Después de horas y horas yo seguía allí, sentado en aquel sofá mirando el teléfono. Ya ni veía, simplemente mi mirada estaba puesta en la pantalla, pero mis pensamientos todos estaban en ella, en su sonrisa, en su mirada... Y en la preciosa foto nuestra que decoraba mi fondo de pantalla.
De repente llamaron al timbre y me sobresalté. Me miré al espejo y me peiné un poco y luego fui a abrir.
-Hola amor.- dijo besando mis labios
-¿Donde estabas? ¿Y que hora es?
-Son las nueve. Llegué a casa a las cinco de la mañana y no quería llamarte para no despertarte...
-¿Las nueve? ¿De la mañana?
-Si Dani. ¿Qué pasa? ¿He venido muy pronto?
-No, no... Da igual, si no he dormido. Pasa.- Entró y nos sentamos en el sofá los dos.- Me tenías preocupado Malú. Me dijiste que venías y ni siquiera me llamaste, ni me escribiste... nada.
-Porque tenía el móvil sin batería tonto. De verdad... No te montes películas que no pasó nada ¿vale?
-De acuerdo.- dije ahora si, sonriendo aliviado y besé sus labios.
-¿Tienes sueño?
-Mucho- reímos
-¿Dormimos juntos?
-¿Ahora?
-Si- sonrió
-Encantado.- reímos.
La volví a besar una vez más y luego rodee su cuello con mi brazo y caminamos hasta mi cama.
Nada más caímos allí yo quedé rendido. No podía más.
------------------
Narra Martina:
Estos últimos días notaba a Dani diferente. No sé en que sentido, pero desde luego diferente. Desde que está con Malú es otro. Otro Dani que desde luego me gusta mucho más que el anterior. Nunca me podría haber imaginado que Dani, mi hermano mayor que en ocasiones hace de padre podría haberme dejado ir a París. ¡Pero si ya le había parecido demasiado peligroso mi viaje a Grecia con mis amigas! No, no. Sin duda era otro.
Pero bueno, el caso es que me había dejado ir y aquí me hayaba yo, preparando las últimas cosas en la revista para luego llevármelas a casa y meterlas en la maleta.
El viaje es pasado mañana y la verdad, las ganas de pisar París y los nervios por todo aquello podían conmigo. ¿Realmente era consciente de lo que iba a hacer allí? No lo creo.
Cuando acabé de recoger mis cosas cogí mi pequeño ordenador junto con todas aquellas carpetas que poco más tapaban mi escritorio y me dispuse a irme.
Sin querer me choqué con alguien, pero no pude ver quien era.
-Dios, lo siento ¿estás bien? Es que con todo esto no veo nada... - Cuando rodeó mis carpetas pude verla bien. Era Aurora, con su preciosa sonrisa y riendo a carcajadas al verme tan cargada.
-Deja que te ayude anda.- me sonrió. No se lo impedí porque iba demasiado cargada. Cogió algunas carpetas y caminamos juntas hacia mi casa.
-Gracias.- sonreí
-No hay de qué.- me devolvió la sonrisa.
-¿Tu ya has hecho la maleta?
-No- rió- Yo soy una persona normal y, las personas normales solemos dejar este tipo de cosas para el último momento.- reímos otra vez. Es increíble lo que me hacía reír esta niña... Increíble.
-Eso está bien.- esta vez reímos tímidamente. Estuvimos calladas un rato hasta que por fin se decidió a hablar. Y digo por fin porque aquel silencio era demasiado incómodo y yo no sabía qué decir.
-Y... ¿ya lo sabe tu hermano? Quiero decir... Ya sabes... eso...
-No... No lo sabe.
-¿Vas a decírselo?
-Aún no Aurora... Creo que voy a esperar a que vuelva de México... No sé. No te enfades ¿vale?
-No me enfado boba.- sonrió- Era por saber.- Llegamos a mi casa y saqué mi móvil para ver la última conexión de whats app de mi hermano. No sabía si estaba despierto o no. Cuando vi que hacía tiempo que no se conectaba me di cuenta de que estaría dormido, así que tuve que quitar la llave de casa, cosa que con lo cargada que iba no me fue nada fácil.
-Gracias por ayudarme.- sonreí y besé su mejilla.
-¿No me dejas subir?
-No puedo... Mi hermano estará durmiendo... Pero si quieres me puedes esperar aquí y vamos a tomar algo.- sonreí
-Claro, aquí te espero.- sonrió y le devolví la sonrisa.
Me devolvió mis carpetas y subí como pude hasta mi casa. Me volví loca para abrir la puerta de arriba pero finalmente lo conseguí. Entré en silencio, intentando hacer el menor ruido posible. Fui hasta mi cuarto y puse todo aquello encima de mi cama. Después me asomé a la puerta de la habitación de Dani para ver si estaba dormido. Sonreí al ver que estaba con Malú, abrazados los dos como niños pequeños. Lo cierto es que hacen una pareja preciosa, demasiado adorable.
Me quedé mirando a Dani apoyada en su puerta. Miles de pensamientos se me pasaban por la cabeza, pero a lo que no dejaba de darle vueltas era a la conversación que había tenido hacía a penas unos minutos con Aurora. ¿Estaría preparada para contarle aquello a Dani? Bueno, también puedo llamarlo cuando vuelva de México, o esperar a volver de París...
Volví en mi después de un rato allí parada y me acordé de que Aurora me esperaba. Cogí una chaqueta y volví a bajar.
Llegué abajo y me quedé observándola un momento. El viento hacía que su pelo volara. Su larguísimo pelo negro que tanto me encantaba. Me sorprendía de ella que nunca se le quitara esa sonrisa de la cara. ¿Como era capaz? La verdad, si os soy sincera, la envidio.
-Martina, ¡hey!- chasqueó los dedos frente a mi cara- ¿Estás bien?
-Ah, si, si, estaba pensando- reí- Bueno, ¿a donde quieres que vayamos?
-Pues... Me da igual la verdad, solo quería que habláramos- sonrió y le devolví la sonrisa
-¿Te importa entonces que nos quedemos aquí?
-No, en absoluto.
-Bueno... ¿De qué querías hablar?
-Sabes perfectamente de qué Martina... Sabes que yo no puedo seguir ocultando esto...
-Te estoy pidiendo tiempo Aurora... No lo pongas más difícil...
-Ya me pediste tiempo una vez y aquí seguimos... No se si puedo creerte. No creo que vayas a decir nada, no estás preparada.
-No es tan fácil ¿sabes? Puedo perder mucho, muchísimo. Te estoy pidiendo un poco más, solo un poco, pero si no quieres esperar pues...
-¿Si?
-Si no quieres esperar a lo mejor no vale tanto la pena como para contarlo.
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Si.- La voz se me entrecortó y una lágrima empezó a resbalar por mi mejilla. Me di la vuelta y entré en el ascensor.
-¿Y ya está? ¿Te vas sin más?
No contesté, simplemente me giré hasta que se cerró la puerta del ascensor. Luego me dejé caer, deslizándome por la pared hasta quedarme sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en mis piernas. Solo esperaba que Dani siguiera dormido para que no me viera entrar así en casa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario