados, sonrisa con sonrisa.
Pasamos la mañana juntos, con los bichos en el jardín. Comimos con sus padres y su hermano con los que por cierto ya había encajado a la perfección. Pero por la tarde al irse todos también se iba mi chica a casa de mi hermana. Habíamos acordado que ella la entretendría toda la tarde y por la noche yo la recogería para cenar en el sitio escogido. La idea era perfecta pero ¿nos saldría bien?
Cuando se fue cogí mi coche y me fui directa a aquella cabaña. Era muy acogedora, en un sitio bastante apartado pero seguro.
Ultimé los detalles que quedaban. Me aseguré de que todo había quedado perfecto y pasadas unas tres o cuatro horas allí metido por fin estaba todo listo. Lo esencial, lo más imporante estaba entre mi cabeza y mi bolsillo... Pronto lo entenderéis. Me fui a mi apartamento y me puse mi mejor traje. Eran las diez de la noche cuando me fui a casa de mi hermana, con los nervios a flor de piel pero sobre todo, muy feliz por lo que estaba a punto de hacer.
-¿Lista?- grité desde el salón a Malú, que estaba en la habitación de mi hermana.
-¡Casi!- después de unos minutos por fin salió. Estaba preciosa, realmente impresionante.- Ahora si. ¿Que tal estoy?
-Pues fíjate si no es mejor que cenemos en casa...- reímos- Bueno venga, vamos que al final se nos hace tarde.- nos despedimos de mi hermana y nos fuimos. Cuando subimos al coche le pedí que se pusiera una venda en los ojos, quería que fuera una verdadera sorpresa.- Póntela, venga.- le pedí
-Dani, ¿en serio es necesario?
-Lo es, por favor cariño.
-Bueeno- accedió y se la puso por fin.
Conduje hasta la cabaña. Ya estaba hecho lo primero, ahora venía la cena y luego... lo complicado. La ayudé a bajar del coche y a caminar hacia el lugar. Entramos y pronto se dio cuenta del peculiar olor de aquel sitio... olía a flores, unas flores con un aroma que te transportaba. Encendí las velas, que por cierto no eran pocas y al acabar la abracé por la espalda y tras un beso en el cuello le solté la venda.
-Bueno, dime. ¿Te gusta?
-Dios Dani... Es... Precioso...- una lágrima empezó a resbalar por su mejilla. Había visto el espacio vacío, con apenas una cesta, un mantel y unos cojines, pero todo esto rodeado de velas y pétalos. En el suelo también, hacia los cojines un camino de fotos. Fotos nuestras, de nuestro paso de los días al lado del otro. Fotos que nos recordaban muy buenos momentos, fotos que nos recordaban a la felicidad que compartíamos. La besé con tanta pasión como pude. Intenté transmitirle como siempre lo muchísimo que la quería, lo muchísimo que era para mi ella. Intenté explicarle con un beso, el por qué de mi sorpresa, básicamente.
Cenamos tranquilos, con calma. Hubo momentos en los que cambiamos la comida por besos, por caricias, por sonrisas y miradas furtivas, sobre todo las suyas, que penetraban en mi llegándome al corazón, muy muy dentro. Había llegado el momento. No era un momento cualquiera, sino sin duda el más especial de todos los que hubiéramos podido vivir hasta ahora.
-Malú... ¿Quieres ya tu regalo?
-¿Como? Pero... ¿No era esto?
-Desde luego que no mujer. ¿Lo quieres o no?
-Pues claro que si bobo.- me besó y me puse en pie. Le di la mano para que se levantara y por fin había llegado la hora. La tenía frente a mi, con un brillo especial en los ojos y una gran sonrisa. ¿Me acordaría del discurso?
-Verás cariño... Llevamos mucho tiempo juntos. Mucho tiempo en el que poco a poco hemos ido descubriéndonos el uno al otro hasta llegar a conocernos por dentro y por fuera. Después de tanto tiempo a tu lado... Sé que eres la mujer que quiero ver a mi lado siempre, la mujer con quien compartir mis desayunos, mis comidas y mis cenas. La mujer a la que mimar y cuidar cuando esté enferma, o cuando no lo esté. Eres esa a la que quiero darle todos los caprichos que se me permitan, a la que quiero hacerle cosquillas y fundirnos en una guerra que acabar en besos. Quiero una vida Malú, pero solo si es a tu lado...- respiré profundo, saqué una cajita azul de mi chaqueta y...- ¿Quieres casarte conmigo?- miles de lágrimas que corrían por sus mejillas me hicieron temblar. Su sonrisa me tranquilizaba, pero a la vez me alteraba más. Necesitaba una respuesta, y la necesitaba ya.
-¿Pero como no voy a querer?- se lanzó a mis brazos y nos fundimos en un abrazo de los pocos que te acarician el alma. La besé, ahora si, como a mi futura mujer, como la futura madre de mis futuros hijos. ¿Acaso hay algo mejor que eso? Yo creo que no.
//
Bueno, ¿que os ha parecido esta parte de nuestra historia? La verdad, nunca había imaginado que acabaría viviendo a su lado toda mi vida... Nunca había supuesto que ella, Malú, sería la mujer de mi vida. Pero sinceramente, de haberlo supuesto no habría pasado, y por ello doy gracias de no haberlo sabido.
Ahora llega la parte del presente, del ahora. Ahora, como os dije, estamos en una casa frente a la playa, en mi ciudad natal. Es nuestra pre- luna de miel. Estamos juntos, felices, con mi hermana y su chica y sin nada que pueda estropearlo ya.
-¿A donde quieres que vayamos en la luna de miel de verdad?- dijo casi en un susurro con su boca pegada a mi oreja
-Pues... ¿Que tal a la cama?- sonreí pícaro
-En cuanto a eso... Luego tengo algo que enseñarte cariño.
-¿Vamos a cambiar la cama?- reí
-No tonto.- sonrió- Bueno, ¿a donde vamos?
-No lo se amor, a donde tu quieras, ya lo veremos cuando volvamos a Madrid.
-Estuve pensando y... Podíamos comprar una casa nuestra ¿no? Más grande, con más habitaciones... ¿Que te parece?
-¿Pero para qué queremos más habitaciones estando nosotros solos Malú? No creo que mi hermana y Aurora vayan a venir a dormir a casa ya ¿no crees?
-Ya Dani pero...
-Dime, venga.- tiré de ella hasta tenerla en frente. Cogí sus manos y la miré a los ojos con una gran sonrisa.
-Pues... Que ya no somos solo dos cariño...- sonrió a la vez que miraba hacia su barriga y la acariciaba, no podía ser.
-No me digas que...
-Si mi vida, vamos a ser padres.
En ese momento no pude reaccionar de otra manera. La abracé levantándola por los aires y dndo vueltas con ella en brazos. Iba a tener un mini yo, o una mini Malú, con la mujer de mi vida. ¿Sueño o realidad? Sin duda no, una vez más no existía mayor felicidad que lo que yo estaba viviendo en aquel momento. ¿Queréis un consejo? Guiaros por el corazón, cuidad a quien tenéis al lado, a quien queréis... Nunca sabéis lo que puede pasar, con quien vais a terminar envejeciendo. ¿Y que pasa y perdéis al amor de vuestra vida por no saberlo ver? Con la mano en el pecho, como dice mi mujer, os digo que luchéis por lo que queréis, por quien amáis y lo hagáis posible. Solo vosotros decidís quien será esa persona con la que vais a compartir vuestra vida, no lo desaprovechéis nunca.
Y aquí, mi mujer, yo y nuestro futuro pequeñín os deseamos lo mejor.
viernes, 5 de septiembre de 2014
IMPORTANTE:
Bueno, quera comentaros que después de mucho tiempo dándole vueltas, he decidido acabar con las novelas. Más que nada porque sé que no podré ser constante con los capítulos cuando empiecen las clases, y que entre una cosa y otra tampoco se si van a salir bien. Aún así, no voy a dejarlas sin más. Intentaré hacer un capítulo largo, que cuente todo lo que me queda por contar. Una especie de epílogo largo, que espero poder hacer bien. De verdad que os pido disculpas, que he intentado durante mucho tiempo seguirlas lo más que pude, acabarlas lo antes posible pero no doy abasto y al menos pues quiero acabar con un final decente. Seguramente cuando acaben las clases o en vacaciones pueda escribir pequeños relatos de las novelas, no sé, cualquier cosa que vaya publicando. Pero hasta entonces, para no dejarlas paradas tanto tiempo prefiero que así sea.
Quiero agradeceros una vez más todo el apoyo, todo el cariño y todo en general. Gracias por leer, por comentar, por todo. Que como es lógico nunca me imaginé llegar hasta aquí, con tantos seguidores de las novelas, con tanta gente que me apoya... Así que de corazón, millones de gracias porque en estos 8 meses me disteis muchísimo. Como siempre digo, sois enormes.
En la siguiente publicación (hoy) pondré el último capitulo... el 'epílogo'. Espero que os guste, de verdad, y si se puede, espero poder emocionaros aunque sea un poquito. Gracias!
Quiero agradeceros una vez más todo el apoyo, todo el cariño y todo en general. Gracias por leer, por comentar, por todo. Que como es lógico nunca me imaginé llegar hasta aquí, con tantos seguidores de las novelas, con tanta gente que me apoya... Así que de corazón, millones de gracias porque en estos 8 meses me disteis muchísimo. Como siempre digo, sois enormes.
En la siguiente publicación (hoy) pondré el último capitulo... el 'epílogo'. Espero que os guste, de verdad, y si se puede, espero poder emocionaros aunque sea un poquito. Gracias!
miércoles, 27 de agosto de 2014
- 3 - QUE TU PRESENCIA NO LA CAMBIO POR NINGUNA
Había llegado el día, Sara y yo por fin estábamos en Barcelona y mis ganas por verla eran infinitas. Al menos unas cien veces se me había pasado por la cabeza que podía encontrármela por la calle, como una verdadera casualidad, y aunque mi sentido común me decía que eso no iba a ocurrir, realmente nada me gustaría más. Tenía unas ganas locas de decirle lo estúpido que había sido, de pedirle perdón cuantas veces hicieran falta y sobretodo de besarla como si mañana mismo se me acabara el mundo.
Mientras tomábamos un café en el hotel, no se me quitaban los nervios. Realmente si que parecía un fan, de los que cuentan los días, las horas y los minutos para ver a su ídola. Pero no un fan cualquiera... no. Me declaraba oficialmente malulero, en todos los sentidos posibles que se le pudieran dar a la palabra.
-Hoy no vas a escucharme...¿no?- dijo Sara, después de dar dos palmadas frente a mis ojos
-Lo siento Sara, supongo que estoy nervioso... Tengo mil cosas que decirle pero se con toda certeza que cuando la tenga delante no me van a salir palabras coherentes...
-No puedes preocuparte tanto bobo. Seguro que encuentras la manera de calmarte y puedes hablar con ella como lo haces siempre. No me cabe ninguna duda de que si le pides perdón no dudará en perdonarte. Aunque yo si fuera ella, después de lo que has tardado pensaría que ya no te importo...
-Espero que no piense eso, porque es lo que más me importa en el mundo...
-Lo sé, por eso estoy segura de que encontrarás las palabras exactas y se arreglará todo. Eso si, no sigas dándole vueltas o acabarás por desquiciarte.- reímos- Y venga, sube a la habitación y descansa un rato que el concierto es en dos horas. ¡Pero descansa eh!
-Si mamá.- asentí y besé su mejilla.- Gracias.- susurré a su oído y sonrió.
Le hice caso y subí a mi habitación. Tenía una hora para descansar y media hora para ducharme y vestirme. La otra media hora pensaba repartirla en llegar al concierto y pensar en como iba a hacer para pasar a su camerino, sin tan siquiera un pase o un conocido dentro más que ella o su hermano al que había visto escasas veces.
Me tumbé en la cama pero me era imposible dormir. Le daba vueltas a todo, pero no conseguía entender ni mis propios pensamientos. Aún sin poder pegar ojo y sabiendo que luego no podría conmigo, decidí ir a ducharme y a cambiarme de ropa. Dejé caer el agua, recordando las duchas con ella, la forma en la que malgastábamos el agua o la aprovechábamos de forma especial.
Cuando por fin me di cuenta de que había pasado mucho tiempo, acabé y salí del baño para vestirme.
Ya no quedaba nada. La iba a ver en menos de una hora y estaba de los nervios. Seguía intentando pensar como entrar en aquel camerino. Por Dios ¿por qué era tan difícil? Obviamente no podía llegar allí y decir 'oye, que soy su ex ¿por qué no me dejas pasar?' Iba a ser completamente imposible, pero me daba igual. No me importaba irme a Madrid y esperarla sentado frente a su casa hasta que volviera. No me importaba porque sabía que necesitaba verla, y que si fuera realmente fácil cada cosa que se presenta querría decir que nuestra historia no vale nada, cuando en realidad lo vale todo.
Me subí al coche con Sara y la miré sonriente. 'Allá vamos' pensé. No estaba lejos del hotel, por lo que tardamos poco tiempo. Cuando llegamos, lo difícil sería aparcar el coche ya que por los alrededores más 'cercanos' estaba todo demasiado lleno.
Aparcamos. Por fin aparcamos. Íbamos bastante justos de tiempo, pero como teníamos unos asientos específicos tampoco pasaba nada. Fuimos, nos sentamos y esperamos a que el concierto empezara.
Cuando el concierto empezó, mi cordura se perdió. La estaba viendo ahí, relativamente cerca de mi y más preciosa que nunca. Solo de pensar cuanto la había echado de menos me daba unas ganas más enormes si cabe de abrazarla, aun que aún tenía mis dudas de que aquello fuese posible. A pesar de todo, la noche aún no había acabado y nunca se sabe lo que puede cambiar en dos horas...
-Dani, te espero en el hotel ¿vale? Luego me cuentas que tal.- Sara me besó en la mejilla y sonreí
-Toma.- dije lanzándole las llaves del coche
-¿Y tu?
-Cualquier cosa llamo a un taxi.- reímos. Besé su mejilla y me fui.
Respiré hondo y fui hacia un hombre de seguridad. Intenté hacerme el loco y pasar como si nada, pero no me dio resultado... y con razón.
-Oiga... conozco a Malú, necesito verla.
-Tiene que enseñarme una acreditación, sino no puedo dejarlo pasar.
-Y... ¿por qué no la llama y que le diga ella si me conoce o no?
-Lo siento señor, no puedo hacer nada.
-Por favor, es importante.
-Le repito que no puedo hacer nada.
-Ya... Es que... me ha mandado su padre Pepe. ¿Quiere usted que lo llame y se lo pregunta?- se quedó pensativo un rato y yo ya me había hecho a la idea de otro 'no puedo hacer nada', pero esta vez la frase había cambiado y no pude alegrarme más.
-Bueno... mire... va a pasar pero le voy a acompañar hasta el camerino de la señorita para asegurarme de que lo conoce.
-Perfecto, perfecto.
-Acompáñeme...- lo seguí hasta su camerino. Estaba hablando por teléfono por lo que aún no me había visto. Creo recordar que mi corazón iba a mil por hora, sino más, y tenía una extraña sensación de que iba a meter la pata pero bien. Aún así me quedé allí como una piedra y con una sonrisa de oreja a oreja con el de seguridad a mi lado observándome de arriba abajo, cosa que como a cualquier persona normal, me incomodaba bastante. Unos minutos después (bastante largos por cierto) Malú colgó el móvil y aquí, mi amigo fue a hablar con ella. No escuché lo que le dijo, pero ella me miró y asintió, aunque no parecía alegrarse de verme.
-Hola.- dije ya frente a ella.
-¿Que haces aquí?
-Pues... quería verte.
-Genial, ya puedes irte.- iba a entrar a su camerino pero la cogí del brazo en cuanto reaccioné.
-Necesito que hablemos Malú, por favor.- no dijo nada durante un rato, se limitó a mirarme seria hasta que por fin cedió.
-Pasa.- pasamos a su camerino y era ahora cuando podía liarlo más o arreglarlo todo.- Habla, no tengo toda la noche Daniel.
-Perdóname Malú... Perdóname.- no era capaz de decir nada más. Mis nervios eran tan, tan grandes que no podía.
-Perdonado. ¿Qué más?
-¿Hasta cuando vas a seguir con esto? Te estoy pidiendo perdón joder.
-Si, casi un mes después. Te comportaste como un inmaduro ¿lo sabes? Y encima te fuiste de Madrid, no sabía nada de ti. No me pediste perdón en ese momento. ¿Tanto necesitabas pensar si te arrepentías?
-Si no te llamé fue porque me echaste tu. Porque necesitaba una llamada tuya que me pidiera que me quedara, pero eres una jodida orgullosa y te dio igual que me fuera.
-Si, me dio igual. Me dio igual porque si te fuiste de esa manera significa que no me quieres una mierda, que te la suda lo que pase, solo piensas en ti. Pobrecito, que lo eché del hotel... ¡Joder Dani, eres un gilipollas!
-Tienes toda la razón del mundo. Soy un completo imbécil, no te merezco Malú. No te merezco en absoluto. Vine para verte, para decirte que te quiero y para que me perdones por ser un gilipollas. Ahora bien, si te da igual mejor me voy.- estaba a punto de salir por la puerta cuando apoyó su mano en ella por detrás para que no pudiera abrirla. Cuando me giré hacia ella un montón de lágrimas corrían por sus mejillas y esta vez si sonreía. Se acercó a mis labios y sonrió a milímetros de los míos.
-Si te vuelves a ir te mataré.
Reímos, reímos hasta que mis labios rozaron los suyos y miles de besos me devolvieron esa felicidad que hacía semanas que echaba de menos.
Mientras tomábamos un café en el hotel, no se me quitaban los nervios. Realmente si que parecía un fan, de los que cuentan los días, las horas y los minutos para ver a su ídola. Pero no un fan cualquiera... no. Me declaraba oficialmente malulero, en todos los sentidos posibles que se le pudieran dar a la palabra.
-Hoy no vas a escucharme...¿no?- dijo Sara, después de dar dos palmadas frente a mis ojos
-Lo siento Sara, supongo que estoy nervioso... Tengo mil cosas que decirle pero se con toda certeza que cuando la tenga delante no me van a salir palabras coherentes...
-No puedes preocuparte tanto bobo. Seguro que encuentras la manera de calmarte y puedes hablar con ella como lo haces siempre. No me cabe ninguna duda de que si le pides perdón no dudará en perdonarte. Aunque yo si fuera ella, después de lo que has tardado pensaría que ya no te importo...
-Espero que no piense eso, porque es lo que más me importa en el mundo...
-Lo sé, por eso estoy segura de que encontrarás las palabras exactas y se arreglará todo. Eso si, no sigas dándole vueltas o acabarás por desquiciarte.- reímos- Y venga, sube a la habitación y descansa un rato que el concierto es en dos horas. ¡Pero descansa eh!
-Si mamá.- asentí y besé su mejilla.- Gracias.- susurré a su oído y sonrió.
Le hice caso y subí a mi habitación. Tenía una hora para descansar y media hora para ducharme y vestirme. La otra media hora pensaba repartirla en llegar al concierto y pensar en como iba a hacer para pasar a su camerino, sin tan siquiera un pase o un conocido dentro más que ella o su hermano al que había visto escasas veces.
Me tumbé en la cama pero me era imposible dormir. Le daba vueltas a todo, pero no conseguía entender ni mis propios pensamientos. Aún sin poder pegar ojo y sabiendo que luego no podría conmigo, decidí ir a ducharme y a cambiarme de ropa. Dejé caer el agua, recordando las duchas con ella, la forma en la que malgastábamos el agua o la aprovechábamos de forma especial.
Cuando por fin me di cuenta de que había pasado mucho tiempo, acabé y salí del baño para vestirme.
Ya no quedaba nada. La iba a ver en menos de una hora y estaba de los nervios. Seguía intentando pensar como entrar en aquel camerino. Por Dios ¿por qué era tan difícil? Obviamente no podía llegar allí y decir 'oye, que soy su ex ¿por qué no me dejas pasar?' Iba a ser completamente imposible, pero me daba igual. No me importaba irme a Madrid y esperarla sentado frente a su casa hasta que volviera. No me importaba porque sabía que necesitaba verla, y que si fuera realmente fácil cada cosa que se presenta querría decir que nuestra historia no vale nada, cuando en realidad lo vale todo.
Me subí al coche con Sara y la miré sonriente. 'Allá vamos' pensé. No estaba lejos del hotel, por lo que tardamos poco tiempo. Cuando llegamos, lo difícil sería aparcar el coche ya que por los alrededores más 'cercanos' estaba todo demasiado lleno.
Aparcamos. Por fin aparcamos. Íbamos bastante justos de tiempo, pero como teníamos unos asientos específicos tampoco pasaba nada. Fuimos, nos sentamos y esperamos a que el concierto empezara.
Cuando el concierto empezó, mi cordura se perdió. La estaba viendo ahí, relativamente cerca de mi y más preciosa que nunca. Solo de pensar cuanto la había echado de menos me daba unas ganas más enormes si cabe de abrazarla, aun que aún tenía mis dudas de que aquello fuese posible. A pesar de todo, la noche aún no había acabado y nunca se sabe lo que puede cambiar en dos horas...
-Dani, te espero en el hotel ¿vale? Luego me cuentas que tal.- Sara me besó en la mejilla y sonreí
-Toma.- dije lanzándole las llaves del coche
-¿Y tu?
-Cualquier cosa llamo a un taxi.- reímos. Besé su mejilla y me fui.
Respiré hondo y fui hacia un hombre de seguridad. Intenté hacerme el loco y pasar como si nada, pero no me dio resultado... y con razón.
-Oiga... conozco a Malú, necesito verla.
-Tiene que enseñarme una acreditación, sino no puedo dejarlo pasar.
-Y... ¿por qué no la llama y que le diga ella si me conoce o no?
-Lo siento señor, no puedo hacer nada.
-Por favor, es importante.
-Le repito que no puedo hacer nada.
-Ya... Es que... me ha mandado su padre Pepe. ¿Quiere usted que lo llame y se lo pregunta?- se quedó pensativo un rato y yo ya me había hecho a la idea de otro 'no puedo hacer nada', pero esta vez la frase había cambiado y no pude alegrarme más.
-Bueno... mire... va a pasar pero le voy a acompañar hasta el camerino de la señorita para asegurarme de que lo conoce.
-Perfecto, perfecto.
-Acompáñeme...- lo seguí hasta su camerino. Estaba hablando por teléfono por lo que aún no me había visto. Creo recordar que mi corazón iba a mil por hora, sino más, y tenía una extraña sensación de que iba a meter la pata pero bien. Aún así me quedé allí como una piedra y con una sonrisa de oreja a oreja con el de seguridad a mi lado observándome de arriba abajo, cosa que como a cualquier persona normal, me incomodaba bastante. Unos minutos después (bastante largos por cierto) Malú colgó el móvil y aquí, mi amigo fue a hablar con ella. No escuché lo que le dijo, pero ella me miró y asintió, aunque no parecía alegrarse de verme.
-Hola.- dije ya frente a ella.
-¿Que haces aquí?
-Pues... quería verte.
-Genial, ya puedes irte.- iba a entrar a su camerino pero la cogí del brazo en cuanto reaccioné.
-Necesito que hablemos Malú, por favor.- no dijo nada durante un rato, se limitó a mirarme seria hasta que por fin cedió.
-Pasa.- pasamos a su camerino y era ahora cuando podía liarlo más o arreglarlo todo.- Habla, no tengo toda la noche Daniel.
-Perdóname Malú... Perdóname.- no era capaz de decir nada más. Mis nervios eran tan, tan grandes que no podía.
-Perdonado. ¿Qué más?
-¿Hasta cuando vas a seguir con esto? Te estoy pidiendo perdón joder.
-Si, casi un mes después. Te comportaste como un inmaduro ¿lo sabes? Y encima te fuiste de Madrid, no sabía nada de ti. No me pediste perdón en ese momento. ¿Tanto necesitabas pensar si te arrepentías?
-Si no te llamé fue porque me echaste tu. Porque necesitaba una llamada tuya que me pidiera que me quedara, pero eres una jodida orgullosa y te dio igual que me fuera.
-Si, me dio igual. Me dio igual porque si te fuiste de esa manera significa que no me quieres una mierda, que te la suda lo que pase, solo piensas en ti. Pobrecito, que lo eché del hotel... ¡Joder Dani, eres un gilipollas!
-Tienes toda la razón del mundo. Soy un completo imbécil, no te merezco Malú. No te merezco en absoluto. Vine para verte, para decirte que te quiero y para que me perdones por ser un gilipollas. Ahora bien, si te da igual mejor me voy.- estaba a punto de salir por la puerta cuando apoyó su mano en ella por detrás para que no pudiera abrirla. Cuando me giré hacia ella un montón de lágrimas corrían por sus mejillas y esta vez si sonreía. Se acercó a mis labios y sonrió a milímetros de los míos.
-Si te vuelves a ir te mataré.
Reímos, reímos hasta que mis labios rozaron los suyos y miles de besos me devolvieron esa felicidad que hacía semanas que echaba de menos.
domingo, 24 de agosto de 2014
- 2 - HE SALIDO A CAMINAR POR FIN... Y AHORA NADIE ME ACOMPAÑA
Los días en Cantabria pasaban, pero me era indiferente puesto que aquella llamada que tanto había esperado no parecía tener ganas de llegar. Mi primo me había dejado su pequeño apartamento mientras el estudiaba en Valencia, cosa que le agradecí porque tampoco tenía dinero para un hotel ni para alquilar un piso, y al resto de mi familia mejor dejarla donde está.
Casi no comía, me pasaba los días en la cama, como un depresivo sin terapia. Me daba pena a mi mismo.
Cada vez que llamaba mi hermana intentaba disimular que todo iba bien. Le dije que estaba en Cantabria porque nuestro primo me necesitaba unos días. No era capaz de decirle la verdadera razón y eso me dolía muchísimo tratándose de mi hermana.
Cogí el ordenador y busqué su twitter. Volvía a empezar con los conciertos en una semana y el primer sitio cerca de aquí era Barcelona, dentro de 10 días. Automáticamente mi cabeza dijo '¿Y por qué no?'
No me lo pensé, porque sabía que si pensaba demasiado me acabaría arrepintiendo. Entré en la página de venta de entradas y cogí una en asiento reservado, más bien alejado para que, en caso de que se diera cuenta de mi presencia fuera más bien tarde.
Tenía muchísimas ganas de verla en un concierto así. Siempre me había encantado escucharla cantar, pero no hay ni punto de comparación a como lo hace durante un concierto. Lo deja todo allí, y eso se nota.
Cuando ya tuve mi entrada fui a comprar un coche. Tuve suerte de que un amigo mío me lo podía dejar bastante barato y eso me iba a compensar.
Estaba feliz. Feliz porque la iba a ver en tan solo 10 días dejándose la piel en aquel escenario. Porque la iba a ver sonreír como tanto me gustaba, con esa sonrisa que iluminaba mis días como ninguna otra había hecho jamás. Tenía tanta ilusión de verla como el primer día, como si toda mi vida la controlara ella por completo. Es increíble como en apenas horas después de que se fuera del hotel, ya la echaba de menos. Ya sentía que la había perdido y las consecuencias de aquello era que yo me iba, pero mi vida entera se quedaba allí, a su lado. En aquel momento me di cuenta de lo muchísimo que la necesitaba. Y puede que ahora se haya acabado, o que al verme todo se solucione, pero yo solo con ver su cara en esas pantallas enormes, sus preciosos ojos y su brillante sonrisa dedicada a su público, solo con eso ya soy inmensamente feliz.
Uno a uno los días pasaban. Cada cual más lento que el anterior. Me di cuenta de que los días pasaban sin que les prestara atención. Que daba igual todo, solo quería que esos 10 días se pasaran volando. Me veía allí, en el Palau Sant Jordi junto a miles de personas, admirándola simplemente a ella. ¿Era mucho pedir que el tiempo pasara rápido?
Decidí ir a dar un paseo, para aprovechar un poco mejor el día. Dicen que cuando lo pasas bien, el tiempo pasa más rápido. Pues era el momento de ponerlo en práctica.
Llegué a un parque, muy cerca del piso de mi primo y allí vi a alguien que me resultaba muy familiar. Pensé un momento. Largo y liso pelo negro, ropa sencilla... No conseguí ver sus ojos, ya que los ocultaban unas enormes gafas, pero estaba seguro, ¡era Sara! Me acerqué a ella sin parecer un psicópata, por miedo a que no se acordara de mi.
-Perdona... ¿Sara?- coloqué la mano sobre su hombro cuidadosamente, lo menos que quería era asustarla
-Si, soy yo. ¿Y tu eres...?- se giró lentamente hasta que por fin se paró delante de mi- ¿Dani? ¿Eres tu?
-Si- sonreí
-¡Que sorpresa!- nos abrazamos con fuerza y le di dos besos
-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso?
-Bueno... digamos que las cosas en Murcia se complicaron un poco... Necesitaba salir de allí...
-¿Ha pasado algo?- asintió mientras se bajaba las gafas lentamente hasta que conseguí ver su ojo. Estaba hinchado, casi ensangrentado, era un golpe reciente.- ¿Y esto? ¿Ha sido...?
-Si, ha sido el.- dijo secándose al instante una lágrima que estaba a punto de resbalar por su mejilla- No es la primera vez que lo hace... pero fue la gota que colmó el vaso.
-¿Sabe que estás aquí?
-No, pero no tardará mucho en averiguarlo... Llegué ayer, pero supongo que tendré que irme en un par de días antes de que decida venir a buscarme...- la envolví entre mis brazos tan fuerte como pude. Aquello me había llegado a lo más profundo de mi ser. Supongo que enterarte de que alguien que conoces tiene que pasar por semejante situación te hace darle muchas vueltas a todo, te hace empatizar mucho más de lo normal, y aquello había conseguido que la impotencia por no poder hacer gran cosa por ella, me llevara a querer protegerla por encima de todo.
-Estaré aquí para lo que necesites Sara. Vendrás conmigo a Madrid, puedes vivir en mi piso. No creo que allí te encuentre.
-Te lo agradezco de verdad Dani, pero no quiero que tengas que cargar conmigo... Estaré bien.- fingió una sonrisa
Intenté convencerla pero no había manera. No quería venir conmigo, pero yo no podía dejarla allí. Ni siquiera me había puesto a pensar en que pensaría Malú cuando me viera aparecer con ella, pero desde luego no lo pasaría por alto seguro...
Aún así lo esencial era mantener a Sara lo más lejos posible de su ex-novio. No me perdonaría que le hicieran daño estando yo con ella. No me preguntéis por qué, pero con Sara... la verdad es que sentía un vínculo especial, muy especial.
Después de hora sy horas intentando convencerla por fin aceptó. Vendría conmigo al concierto de Barcelona y luego a Madrid. Viviría en mi estudio hasta que pudiera alquilar un piso en condiciones y luego quedaríamos cada fin de semana a tomar café. Ya lo habíamos planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Parecíamos una de esas parejas de adolescentes que se prometen un para siempre, que planean su vida juntos aún sin saber si llegarán al año de relación. Pero supongo que eso es lo que hace especial la relación ¿no? La ilusión, la verdadera ilusión por que todo salga bien. Si se pierde eso, se pierde todo.
Aunque también es verdad que Sara y yo no éramos pareja. Yo ni siquiera le había contado que mi chica era Malú. Era imposible que lo que hoy teníamos algún día se convirtiera en relación, ¿o me equivoco? No sé, pero desde luego si algo aprendí es que hay que tomarse la vida con calma y disfrutar de cada momento como si del último se tratara. Quizás así, prestándole más atención a los detalles igual conseguía ser un poquito más feliz ¿no? No sé, solo sé que mi única felicidad es ella, y ahora mismo no la tengo conmigo. Ahora mismo esa felicidad ha de estar en un coche, de gira con su equipo para repartir mi felicidad con miles de personas. Pero lo que más me intrigaba solo era una cosa... ¿me echará de menos?
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, para los que no os acordéis de Sara, os dejo aquí el capítulo 14, donde hizo su primera aparición. Espero que os haya gustado, mil gracias!
http://novelaaprendizmalu.blogspot.com.es/2014/04/14-no-me-acostumbro-sin-ti-yo-no-se.html
Casi no comía, me pasaba los días en la cama, como un depresivo sin terapia. Me daba pena a mi mismo.
Cada vez que llamaba mi hermana intentaba disimular que todo iba bien. Le dije que estaba en Cantabria porque nuestro primo me necesitaba unos días. No era capaz de decirle la verdadera razón y eso me dolía muchísimo tratándose de mi hermana.
Cogí el ordenador y busqué su twitter. Volvía a empezar con los conciertos en una semana y el primer sitio cerca de aquí era Barcelona, dentro de 10 días. Automáticamente mi cabeza dijo '¿Y por qué no?'
No me lo pensé, porque sabía que si pensaba demasiado me acabaría arrepintiendo. Entré en la página de venta de entradas y cogí una en asiento reservado, más bien alejado para que, en caso de que se diera cuenta de mi presencia fuera más bien tarde.
Tenía muchísimas ganas de verla en un concierto así. Siempre me había encantado escucharla cantar, pero no hay ni punto de comparación a como lo hace durante un concierto. Lo deja todo allí, y eso se nota.
Cuando ya tuve mi entrada fui a comprar un coche. Tuve suerte de que un amigo mío me lo podía dejar bastante barato y eso me iba a compensar.
Estaba feliz. Feliz porque la iba a ver en tan solo 10 días dejándose la piel en aquel escenario. Porque la iba a ver sonreír como tanto me gustaba, con esa sonrisa que iluminaba mis días como ninguna otra había hecho jamás. Tenía tanta ilusión de verla como el primer día, como si toda mi vida la controlara ella por completo. Es increíble como en apenas horas después de que se fuera del hotel, ya la echaba de menos. Ya sentía que la había perdido y las consecuencias de aquello era que yo me iba, pero mi vida entera se quedaba allí, a su lado. En aquel momento me di cuenta de lo muchísimo que la necesitaba. Y puede que ahora se haya acabado, o que al verme todo se solucione, pero yo solo con ver su cara en esas pantallas enormes, sus preciosos ojos y su brillante sonrisa dedicada a su público, solo con eso ya soy inmensamente feliz.
Uno a uno los días pasaban. Cada cual más lento que el anterior. Me di cuenta de que los días pasaban sin que les prestara atención. Que daba igual todo, solo quería que esos 10 días se pasaran volando. Me veía allí, en el Palau Sant Jordi junto a miles de personas, admirándola simplemente a ella. ¿Era mucho pedir que el tiempo pasara rápido?
Decidí ir a dar un paseo, para aprovechar un poco mejor el día. Dicen que cuando lo pasas bien, el tiempo pasa más rápido. Pues era el momento de ponerlo en práctica.
Llegué a un parque, muy cerca del piso de mi primo y allí vi a alguien que me resultaba muy familiar. Pensé un momento. Largo y liso pelo negro, ropa sencilla... No conseguí ver sus ojos, ya que los ocultaban unas enormes gafas, pero estaba seguro, ¡era Sara! Me acerqué a ella sin parecer un psicópata, por miedo a que no se acordara de mi.
-Perdona... ¿Sara?- coloqué la mano sobre su hombro cuidadosamente, lo menos que quería era asustarla
-Si, soy yo. ¿Y tu eres...?- se giró lentamente hasta que por fin se paró delante de mi- ¿Dani? ¿Eres tu?
-Si- sonreí
-¡Que sorpresa!- nos abrazamos con fuerza y le di dos besos
-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso?
-Bueno... digamos que las cosas en Murcia se complicaron un poco... Necesitaba salir de allí...
-¿Ha pasado algo?- asintió mientras se bajaba las gafas lentamente hasta que conseguí ver su ojo. Estaba hinchado, casi ensangrentado, era un golpe reciente.- ¿Y esto? ¿Ha sido...?
-Si, ha sido el.- dijo secándose al instante una lágrima que estaba a punto de resbalar por su mejilla- No es la primera vez que lo hace... pero fue la gota que colmó el vaso.
-¿Sabe que estás aquí?
-No, pero no tardará mucho en averiguarlo... Llegué ayer, pero supongo que tendré que irme en un par de días antes de que decida venir a buscarme...- la envolví entre mis brazos tan fuerte como pude. Aquello me había llegado a lo más profundo de mi ser. Supongo que enterarte de que alguien que conoces tiene que pasar por semejante situación te hace darle muchas vueltas a todo, te hace empatizar mucho más de lo normal, y aquello había conseguido que la impotencia por no poder hacer gran cosa por ella, me llevara a querer protegerla por encima de todo.
-Estaré aquí para lo que necesites Sara. Vendrás conmigo a Madrid, puedes vivir en mi piso. No creo que allí te encuentre.
-Te lo agradezco de verdad Dani, pero no quiero que tengas que cargar conmigo... Estaré bien.- fingió una sonrisa
Intenté convencerla pero no había manera. No quería venir conmigo, pero yo no podía dejarla allí. Ni siquiera me había puesto a pensar en que pensaría Malú cuando me viera aparecer con ella, pero desde luego no lo pasaría por alto seguro...
Aún así lo esencial era mantener a Sara lo más lejos posible de su ex-novio. No me perdonaría que le hicieran daño estando yo con ella. No me preguntéis por qué, pero con Sara... la verdad es que sentía un vínculo especial, muy especial.
Después de hora sy horas intentando convencerla por fin aceptó. Vendría conmigo al concierto de Barcelona y luego a Madrid. Viviría en mi estudio hasta que pudiera alquilar un piso en condiciones y luego quedaríamos cada fin de semana a tomar café. Ya lo habíamos planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Parecíamos una de esas parejas de adolescentes que se prometen un para siempre, que planean su vida juntos aún sin saber si llegarán al año de relación. Pero supongo que eso es lo que hace especial la relación ¿no? La ilusión, la verdadera ilusión por que todo salga bien. Si se pierde eso, se pierde todo.
Aunque también es verdad que Sara y yo no éramos pareja. Yo ni siquiera le había contado que mi chica era Malú. Era imposible que lo que hoy teníamos algún día se convirtiera en relación, ¿o me equivoco? No sé, pero desde luego si algo aprendí es que hay que tomarse la vida con calma y disfrutar de cada momento como si del último se tratara. Quizás así, prestándole más atención a los detalles igual conseguía ser un poquito más feliz ¿no? No sé, solo sé que mi única felicidad es ella, y ahora mismo no la tengo conmigo. Ahora mismo esa felicidad ha de estar en un coche, de gira con su equipo para repartir mi felicidad con miles de personas. Pero lo que más me intrigaba solo era una cosa... ¿me echará de menos?
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, para los que no os acordéis de Sara, os dejo aquí el capítulo 14, donde hizo su primera aparición. Espero que os haya gustado, mil gracias!
http://novelaaprendizmalu.blogspot.com.es/2014/04/14-no-me-acostumbro-sin-ti-yo-no-se.html
domingo, 17 de agosto de 2014
(2ª temporada) - 1 - QUE AUNQUE LO INTENTO Y SOY FUERTE NO CIERRA ESTA HERIDA
Me subí a ese autobús sin ganas, seguramente esperando a que viniera a retenerme o me enviara un mensaje que me hiciera cambiar de opinión. Simplemente me hacía falta un solo motivo por el que quedarme, pero no obtuve ninguno. Tal vez era este el destino, tal vez ella y yo no estábamos hechos para estar el uno con el otro y por eso todo esto estaba pasando. Quien sabe, a lo mejor esto tenía que pasar. A lo mejor ahora, separados, volvemos a encontrar el rumbo. Puede que si, o puede que no, pero que no os quepa duda de que lo menos que yo quería en ese momento era subir a ese autobús. Yo solo quería volver a su casa y decirle lo que sentía, pedirle perdón por todo lo que hubiera podido pasar por mi culpa y volver a tenerla entre mis brazos. Pero algo dentro de mi me lo impedía.
Mi hermana no estaba. No le había dicho que me iba a Cantabria porque sabía perfectamente que no me dejaría ir. Seguramente me insistiría en que me quedara, pero mis impulsos en ese momento en el que decidí irme fueron mucho más fuertes que todo lo demás.
Subí. Pensativo, desganado y asustado pero subí. No paraban de pasarse por mi cabeza las mismas imágenes que habían hecho que decidiera irme. No dejaba de verla a ella, de recordar todos y cada uno de los momentos que habíamos pasado juntos. Eran demasiado bonitos como para no recordarlos. Hice un recorrido por cada beso que le di, por cada mañana a su lado y por cada desayuno, comida o cena juntos. Repasé cada instante a su lado, pero aún así no me bajé del autobús. ¿Acaso aquello había hecho que la dejara de querer? No, eso es imposible. Nunca podría dejarla de querer. ¿Qué idiota puede dejar de querer a semejante mujer?
Una mujer subió al autobús y se sentó a mi lado. No quedaban sitios libres y desalojé el sito para que no tuviera que ir de pie. Me llamaba bastante la atención,era una mujer mayor de unos sesenta y muchos. Parecía ser amigable, aunque yo en estos momentos no tenía muchas ganas de sociabilizarme.
Una lágrima comenzó a resbalar por mi mejilla mientras miraba por la ventanilla y la entrañable señora no dudó en preguntar.
-Hijo ¿puedo preguntar qué te ocurre?
-No es nada.- sonreí- He tenido algunos problemillas últimamente... Pero no se preocupe, nada que no se solucione...- Intentaba parecer fuerte, que pareciera que no me afectaba o al menos no tanto, pero la mujer me caló como si me conociera de toda la vida.
-¿Como se llama ella?- quiso saber, curiosa
-Se llama María Lucía...- sonreí y suspiré. Como me encantaba pronunciar su nombre.
-¿Y esa tal María Lucía y tu habéis roto?
-No lo sé, la verdad... Creo que he huído por no querer aceptar que algo no iba bien... Aunque si tengo que ser franco, en este momento me supongo que si, hemos roto. Dudo que después de lo que ha pasado quiera volver a verme.
-Si ella te quiere seguro que está deseando que vuelvas, sea lo que sea lo que haya pasado.
-¿Usted cree?
-¡Por supuesto! ¿Quieres que te cuente una historia?
-Claro, cuénteme.
-Verás hijo, cuando yo era joven conocí a un muchacho. Quedábamos cada día, nos pasábamos las horas juntos...- siguió relatando durante no sé cuanto tiempo hasta que me dijo algo que me hizo pensar, quizás demasiado.-... Con todo esto quiero decirte que las relaciones no son fáciles chico. Porque si lo fueran ¿qué gracia tendría? Todos necesitamos superar baches y obstáculos para valorar más lo que tenemos, porque con lo que más se puede afianzar una relación es con los obstáculos que vamos superando ¿me entiendes?- si, la entendía perfectamente.- No debes huír, sino volver a donde está tu chica y pedirle perdón las veces que hagan falta aunque tu no tengas la culpa. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza- Porque quien haya tenido la culpa es lo de menos, lo que importa es que os queréis y eso no es algo que se pueda dejar pasar con tanta facilidad. ¿De verdad estás dispuesto a dejar ir a la muchacha que te puede hacer feliz el resto de tu vida?
-No... si tiene toda la razón del mundo...
-Claro que la tengo.- sonrió
-Oiga y... ¿Al final como acabó su historia con ese hombre?- La mujer sonrió y me enseñó su mano. Pude ver como un anillo decoraba su dedo y no me hizo falta más.
-Pasamos muchas dificultades ¿sabes? Nos separamos un montón de veces... Pero aún así siempre estuvimos juntos. Y ahora compartimos casi una vida entera.- sonrió y le correspondí.- Anda, lucha por ella.- me dijo dándome pequeños toquecitos en el hombro. Y se bajó del autobús.
No puedo saber cuantas horas estuve hablando con aquella mujer. Tampoco sabía donde estábamos ni cuanto me faltaba para llegar a Cantabria. lo único que tenía claro era que todo lo que me había dicho hizo que algo dentro de mi diera una vuelta completa. Todo en mi se revolucionó. Pero con esto no quiero decir que tuviera las ideas claras, sino todo lo contrario. Hizo que me comiera la cabeza lo innombrable, que me desquiciara por no saber qué hacer. ¿Debía ir otra vez a Madrid o era bueno que esperara un tiempo para volver? ¿Me vendría bien Cantabria o tal vez sería peor? Todos mis pensamientos volaban a la velocidad de la luz y yo no era capaz de controlarlos. No sabía lo que me estaba pasando pero de repente sentí como que el tiempo se paraba. Ella venía a mi recuerdo sin cesar, recordándome lo mucho que la necesitaba en mi vida. Lo mucho que me hacía sentir con solo una palabra y yo ahora estaba tirándolo todo por la borda. Y todo por algo que a lo mejor solo había sido un malentendido, por algo que pudo no ser real. ¿Me estaría volviendo loco o era justificado? ¿Pero qué digo? ¿Como va a ser justificado dejar a la mujer que quieres? Estaba confuso, dolido, aturdido...
No le presté atención alguna al viaje, por lo que no me di cuenta de que habían pasado muchísimas horas y ahora ya estaba en Cantabria. Ahora solo me quedaba pensar en lo que quería. ¿Me iba o me quedaba? ¿Querría verme o por el contrario estaría mejor sin mi? ¿Me echaría de menos o sería yo el imbécil que lo estaba pasando mal sin ella? Todo, absolutamente todo hacía que me derrumbara cada vez más.
Bajé de aquel autobús, cogí mis maletas y me puse a caminar sin rumbo alguno. No sabía a donde ir, pero tampoco quería saberlo en ese momento. "El tiempo lo pondrá todo en su lugar." Recordé esa frase que solía decir mi madre antes. No recuerdo en qué momentos me la decía, pero el caso es que esa frase me acompañó toda la vida y ahora más que nunca no me hubiera venido nada mal que mi madre me la hubiese recordado. Seguí caminando como pude, con las pocas fuerzas que tenía por el desgaste de energía que me producía aquella angustia. Miraba a todas partes y la veía en el resto de la gente. Veía a una chica de pelo largo y ondulado y los espejismos de mi chica aparecían sobre ella. Parecía, poco más, un loco perdido en un desierto buscando su oasis.
Di vueltas durante horas sin parar, sin saber a donde iba ni lo que buscaba. Mi móvil sonó y sonó toda la tarde pero ninguna era la melodía de sus llamadas, por lo que no contesté.
Decidí parar a descansar un rato en una playa que al parecer estaba algo vacía. Me dejé caer sobre la arena, literalmente me desplomé. No podía conmigo, no tenía fuerzas. Solo repetía una y otra vez "llama, llama". Parecía loco, completamente loco.
Mi hermana no estaba. No le había dicho que me iba a Cantabria porque sabía perfectamente que no me dejaría ir. Seguramente me insistiría en que me quedara, pero mis impulsos en ese momento en el que decidí irme fueron mucho más fuertes que todo lo demás.
Subí. Pensativo, desganado y asustado pero subí. No paraban de pasarse por mi cabeza las mismas imágenes que habían hecho que decidiera irme. No dejaba de verla a ella, de recordar todos y cada uno de los momentos que habíamos pasado juntos. Eran demasiado bonitos como para no recordarlos. Hice un recorrido por cada beso que le di, por cada mañana a su lado y por cada desayuno, comida o cena juntos. Repasé cada instante a su lado, pero aún así no me bajé del autobús. ¿Acaso aquello había hecho que la dejara de querer? No, eso es imposible. Nunca podría dejarla de querer. ¿Qué idiota puede dejar de querer a semejante mujer?
Una mujer subió al autobús y se sentó a mi lado. No quedaban sitios libres y desalojé el sito para que no tuviera que ir de pie. Me llamaba bastante la atención,era una mujer mayor de unos sesenta y muchos. Parecía ser amigable, aunque yo en estos momentos no tenía muchas ganas de sociabilizarme.
Una lágrima comenzó a resbalar por mi mejilla mientras miraba por la ventanilla y la entrañable señora no dudó en preguntar.
-Hijo ¿puedo preguntar qué te ocurre?
-No es nada.- sonreí- He tenido algunos problemillas últimamente... Pero no se preocupe, nada que no se solucione...- Intentaba parecer fuerte, que pareciera que no me afectaba o al menos no tanto, pero la mujer me caló como si me conociera de toda la vida.
-¿Como se llama ella?- quiso saber, curiosa
-Se llama María Lucía...- sonreí y suspiré. Como me encantaba pronunciar su nombre.
-¿Y esa tal María Lucía y tu habéis roto?
-No lo sé, la verdad... Creo que he huído por no querer aceptar que algo no iba bien... Aunque si tengo que ser franco, en este momento me supongo que si, hemos roto. Dudo que después de lo que ha pasado quiera volver a verme.
-Si ella te quiere seguro que está deseando que vuelvas, sea lo que sea lo que haya pasado.
-¿Usted cree?
-¡Por supuesto! ¿Quieres que te cuente una historia?
-Claro, cuénteme.
-Verás hijo, cuando yo era joven conocí a un muchacho. Quedábamos cada día, nos pasábamos las horas juntos...- siguió relatando durante no sé cuanto tiempo hasta que me dijo algo que me hizo pensar, quizás demasiado.-... Con todo esto quiero decirte que las relaciones no son fáciles chico. Porque si lo fueran ¿qué gracia tendría? Todos necesitamos superar baches y obstáculos para valorar más lo que tenemos, porque con lo que más se puede afianzar una relación es con los obstáculos que vamos superando ¿me entiendes?- si, la entendía perfectamente.- No debes huír, sino volver a donde está tu chica y pedirle perdón las veces que hagan falta aunque tu no tengas la culpa. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza- Porque quien haya tenido la culpa es lo de menos, lo que importa es que os queréis y eso no es algo que se pueda dejar pasar con tanta facilidad. ¿De verdad estás dispuesto a dejar ir a la muchacha que te puede hacer feliz el resto de tu vida?
-No... si tiene toda la razón del mundo...
-Claro que la tengo.- sonrió
-Oiga y... ¿Al final como acabó su historia con ese hombre?- La mujer sonrió y me enseñó su mano. Pude ver como un anillo decoraba su dedo y no me hizo falta más.
-Pasamos muchas dificultades ¿sabes? Nos separamos un montón de veces... Pero aún así siempre estuvimos juntos. Y ahora compartimos casi una vida entera.- sonrió y le correspondí.- Anda, lucha por ella.- me dijo dándome pequeños toquecitos en el hombro. Y se bajó del autobús.
No puedo saber cuantas horas estuve hablando con aquella mujer. Tampoco sabía donde estábamos ni cuanto me faltaba para llegar a Cantabria. lo único que tenía claro era que todo lo que me había dicho hizo que algo dentro de mi diera una vuelta completa. Todo en mi se revolucionó. Pero con esto no quiero decir que tuviera las ideas claras, sino todo lo contrario. Hizo que me comiera la cabeza lo innombrable, que me desquiciara por no saber qué hacer. ¿Debía ir otra vez a Madrid o era bueno que esperara un tiempo para volver? ¿Me vendría bien Cantabria o tal vez sería peor? Todos mis pensamientos volaban a la velocidad de la luz y yo no era capaz de controlarlos. No sabía lo que me estaba pasando pero de repente sentí como que el tiempo se paraba. Ella venía a mi recuerdo sin cesar, recordándome lo mucho que la necesitaba en mi vida. Lo mucho que me hacía sentir con solo una palabra y yo ahora estaba tirándolo todo por la borda. Y todo por algo que a lo mejor solo había sido un malentendido, por algo que pudo no ser real. ¿Me estaría volviendo loco o era justificado? ¿Pero qué digo? ¿Como va a ser justificado dejar a la mujer que quieres? Estaba confuso, dolido, aturdido...
No le presté atención alguna al viaje, por lo que no me di cuenta de que habían pasado muchísimas horas y ahora ya estaba en Cantabria. Ahora solo me quedaba pensar en lo que quería. ¿Me iba o me quedaba? ¿Querría verme o por el contrario estaría mejor sin mi? ¿Me echaría de menos o sería yo el imbécil que lo estaba pasando mal sin ella? Todo, absolutamente todo hacía que me derrumbara cada vez más.
Bajé de aquel autobús, cogí mis maletas y me puse a caminar sin rumbo alguno. No sabía a donde ir, pero tampoco quería saberlo en ese momento. "El tiempo lo pondrá todo en su lugar." Recordé esa frase que solía decir mi madre antes. No recuerdo en qué momentos me la decía, pero el caso es que esa frase me acompañó toda la vida y ahora más que nunca no me hubiera venido nada mal que mi madre me la hubiese recordado. Seguí caminando como pude, con las pocas fuerzas que tenía por el desgaste de energía que me producía aquella angustia. Miraba a todas partes y la veía en el resto de la gente. Veía a una chica de pelo largo y ondulado y los espejismos de mi chica aparecían sobre ella. Parecía, poco más, un loco perdido en un desierto buscando su oasis.
Di vueltas durante horas sin parar, sin saber a donde iba ni lo que buscaba. Mi móvil sonó y sonó toda la tarde pero ninguna era la melodía de sus llamadas, por lo que no contesté.
Decidí parar a descansar un rato en una playa que al parecer estaba algo vacía. Me dejé caer sobre la arena, literalmente me desplomé. No podía conmigo, no tenía fuerzas. Solo repetía una y otra vez "llama, llama". Parecía loco, completamente loco.
viernes, 11 de julio de 2014
- 31 - ¿POR QUÉ SERÁ QUE COMPLICAMOS TODO?
Llegaba la noche en México y el cansancio me podía. No sabía donde estaba, ni tampoco como volver al hotel. Estaba perdido en una ciudad que no conocía, intentando, de manera imposible por cierto, quitarme de la cabeza todo lo que estaba pasando con Malú.
Cogí mi móvil para llamarla, a ver si no estaba ocupada y me cogía el teléfono pero la suerte seguía sin estar de mi parte. Esta vez mi móvil estaba sin batería.
Decidí volver al hotel, entre otras cosas por si ella ya había llegado. Las ganas de verla, quitando todo lo demás me podían demasiado.
Le pregunté a una señora que encontré en un banco y me dijo por donde tenía que ir.
Me sorprendió sobre todo la simpatía de la gente, el echo de que sin conocerte de nada hablen contigo y sin ser bordes en absoluto. Eso me encantó.
Llegué al hotel pasada una media hora. Casi media noche y en la calle hacía un frío poco normal.
Subí a la habitación pero cuando estaba a punto de entrar frené en seco. Los escalofríos empezaron a invadirme y no hacía otra cosa que temblar. Mi intuición me decía que algo iba a pasar, pero no sabía el que.
Decidí esperar un par de minutos y finalmente entré.
Nada más abrí la puerta escuché ruido en la habitación. Iba de un lado a otro sin parar y no parecía importarle que acabara de llegar.
Me acerqué a ella pero ni siquiera me miró. Algo pasaba.
-Por si no lo sabes estoy aquí.- dije serio cruzándome de brazos frente a ella.
-Lo se, ya te vi.- comprendí que algo no iba bien porque su tono no era el mismo de siempre.- Ya hablaremos, ahora tengo que irme.
-No, Malú, no. Quiero que me digas que es lo que pasa. Por qué ya no estás nunca desde ayer, que te fuiste por la noche con alguien y no te dignaste a volver, ni a llamarme. Quiero saber quien es y por qué narices no me lo dices. Necesito saber que es lo que pasa.
-Tengo que irme, en serio.- la miré varias veces y me preocupé aún más. Llevaba un vestido ceñido, negro y con la espalda descubierta. La cogí del brazo y la frené para que no saliera por la puerta.- Daniel, suéltame.
-No hasta que no me digas que es lo que pasa.
-¿Y si no te lo digo?- hubo un silencio incómodo, que hizo que los escalofríos volvieran a invadirme
-Si no me lo dices me voy.
-¿Y crees que si te lo digo lo soportarás?
-¿Acaso es tu novio de repuesto o como va la cosa?
-Es mi ex.- me quedé helado. No me esperaba aquello para nada. Y que no me lo hubiera dicho antes me hacía pensar demasiado.
-¿Que quieres que piense si me lo ocultas y me lo dices cuando tengo que preguntártelo?
-Lo siento Dani... Pensé que no me dejarías quedar con el... Vino ayer después de muchos años sin verlo y quise pasar algo de tiempo con el, saber como estaba, de su familia...
-Yo no soy quien para prohibirte que veas a nadie Malú. Tampoco soy de esos. Pero ocultándome estas cosas lo haces peor. ¿Tu sabes lo mal que lo estoy pasando por ir a ciegas? ¿Al no saber si es que te pasó algo o qué?
-Te repito que lo siento, pero no pensé que fuera importante decírtelo.
-Ah, osea que si mañana viniera una de mis ex y yo me fuera con ella sin decirte nada y pasara literalmente de ti te daría igual ¿no? Es que como no es importante igual no te importa que lo haga de vez en cuando.
-Te estás pasando.- dijo levantando la voz
-¿Encima es culpa mía?
-¡Si quieres es mía!- la cosa empezaba a enturbiarse y los dos estábamos a punto de perder los papeles. O, bueno, creo que fui yo quien los perdió
-Pues ¿sabes? Tienes toda la razón. La culpa es mía por haber venido. Pero tranquila, puedes salir con tu ex cuando quieras, que yo no voy a estar para verlo.
-¿Y eso es todo? ¿Unos días aquí y te vas por esta idiotez? Eres un imbécil.- gritaba y con sus gritos y sus malas caras yo me venía abajo, pero a la vez me enfadaba más
-Si, soy un imbécil por creer que esto podía funcionar.- grité con más fuerza que antes. Se quedó callada, petrificada delante de mi y mirándome con firmeza.
-No te quiero ver aquí cuando vuelva.- lo dijo serena, segura de lo que estaba diciendo y eso me apuñaló.
Se fue sin más dando un portazo que una vez más me provocó un dolor demasiado insoportable. No podía moverme, estaba petrificado. No entendía como habíamos podido llegar a esto. Me dolía mucho.
Pero al fin y al cabo yo soy demasiado orgulloso. Demasiado incapaz de pedir perdón por cosas que no hago. Si, puede que me haya equivocado al no hablarlo tranquilamente con ella, pero la culpa no fue mía.
Recogí todas mis cosas y compré un billete de avión para dentro de una hora y media. ¿Este era realmente el fin o nos quedaban esperanzas?
No lo sabía, pero tampoco estaba en mi momento más positivo ahora mismo.
Cuando ya tenía todo listo salí del hotel y me fui al aeropuerto, aunque sabía que aún faltaba mucho parta que saliera mi avión. Tenía unas ganas insoportables de llamar a mi hermana y contárselo todo pero sabía que ahora mismo estaría ya en París, ocupada con lo suyo.
Tuve mucho tiempo para pensar en aquella espera hasta que subí al avión. Decidí volver a Cantabria. ¿Y por qué no? Tal vez para mi era bueno volver a empezar allí. Nunca fui partidario de volver junto a la que se hacía llamar 'mi familia', pero tampoco tenía por qué irme con ellos. Tenía amigos de la infancia y personas importantes aún allí, no me quedaba nada más que perder. Además, con mi hermana lejos, volver a Madrid me servía de bien poco. Solo me iba a recordar a Malú, a nuestros momentos como pareja y eso no me convenía en absoluto.
Ya en el avión lo primero que hice fue coger desde mi móvil un billete de tren. Desde Madrid hasta Cantabria, dentro de dos días. Ya estaba decidido. Ahora si, me tocaba dejarlo todo atrás y volver a empezar.
Y lo único que se me venía a la cabeza era lo idiota que había sido. Lo inmaduro que me había vuelto por una simple pelea. Tendríamos que haberlo solucionado de otra manera, si. Pero ahora ya daba igual. A ella tampoco pareció importarle mucho que yo me fuera. Ella misma fue la que dijo eso de "No te quiero ver aquí cuando vuelva." Palabras que como comprenderéis se me clavaron muy, muy dentro y no me dejaban respirar.
Ahora si, a empezar de cero, sin miedos.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, hemos llegado ya al fin de esta primera temporada, preciosa por cierto. Y más que nada quiero agradeceros una vez más todo el apoyo recibido, la comprensión y el entusiasmo que ponéis cada día. Que sin vosotros todo esto no sería posible y de corazón, sois enormes.
Como ya dije por twitter, la segunda temporada la empezaré a finales de Agosto o principios de Septiembre.
Espero poder seguir haciéndolo bien y conseguir que disfrutéis de esto tanto o más que yo.
Gracias, gracias y miles de gracias♥
-Por si no lo sabes estoy aquí.- dije serio cruzándome de brazos frente a ella.
-Lo se, ya te vi.- comprendí que algo no iba bien porque su tono no era el mismo de siempre.- Ya hablaremos, ahora tengo que irme.
-No, Malú, no. Quiero que me digas que es lo que pasa. Por qué ya no estás nunca desde ayer, que te fuiste por la noche con alguien y no te dignaste a volver, ni a llamarme. Quiero saber quien es y por qué narices no me lo dices. Necesito saber que es lo que pasa.
-Tengo que irme, en serio.- la miré varias veces y me preocupé aún más. Llevaba un vestido ceñido, negro y con la espalda descubierta. La cogí del brazo y la frené para que no saliera por la puerta.- Daniel, suéltame.
-No hasta que no me digas que es lo que pasa.
-¿Y si no te lo digo?- hubo un silencio incómodo, que hizo que los escalofríos volvieran a invadirme
-Si no me lo dices me voy.
-¿Y crees que si te lo digo lo soportarás?
-¿Acaso es tu novio de repuesto o como va la cosa?
-Es mi ex.- me quedé helado. No me esperaba aquello para nada. Y que no me lo hubiera dicho antes me hacía pensar demasiado.
-¿Que quieres que piense si me lo ocultas y me lo dices cuando tengo que preguntártelo?
-Lo siento Dani... Pensé que no me dejarías quedar con el... Vino ayer después de muchos años sin verlo y quise pasar algo de tiempo con el, saber como estaba, de su familia...
-Yo no soy quien para prohibirte que veas a nadie Malú. Tampoco soy de esos. Pero ocultándome estas cosas lo haces peor. ¿Tu sabes lo mal que lo estoy pasando por ir a ciegas? ¿Al no saber si es que te pasó algo o qué?
-Te repito que lo siento, pero no pensé que fuera importante decírtelo.
-Ah, osea que si mañana viniera una de mis ex y yo me fuera con ella sin decirte nada y pasara literalmente de ti te daría igual ¿no? Es que como no es importante igual no te importa que lo haga de vez en cuando.
-Te estás pasando.- dijo levantando la voz
-¿Encima es culpa mía?
-¡Si quieres es mía!- la cosa empezaba a enturbiarse y los dos estábamos a punto de perder los papeles. O, bueno, creo que fui yo quien los perdió
-Pues ¿sabes? Tienes toda la razón. La culpa es mía por haber venido. Pero tranquila, puedes salir con tu ex cuando quieras, que yo no voy a estar para verlo.
-¿Y eso es todo? ¿Unos días aquí y te vas por esta idiotez? Eres un imbécil.- gritaba y con sus gritos y sus malas caras yo me venía abajo, pero a la vez me enfadaba más
-Si, soy un imbécil por creer que esto podía funcionar.- grité con más fuerza que antes. Se quedó callada, petrificada delante de mi y mirándome con firmeza.
-No te quiero ver aquí cuando vuelva.- lo dijo serena, segura de lo que estaba diciendo y eso me apuñaló.
Se fue sin más dando un portazo que una vez más me provocó un dolor demasiado insoportable. No podía moverme, estaba petrificado. No entendía como habíamos podido llegar a esto. Me dolía mucho.
Pero al fin y al cabo yo soy demasiado orgulloso. Demasiado incapaz de pedir perdón por cosas que no hago. Si, puede que me haya equivocado al no hablarlo tranquilamente con ella, pero la culpa no fue mía.
Recogí todas mis cosas y compré un billete de avión para dentro de una hora y media. ¿Este era realmente el fin o nos quedaban esperanzas?
No lo sabía, pero tampoco estaba en mi momento más positivo ahora mismo.
Cuando ya tenía todo listo salí del hotel y me fui al aeropuerto, aunque sabía que aún faltaba mucho parta que saliera mi avión. Tenía unas ganas insoportables de llamar a mi hermana y contárselo todo pero sabía que ahora mismo estaría ya en París, ocupada con lo suyo.
Tuve mucho tiempo para pensar en aquella espera hasta que subí al avión. Decidí volver a Cantabria. ¿Y por qué no? Tal vez para mi era bueno volver a empezar allí. Nunca fui partidario de volver junto a la que se hacía llamar 'mi familia', pero tampoco tenía por qué irme con ellos. Tenía amigos de la infancia y personas importantes aún allí, no me quedaba nada más que perder. Además, con mi hermana lejos, volver a Madrid me servía de bien poco. Solo me iba a recordar a Malú, a nuestros momentos como pareja y eso no me convenía en absoluto.
Ya en el avión lo primero que hice fue coger desde mi móvil un billete de tren. Desde Madrid hasta Cantabria, dentro de dos días. Ya estaba decidido. Ahora si, me tocaba dejarlo todo atrás y volver a empezar.
Y lo único que se me venía a la cabeza era lo idiota que había sido. Lo inmaduro que me había vuelto por una simple pelea. Tendríamos que haberlo solucionado de otra manera, si. Pero ahora ya daba igual. A ella tampoco pareció importarle mucho que yo me fuera. Ella misma fue la que dijo eso de "No te quiero ver aquí cuando vuelva." Palabras que como comprenderéis se me clavaron muy, muy dentro y no me dejaban respirar.
Ahora si, a empezar de cero, sin miedos.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Bueno, hemos llegado ya al fin de esta primera temporada, preciosa por cierto. Y más que nada quiero agradeceros una vez más todo el apoyo recibido, la comprensión y el entusiasmo que ponéis cada día. Que sin vosotros todo esto no sería posible y de corazón, sois enormes.
Como ya dije por twitter, la segunda temporada la empezaré a finales de Agosto o principios de Septiembre.
Espero poder seguir haciéndolo bien y conseguir que disfrutéis de esto tanto o más que yo.
Gracias, gracias y miles de gracias♥
- 30 - Y FUE LA LOCURA
Estuve esperando varias horas en la puerta de aquella emisora de radio. Hasta llegué a pensar que ya se había marchado. Estaba a punto de irme al hotel otra vez cuando escuché su voz gritar desde lo lejos.
-¿Qué haces aquí?- me quedé callado, parado en el mismo sitio donde me encontraba y sin moverme. Se acercó a mi y me miró fijamente.- Dani ¿qué haces?
-Lo siento.
-¿Qué?
-Que lo siento. Fui un estúpido. De verdad Malú, perdona. Estaba cansado y no pensé en lo que decía...
-Tranquilo cariño... Debí entender que necesitabas descansar, y que tampoco es necesario que tengas que venir conmigo a todas partes el primer día... Yo también lo siento.
Miré hacia los lados vigilando que no viniera nadie y besé sus labios. Le susurré un 'te quiero' y rápidamente nos separamos cuando escuchamos unas voces que se acercaban. Acto seguido nos subimos al coche que nos llevaría a la siguiente entrevista que tenía Malú ese día.
No se como podía aguantar tanto ajetreo nada más llegar, yo que solo estaba de acompañante ya me estaba desquiciando.
Las siguientes dos horas las pasé en una cafetería que había cerca de donde ella daría las entrevistas. Tenía dos televisadas en platós muy juntos y en el mismo edificio otra entrevista en la radio. Aquello iba para largo.
Cuando estaba empezando a cansarme de esperar me envió un whats app para que la esperara en la puerta trasera de aquel edificio donde se encontraba. Menos mal que me había dado una tarjetita que me autorizaba a estar allí, porque los dos gorilas que había allí parados por poco no me dejan pasar...
Tuve que esperar unos minutos más y por fin llegó. La abracé con fuerza y volvimos a subirnos al coche. Ahora si, por fin volvíamos al hotel.
-¿Quieres que vayamos a cenar a algún sitio o pedimos la cena para que nos la traigan?- dijo en bajito, aún en el coche.
-Pues... Mejor la pedimos ¿no? Así descansas que debes de estar agotada... Pero si quieres salir, salimos.
-Tienes razón.- sonrió- Mejor nos quedamos en el hotel tranquilos.
Llegamos al hotel y ella se quedó pidiendo la comida en el restaurante y mientras tanto yo subía a la habitación y preparaba las cosas.
Poco después llegó arriba con tres o cuatro paquetes bastante grandes.
-¿Qué es todo esto?- dije divertido
-Nuestra cena cariño, es que no me decidía y...- no pude evitar reírme con su comentario
-Bueno, venga, ya he preparado el sofá y una peli. ¿Quieres algo más?
-No cariño, nada.- me besó y nos sentamos los dos en el sofá.
La tranquilidad no duró mucho. Seguíamos cenando cuando llamaron a la puerta. Malú se levantó a abrir y yo mientras tanto seguía a lo mío.
-¿Qué haces aquí?-la escuché decir algo nerviosa
-Cariño ¿va todo bien?
-Si, Dani... Todo va bien.
No dijo nada más, salió de la habitación y cerró la puerta. Todo era muy extraño. Malú no solía hacer estas cosas, digo yo... Aún así, por mucho que la curiosidad por saber quien era me estaba matando por dentro decidí quedarme allí sentado, ya me lo contaría cuando entrase.
De todas formas se hizo esperar. Estuvo fuera bastante tiempo y cuando entró simplemente me dijo "no me esperes despierto cielo, voy a ir a dar una vuelta" lo cual, como comprenderéis, hizo que me quedara completamente helado.
Por más que quise mantener la calma no fui capaz de no enfadarme. ¿Por qué no me decía quien era? ¿Por qué salía de la habitación en lugar de entrar con aquella persona? Y sobre todo, ¿por qué se iba así de la nada?
No lo entendía, no entendía nada pero me estaba enfadando cada vez más. Me comí tanto la cabeza que me tomé una pastilla para tranquilizarme y me quedé profundamente dormido.
(...)
Al despertarme por la mañana lo primero que hice fue caminar hasta la habitación para hablar con Malú, pero al parecer la suerte no se iba a poner de mi parte.
No había dormido en el hotel, o por el contrario había venido y se había vuelto a ir, cosa que dudo.
Ahora no es que estuviera enfadado, sino que estaba tremendamente nervioso por si le había podido pasar algo.
Decidí llamar a su productor y después de muchos tonos se dignó a contestarme. Lo único que me dijo fue: 'Si, ha llagado hace media hora y ya está grabando.'
Me quedé totalmente de piedra. Me despedí del hombre y le pedí que no le avisara de mi llamada.
Enfadado me dispuse a desayunar. Después llamé a Martina, que se iba hoy a París y sin más me fui a dar un paseo. Creí que lo mejor en ese momento sería despejarme, tomar el aire para que se me aclararan las ideas.
Horas y horas no fueron suficientes. No paraba de darle vueltas a las cosas, pero tampoco le encontraba explicación, entonces era peor. Aunque bueno, no todo tiene una explicación, quizás solo era una persona del pasado de Malú, que de repente había llegado y ella tenía muchas ganas de verle ¿no? Puede que una antigua amiga, una prima...
No, no, si desde luego, lo de mirarle el lado positivo a las cosas me llevaba a pensar otras que no me ayudaban en absoluto a tranquilizarme.
Y así seguía yo, dando vueltas por una ciudad que ni siquiera conocía, pero sobre todo a mi cabeza intentando entender todo aquello. ¿Que iba a pasar después de eso?
-¿Qué haces aquí?- me quedé callado, parado en el mismo sitio donde me encontraba y sin moverme. Se acercó a mi y me miró fijamente.- Dani ¿qué haces?
-Lo siento.
-¿Qué?
-Que lo siento. Fui un estúpido. De verdad Malú, perdona. Estaba cansado y no pensé en lo que decía...
-Tranquilo cariño... Debí entender que necesitabas descansar, y que tampoco es necesario que tengas que venir conmigo a todas partes el primer día... Yo también lo siento.
Miré hacia los lados vigilando que no viniera nadie y besé sus labios. Le susurré un 'te quiero' y rápidamente nos separamos cuando escuchamos unas voces que se acercaban. Acto seguido nos subimos al coche que nos llevaría a la siguiente entrevista que tenía Malú ese día.
No se como podía aguantar tanto ajetreo nada más llegar, yo que solo estaba de acompañante ya me estaba desquiciando.
Las siguientes dos horas las pasé en una cafetería que había cerca de donde ella daría las entrevistas. Tenía dos televisadas en platós muy juntos y en el mismo edificio otra entrevista en la radio. Aquello iba para largo.
Cuando estaba empezando a cansarme de esperar me envió un whats app para que la esperara en la puerta trasera de aquel edificio donde se encontraba. Menos mal que me había dado una tarjetita que me autorizaba a estar allí, porque los dos gorilas que había allí parados por poco no me dejan pasar...
Tuve que esperar unos minutos más y por fin llegó. La abracé con fuerza y volvimos a subirnos al coche. Ahora si, por fin volvíamos al hotel.
-¿Quieres que vayamos a cenar a algún sitio o pedimos la cena para que nos la traigan?- dijo en bajito, aún en el coche.
-Pues... Mejor la pedimos ¿no? Así descansas que debes de estar agotada... Pero si quieres salir, salimos.
-Tienes razón.- sonrió- Mejor nos quedamos en el hotel tranquilos.
Llegamos al hotel y ella se quedó pidiendo la comida en el restaurante y mientras tanto yo subía a la habitación y preparaba las cosas.
Poco después llegó arriba con tres o cuatro paquetes bastante grandes.
-¿Qué es todo esto?- dije divertido
-Nuestra cena cariño, es que no me decidía y...- no pude evitar reírme con su comentario
-Bueno, venga, ya he preparado el sofá y una peli. ¿Quieres algo más?
-No cariño, nada.- me besó y nos sentamos los dos en el sofá.
La tranquilidad no duró mucho. Seguíamos cenando cuando llamaron a la puerta. Malú se levantó a abrir y yo mientras tanto seguía a lo mío.
-¿Qué haces aquí?-la escuché decir algo nerviosa
-Cariño ¿va todo bien?
-Si, Dani... Todo va bien.
No dijo nada más, salió de la habitación y cerró la puerta. Todo era muy extraño. Malú no solía hacer estas cosas, digo yo... Aún así, por mucho que la curiosidad por saber quien era me estaba matando por dentro decidí quedarme allí sentado, ya me lo contaría cuando entrase.
De todas formas se hizo esperar. Estuvo fuera bastante tiempo y cuando entró simplemente me dijo "no me esperes despierto cielo, voy a ir a dar una vuelta" lo cual, como comprenderéis, hizo que me quedara completamente helado.
Por más que quise mantener la calma no fui capaz de no enfadarme. ¿Por qué no me decía quien era? ¿Por qué salía de la habitación en lugar de entrar con aquella persona? Y sobre todo, ¿por qué se iba así de la nada?
No lo entendía, no entendía nada pero me estaba enfadando cada vez más. Me comí tanto la cabeza que me tomé una pastilla para tranquilizarme y me quedé profundamente dormido.
(...)
Al despertarme por la mañana lo primero que hice fue caminar hasta la habitación para hablar con Malú, pero al parecer la suerte no se iba a poner de mi parte.
No había dormido en el hotel, o por el contrario había venido y se había vuelto a ir, cosa que dudo.
Ahora no es que estuviera enfadado, sino que estaba tremendamente nervioso por si le había podido pasar algo.
Decidí llamar a su productor y después de muchos tonos se dignó a contestarme. Lo único que me dijo fue: 'Si, ha llagado hace media hora y ya está grabando.'
Me quedé totalmente de piedra. Me despedí del hombre y le pedí que no le avisara de mi llamada.
Enfadado me dispuse a desayunar. Después llamé a Martina, que se iba hoy a París y sin más me fui a dar un paseo. Creí que lo mejor en ese momento sería despejarme, tomar el aire para que se me aclararan las ideas.
Horas y horas no fueron suficientes. No paraba de darle vueltas a las cosas, pero tampoco le encontraba explicación, entonces era peor. Aunque bueno, no todo tiene una explicación, quizás solo era una persona del pasado de Malú, que de repente había llegado y ella tenía muchas ganas de verle ¿no? Puede que una antigua amiga, una prima...
No, no, si desde luego, lo de mirarle el lado positivo a las cosas me llevaba a pensar otras que no me ayudaban en absoluto a tranquilizarme.
Y así seguía yo, dando vueltas por una ciudad que ni siquiera conocía, pero sobre todo a mi cabeza intentando entender todo aquello. ¿Que iba a pasar después de eso?
martes, 8 de julio de 2014
- 29 - YO COMO TÚ, TÚ COMO YO
-Dani, arriba. Pierdes el avión hermanito. ¡Dani!
-Martina, por favor. Habla bajito y no saltes sobre mi cama.- le pedí a mi hermana, que estaba haciendo que mi cabeza estallara. Si, tenía una resaca que me estaba matando.
-Eres un vago Dani. En serio, no bebiste tanto.- reía- ¡Levanta de una vez hombre!
-Dios niña ¿pero tu sabes que hora es? ¡Pero si casi me acabo de acostar!
-Lo se, lo se. Pero por si no te acuerdas tu avión sale a las seis y media.
-Dios, el avión...- Puse mis manos sobre la cara y luego me levanté despacio.- Dime que tengo la maleta hecha, por favor...
-Si, la hicimos ayer ¿no te acuerdas?- reía sin parar. Al parecer estaba disfrutando con esto.- Malú está desayunando, vístete porque os vais ya.
-¿Pero como va a estar desayunando a estas horas? Esta mujer quiere que le de algo.
-Oye, eres un cascarrabias ¿lo sabías? Anda, vístete ya.
Martina se fue de mi habitación y yo volví a mirar la hora, por si había mirado mal, que era un poquito probable... Pero no, eran las cinco de la mañana. Estaba de muy mal humor. Demasiado malo. Apenas habíamos llegado a casa a las tres, después de beber y no poco. Esto era un broma de las enormes.
Cuando acabé de vestirme cogí mis maletas y salí al salón. Malú comía tostadas con una gran sonrisa y había varias cosas que yo no entendía. La primera, ¿por qué desayunaba a las cinco de la mañana? Y la segunda, ¿por qué estaba de buen humor a estas horas? Desde luego, es de lo que no hay...
-Buenos días mi vida. ¿Como has dormido?- sonrió
-¡Cuidado Malú! ¡No te acerques mucho que igual te muerde!- gritaba mi hermana desde la cocina.
-Pero mírala a ella que graciosa.- contesté lanzándole una mirada asesina. A Malú no le contesté, solo le sonreí y besé sus labios.
-¿Estás listo?
-Si.- asentí
-Bueno, pues nos vamos ya.
-Cariño, esto... ¿El avión no sale a las seis y media?
-Si Dani, las seis y media son dentro de media hora.
-Pero...- volví a mirar el reloj y efectivamente, ya eran las seis. Ahí hubo una hora que no se si me dormí o me estaban vacilando, pero al parecer me la perdí. Las dos reían a carcajadas y yo no entendía nada, pero tampoco me molesté en preguntar.- Bueno... vamos.- cogimos las maletas y bajamos al coche. Malú se puso al volante y yo me quedé atrás con mi hermana.
-¿Me vas a echar mucho de menos?- me dijo Martina con voz de niña pequeña.
-¿Yo? ¿Que dices? ¿Echar de menos a alguien que salta sobre mi cama y me grita sabiendo que tengo resaca? ¡Ni loco!
-¡Oye!- dijo a la vez que me daba un puñetazo en el hombro
-¿No te cansas de pegarme? Eres una pesada...- protesté
-Niños, no os peleeis.- soltó Malú actuando de madre, con lo que los tres empezamos a reírnos a carcajadas.
Llegamos al aeropuerto y ya no había vuelta atrás, nos íbamos a México.
Fuimos a embarcar y después nos sentamos en las sillas mas apartadas que encontramos. No nos podíamos olvidar que Malú era una cantante famosa y los fans solían venir hacia ella... Era un dato importante.
Llamaron anunciando nuestro vuelo y tocaba despedirse de Martina. Esto era lo peor de todo. Yo odio las despedidas con todo mi ser y mucho más tratándose de mi hermana.
-Prométeme que te vas a cuidar, que me vas a llamar cada día y que no harás nada malo, raro o nada en general.
-Te lo prometo Dani.- reímos- Ahora venga, vete ya que vas a perder el avión bobo.- La abracé con fuerza y besé su mejilla. Luego Malú se despidió de ella y nos fuimos.
Cuando por fin nos sentamos en nuestros respectivos asientos quise aprovechar para leer un libro, peto Malú no lo veía de la misma manera.
Cada dos minutos suspiraba, si veía que no le hacía caso me daba dos palmadas en la pierna y si aún con eso no le prestaba atención besaba mi cuello o mordía mi oreja.
Se levantó del asiento mirándome fijamente y me hizo un gesto de que la siguiera. Se dirigió al baño. Lo primero que pensé fue 'esta mujer está loca'. Aún así sonreí pícaramente y la seguí.
Entré al pequeño cubículo que llamaban baño y me esperaba allí, no muy lejos de la puerta como es de deducir.
No nos dijimos nada, simplemente nos acercamos el uno al otro lo más que pudimos y juntamos nuestros labios. Poco a poco nuestra respiración se aceleraba hasta que en segundos casi dejamos de respirar por completo.
-Oigan, ¿podrían dejarme pasar?- dijo una voz femenina detrás de la puerta. Mierda ¿y ahora qué?
-Joder Dani ¿qué hacemos?- dijo Malú en un susurro. Pensé un momento hasta que di con la solución, solo esperaba que funcionara.
-Toma, ponte mi sudadera con la capucha y sal con la cabeza agachada ¿vale?- me hizo caso y se la puso. Me besó y salió mirando al suelo.
-Disculpe.- le dije a la señora que sonreía, sin cortarse a penas.
Volví a los asientos y Malú reía sin control, con lo que no pude evitar reírme yo también.
-Empezamos con fuerza el viajecito eh.- dije gracioso
-Conmigo no te aburrirás chato.- me guiñó un ojo
Apoyó su cabeza en mi hombro y al poco rato se quedó dormida. Yo tampoco tardé mucho en hacerlo.
(...)
Me desperté cuando anunciaban el aterrizaje. Me sentía como si un camión me hubiera atropellado. Dormir sentado no era una de las cosas que más me gustaban, la verdad.
En cambio, a Malú parecía que eso no le había afectado en absoluto. Se la veía feliz, descansada y muy animada, me encantaba verla así.
Bajamos del avión y ella se adelantó para que no nos vieran juntos. Como es lógico no podíamos dejar que la gente comentara sobre quien era yo y qué hacía con ella...
Esperé un rato y fui a coger un taxi para que me llevara al hotel, que por suerte no estaba lejos.
Cuando llegué lo único que esperaba era poder descansar un rato, coger la cama y quedarme allí por lo que quedaba de día, pero no iba a tener tanta suerte.
Subí a la habitación y ella me esperaba sentada en la cama, sonriendo sin parar.
-Ya verás Dani, México te va a encantar.- sonreía- Tenemos muchas cosas que hacer y si las acabamos rápido podemos ir a visitar algunos sitios. Deja tus cosas que te vienes conmigo.- hablaba rápido, casi sin respirar
-Eh, eh, pero yo quiero descansar del viaje cariño. ¿No estás cansada?
-Claro que lo estoy bobo, pero es que tengo muchas cosas que hacer... En primer lugar tengo que ir a visitar a mi productor, luego tengo un par de entrevistas y por la noche una cena. Yo no vengo aquí de vacaciones ¿sabes?
-Vale, vale, lo siento... Es solo que quería que estuviéramos un momento juntos, ya sabes... Pero vamos, que puedo esperar a que acabes de trabajar... No quiero ir contigo Malú, no pinto nada en todo eso.
-Como quieras Dani. Si prefieres quedarte aquí solo antes que venir conmigo, hazlo. Yo me voy.
Cogió su bolso y se fue, sin más. Odiaba que se hubiera ido así, enfadada. Me sentía imbécil. Pero en parte ¿que voy a hacer yo en reuniones con su productor o en entrevistas sobre sus discos? No, realmente no pintaba nada allí.
Aproveché para descansar un rato y lo primero que hice fue llamar a Martina para saber si todo iba bien.
-¿Si?
-Martina, soy yo.
-¿Que pasa Dani? ¿Ya me echas de menos o qué?
-A ti siempre por desgracia.- reí- ¿Va todo bien?
-Si hermanito, todo va bien. ¿Vas a llamarme a todas horas? Lo digo para decirles a los de la fiesta que hay en casa que bajen la música esta noche...- rió
-Que graciosa eres ¿no? Bueno, mañana te llamo antes de que cojas el avión ¿vale?
-De acuerdo bobo, cuídate.
-Y tu.
Y colgué. La verdad es que aquella conversación por corta que fuera me había venido bien. Mi hermana con nada consigue animarme, aún sin saberlo.
Como intenté dormir y no pude decidí llamar a Malú para pedirle disculpas. Un tono, dos, tres... Pero no contestaba. Lo intenté una vez más y en esta ocasión me colgó.
Cogí su agenda de encima de la mesa y vi que tenía previsto para hoy y las horas de cada cosa.
Estaba a punto de entrar en una entrevista de radio así que si iba rápido me daría tiempo a llegar antes de que se fuera.
Cogí las llaves de la habitación y una chaqueta y salí de allí.
Para mi gran suerte había algunos taxis parados en la puerta del hotel así que no tuve que ir andando ni buscar el sitio por mi cuenta. Ahora solo quedaba que saliera de la entrevista y pudiera hablar con ella.
-Martina, por favor. Habla bajito y no saltes sobre mi cama.- le pedí a mi hermana, que estaba haciendo que mi cabeza estallara. Si, tenía una resaca que me estaba matando.
-Eres un vago Dani. En serio, no bebiste tanto.- reía- ¡Levanta de una vez hombre!
-Dios niña ¿pero tu sabes que hora es? ¡Pero si casi me acabo de acostar!
-Lo se, lo se. Pero por si no te acuerdas tu avión sale a las seis y media.
-Dios, el avión...- Puse mis manos sobre la cara y luego me levanté despacio.- Dime que tengo la maleta hecha, por favor...
-Si, la hicimos ayer ¿no te acuerdas?- reía sin parar. Al parecer estaba disfrutando con esto.- Malú está desayunando, vístete porque os vais ya.
-¿Pero como va a estar desayunando a estas horas? Esta mujer quiere que le de algo.
-Oye, eres un cascarrabias ¿lo sabías? Anda, vístete ya.
Martina se fue de mi habitación y yo volví a mirar la hora, por si había mirado mal, que era un poquito probable... Pero no, eran las cinco de la mañana. Estaba de muy mal humor. Demasiado malo. Apenas habíamos llegado a casa a las tres, después de beber y no poco. Esto era un broma de las enormes.
Cuando acabé de vestirme cogí mis maletas y salí al salón. Malú comía tostadas con una gran sonrisa y había varias cosas que yo no entendía. La primera, ¿por qué desayunaba a las cinco de la mañana? Y la segunda, ¿por qué estaba de buen humor a estas horas? Desde luego, es de lo que no hay...
-Buenos días mi vida. ¿Como has dormido?- sonrió
-¡Cuidado Malú! ¡No te acerques mucho que igual te muerde!- gritaba mi hermana desde la cocina.
-Pero mírala a ella que graciosa.- contesté lanzándole una mirada asesina. A Malú no le contesté, solo le sonreí y besé sus labios.
-¿Estás listo?
-Si.- asentí
-Bueno, pues nos vamos ya.
-Cariño, esto... ¿El avión no sale a las seis y media?
-Si Dani, las seis y media son dentro de media hora.
-Pero...- volví a mirar el reloj y efectivamente, ya eran las seis. Ahí hubo una hora que no se si me dormí o me estaban vacilando, pero al parecer me la perdí. Las dos reían a carcajadas y yo no entendía nada, pero tampoco me molesté en preguntar.- Bueno... vamos.- cogimos las maletas y bajamos al coche. Malú se puso al volante y yo me quedé atrás con mi hermana.
-¿Me vas a echar mucho de menos?- me dijo Martina con voz de niña pequeña.
-¿Yo? ¿Que dices? ¿Echar de menos a alguien que salta sobre mi cama y me grita sabiendo que tengo resaca? ¡Ni loco!
-¡Oye!- dijo a la vez que me daba un puñetazo en el hombro
-¿No te cansas de pegarme? Eres una pesada...- protesté
-Niños, no os peleeis.- soltó Malú actuando de madre, con lo que los tres empezamos a reírnos a carcajadas.
Llegamos al aeropuerto y ya no había vuelta atrás, nos íbamos a México.
Fuimos a embarcar y después nos sentamos en las sillas mas apartadas que encontramos. No nos podíamos olvidar que Malú era una cantante famosa y los fans solían venir hacia ella... Era un dato importante.
Llamaron anunciando nuestro vuelo y tocaba despedirse de Martina. Esto era lo peor de todo. Yo odio las despedidas con todo mi ser y mucho más tratándose de mi hermana.
-Prométeme que te vas a cuidar, que me vas a llamar cada día y que no harás nada malo, raro o nada en general.
-Te lo prometo Dani.- reímos- Ahora venga, vete ya que vas a perder el avión bobo.- La abracé con fuerza y besé su mejilla. Luego Malú se despidió de ella y nos fuimos.
Cuando por fin nos sentamos en nuestros respectivos asientos quise aprovechar para leer un libro, peto Malú no lo veía de la misma manera.
Cada dos minutos suspiraba, si veía que no le hacía caso me daba dos palmadas en la pierna y si aún con eso no le prestaba atención besaba mi cuello o mordía mi oreja.
Se levantó del asiento mirándome fijamente y me hizo un gesto de que la siguiera. Se dirigió al baño. Lo primero que pensé fue 'esta mujer está loca'. Aún así sonreí pícaramente y la seguí.
Entré al pequeño cubículo que llamaban baño y me esperaba allí, no muy lejos de la puerta como es de deducir.
No nos dijimos nada, simplemente nos acercamos el uno al otro lo más que pudimos y juntamos nuestros labios. Poco a poco nuestra respiración se aceleraba hasta que en segundos casi dejamos de respirar por completo.
-Oigan, ¿podrían dejarme pasar?- dijo una voz femenina detrás de la puerta. Mierda ¿y ahora qué?
-Joder Dani ¿qué hacemos?- dijo Malú en un susurro. Pensé un momento hasta que di con la solución, solo esperaba que funcionara.
-Toma, ponte mi sudadera con la capucha y sal con la cabeza agachada ¿vale?- me hizo caso y se la puso. Me besó y salió mirando al suelo.
-Disculpe.- le dije a la señora que sonreía, sin cortarse a penas.
Volví a los asientos y Malú reía sin control, con lo que no pude evitar reírme yo también.
-Empezamos con fuerza el viajecito eh.- dije gracioso
-Conmigo no te aburrirás chato.- me guiñó un ojo
Apoyó su cabeza en mi hombro y al poco rato se quedó dormida. Yo tampoco tardé mucho en hacerlo.
(...)
Me desperté cuando anunciaban el aterrizaje. Me sentía como si un camión me hubiera atropellado. Dormir sentado no era una de las cosas que más me gustaban, la verdad.
En cambio, a Malú parecía que eso no le había afectado en absoluto. Se la veía feliz, descansada y muy animada, me encantaba verla así.
Bajamos del avión y ella se adelantó para que no nos vieran juntos. Como es lógico no podíamos dejar que la gente comentara sobre quien era yo y qué hacía con ella...
Esperé un rato y fui a coger un taxi para que me llevara al hotel, que por suerte no estaba lejos.
Cuando llegué lo único que esperaba era poder descansar un rato, coger la cama y quedarme allí por lo que quedaba de día, pero no iba a tener tanta suerte.
Subí a la habitación y ella me esperaba sentada en la cama, sonriendo sin parar.
-Ya verás Dani, México te va a encantar.- sonreía- Tenemos muchas cosas que hacer y si las acabamos rápido podemos ir a visitar algunos sitios. Deja tus cosas que te vienes conmigo.- hablaba rápido, casi sin respirar
-Eh, eh, pero yo quiero descansar del viaje cariño. ¿No estás cansada?
-Claro que lo estoy bobo, pero es que tengo muchas cosas que hacer... En primer lugar tengo que ir a visitar a mi productor, luego tengo un par de entrevistas y por la noche una cena. Yo no vengo aquí de vacaciones ¿sabes?
-Vale, vale, lo siento... Es solo que quería que estuviéramos un momento juntos, ya sabes... Pero vamos, que puedo esperar a que acabes de trabajar... No quiero ir contigo Malú, no pinto nada en todo eso.
-Como quieras Dani. Si prefieres quedarte aquí solo antes que venir conmigo, hazlo. Yo me voy.
Cogió su bolso y se fue, sin más. Odiaba que se hubiera ido así, enfadada. Me sentía imbécil. Pero en parte ¿que voy a hacer yo en reuniones con su productor o en entrevistas sobre sus discos? No, realmente no pintaba nada allí.
Aproveché para descansar un rato y lo primero que hice fue llamar a Martina para saber si todo iba bien.
-¿Si?
-Martina, soy yo.
-¿Que pasa Dani? ¿Ya me echas de menos o qué?
-A ti siempre por desgracia.- reí- ¿Va todo bien?
-Si hermanito, todo va bien. ¿Vas a llamarme a todas horas? Lo digo para decirles a los de la fiesta que hay en casa que bajen la música esta noche...- rió
-Que graciosa eres ¿no? Bueno, mañana te llamo antes de que cojas el avión ¿vale?
-De acuerdo bobo, cuídate.
-Y tu.
Y colgué. La verdad es que aquella conversación por corta que fuera me había venido bien. Mi hermana con nada consigue animarme, aún sin saberlo.
Como intenté dormir y no pude decidí llamar a Malú para pedirle disculpas. Un tono, dos, tres... Pero no contestaba. Lo intenté una vez más y en esta ocasión me colgó.
Cogí su agenda de encima de la mesa y vi que tenía previsto para hoy y las horas de cada cosa.
Estaba a punto de entrar en una entrevista de radio así que si iba rápido me daría tiempo a llegar antes de que se fuera.
Cogí las llaves de la habitación y una chaqueta y salí de allí.
Para mi gran suerte había algunos taxis parados en la puerta del hotel así que no tuve que ir andando ni buscar el sitio por mi cuenta. Ahora solo quedaba que saliera de la entrevista y pudiera hablar con ella.
miércoles, 25 de junio de 2014
- 28 - VEN A MI LADO, VEN
-Pues... yo...- Notaba su indecisión a kilómetros. ¿Pero por qué no lo tenía claro?- Sí.- pero aquella respuesta me había sorprendido.
-¿Si? ¿vendrás?
-Pues claro que si Malú. Te dije que si al principio y te digo que si ahora. ¿Acaso te crees que te voy a dejar sola con tanto mexicano suelo?- sonrió pícaramente y besé sus labios.
-Me hace muchísima ilusión que vengas Dani, de verdad.
-Y a mi ir, a tu lado siempre.- me guiñó un ojo y sonreí.- Bueno ¿se lo dijiste ya a Martina?
-No, no. Díselo tu que pasa eso es tu hermana.-reímos
-Cierto, cierto... Bueno, voy a hablar con ella.
-Vale cariño.- besé sus labios y se fue a la habitación de Martina.
--------------------
Narra Dani:
No estaba realmente seguro de si quería o no decirle a Martina que me iría mañana. Al fin y al cabo ella se iba en dos días ¿por qué no esperar un poco para decírselo? ¿Por qué no disfrutar de un rato juntos? Básicamente porque, bueno... Nunca había tenido que separarme tanto tiempo de mi hermana y esto me iba a costar horrores. Para mi seguía siendo una enana, y yo me veía incapaz de separarme de ella. Supongo que la quiero tanto y la protejo tanto, a sobremanera también, que aún me cuesta asimilar que vaya a estar un mes en París.
Abrí la puerta de su habitación, despacio por si estaba durmiendo y la vi sentada junto a la ventana. Parecía estar llorando, aunque tampoco pude verla bien. Di tres golpes en la puerta y di un paso.
-¿Puedo pasar?-dije con un leve hilo de voz
-Si, si. Pasa Dani.- sonrió. Vi sus ojos, hinchados y enrojecidos pero no me atrevía a preguntar. No podía ser por el viaje, desde luego.
-Martina... ¿estás bien?
-Lo estoy, si...- dijo, no muy convencida pero lo dejé estar
-De acuerdo... ¿Necesitas que te ayude con las maletas o...?
-Por suerte ya las he acabado.- reímos
-¿Y no necesitas que te lleve a comprar nada o algo?
-Tranquilo Dani, lo tengo todo. Pero... algo me dice que tu si necesitas decirme algo ¿no?
-Para nada mujer, solo quería saber si necesitabas ayuda...
-Anda, no me marees y cuéntame. ¿Ha pasado algo?- Me senté a su lado y se giró hasta quedar frente a mi.
-A Malú le han cambiado la fecha del vuelo a México... A mañana.
-¿A mañana? ¿Tendré la casa para mi sola un día entero antes de irme a París? Hermanito, no se si te das cuenta de que puedo organizar una gran fiesta a tus espaldas... Yo lo dejo caer...- reímos
-Tranquila, eres demasiado aburrida para hacer tal cosa.- me dio un puñetazo y reímos
-Bueno, ahora dime, ¿cual es el problema?
-Pues... que yo quería estar pasado mañana cuando tu te fueras...
-¿Te das cuenta de lo bobo que eres? A ver Dani, me voy un mes, no voy a estar años fuera de casa ¿vale? Tienes que estar tranquilo hombre, no voy a venir casada, ni embarazada, ni alcohólica ni drogadicta.- reímos. La verdad, me hizo mucha gracia la forma con lo que lo decía, tenía un desparpajo que me fascinaba.
-Vale, vale, me queda claro.- volví a reír- Bueno, ¿y que propones que hagamos para aprovechar el tiempo antes de que me vaya?
-Pues... Podríamos ir a ese restaurante que me gusta tanto.-me guiñó un ojo- ¿Te apetece?
-Pero... Eso por la noche ¿no?
-Claro Dani, no creo que sea recomendable cenar a las cinco de la tarde.- reí
-Si, lo se. Pero me refiero a que podríamos hacer algo ahora, antes de ir a cenar, no se. No me apetece quedarme en el sofá viendo la tele.
-¡Quieres irte por ahí y aún no tienes ni una maleta para llevar Dani! ¿Te das cuenta de lo irresponsable que eres hermanito? Siempre lo dejas todo para el último momento.- dijo mientras me miraba de pie, con los brazos cruzados frente a mi.
-Odio que tengas razón, no sabes cuanto.- rió- En ese caso tendrás que venir conmigo al centro comercial a comprar algunas cosas. No tienes escapatoria porque sino tendré que dejarlo todo para cuando volvamos de cenar... ¿que dices?
-Venga vale, pero solo lo hago para que no despiertes a Malú por la noche eh, que conste que es por eso.
-De acuerdo enana.- la abracé- Prepárate que nos vamos ahora mismo eh.- y salí de la habitación hacia donde estaba Malú.
-Cariño ¿que haces esta tarde?- le pregunté andando hacia ella.
-Pues debería ir a hacer la maleta. ¿Tienes un plan mejor?
-Yo tengo que ir al centro comercial a comprar una maleta. Y luego tengo que venir a hacerla.- reí- ¿Te convence?
-Mmmm... Es bastante parecido al mío ¿no crees?
-No, no lo creo... Acabarás antes que yo.- reímos- Bueno, escucha, podemos ir a hacer cada uno nuestros recados y bla, bla, bla. Todo lo que quieras, pero iré a recogerte a las diez para ir a cenar, ¿quieres?
-Me parece una idea genial cariño.- sonrió y besé sus labios.- Bueno, entonces voy a irme ya, a ver si te gano.
-Lo dudo bastante.- volví a besarla.
Tras un par de besos más se fue a su casa y yo me quedé recogiendo un poco el salón y la cocina. Sobre las cinco y media avisé a Martina de que ya podíamos irnos a hacer aquellos recados y nos fuimos.
Si os soy sincero, no me disgustaba del todo eso de ir de compras. Siempre pensé que era un buen hobbie, sobretodo yendo con mi hermana porque compraba todo lo que quería en un tiempo record, con lo cual nunca me daba tiempo a aburrirme.
Yo iba con la idea de tardar poco esta vez aunque mi hermana decía que mínimo nos llevaría unas tres horas. Y una vez más, tenía razón. Estuvimos allí horas y horas... Incluso juraría que más de tres.
Nos recorrimos tienda tras tienda, viendo miles de cosas. En lugar de una maleta compré dos. En lugar de un par de camisetas, yo creo que renové mi armario... Y es que, creo que al fin y al cabo eso lo había heredado de mi madre, que cada vez que iba al supermercado, según ella "a comprar un par de cosas" por poco se traía el supermercado al completo.
Y así fue, cuando supuestamente solo tenía que comprar una maleta, estuve allí más horas de las previstas y me llevé a casa el triple de lo pensado.
Llegamos a casa poco antes de las ocho. Había quedado con Malú de recogerla a las diez y aún no tenía hecha la maleta y en definitiva, iba a contrarreloj.
Le pedí a Martina que me ayudara a dejarlo todo preparado y gracias a ella podría terminar antes.
Nos pasamos un rato entre carcajadas, viendo lo que meteríamos en la maleta y lo que tendría que quedarse. Y entre risas y bromas acabamos en menos de una hora, cosa que me facilitó mucho todo.
Por fin acabamos, nos preparamos y ya estábamos listos para ir a recoger a Malú.
Y así íbamos a pasar una última noche los tres, antes de que todo cambiara...
-¿Si? ¿vendrás?
-Pues claro que si Malú. Te dije que si al principio y te digo que si ahora. ¿Acaso te crees que te voy a dejar sola con tanto mexicano suelo?- sonrió pícaramente y besé sus labios.
-Me hace muchísima ilusión que vengas Dani, de verdad.
-Y a mi ir, a tu lado siempre.- me guiñó un ojo y sonreí.- Bueno ¿se lo dijiste ya a Martina?
-No, no. Díselo tu que pasa eso es tu hermana.-reímos
-Cierto, cierto... Bueno, voy a hablar con ella.
-Vale cariño.- besé sus labios y se fue a la habitación de Martina.
--------------------
Narra Dani:
No estaba realmente seguro de si quería o no decirle a Martina que me iría mañana. Al fin y al cabo ella se iba en dos días ¿por qué no esperar un poco para decírselo? ¿Por qué no disfrutar de un rato juntos? Básicamente porque, bueno... Nunca había tenido que separarme tanto tiempo de mi hermana y esto me iba a costar horrores. Para mi seguía siendo una enana, y yo me veía incapaz de separarme de ella. Supongo que la quiero tanto y la protejo tanto, a sobremanera también, que aún me cuesta asimilar que vaya a estar un mes en París.
Abrí la puerta de su habitación, despacio por si estaba durmiendo y la vi sentada junto a la ventana. Parecía estar llorando, aunque tampoco pude verla bien. Di tres golpes en la puerta y di un paso.
-¿Puedo pasar?-dije con un leve hilo de voz
-Si, si. Pasa Dani.- sonrió. Vi sus ojos, hinchados y enrojecidos pero no me atrevía a preguntar. No podía ser por el viaje, desde luego.
-Martina... ¿estás bien?
-Lo estoy, si...- dijo, no muy convencida pero lo dejé estar
-De acuerdo... ¿Necesitas que te ayude con las maletas o...?
-Por suerte ya las he acabado.- reímos
-¿Y no necesitas que te lleve a comprar nada o algo?
-Tranquilo Dani, lo tengo todo. Pero... algo me dice que tu si necesitas decirme algo ¿no?
-Para nada mujer, solo quería saber si necesitabas ayuda...
-Anda, no me marees y cuéntame. ¿Ha pasado algo?- Me senté a su lado y se giró hasta quedar frente a mi.
-A Malú le han cambiado la fecha del vuelo a México... A mañana.
-¿A mañana? ¿Tendré la casa para mi sola un día entero antes de irme a París? Hermanito, no se si te das cuenta de que puedo organizar una gran fiesta a tus espaldas... Yo lo dejo caer...- reímos
-Tranquila, eres demasiado aburrida para hacer tal cosa.- me dio un puñetazo y reímos
-Bueno, ahora dime, ¿cual es el problema?
-Pues... que yo quería estar pasado mañana cuando tu te fueras...
-¿Te das cuenta de lo bobo que eres? A ver Dani, me voy un mes, no voy a estar años fuera de casa ¿vale? Tienes que estar tranquilo hombre, no voy a venir casada, ni embarazada, ni alcohólica ni drogadicta.- reímos. La verdad, me hizo mucha gracia la forma con lo que lo decía, tenía un desparpajo que me fascinaba.
-Vale, vale, me queda claro.- volví a reír- Bueno, ¿y que propones que hagamos para aprovechar el tiempo antes de que me vaya?
-Pues... Podríamos ir a ese restaurante que me gusta tanto.-me guiñó un ojo- ¿Te apetece?
-Pero... Eso por la noche ¿no?
-Claro Dani, no creo que sea recomendable cenar a las cinco de la tarde.- reí
-Si, lo se. Pero me refiero a que podríamos hacer algo ahora, antes de ir a cenar, no se. No me apetece quedarme en el sofá viendo la tele.
-¡Quieres irte por ahí y aún no tienes ni una maleta para llevar Dani! ¿Te das cuenta de lo irresponsable que eres hermanito? Siempre lo dejas todo para el último momento.- dijo mientras me miraba de pie, con los brazos cruzados frente a mi.
-Odio que tengas razón, no sabes cuanto.- rió- En ese caso tendrás que venir conmigo al centro comercial a comprar algunas cosas. No tienes escapatoria porque sino tendré que dejarlo todo para cuando volvamos de cenar... ¿que dices?
-Venga vale, pero solo lo hago para que no despiertes a Malú por la noche eh, que conste que es por eso.
-De acuerdo enana.- la abracé- Prepárate que nos vamos ahora mismo eh.- y salí de la habitación hacia donde estaba Malú.
-Cariño ¿que haces esta tarde?- le pregunté andando hacia ella.
-Pues debería ir a hacer la maleta. ¿Tienes un plan mejor?
-Yo tengo que ir al centro comercial a comprar una maleta. Y luego tengo que venir a hacerla.- reí- ¿Te convence?
-Mmmm... Es bastante parecido al mío ¿no crees?
-No, no lo creo... Acabarás antes que yo.- reímos- Bueno, escucha, podemos ir a hacer cada uno nuestros recados y bla, bla, bla. Todo lo que quieras, pero iré a recogerte a las diez para ir a cenar, ¿quieres?
-Me parece una idea genial cariño.- sonrió y besé sus labios.- Bueno, entonces voy a irme ya, a ver si te gano.
-Lo dudo bastante.- volví a besarla.
Tras un par de besos más se fue a su casa y yo me quedé recogiendo un poco el salón y la cocina. Sobre las cinco y media avisé a Martina de que ya podíamos irnos a hacer aquellos recados y nos fuimos.
Si os soy sincero, no me disgustaba del todo eso de ir de compras. Siempre pensé que era un buen hobbie, sobretodo yendo con mi hermana porque compraba todo lo que quería en un tiempo record, con lo cual nunca me daba tiempo a aburrirme.
Yo iba con la idea de tardar poco esta vez aunque mi hermana decía que mínimo nos llevaría unas tres horas. Y una vez más, tenía razón. Estuvimos allí horas y horas... Incluso juraría que más de tres.
Nos recorrimos tienda tras tienda, viendo miles de cosas. En lugar de una maleta compré dos. En lugar de un par de camisetas, yo creo que renové mi armario... Y es que, creo que al fin y al cabo eso lo había heredado de mi madre, que cada vez que iba al supermercado, según ella "a comprar un par de cosas" por poco se traía el supermercado al completo.
Y así fue, cuando supuestamente solo tenía que comprar una maleta, estuve allí más horas de las previstas y me llevé a casa el triple de lo pensado.
Llegamos a casa poco antes de las ocho. Había quedado con Malú de recogerla a las diez y aún no tenía hecha la maleta y en definitiva, iba a contrarreloj.
Le pedí a Martina que me ayudara a dejarlo todo preparado y gracias a ella podría terminar antes.
Nos pasamos un rato entre carcajadas, viendo lo que meteríamos en la maleta y lo que tendría que quedarse. Y entre risas y bromas acabamos en menos de una hora, cosa que me facilitó mucho todo.
Por fin acabamos, nos preparamos y ya estábamos listos para ir a recoger a Malú.
Y así íbamos a pasar una última noche los tres, antes de que todo cambiara...
lunes, 23 de junio de 2014
- 27 - JUNTO A TI RECORRERÉ AL FIN LAS ESTRELLAS
-Eh Martina, ¿estás bien?- escuché su voz en mi espalda, mientras acariciaba mi hombro cariñosamente con su mano.
-Si, estoy bien.- sonreí
-Que mal mientes- rió- Puedes contármelo enana, no voy a decirle nada a Dani si no quieres.
-Ya pero... no, no, no voy a aburrirte con mis tonterías Malú, pero gracias.
-Bueno pero... Un abrazo si ¿no?
-Por favor.- contesté. Me envolvió entre sus brazos, cosa que agradecí y tiró de mi brazo hasta el sofá. Nos sentamos una al lado de la otra y me miró con una tranquilizadora sonrisa.
-¿Cómo se llama?
-¿Quien Malú? ¿De que me hablas?- reí nerviosa
-Venga Martina, yo también tuve tu edad... Hablo de la persona por la que estás así, esa que te hace llorar pero luego es la primera que te saca una sonrisa ¿entiendes?- Y vaya si la entendía...
-Si, si, te entiendo...- sonreí- Lo que pasa es que... bueno... es complicado.
-¿Complicado en que sentido?
-Es una de esas cosas que tienes miedo a contar por si las personas que te importan no se lo toman lo suficientemente bien.
-Ya veo... Es una chica ¿no?
-Pues...- empezaba a sentirme cada vez más y más nerviosa. ¿Como podía saberlo? ¿Tan claro lo había dejado todo? Mi nerviosismo me delató y ella notó que si, efectivamente era una chica.- ¿Pero como puedes saberlo?- reí
-Bueno... digamos que entendí a la perfección lo que me dijiste- me guiñó un ojo.- Y... Sobre todo tienes que saber que Dani lo entendería. El te quiere como si fueras su hija, Martina.
-¿No crees que a lo mejor se enfadará?
-Para nada boba. Seguramente le sorprenderá un poco, pero no te preocupes por nada. Además, cuentas con todo mi apoyo.- sonrió
-Malú...
-Dime enana.
-Gracias. En serio, por todo.- me abrazó con fuerza.- Bueno... Tengo que acabar de hacer la maleta. ¿Seguirás aquí luego?
-Si, creo que me quedaré a cenar.- sonrió
-Genial, pues luego te veo.- besé su mejilla y me fui a mi habitación.
Me puse a recoger mis cosas, despacio y sin ninguna prisa. Es lo bueno de prepararlo todo dos días antes. Sonreí cuando vi un marco con fotos encima de mi mesilla de noche. Era un marco de los que tienes muchas fotos, todas ellas diferentes. Me lo había regalado mi madre, era "el cuadrito de la familia" como ella lo llamaba. En el había una foto con ella y mi padre, cuando cumplí los 3 años junto a una tarta de colores... En otra de las fotos estaba con Dani en un parque, también de cuando éramos pequeños. La que más me paré a mirar era una en la que estaba abrazada a Aurora. Pf... que recuerdos. Hacía tantísimos años que nos conocíamos... Casi diecisiete, para ser exactos. Pasamos de ser mejores amigas, hermanas a ser... bueno, yo qué se que somos... Esa simple foto hizo que miles de recuerdos me golpearan de lleno. Volví a venirme abajo al recordar la discusión que habíamos tenido antes, ¿como puedo ser tan estúpida?
Supongo que ni yo misma se lo que quiero. Es uno de esos momentos en los que no sabes lo que quieres, ni a quien. Pues yo ya no se que hacer, porque todo lo que hago está mal. En todo dudo, todo me parece demasiado grande para poder afrontarlo. ¿Es normal sentirse así de insignificante?
Y lo que más me gustaría en el mundo sería contárselo a mi hermano. Pero por mucho que quiera, no puedo...
Terminé de colocar la última camiseta de mi armario en la maleta. Y, si. me llevo todo mi vestuario. Ya con todo listo hice un pequeño repaso de todas las osas que tendría que llevar. Cargador, cepillo de dientes, zapatos de todo tipo, vestidos y pantalones... En fin, casi toda mi habitación reducida a dos maletas, una mochila y un bolso de mano. La verdad, no se como fui capaz de meter tanta cosa en tan poco equipaje. Llamadme loca, pero en condiciones normales hubiera necesitado al menos cuatro maletas de las grandes para llevar únicamente mi ropa y mis zapatos. Claro que, esta vez me esforcé para doblarlo todo lo máximo posible y luego tuve que dar un par de saltos sobe aquellos armatostes para cerrarlos, pero por fin estaba acabado.
Me tumbé un rato en la cama, con los cascos puestos y leyendo un libro y allí me quedé, sumergida más en mis pensamientos que en lo que el libro me contaba...
----------------------
Narra Malú:
Pasaban las horas y Dani aún dormía. Estaba nerviosa, pero realmente no sabía por qué. Tenía que contarle a el por qué había estado tanto tiempo en el estudio... Y la verdad es que no tenía ni idea como decírselo.
El caso es que me habían adelantado la fecha del vuelo de México... Nos íbamos mañana a las seis de la mañana, el primer vuelo del día. No sabía si con esto Dani iba a querer quedarse aquí o aún así estaría dispuesto a venirse conmigo... Porque era obvio que adelantar el vuelo una semana iba a trastocarlo todo y en fin... entendería que quisiera quedarse.
Se despertó tarde, pasada la hora de comer. Martina y yo comimos algo pero no lo despertamos porque estaba muy cansado, pero nada más oí que se levantaba empecé a calentar su comida.
Se acercó a mi con una sonrisa, me abrazó poniendo sus manos en mi cintura y me besó.
-Ya era hora bello durmiente.- sonreí
-¿Es muy tarde?
-Las cuatro de la tarde... casi nada.- reí
-¿Como no me despertaste antes? Dios, soy una marmota.- reímos a carcajadas con su comentario.
-Si... Lo eres.- volví a reír. Puse su plato sobre la mesa y cuando se sentó lo miré fijamente con una sonrisa.- Tengo algo que decirte Dani.
-Claro, dime.
-Ayer me quedé hasta tarde en el estudio porque tuve una reunión sobre el viaje a México.
-¿Y bien?
-Bueno... nos cambiaron la fecha de ida.
-¿En serio? ¿Nos vamos más tarde?
-No, no... Nos la adelantaron a mañana...
-¿A mañana? ¿Tan pronto?- tenía una cara que no supe descifrar. ¿Estaba de acuerdo o no?
-Si. El avión sale a las 6 de la mañana.- la cara que puso en ese momento si la descifré a la perfección. Estaba descolocado y no tenía ni la más mínima idea de lo que pensaba hacer.
-Vale... esto... pues...
-Dani, en serio, quiero que me seas lo más sincero que puedas...
-Claro.
-¿De verdad quieres ir?
-Si, estoy bien.- sonreí
-Que mal mientes- rió- Puedes contármelo enana, no voy a decirle nada a Dani si no quieres.
-Ya pero... no, no, no voy a aburrirte con mis tonterías Malú, pero gracias.
-Bueno pero... Un abrazo si ¿no?
-Por favor.- contesté. Me envolvió entre sus brazos, cosa que agradecí y tiró de mi brazo hasta el sofá. Nos sentamos una al lado de la otra y me miró con una tranquilizadora sonrisa.
-¿Cómo se llama?
-¿Quien Malú? ¿De que me hablas?- reí nerviosa
-Venga Martina, yo también tuve tu edad... Hablo de la persona por la que estás así, esa que te hace llorar pero luego es la primera que te saca una sonrisa ¿entiendes?- Y vaya si la entendía...
-Si, si, te entiendo...- sonreí- Lo que pasa es que... bueno... es complicado.
-¿Complicado en que sentido?
-Es una de esas cosas que tienes miedo a contar por si las personas que te importan no se lo toman lo suficientemente bien.
-Ya veo... Es una chica ¿no?
-Pues...- empezaba a sentirme cada vez más y más nerviosa. ¿Como podía saberlo? ¿Tan claro lo había dejado todo? Mi nerviosismo me delató y ella notó que si, efectivamente era una chica.- ¿Pero como puedes saberlo?- reí
-Bueno... digamos que entendí a la perfección lo que me dijiste- me guiñó un ojo.- Y... Sobre todo tienes que saber que Dani lo entendería. El te quiere como si fueras su hija, Martina.
-¿No crees que a lo mejor se enfadará?
-Para nada boba. Seguramente le sorprenderá un poco, pero no te preocupes por nada. Además, cuentas con todo mi apoyo.- sonrió
-Malú...
-Dime enana.
-Gracias. En serio, por todo.- me abrazó con fuerza.- Bueno... Tengo que acabar de hacer la maleta. ¿Seguirás aquí luego?
-Si, creo que me quedaré a cenar.- sonrió
-Genial, pues luego te veo.- besé su mejilla y me fui a mi habitación.
Me puse a recoger mis cosas, despacio y sin ninguna prisa. Es lo bueno de prepararlo todo dos días antes. Sonreí cuando vi un marco con fotos encima de mi mesilla de noche. Era un marco de los que tienes muchas fotos, todas ellas diferentes. Me lo había regalado mi madre, era "el cuadrito de la familia" como ella lo llamaba. En el había una foto con ella y mi padre, cuando cumplí los 3 años junto a una tarta de colores... En otra de las fotos estaba con Dani en un parque, también de cuando éramos pequeños. La que más me paré a mirar era una en la que estaba abrazada a Aurora. Pf... que recuerdos. Hacía tantísimos años que nos conocíamos... Casi diecisiete, para ser exactos. Pasamos de ser mejores amigas, hermanas a ser... bueno, yo qué se que somos... Esa simple foto hizo que miles de recuerdos me golpearan de lleno. Volví a venirme abajo al recordar la discusión que habíamos tenido antes, ¿como puedo ser tan estúpida?
Supongo que ni yo misma se lo que quiero. Es uno de esos momentos en los que no sabes lo que quieres, ni a quien. Pues yo ya no se que hacer, porque todo lo que hago está mal. En todo dudo, todo me parece demasiado grande para poder afrontarlo. ¿Es normal sentirse así de insignificante?
Y lo que más me gustaría en el mundo sería contárselo a mi hermano. Pero por mucho que quiera, no puedo...
Terminé de colocar la última camiseta de mi armario en la maleta. Y, si. me llevo todo mi vestuario. Ya con todo listo hice un pequeño repaso de todas las osas que tendría que llevar. Cargador, cepillo de dientes, zapatos de todo tipo, vestidos y pantalones... En fin, casi toda mi habitación reducida a dos maletas, una mochila y un bolso de mano. La verdad, no se como fui capaz de meter tanta cosa en tan poco equipaje. Llamadme loca, pero en condiciones normales hubiera necesitado al menos cuatro maletas de las grandes para llevar únicamente mi ropa y mis zapatos. Claro que, esta vez me esforcé para doblarlo todo lo máximo posible y luego tuve que dar un par de saltos sobe aquellos armatostes para cerrarlos, pero por fin estaba acabado.
Me tumbé un rato en la cama, con los cascos puestos y leyendo un libro y allí me quedé, sumergida más en mis pensamientos que en lo que el libro me contaba...
----------------------
Narra Malú:
Pasaban las horas y Dani aún dormía. Estaba nerviosa, pero realmente no sabía por qué. Tenía que contarle a el por qué había estado tanto tiempo en el estudio... Y la verdad es que no tenía ni idea como decírselo.
El caso es que me habían adelantado la fecha del vuelo de México... Nos íbamos mañana a las seis de la mañana, el primer vuelo del día. No sabía si con esto Dani iba a querer quedarse aquí o aún así estaría dispuesto a venirse conmigo... Porque era obvio que adelantar el vuelo una semana iba a trastocarlo todo y en fin... entendería que quisiera quedarse.
Se despertó tarde, pasada la hora de comer. Martina y yo comimos algo pero no lo despertamos porque estaba muy cansado, pero nada más oí que se levantaba empecé a calentar su comida.
Se acercó a mi con una sonrisa, me abrazó poniendo sus manos en mi cintura y me besó.
-Ya era hora bello durmiente.- sonreí
-¿Es muy tarde?
-Las cuatro de la tarde... casi nada.- reí
-¿Como no me despertaste antes? Dios, soy una marmota.- reímos a carcajadas con su comentario.
-Si... Lo eres.- volví a reír. Puse su plato sobre la mesa y cuando se sentó lo miré fijamente con una sonrisa.- Tengo algo que decirte Dani.
-Claro, dime.
-Ayer me quedé hasta tarde en el estudio porque tuve una reunión sobre el viaje a México.
-¿Y bien?
-Bueno... nos cambiaron la fecha de ida.
-¿En serio? ¿Nos vamos más tarde?
-No, no... Nos la adelantaron a mañana...
-¿A mañana? ¿Tan pronto?- tenía una cara que no supe descifrar. ¿Estaba de acuerdo o no?
-Si. El avión sale a las 6 de la mañana.- la cara que puso en ese momento si la descifré a la perfección. Estaba descolocado y no tenía ni la más mínima idea de lo que pensaba hacer.
-Vale... esto... pues...
-Dani, en serio, quiero que me seas lo más sincero que puedas...
-Claro.
-¿De verdad quieres ir?
domingo, 8 de junio de 2014
- 26 - BUENO, EN FIN, TE EXTRAÑO
Después de horas y horas yo seguía allí, sentado en aquel sofá mirando el teléfono. Ya ni veía, simplemente mi mirada estaba puesta en la pantalla, pero mis pensamientos todos estaban en ella, en su sonrisa, en su mirada... Y en la preciosa foto nuestra que decoraba mi fondo de pantalla.
De repente llamaron al timbre y me sobresalté. Me miré al espejo y me peiné un poco y luego fui a abrir.
-Hola amor.- dijo besando mis labios
-¿Donde estabas? ¿Y que hora es?
-Son las nueve. Llegué a casa a las cinco de la mañana y no quería llamarte para no despertarte...
-¿Las nueve? ¿De la mañana?
-Si Dani. ¿Qué pasa? ¿He venido muy pronto?
-No, no... Da igual, si no he dormido. Pasa.- Entró y nos sentamos en el sofá los dos.- Me tenías preocupado Malú. Me dijiste que venías y ni siquiera me llamaste, ni me escribiste... nada.
-Porque tenía el móvil sin batería tonto. De verdad... No te montes películas que no pasó nada ¿vale?
-De acuerdo.- dije ahora si, sonriendo aliviado y besé sus labios.
-¿Tienes sueño?
-Mucho- reímos
-¿Dormimos juntos?
-¿Ahora?
-Si- sonrió
-Encantado.- reímos.
La volví a besar una vez más y luego rodee su cuello con mi brazo y caminamos hasta mi cama.
Nada más caímos allí yo quedé rendido. No podía más.
------------------
Narra Martina:
Estos últimos días notaba a Dani diferente. No sé en que sentido, pero desde luego diferente. Desde que está con Malú es otro. Otro Dani que desde luego me gusta mucho más que el anterior. Nunca me podría haber imaginado que Dani, mi hermano mayor que en ocasiones hace de padre podría haberme dejado ir a París. ¡Pero si ya le había parecido demasiado peligroso mi viaje a Grecia con mis amigas! No, no. Sin duda era otro.
Pero bueno, el caso es que me había dejado ir y aquí me hayaba yo, preparando las últimas cosas en la revista para luego llevármelas a casa y meterlas en la maleta.
El viaje es pasado mañana y la verdad, las ganas de pisar París y los nervios por todo aquello podían conmigo. ¿Realmente era consciente de lo que iba a hacer allí? No lo creo.
Cuando acabé de recoger mis cosas cogí mi pequeño ordenador junto con todas aquellas carpetas que poco más tapaban mi escritorio y me dispuse a irme.
Sin querer me choqué con alguien, pero no pude ver quien era.
-Dios, lo siento ¿estás bien? Es que con todo esto no veo nada... - Cuando rodeó mis carpetas pude verla bien. Era Aurora, con su preciosa sonrisa y riendo a carcajadas al verme tan cargada.
-Deja que te ayude anda.- me sonrió. No se lo impedí porque iba demasiado cargada. Cogió algunas carpetas y caminamos juntas hacia mi casa.
-Gracias.- sonreí
-No hay de qué.- me devolvió la sonrisa.
-¿Tu ya has hecho la maleta?
-No- rió- Yo soy una persona normal y, las personas normales solemos dejar este tipo de cosas para el último momento.- reímos otra vez. Es increíble lo que me hacía reír esta niña... Increíble.
-Eso está bien.- esta vez reímos tímidamente. Estuvimos calladas un rato hasta que por fin se decidió a hablar. Y digo por fin porque aquel silencio era demasiado incómodo y yo no sabía qué decir.
-Y... ¿ya lo sabe tu hermano? Quiero decir... Ya sabes... eso...
-No... No lo sabe.
-¿Vas a decírselo?
-Aún no Aurora... Creo que voy a esperar a que vuelva de México... No sé. No te enfades ¿vale?
-No me enfado boba.- sonrió- Era por saber.- Llegamos a mi casa y saqué mi móvil para ver la última conexión de whats app de mi hermano. No sabía si estaba despierto o no. Cuando vi que hacía tiempo que no se conectaba me di cuenta de que estaría dormido, así que tuve que quitar la llave de casa, cosa que con lo cargada que iba no me fue nada fácil.
-Gracias por ayudarme.- sonreí y besé su mejilla.
-¿No me dejas subir?
-No puedo... Mi hermano estará durmiendo... Pero si quieres me puedes esperar aquí y vamos a tomar algo.- sonreí
-Claro, aquí te espero.- sonrió y le devolví la sonrisa.
Me devolvió mis carpetas y subí como pude hasta mi casa. Me volví loca para abrir la puerta de arriba pero finalmente lo conseguí. Entré en silencio, intentando hacer el menor ruido posible. Fui hasta mi cuarto y puse todo aquello encima de mi cama. Después me asomé a la puerta de la habitación de Dani para ver si estaba dormido. Sonreí al ver que estaba con Malú, abrazados los dos como niños pequeños. Lo cierto es que hacen una pareja preciosa, demasiado adorable.
Me quedé mirando a Dani apoyada en su puerta. Miles de pensamientos se me pasaban por la cabeza, pero a lo que no dejaba de darle vueltas era a la conversación que había tenido hacía a penas unos minutos con Aurora. ¿Estaría preparada para contarle aquello a Dani? Bueno, también puedo llamarlo cuando vuelva de México, o esperar a volver de París...
Volví en mi después de un rato allí parada y me acordé de que Aurora me esperaba. Cogí una chaqueta y volví a bajar.
Llegué abajo y me quedé observándola un momento. El viento hacía que su pelo volara. Su larguísimo pelo negro que tanto me encantaba. Me sorprendía de ella que nunca se le quitara esa sonrisa de la cara. ¿Como era capaz? La verdad, si os soy sincera, la envidio.
-Martina, ¡hey!- chasqueó los dedos frente a mi cara- ¿Estás bien?
-Ah, si, si, estaba pensando- reí- Bueno, ¿a donde quieres que vayamos?
-Pues... Me da igual la verdad, solo quería que habláramos- sonrió y le devolví la sonrisa
-¿Te importa entonces que nos quedemos aquí?
-No, en absoluto.
-Bueno... ¿De qué querías hablar?
-Sabes perfectamente de qué Martina... Sabes que yo no puedo seguir ocultando esto...
-Te estoy pidiendo tiempo Aurora... No lo pongas más difícil...
-Ya me pediste tiempo una vez y aquí seguimos... No se si puedo creerte. No creo que vayas a decir nada, no estás preparada.
-No es tan fácil ¿sabes? Puedo perder mucho, muchísimo. Te estoy pidiendo un poco más, solo un poco, pero si no quieres esperar pues...
-¿Si?
-Si no quieres esperar a lo mejor no vale tanto la pena como para contarlo.
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Si.- La voz se me entrecortó y una lágrima empezó a resbalar por mi mejilla. Me di la vuelta y entré en el ascensor.
-¿Y ya está? ¿Te vas sin más?
No contesté, simplemente me giré hasta que se cerró la puerta del ascensor. Luego me dejé caer, deslizándome por la pared hasta quedarme sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en mis piernas. Solo esperaba que Dani siguiera dormido para que no me viera entrar así en casa...
De repente llamaron al timbre y me sobresalté. Me miré al espejo y me peiné un poco y luego fui a abrir.
-Hola amor.- dijo besando mis labios
-¿Donde estabas? ¿Y que hora es?
-Son las nueve. Llegué a casa a las cinco de la mañana y no quería llamarte para no despertarte...
-¿Las nueve? ¿De la mañana?
-Si Dani. ¿Qué pasa? ¿He venido muy pronto?
-No, no... Da igual, si no he dormido. Pasa.- Entró y nos sentamos en el sofá los dos.- Me tenías preocupado Malú. Me dijiste que venías y ni siquiera me llamaste, ni me escribiste... nada.
-Porque tenía el móvil sin batería tonto. De verdad... No te montes películas que no pasó nada ¿vale?
-De acuerdo.- dije ahora si, sonriendo aliviado y besé sus labios.
-¿Tienes sueño?
-Mucho- reímos
-¿Dormimos juntos?
-¿Ahora?
-Si- sonrió
-Encantado.- reímos.
La volví a besar una vez más y luego rodee su cuello con mi brazo y caminamos hasta mi cama.
Nada más caímos allí yo quedé rendido. No podía más.
------------------
Narra Martina:
Estos últimos días notaba a Dani diferente. No sé en que sentido, pero desde luego diferente. Desde que está con Malú es otro. Otro Dani que desde luego me gusta mucho más que el anterior. Nunca me podría haber imaginado que Dani, mi hermano mayor que en ocasiones hace de padre podría haberme dejado ir a París. ¡Pero si ya le había parecido demasiado peligroso mi viaje a Grecia con mis amigas! No, no. Sin duda era otro.
Pero bueno, el caso es que me había dejado ir y aquí me hayaba yo, preparando las últimas cosas en la revista para luego llevármelas a casa y meterlas en la maleta.
El viaje es pasado mañana y la verdad, las ganas de pisar París y los nervios por todo aquello podían conmigo. ¿Realmente era consciente de lo que iba a hacer allí? No lo creo.
Cuando acabé de recoger mis cosas cogí mi pequeño ordenador junto con todas aquellas carpetas que poco más tapaban mi escritorio y me dispuse a irme.
Sin querer me choqué con alguien, pero no pude ver quien era.
-Dios, lo siento ¿estás bien? Es que con todo esto no veo nada... - Cuando rodeó mis carpetas pude verla bien. Era Aurora, con su preciosa sonrisa y riendo a carcajadas al verme tan cargada.
-Deja que te ayude anda.- me sonrió. No se lo impedí porque iba demasiado cargada. Cogió algunas carpetas y caminamos juntas hacia mi casa.
-Gracias.- sonreí
-No hay de qué.- me devolvió la sonrisa.
-¿Tu ya has hecho la maleta?
-No- rió- Yo soy una persona normal y, las personas normales solemos dejar este tipo de cosas para el último momento.- reímos otra vez. Es increíble lo que me hacía reír esta niña... Increíble.
-Eso está bien.- esta vez reímos tímidamente. Estuvimos calladas un rato hasta que por fin se decidió a hablar. Y digo por fin porque aquel silencio era demasiado incómodo y yo no sabía qué decir.
-Y... ¿ya lo sabe tu hermano? Quiero decir... Ya sabes... eso...
-No... No lo sabe.
-¿Vas a decírselo?
-Aún no Aurora... Creo que voy a esperar a que vuelva de México... No sé. No te enfades ¿vale?
-No me enfado boba.- sonrió- Era por saber.- Llegamos a mi casa y saqué mi móvil para ver la última conexión de whats app de mi hermano. No sabía si estaba despierto o no. Cuando vi que hacía tiempo que no se conectaba me di cuenta de que estaría dormido, así que tuve que quitar la llave de casa, cosa que con lo cargada que iba no me fue nada fácil.
-Gracias por ayudarme.- sonreí y besé su mejilla.
-¿No me dejas subir?
-No puedo... Mi hermano estará durmiendo... Pero si quieres me puedes esperar aquí y vamos a tomar algo.- sonreí
-Claro, aquí te espero.- sonrió y le devolví la sonrisa.
Me devolvió mis carpetas y subí como pude hasta mi casa. Me volví loca para abrir la puerta de arriba pero finalmente lo conseguí. Entré en silencio, intentando hacer el menor ruido posible. Fui hasta mi cuarto y puse todo aquello encima de mi cama. Después me asomé a la puerta de la habitación de Dani para ver si estaba dormido. Sonreí al ver que estaba con Malú, abrazados los dos como niños pequeños. Lo cierto es que hacen una pareja preciosa, demasiado adorable.
Me quedé mirando a Dani apoyada en su puerta. Miles de pensamientos se me pasaban por la cabeza, pero a lo que no dejaba de darle vueltas era a la conversación que había tenido hacía a penas unos minutos con Aurora. ¿Estaría preparada para contarle aquello a Dani? Bueno, también puedo llamarlo cuando vuelva de México, o esperar a volver de París...
Volví en mi después de un rato allí parada y me acordé de que Aurora me esperaba. Cogí una chaqueta y volví a bajar.
Llegué abajo y me quedé observándola un momento. El viento hacía que su pelo volara. Su larguísimo pelo negro que tanto me encantaba. Me sorprendía de ella que nunca se le quitara esa sonrisa de la cara. ¿Como era capaz? La verdad, si os soy sincera, la envidio.
-Martina, ¡hey!- chasqueó los dedos frente a mi cara- ¿Estás bien?
-Ah, si, si, estaba pensando- reí- Bueno, ¿a donde quieres que vayamos?
-Pues... Me da igual la verdad, solo quería que habláramos- sonrió y le devolví la sonrisa
-¿Te importa entonces que nos quedemos aquí?
-No, en absoluto.
-Bueno... ¿De qué querías hablar?
-Sabes perfectamente de qué Martina... Sabes que yo no puedo seguir ocultando esto...
-Te estoy pidiendo tiempo Aurora... No lo pongas más difícil...
-Ya me pediste tiempo una vez y aquí seguimos... No se si puedo creerte. No creo que vayas a decir nada, no estás preparada.
-No es tan fácil ¿sabes? Puedo perder mucho, muchísimo. Te estoy pidiendo un poco más, solo un poco, pero si no quieres esperar pues...
-¿Si?
-Si no quieres esperar a lo mejor no vale tanto la pena como para contarlo.
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Si.- La voz se me entrecortó y una lágrima empezó a resbalar por mi mejilla. Me di la vuelta y entré en el ascensor.
-¿Y ya está? ¿Te vas sin más?
No contesté, simplemente me giré hasta que se cerró la puerta del ascensor. Luego me dejé caer, deslizándome por la pared hasta quedarme sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en mis piernas. Solo esperaba que Dani siguiera dormido para que no me viera entrar así en casa...
- 25 - MIENTRAS TENGA DE TU BOCA EL AGUA Y DE TU MIRAR SU LUZ TAN CLARA...
Decidí llamar a Martina en aquel momento, para hablar con ella de lo que Teresa me había contado. Después de unos tres intentos por fin me cogió el teléfono.
-Dani, lo siento, estaba ocupada. ¿Que pasa?
-Tengo que hablar contigo y como no se cuando vas a volver a casa pues...
-Si... bueno... lo siento, se me había olvidado decirte que me iba a quedar unos días en la casa de Aurora. Pero la semana que viene nos vemos ¿vale?
-Tiene que se hoy o mañana Martina, en serio...
-¿Por? ¿Ha pasado algo?
-La semana que viene me voy a México...
-Ah... claro... al final te lo ha pedido... que bien Dani, me alegro.- dijo, dándome a entender que no se alegraba demasiado
-En serio Marti, tenemos que vernos ahora, solo será un rato ¿de acuerdo?
-De acuerdo, estaré en casa en 10 minutos.
-Vale, hasta ahora.
Y colgamos. Luego cogí el teléfono y pedí una pizza para cuando mi hermana estuviera aquí. Ya de paso aprovechaba y cenábamos juntos. Malú me había enviado un mensaje de que no llegaría hasta las doce de la noche, por los ensayos y demás.
Por fin llegó aquella pizza y unos minutos después también Martina. Me saludó con un beso en la mejilla y un abrazo y nos sentamos los dos en el sofá.
-¿Has cenado?
-No, esperaba que tu tuvieras algo.- reímos
-Si, nuestra pizza favorita.- sonreí señalando la caja que estaba sobre la mesa.
-¡Genial! Bueno ¿de que querías hablar?
-Esta tarde he estado con Teresa.- su cara cambió, creo que ya sabía lo que iba a decirle.- Me ha contado que te han elegido como una de las mejores periodistas. Y que quieren mandarte un mes a París.
-Si... No se por qué Teresa te ha dicho nada. Yo ya había dejado claro que no iba a ir Dani... Tengo mucho que aprender y no creo que sea buena idea.
-¿Pero qué dices? Martina, tienes que ir. Escucha, a mi no me hace ninguna gracia que te vayas un mes. Bueno, ni un mes ni media semana, pero se que es una gran oportunidad que no puedes dejar pasar. Tienes 17 años y sabes cuidarte sola. Claro que tendrás que aguantar que te llame cada día para saber que estás bien, pro a pesar de eso tienes que ir hermanita, puede abrirte muchas puertas ¿sabes? Y no todos los días se tienen oportunidades tan buenas, con lo cual, ve, porque te lo mereces.
-¿Lo dices en serio?
-Claro que lo digo en serio boba.- mi hermana me abrazó con fuerza
Cenamos mientras seguíamos hablando de un montón de cosas diferentes. Me hacía muchas preguntas sobre como nos iba a Malú y a mi, sobre si me gustaba esto de trabajar tocando y demás... toda una periodista, desde luego.
También me contó un poco que es lo que haría en París, a los sitios a donde la llevarían y las entrevistas que tendría que hacer. Parecía estar muy ilusionada con aquello, rara vez la había visto así. Me contaba que tendría que entrevistar a algunos diseñadores importantes de la ropa de moda, a modelos que la lucen y también a pintores y artistas en general de Francia. No quitaba esa preciosa sonrisa de la cara que tanto me recordaba a mi madre y entonces fue cuando me di cuenta de que había hecho lo correcto dándole mi apoyo para que fuera.
La verdad, si os soy sincero me siento realmente orgulloso de ella. Hacía tanto tiempo que no la veía tan volcada en algo, tan feliz con lo que hacía. Antes, Martina pintaba. Le gustaba pintar porque lo había heredado de nuestra madre, que siempre sacaba aunque solo fuera un rato para ello. Pero nunca la había visto con tanto entusiasmo en las clases de pintura, ni pintando en casa, ni siquiera cuando conseguía acabar uno de sus preciosos cuadros. Entonces ahora, viendo tal entusiasmo cada vez que se va a la revista, o que llega después de conseguir que le publicaran algún artículo sus ojos brillan, su sonrisa es más grande que nunca, y eso me encanta.
Seguimos horas y horas allí, sentados frente a la tele. Yo esperando la llamada de Malú, para saber si vendría a casa o no esta noche, y mi hermana que no paraba quieta con el móvil. Esta juventud...
-¿Tu qué? ¿No vas a dejar que ese móvil descanse? Al final explotará...
-No seas bobo.- dijo entre risas propinándome un golpe en la cabeza con el primer cojín que pudo coger.
-¿Con quien hablas?- quise saber
-¿Por qué lo preguntas?- dijo, sonriendo y poniéndose roja cual tomate maduro
-¿Cómo se llama?- y en ese preciso momento empezó a reírse, sin parar, y yo con ella
-Dani, en serio, para- reía- no es nadie
-Ya, ya.- reí- Y si no es nadie ¿por qué te ríes como si fueras tonta?- no dijo nada, se había quedado descolocada, pero fue gracioso porque cada vez estaba más y más roja. Ambos nos fundimos en una carcajada de la que luego nos costó salir, pero en definitiva, lo pasamos bien, como solíamos pasarlo cuando no nos separábamos apenas.
-Bueno Dani, me voy ya que quedé con Aurora. ¿Estarás en casa mañana?
-Supongo, pero llámame antes, por si acaso.- reímos
Nos despedimos con un abrazo y un beso en la mejilla y se fue.
Hay que ver, antes no salía de casa y ahora rara vez la veía aquí... Es increíble lo rápido que pueden cambiar las cosas ¿no?
Pero ahora mismo no era eso lo que me preocupaba, sino Malú. Miré el reloj. Ya era la una de la mañana y ella aún no me había llamado. Ni un simple mensaje, nada.
Al principio no me preocupé. Decidí esperar un rato porque a lo mejor se le había complicado de alguna manera el trabajo. Pero pasaba el tiempo y cada vez me ponía más nervioso. Los minutos se me hacían eternos. Eran las 3:00, las 3:02, las 3:05... Y yo miraba fijamente a la pantalla de móvil, esperando de alguna manera que por arte de magia se iluminara. Minuto a minuto la espera era más eterna. Parecía que el tiempo se hubiera detenido por completo, que todo hubiera quedado parado. Como no aguantaba más la lentitud con la que se me pasaba el tiempo, a las 3:10 cogí el móvil. Marqué su número y llamé. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro, cinco... Buzón de voz. Esto no era bueno. Malú no solía apagar el móvil aunque estuviera en la reunión más importante, no. Y tampoco solía tenerlo en otro sitio que no fuera con ella, siempre contestaba, o devolvía la llamada, o no sé, algo. Esto era raro, muy raro. Otra vez los eternos minutos que no pasaban. Y así toda la noche, pasaban las horas y yo la llamaba sin respuesta alguna.
Intenté dormirme pensando que quizás simplemente se había quedado sin batería y a lo mejor simplemente luego venía, pero no me quedaba tranquilo. Seguí llamándola sin parar, pero no obtuve nada. ¿Pero qué pasa?
-Dani, lo siento, estaba ocupada. ¿Que pasa?
-Tengo que hablar contigo y como no se cuando vas a volver a casa pues...
-Si... bueno... lo siento, se me había olvidado decirte que me iba a quedar unos días en la casa de Aurora. Pero la semana que viene nos vemos ¿vale?
-Tiene que se hoy o mañana Martina, en serio...
-¿Por? ¿Ha pasado algo?
-La semana que viene me voy a México...
-Ah... claro... al final te lo ha pedido... que bien Dani, me alegro.- dijo, dándome a entender que no se alegraba demasiado
-En serio Marti, tenemos que vernos ahora, solo será un rato ¿de acuerdo?
-De acuerdo, estaré en casa en 10 minutos.
-Vale, hasta ahora.
Y colgamos. Luego cogí el teléfono y pedí una pizza para cuando mi hermana estuviera aquí. Ya de paso aprovechaba y cenábamos juntos. Malú me había enviado un mensaje de que no llegaría hasta las doce de la noche, por los ensayos y demás.
Por fin llegó aquella pizza y unos minutos después también Martina. Me saludó con un beso en la mejilla y un abrazo y nos sentamos los dos en el sofá.
-¿Has cenado?
-No, esperaba que tu tuvieras algo.- reímos
-Si, nuestra pizza favorita.- sonreí señalando la caja que estaba sobre la mesa.
-¡Genial! Bueno ¿de que querías hablar?
-Esta tarde he estado con Teresa.- su cara cambió, creo que ya sabía lo que iba a decirle.- Me ha contado que te han elegido como una de las mejores periodistas. Y que quieren mandarte un mes a París.
-Si... No se por qué Teresa te ha dicho nada. Yo ya había dejado claro que no iba a ir Dani... Tengo mucho que aprender y no creo que sea buena idea.
-¿Pero qué dices? Martina, tienes que ir. Escucha, a mi no me hace ninguna gracia que te vayas un mes. Bueno, ni un mes ni media semana, pero se que es una gran oportunidad que no puedes dejar pasar. Tienes 17 años y sabes cuidarte sola. Claro que tendrás que aguantar que te llame cada día para saber que estás bien, pro a pesar de eso tienes que ir hermanita, puede abrirte muchas puertas ¿sabes? Y no todos los días se tienen oportunidades tan buenas, con lo cual, ve, porque te lo mereces.
-¿Lo dices en serio?
-Claro que lo digo en serio boba.- mi hermana me abrazó con fuerza
Cenamos mientras seguíamos hablando de un montón de cosas diferentes. Me hacía muchas preguntas sobre como nos iba a Malú y a mi, sobre si me gustaba esto de trabajar tocando y demás... toda una periodista, desde luego.
También me contó un poco que es lo que haría en París, a los sitios a donde la llevarían y las entrevistas que tendría que hacer. Parecía estar muy ilusionada con aquello, rara vez la había visto así. Me contaba que tendría que entrevistar a algunos diseñadores importantes de la ropa de moda, a modelos que la lucen y también a pintores y artistas en general de Francia. No quitaba esa preciosa sonrisa de la cara que tanto me recordaba a mi madre y entonces fue cuando me di cuenta de que había hecho lo correcto dándole mi apoyo para que fuera.
La verdad, si os soy sincero me siento realmente orgulloso de ella. Hacía tanto tiempo que no la veía tan volcada en algo, tan feliz con lo que hacía. Antes, Martina pintaba. Le gustaba pintar porque lo había heredado de nuestra madre, que siempre sacaba aunque solo fuera un rato para ello. Pero nunca la había visto con tanto entusiasmo en las clases de pintura, ni pintando en casa, ni siquiera cuando conseguía acabar uno de sus preciosos cuadros. Entonces ahora, viendo tal entusiasmo cada vez que se va a la revista, o que llega después de conseguir que le publicaran algún artículo sus ojos brillan, su sonrisa es más grande que nunca, y eso me encanta.
Seguimos horas y horas allí, sentados frente a la tele. Yo esperando la llamada de Malú, para saber si vendría a casa o no esta noche, y mi hermana que no paraba quieta con el móvil. Esta juventud...
-¿Tu qué? ¿No vas a dejar que ese móvil descanse? Al final explotará...
-No seas bobo.- dijo entre risas propinándome un golpe en la cabeza con el primer cojín que pudo coger.
-¿Con quien hablas?- quise saber
-¿Por qué lo preguntas?- dijo, sonriendo y poniéndose roja cual tomate maduro
-¿Cómo se llama?- y en ese preciso momento empezó a reírse, sin parar, y yo con ella
-Dani, en serio, para- reía- no es nadie
-Ya, ya.- reí- Y si no es nadie ¿por qué te ríes como si fueras tonta?- no dijo nada, se había quedado descolocada, pero fue gracioso porque cada vez estaba más y más roja. Ambos nos fundimos en una carcajada de la que luego nos costó salir, pero en definitiva, lo pasamos bien, como solíamos pasarlo cuando no nos separábamos apenas.
-Bueno Dani, me voy ya que quedé con Aurora. ¿Estarás en casa mañana?
-Supongo, pero llámame antes, por si acaso.- reímos
Nos despedimos con un abrazo y un beso en la mejilla y se fue.
Hay que ver, antes no salía de casa y ahora rara vez la veía aquí... Es increíble lo rápido que pueden cambiar las cosas ¿no?
Pero ahora mismo no era eso lo que me preocupaba, sino Malú. Miré el reloj. Ya era la una de la mañana y ella aún no me había llamado. Ni un simple mensaje, nada.
Al principio no me preocupé. Decidí esperar un rato porque a lo mejor se le había complicado de alguna manera el trabajo. Pero pasaba el tiempo y cada vez me ponía más nervioso. Los minutos se me hacían eternos. Eran las 3:00, las 3:02, las 3:05... Y yo miraba fijamente a la pantalla de móvil, esperando de alguna manera que por arte de magia se iluminara. Minuto a minuto la espera era más eterna. Parecía que el tiempo se hubiera detenido por completo, que todo hubiera quedado parado. Como no aguantaba más la lentitud con la que se me pasaba el tiempo, a las 3:10 cogí el móvil. Marqué su número y llamé. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro, cinco... Buzón de voz. Esto no era bueno. Malú no solía apagar el móvil aunque estuviera en la reunión más importante, no. Y tampoco solía tenerlo en otro sitio que no fuera con ella, siempre contestaba, o devolvía la llamada, o no sé, algo. Esto era raro, muy raro. Otra vez los eternos minutos que no pasaban. Y así toda la noche, pasaban las horas y yo la llamaba sin respuesta alguna.
Intenté dormirme pensando que quizás simplemente se había quedado sin batería y a lo mejor simplemente luego venía, pero no me quedaba tranquilo. Seguí llamándola sin parar, pero no obtuve nada. ¿Pero qué pasa?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)