miércoles, 27 de agosto de 2014

- 3 - QUE TU PRESENCIA NO LA CAMBIO POR NINGUNA

Había llegado el día, Sara y yo por fin estábamos en Barcelona y mis ganas por verla eran infinitas. Al menos unas cien veces se me había pasado por la cabeza que podía encontrármela por la calle, como una verdadera casualidad, y aunque mi sentido común me decía que eso no iba a ocurrir, realmente nada me gustaría más. Tenía unas ganas locas de decirle lo estúpido que había sido, de pedirle perdón cuantas veces hicieran falta y sobretodo de besarla como si mañana mismo se me acabara el mundo. 
Mientras tomábamos un café en el hotel, no se me quitaban los nervios. Realmente si que parecía un fan, de los que cuentan los días, las horas y los minutos para ver a su ídola. Pero no un fan cualquiera... no. Me declaraba oficialmente malulero, en todos los sentidos posibles que se le pudieran dar a la palabra. 

-Hoy no vas a escucharme...¿no?- dijo Sara, después de dar dos palmadas frente a mis ojos
-Lo siento Sara, supongo que estoy nervioso... Tengo mil cosas que decirle pero se con toda certeza que cuando la tenga delante no me van a salir palabras coherentes... 
-No puedes preocuparte tanto bobo. Seguro que encuentras la manera de calmarte y puedes hablar con ella como lo haces siempre. No me cabe ninguna duda de que si le pides perdón no dudará en perdonarte. Aunque yo si fuera ella, después de lo que has tardado pensaría que ya no te importo...
-Espero que no piense eso, porque es lo que más me importa en el mundo...
-Lo sé, por eso estoy segura de que encontrarás las palabras exactas y se arreglará todo. Eso si, no sigas dándole vueltas o acabarás por desquiciarte.- reímos- Y venga, sube a la habitación y descansa un rato que el concierto es en dos horas. ¡Pero descansa eh!
-Si mamá.- asentí y besé su mejilla.- Gracias.- susurré a su oído y sonrió.

Le hice caso y subí a mi habitación. Tenía una hora para descansar y media hora para ducharme y vestirme. La otra media hora pensaba repartirla en llegar al concierto y pensar en como iba a hacer para pasar a su camerino, sin tan siquiera un pase o un conocido dentro más que ella o su hermano al que había visto escasas veces. 
Me tumbé en la cama pero me era imposible dormir. Le daba vueltas a todo, pero no conseguía entender ni mis propios pensamientos. Aún sin poder pegar ojo y sabiendo que luego no podría conmigo, decidí ir a ducharme y a cambiarme de ropa. Dejé caer el agua, recordando las duchas con ella, la forma en la que malgastábamos el agua o la aprovechábamos de forma especial. 
Cuando por fin me di cuenta de que había pasado mucho tiempo, acabé y salí del baño para vestirme. 
Ya no quedaba nada. La iba a ver en menos de una hora y estaba de los nervios. Seguía intentando pensar como entrar en aquel camerino. Por Dios ¿por qué era tan difícil? Obviamente no podía llegar allí y decir 'oye, que soy su ex ¿por qué no me dejas pasar?' Iba a ser completamente imposible, pero me daba igual. No me importaba irme a Madrid y esperarla sentado frente a su casa hasta que volviera. No me importaba porque sabía que necesitaba verla, y que si fuera realmente fácil cada cosa que se presenta querría decir que nuestra historia no vale nada, cuando en realidad lo vale todo. 
Me subí al coche con Sara y la miré sonriente. 'Allá vamos' pensé. No estaba lejos del hotel, por lo que tardamos poco tiempo. Cuando llegamos, lo difícil sería aparcar el coche ya que por los alrededores más 'cercanos' estaba todo demasiado lleno. 
Aparcamos. Por fin aparcamos. Íbamos bastante justos de tiempo, pero como teníamos unos asientos específicos tampoco pasaba nada. Fuimos, nos sentamos y esperamos a que el concierto empezara. 

Cuando el concierto empezó, mi cordura se perdió. La estaba viendo ahí, relativamente cerca de mi y más preciosa que nunca. Solo de pensar cuanto la había echado de menos me daba unas ganas más enormes si cabe de abrazarla, aun que aún tenía mis dudas de que aquello fuese posible. A pesar de todo, la noche aún no había acabado y nunca se sabe lo que puede cambiar en dos horas...

-Dani, te espero en el hotel ¿vale? Luego me cuentas que tal.- Sara me besó en la mejilla y sonreí
-Toma.- dije lanzándole las llaves del coche
-¿Y tu?
-Cualquier cosa llamo a un taxi.- reímos. Besé su mejilla y me fui.

Respiré hondo y fui hacia un hombre de seguridad. Intenté hacerme el loco y pasar como si nada, pero no me dio resultado... y con razón. 

-Oiga... conozco a Malú, necesito verla.
-Tiene que enseñarme una acreditación, sino no puedo dejarlo pasar.
-Y... ¿por qué no la llama y que le diga ella si me conoce o no? 
-Lo siento señor, no puedo hacer nada. 
-Por favor, es importante. 
-Le repito que no puedo hacer nada. 
-Ya... Es que... me ha mandado su padre Pepe. ¿Quiere usted que lo llame y se lo pregunta?- se quedó pensativo un rato y yo ya me había hecho a la idea de otro 'no puedo hacer nada', pero esta vez la frase había cambiado y no pude alegrarme más.
-Bueno... mire... va a pasar pero le voy a acompañar hasta el camerino de la señorita para asegurarme de que lo conoce. 
-Perfecto, perfecto. 
-Acompáñeme...- lo seguí hasta su camerino. Estaba hablando por teléfono por lo que aún no me había visto. Creo recordar que mi corazón iba a mil por hora, sino más, y tenía una extraña sensación de que iba a meter la pata pero bien. Aún así me quedé allí como una piedra y con una sonrisa de oreja a oreja con el de seguridad a mi lado observándome de arriba abajo, cosa que como a cualquier persona normal, me incomodaba bastante. Unos minutos después (bastante largos por cierto) Malú colgó el móvil y aquí, mi amigo fue a hablar con ella. No escuché lo que le dijo, pero ella me miró y asintió, aunque no parecía alegrarse de verme. 
-Hola.- dije ya frente a ella. 
-¿Que haces aquí?
-Pues... quería verte. 
-Genial, ya puedes irte.- iba a entrar a su camerino pero la cogí del brazo en cuanto reaccioné. 
-Necesito que hablemos Malú, por favor.- no dijo nada durante un rato, se limitó a mirarme seria hasta que por fin cedió.
-Pasa.- pasamos a su camerino y era ahora cuando podía liarlo más o arreglarlo todo.- Habla, no tengo toda la noche Daniel.
-Perdóname Malú... Perdóname.- no era capaz de decir nada más. Mis nervios eran tan, tan grandes que no podía. 
-Perdonado. ¿Qué más?
-¿Hasta cuando vas a seguir con esto? Te estoy pidiendo perdón joder. 
-Si, casi un mes después. Te comportaste como un inmaduro ¿lo sabes? Y encima te fuiste de Madrid, no sabía nada de ti. No me pediste perdón en ese momento. ¿Tanto necesitabas pensar si te arrepentías?
-Si no te llamé fue porque me echaste tu. Porque necesitaba una llamada tuya que me pidiera que me quedara, pero eres una jodida orgullosa y te dio igual que me fuera. 
-Si, me dio igual. Me dio igual porque si te fuiste de esa manera significa que no me quieres una mierda, que te la suda lo que pase, solo piensas en ti. Pobrecito, que lo eché del hotel... ¡Joder Dani, eres un gilipollas!
-Tienes toda la razón del mundo. Soy un completo imbécil, no te merezco Malú. No te merezco en absoluto. Vine para verte, para decirte que te quiero y para que me perdones por ser un gilipollas. Ahora bien, si te da igual mejor me voy.- estaba a punto de salir por la puerta cuando apoyó su mano en ella por detrás para que no pudiera abrirla. Cuando me giré hacia ella un montón de lágrimas corrían por sus mejillas y esta vez si sonreía. Se acercó a mis labios y sonrió a milímetros de los míos.
-Si te vuelves a ir te mataré.

Reímos, reímos hasta que mis labios rozaron los suyos y miles de besos me devolvieron esa felicidad que hacía semanas que echaba de menos. 

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