Había llegado el día, Sara y yo por fin estábamos en Barcelona y mis ganas por verla eran infinitas. Al menos unas cien veces se me había pasado por la cabeza que podía encontrármela por la calle, como una verdadera casualidad, y aunque mi sentido común me decía que eso no iba a ocurrir, realmente nada me gustaría más. Tenía unas ganas locas de decirle lo estúpido que había sido, de pedirle perdón cuantas veces hicieran falta y sobretodo de besarla como si mañana mismo se me acabara el mundo.
Mientras tomábamos un café en el hotel, no se me quitaban los nervios. Realmente si que parecía un fan, de los que cuentan los días, las horas y los minutos para ver a su ídola. Pero no un fan cualquiera... no. Me declaraba oficialmente malulero, en todos los sentidos posibles que se le pudieran dar a la palabra.
-Hoy no vas a escucharme...¿no?- dijo Sara, después de dar dos palmadas frente a mis ojos
-Lo siento Sara, supongo que estoy nervioso... Tengo mil cosas que decirle pero se con toda certeza que cuando la tenga delante no me van a salir palabras coherentes...
-No puedes preocuparte tanto bobo. Seguro que encuentras la manera de calmarte y puedes hablar con ella como lo haces siempre. No me cabe ninguna duda de que si le pides perdón no dudará en perdonarte. Aunque yo si fuera ella, después de lo que has tardado pensaría que ya no te importo...
-Espero que no piense eso, porque es lo que más me importa en el mundo...
-Lo sé, por eso estoy segura de que encontrarás las palabras exactas y se arreglará todo. Eso si, no sigas dándole vueltas o acabarás por desquiciarte.- reímos- Y venga, sube a la habitación y descansa un rato que el concierto es en dos horas. ¡Pero descansa eh!
-Si mamá.- asentí y besé su mejilla.- Gracias.- susurré a su oído y sonrió.
Le hice caso y subí a mi habitación. Tenía una hora para descansar y media hora para ducharme y vestirme. La otra media hora pensaba repartirla en llegar al concierto y pensar en como iba a hacer para pasar a su camerino, sin tan siquiera un pase o un conocido dentro más que ella o su hermano al que había visto escasas veces.
Me tumbé en la cama pero me era imposible dormir. Le daba vueltas a todo, pero no conseguía entender ni mis propios pensamientos. Aún sin poder pegar ojo y sabiendo que luego no podría conmigo, decidí ir a ducharme y a cambiarme de ropa. Dejé caer el agua, recordando las duchas con ella, la forma en la que malgastábamos el agua o la aprovechábamos de forma especial.
Cuando por fin me di cuenta de que había pasado mucho tiempo, acabé y salí del baño para vestirme.
Ya no quedaba nada. La iba a ver en menos de una hora y estaba de los nervios. Seguía intentando pensar como entrar en aquel camerino. Por Dios ¿por qué era tan difícil? Obviamente no podía llegar allí y decir 'oye, que soy su ex ¿por qué no me dejas pasar?' Iba a ser completamente imposible, pero me daba igual. No me importaba irme a Madrid y esperarla sentado frente a su casa hasta que volviera. No me importaba porque sabía que necesitaba verla, y que si fuera realmente fácil cada cosa que se presenta querría decir que nuestra historia no vale nada, cuando en realidad lo vale todo.
Me subí al coche con Sara y la miré sonriente. 'Allá vamos' pensé. No estaba lejos del hotel, por lo que tardamos poco tiempo. Cuando llegamos, lo difícil sería aparcar el coche ya que por los alrededores más 'cercanos' estaba todo demasiado lleno.
Aparcamos. Por fin aparcamos. Íbamos bastante justos de tiempo, pero como teníamos unos asientos específicos tampoco pasaba nada. Fuimos, nos sentamos y esperamos a que el concierto empezara.
Cuando el concierto empezó, mi cordura se perdió. La estaba viendo ahí, relativamente cerca de mi y más preciosa que nunca. Solo de pensar cuanto la había echado de menos me daba unas ganas más enormes si cabe de abrazarla, aun que aún tenía mis dudas de que aquello fuese posible. A pesar de todo, la noche aún no había acabado y nunca se sabe lo que puede cambiar en dos horas...
-Dani, te espero en el hotel ¿vale? Luego me cuentas que tal.- Sara me besó en la mejilla y sonreí
-Toma.- dije lanzándole las llaves del coche
-¿Y tu?
-Cualquier cosa llamo a un taxi.- reímos. Besé su mejilla y me fui.
Respiré hondo y fui hacia un hombre de seguridad. Intenté hacerme el loco y pasar como si nada, pero no me dio resultado... y con razón.
-Oiga... conozco a Malú, necesito verla.
-Tiene que enseñarme una acreditación, sino no puedo dejarlo pasar.
-Y... ¿por qué no la llama y que le diga ella si me conoce o no?
-Lo siento señor, no puedo hacer nada.
-Por favor, es importante.
-Le repito que no puedo hacer nada.
-Ya... Es que... me ha mandado su padre Pepe. ¿Quiere usted que lo llame y se lo pregunta?- se quedó pensativo un rato y yo ya me había hecho a la idea de otro 'no puedo hacer nada', pero esta vez la frase había cambiado y no pude alegrarme más.
-Bueno... mire... va a pasar pero le voy a acompañar hasta el camerino de la señorita para asegurarme de que lo conoce.
-Perfecto, perfecto.
-Acompáñeme...- lo seguí hasta su camerino. Estaba hablando por teléfono por lo que aún no me había visto. Creo recordar que mi corazón iba a mil por hora, sino más, y tenía una extraña sensación de que iba a meter la pata pero bien. Aún así me quedé allí como una piedra y con una sonrisa de oreja a oreja con el de seguridad a mi lado observándome de arriba abajo, cosa que como a cualquier persona normal, me incomodaba bastante. Unos minutos después (bastante largos por cierto) Malú colgó el móvil y aquí, mi amigo fue a hablar con ella. No escuché lo que le dijo, pero ella me miró y asintió, aunque no parecía alegrarse de verme.
-Hola.- dije ya frente a ella.
-¿Que haces aquí?
-Pues... quería verte.
-Genial, ya puedes irte.- iba a entrar a su camerino pero la cogí del brazo en cuanto reaccioné.
-Necesito que hablemos Malú, por favor.- no dijo nada durante un rato, se limitó a mirarme seria hasta que por fin cedió.
-Pasa.- pasamos a su camerino y era ahora cuando podía liarlo más o arreglarlo todo.- Habla, no tengo toda la noche Daniel.
-Perdóname Malú... Perdóname.- no era capaz de decir nada más. Mis nervios eran tan, tan grandes que no podía.
-Perdonado. ¿Qué más?
-¿Hasta cuando vas a seguir con esto? Te estoy pidiendo perdón joder.
-Si, casi un mes después. Te comportaste como un inmaduro ¿lo sabes? Y encima te fuiste de Madrid, no sabía nada de ti. No me pediste perdón en ese momento. ¿Tanto necesitabas pensar si te arrepentías?
-Si no te llamé fue porque me echaste tu. Porque necesitaba una llamada tuya que me pidiera que me quedara, pero eres una jodida orgullosa y te dio igual que me fuera.
-Si, me dio igual. Me dio igual porque si te fuiste de esa manera significa que no me quieres una mierda, que te la suda lo que pase, solo piensas en ti. Pobrecito, que lo eché del hotel... ¡Joder Dani, eres un gilipollas!
-Tienes toda la razón del mundo. Soy un completo imbécil, no te merezco Malú. No te merezco en absoluto. Vine para verte, para decirte que te quiero y para que me perdones por ser un gilipollas. Ahora bien, si te da igual mejor me voy.- estaba a punto de salir por la puerta cuando apoyó su mano en ella por detrás para que no pudiera abrirla. Cuando me giré hacia ella un montón de lágrimas corrían por sus mejillas y esta vez si sonreía. Se acercó a mis labios y sonrió a milímetros de los míos.
-Si te vuelves a ir te mataré.
Reímos, reímos hasta que mis labios rozaron los suyos y miles de besos me devolvieron esa felicidad que hacía semanas que echaba de menos.
miércoles, 27 de agosto de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
- 2 - HE SALIDO A CAMINAR POR FIN... Y AHORA NADIE ME ACOMPAÑA
Los días en Cantabria pasaban, pero me era indiferente puesto que aquella llamada que tanto había esperado no parecía tener ganas de llegar. Mi primo me había dejado su pequeño apartamento mientras el estudiaba en Valencia, cosa que le agradecí porque tampoco tenía dinero para un hotel ni para alquilar un piso, y al resto de mi familia mejor dejarla donde está.
Casi no comía, me pasaba los días en la cama, como un depresivo sin terapia. Me daba pena a mi mismo.
Cada vez que llamaba mi hermana intentaba disimular que todo iba bien. Le dije que estaba en Cantabria porque nuestro primo me necesitaba unos días. No era capaz de decirle la verdadera razón y eso me dolía muchísimo tratándose de mi hermana.
Cogí el ordenador y busqué su twitter. Volvía a empezar con los conciertos en una semana y el primer sitio cerca de aquí era Barcelona, dentro de 10 días. Automáticamente mi cabeza dijo '¿Y por qué no?'
No me lo pensé, porque sabía que si pensaba demasiado me acabaría arrepintiendo. Entré en la página de venta de entradas y cogí una en asiento reservado, más bien alejado para que, en caso de que se diera cuenta de mi presencia fuera más bien tarde.
Tenía muchísimas ganas de verla en un concierto así. Siempre me había encantado escucharla cantar, pero no hay ni punto de comparación a como lo hace durante un concierto. Lo deja todo allí, y eso se nota.
Cuando ya tuve mi entrada fui a comprar un coche. Tuve suerte de que un amigo mío me lo podía dejar bastante barato y eso me iba a compensar.
Estaba feliz. Feliz porque la iba a ver en tan solo 10 días dejándose la piel en aquel escenario. Porque la iba a ver sonreír como tanto me gustaba, con esa sonrisa que iluminaba mis días como ninguna otra había hecho jamás. Tenía tanta ilusión de verla como el primer día, como si toda mi vida la controlara ella por completo. Es increíble como en apenas horas después de que se fuera del hotel, ya la echaba de menos. Ya sentía que la había perdido y las consecuencias de aquello era que yo me iba, pero mi vida entera se quedaba allí, a su lado. En aquel momento me di cuenta de lo muchísimo que la necesitaba. Y puede que ahora se haya acabado, o que al verme todo se solucione, pero yo solo con ver su cara en esas pantallas enormes, sus preciosos ojos y su brillante sonrisa dedicada a su público, solo con eso ya soy inmensamente feliz.
Uno a uno los días pasaban. Cada cual más lento que el anterior. Me di cuenta de que los días pasaban sin que les prestara atención. Que daba igual todo, solo quería que esos 10 días se pasaran volando. Me veía allí, en el Palau Sant Jordi junto a miles de personas, admirándola simplemente a ella. ¿Era mucho pedir que el tiempo pasara rápido?
Decidí ir a dar un paseo, para aprovechar un poco mejor el día. Dicen que cuando lo pasas bien, el tiempo pasa más rápido. Pues era el momento de ponerlo en práctica.
Llegué a un parque, muy cerca del piso de mi primo y allí vi a alguien que me resultaba muy familiar. Pensé un momento. Largo y liso pelo negro, ropa sencilla... No conseguí ver sus ojos, ya que los ocultaban unas enormes gafas, pero estaba seguro, ¡era Sara! Me acerqué a ella sin parecer un psicópata, por miedo a que no se acordara de mi.
-Perdona... ¿Sara?- coloqué la mano sobre su hombro cuidadosamente, lo menos que quería era asustarla
-Si, soy yo. ¿Y tu eres...?- se giró lentamente hasta que por fin se paró delante de mi- ¿Dani? ¿Eres tu?
-Si- sonreí
-¡Que sorpresa!- nos abrazamos con fuerza y le di dos besos
-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso?
-Bueno... digamos que las cosas en Murcia se complicaron un poco... Necesitaba salir de allí...
-¿Ha pasado algo?- asintió mientras se bajaba las gafas lentamente hasta que conseguí ver su ojo. Estaba hinchado, casi ensangrentado, era un golpe reciente.- ¿Y esto? ¿Ha sido...?
-Si, ha sido el.- dijo secándose al instante una lágrima que estaba a punto de resbalar por su mejilla- No es la primera vez que lo hace... pero fue la gota que colmó el vaso.
-¿Sabe que estás aquí?
-No, pero no tardará mucho en averiguarlo... Llegué ayer, pero supongo que tendré que irme en un par de días antes de que decida venir a buscarme...- la envolví entre mis brazos tan fuerte como pude. Aquello me había llegado a lo más profundo de mi ser. Supongo que enterarte de que alguien que conoces tiene que pasar por semejante situación te hace darle muchas vueltas a todo, te hace empatizar mucho más de lo normal, y aquello había conseguido que la impotencia por no poder hacer gran cosa por ella, me llevara a querer protegerla por encima de todo.
-Estaré aquí para lo que necesites Sara. Vendrás conmigo a Madrid, puedes vivir en mi piso. No creo que allí te encuentre.
-Te lo agradezco de verdad Dani, pero no quiero que tengas que cargar conmigo... Estaré bien.- fingió una sonrisa
Intenté convencerla pero no había manera. No quería venir conmigo, pero yo no podía dejarla allí. Ni siquiera me había puesto a pensar en que pensaría Malú cuando me viera aparecer con ella, pero desde luego no lo pasaría por alto seguro...
Aún así lo esencial era mantener a Sara lo más lejos posible de su ex-novio. No me perdonaría que le hicieran daño estando yo con ella. No me preguntéis por qué, pero con Sara... la verdad es que sentía un vínculo especial, muy especial.
Después de hora sy horas intentando convencerla por fin aceptó. Vendría conmigo al concierto de Barcelona y luego a Madrid. Viviría en mi estudio hasta que pudiera alquilar un piso en condiciones y luego quedaríamos cada fin de semana a tomar café. Ya lo habíamos planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Parecíamos una de esas parejas de adolescentes que se prometen un para siempre, que planean su vida juntos aún sin saber si llegarán al año de relación. Pero supongo que eso es lo que hace especial la relación ¿no? La ilusión, la verdadera ilusión por que todo salga bien. Si se pierde eso, se pierde todo.
Aunque también es verdad que Sara y yo no éramos pareja. Yo ni siquiera le había contado que mi chica era Malú. Era imposible que lo que hoy teníamos algún día se convirtiera en relación, ¿o me equivoco? No sé, pero desde luego si algo aprendí es que hay que tomarse la vida con calma y disfrutar de cada momento como si del último se tratara. Quizás así, prestándole más atención a los detalles igual conseguía ser un poquito más feliz ¿no? No sé, solo sé que mi única felicidad es ella, y ahora mismo no la tengo conmigo. Ahora mismo esa felicidad ha de estar en un coche, de gira con su equipo para repartir mi felicidad con miles de personas. Pero lo que más me intrigaba solo era una cosa... ¿me echará de menos?
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Bueno, para los que no os acordéis de Sara, os dejo aquí el capítulo 14, donde hizo su primera aparición. Espero que os haya gustado, mil gracias!
http://novelaaprendizmalu.blogspot.com.es/2014/04/14-no-me-acostumbro-sin-ti-yo-no-se.html
Casi no comía, me pasaba los días en la cama, como un depresivo sin terapia. Me daba pena a mi mismo.
Cada vez que llamaba mi hermana intentaba disimular que todo iba bien. Le dije que estaba en Cantabria porque nuestro primo me necesitaba unos días. No era capaz de decirle la verdadera razón y eso me dolía muchísimo tratándose de mi hermana.
Cogí el ordenador y busqué su twitter. Volvía a empezar con los conciertos en una semana y el primer sitio cerca de aquí era Barcelona, dentro de 10 días. Automáticamente mi cabeza dijo '¿Y por qué no?'
No me lo pensé, porque sabía que si pensaba demasiado me acabaría arrepintiendo. Entré en la página de venta de entradas y cogí una en asiento reservado, más bien alejado para que, en caso de que se diera cuenta de mi presencia fuera más bien tarde.
Tenía muchísimas ganas de verla en un concierto así. Siempre me había encantado escucharla cantar, pero no hay ni punto de comparación a como lo hace durante un concierto. Lo deja todo allí, y eso se nota.
Cuando ya tuve mi entrada fui a comprar un coche. Tuve suerte de que un amigo mío me lo podía dejar bastante barato y eso me iba a compensar.
Estaba feliz. Feliz porque la iba a ver en tan solo 10 días dejándose la piel en aquel escenario. Porque la iba a ver sonreír como tanto me gustaba, con esa sonrisa que iluminaba mis días como ninguna otra había hecho jamás. Tenía tanta ilusión de verla como el primer día, como si toda mi vida la controlara ella por completo. Es increíble como en apenas horas después de que se fuera del hotel, ya la echaba de menos. Ya sentía que la había perdido y las consecuencias de aquello era que yo me iba, pero mi vida entera se quedaba allí, a su lado. En aquel momento me di cuenta de lo muchísimo que la necesitaba. Y puede que ahora se haya acabado, o que al verme todo se solucione, pero yo solo con ver su cara en esas pantallas enormes, sus preciosos ojos y su brillante sonrisa dedicada a su público, solo con eso ya soy inmensamente feliz.
Uno a uno los días pasaban. Cada cual más lento que el anterior. Me di cuenta de que los días pasaban sin que les prestara atención. Que daba igual todo, solo quería que esos 10 días se pasaran volando. Me veía allí, en el Palau Sant Jordi junto a miles de personas, admirándola simplemente a ella. ¿Era mucho pedir que el tiempo pasara rápido?
Decidí ir a dar un paseo, para aprovechar un poco mejor el día. Dicen que cuando lo pasas bien, el tiempo pasa más rápido. Pues era el momento de ponerlo en práctica.
Llegué a un parque, muy cerca del piso de mi primo y allí vi a alguien que me resultaba muy familiar. Pensé un momento. Largo y liso pelo negro, ropa sencilla... No conseguí ver sus ojos, ya que los ocultaban unas enormes gafas, pero estaba seguro, ¡era Sara! Me acerqué a ella sin parecer un psicópata, por miedo a que no se acordara de mi.
-Perdona... ¿Sara?- coloqué la mano sobre su hombro cuidadosamente, lo menos que quería era asustarla
-Si, soy yo. ¿Y tu eres...?- se giró lentamente hasta que por fin se paró delante de mi- ¿Dani? ¿Eres tu?
-Si- sonreí
-¡Que sorpresa!- nos abrazamos con fuerza y le di dos besos
-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso?
-Bueno... digamos que las cosas en Murcia se complicaron un poco... Necesitaba salir de allí...
-¿Ha pasado algo?- asintió mientras se bajaba las gafas lentamente hasta que conseguí ver su ojo. Estaba hinchado, casi ensangrentado, era un golpe reciente.- ¿Y esto? ¿Ha sido...?
-Si, ha sido el.- dijo secándose al instante una lágrima que estaba a punto de resbalar por su mejilla- No es la primera vez que lo hace... pero fue la gota que colmó el vaso.
-¿Sabe que estás aquí?
-No, pero no tardará mucho en averiguarlo... Llegué ayer, pero supongo que tendré que irme en un par de días antes de que decida venir a buscarme...- la envolví entre mis brazos tan fuerte como pude. Aquello me había llegado a lo más profundo de mi ser. Supongo que enterarte de que alguien que conoces tiene que pasar por semejante situación te hace darle muchas vueltas a todo, te hace empatizar mucho más de lo normal, y aquello había conseguido que la impotencia por no poder hacer gran cosa por ella, me llevara a querer protegerla por encima de todo.
-Estaré aquí para lo que necesites Sara. Vendrás conmigo a Madrid, puedes vivir en mi piso. No creo que allí te encuentre.
-Te lo agradezco de verdad Dani, pero no quiero que tengas que cargar conmigo... Estaré bien.- fingió una sonrisa
Intenté convencerla pero no había manera. No quería venir conmigo, pero yo no podía dejarla allí. Ni siquiera me había puesto a pensar en que pensaría Malú cuando me viera aparecer con ella, pero desde luego no lo pasaría por alto seguro...
Aún así lo esencial era mantener a Sara lo más lejos posible de su ex-novio. No me perdonaría que le hicieran daño estando yo con ella. No me preguntéis por qué, pero con Sara... la verdad es que sentía un vínculo especial, muy especial.
Después de hora sy horas intentando convencerla por fin aceptó. Vendría conmigo al concierto de Barcelona y luego a Madrid. Viviría en mi estudio hasta que pudiera alquilar un piso en condiciones y luego quedaríamos cada fin de semana a tomar café. Ya lo habíamos planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Parecíamos una de esas parejas de adolescentes que se prometen un para siempre, que planean su vida juntos aún sin saber si llegarán al año de relación. Pero supongo que eso es lo que hace especial la relación ¿no? La ilusión, la verdadera ilusión por que todo salga bien. Si se pierde eso, se pierde todo.
Aunque también es verdad que Sara y yo no éramos pareja. Yo ni siquiera le había contado que mi chica era Malú. Era imposible que lo que hoy teníamos algún día se convirtiera en relación, ¿o me equivoco? No sé, pero desde luego si algo aprendí es que hay que tomarse la vida con calma y disfrutar de cada momento como si del último se tratara. Quizás así, prestándole más atención a los detalles igual conseguía ser un poquito más feliz ¿no? No sé, solo sé que mi única felicidad es ella, y ahora mismo no la tengo conmigo. Ahora mismo esa felicidad ha de estar en un coche, de gira con su equipo para repartir mi felicidad con miles de personas. Pero lo que más me intrigaba solo era una cosa... ¿me echará de menos?
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Bueno, para los que no os acordéis de Sara, os dejo aquí el capítulo 14, donde hizo su primera aparición. Espero que os haya gustado, mil gracias!
http://novelaaprendizmalu.blogspot.com.es/2014/04/14-no-me-acostumbro-sin-ti-yo-no-se.html
domingo, 17 de agosto de 2014
(2ª temporada) - 1 - QUE AUNQUE LO INTENTO Y SOY FUERTE NO CIERRA ESTA HERIDA
Me subí a ese autobús sin ganas, seguramente esperando a que viniera a retenerme o me enviara un mensaje que me hiciera cambiar de opinión. Simplemente me hacía falta un solo motivo por el que quedarme, pero no obtuve ninguno. Tal vez era este el destino, tal vez ella y yo no estábamos hechos para estar el uno con el otro y por eso todo esto estaba pasando. Quien sabe, a lo mejor esto tenía que pasar. A lo mejor ahora, separados, volvemos a encontrar el rumbo. Puede que si, o puede que no, pero que no os quepa duda de que lo menos que yo quería en ese momento era subir a ese autobús. Yo solo quería volver a su casa y decirle lo que sentía, pedirle perdón por todo lo que hubiera podido pasar por mi culpa y volver a tenerla entre mis brazos. Pero algo dentro de mi me lo impedía.
Mi hermana no estaba. No le había dicho que me iba a Cantabria porque sabía perfectamente que no me dejaría ir. Seguramente me insistiría en que me quedara, pero mis impulsos en ese momento en el que decidí irme fueron mucho más fuertes que todo lo demás.
Subí. Pensativo, desganado y asustado pero subí. No paraban de pasarse por mi cabeza las mismas imágenes que habían hecho que decidiera irme. No dejaba de verla a ella, de recordar todos y cada uno de los momentos que habíamos pasado juntos. Eran demasiado bonitos como para no recordarlos. Hice un recorrido por cada beso que le di, por cada mañana a su lado y por cada desayuno, comida o cena juntos. Repasé cada instante a su lado, pero aún así no me bajé del autobús. ¿Acaso aquello había hecho que la dejara de querer? No, eso es imposible. Nunca podría dejarla de querer. ¿Qué idiota puede dejar de querer a semejante mujer?
Una mujer subió al autobús y se sentó a mi lado. No quedaban sitios libres y desalojé el sito para que no tuviera que ir de pie. Me llamaba bastante la atención,era una mujer mayor de unos sesenta y muchos. Parecía ser amigable, aunque yo en estos momentos no tenía muchas ganas de sociabilizarme.
Una lágrima comenzó a resbalar por mi mejilla mientras miraba por la ventanilla y la entrañable señora no dudó en preguntar.
-Hijo ¿puedo preguntar qué te ocurre?
-No es nada.- sonreí- He tenido algunos problemillas últimamente... Pero no se preocupe, nada que no se solucione...- Intentaba parecer fuerte, que pareciera que no me afectaba o al menos no tanto, pero la mujer me caló como si me conociera de toda la vida.
-¿Como se llama ella?- quiso saber, curiosa
-Se llama María Lucía...- sonreí y suspiré. Como me encantaba pronunciar su nombre.
-¿Y esa tal María Lucía y tu habéis roto?
-No lo sé, la verdad... Creo que he huído por no querer aceptar que algo no iba bien... Aunque si tengo que ser franco, en este momento me supongo que si, hemos roto. Dudo que después de lo que ha pasado quiera volver a verme.
-Si ella te quiere seguro que está deseando que vuelvas, sea lo que sea lo que haya pasado.
-¿Usted cree?
-¡Por supuesto! ¿Quieres que te cuente una historia?
-Claro, cuénteme.
-Verás hijo, cuando yo era joven conocí a un muchacho. Quedábamos cada día, nos pasábamos las horas juntos...- siguió relatando durante no sé cuanto tiempo hasta que me dijo algo que me hizo pensar, quizás demasiado.-... Con todo esto quiero decirte que las relaciones no son fáciles chico. Porque si lo fueran ¿qué gracia tendría? Todos necesitamos superar baches y obstáculos para valorar más lo que tenemos, porque con lo que más se puede afianzar una relación es con los obstáculos que vamos superando ¿me entiendes?- si, la entendía perfectamente.- No debes huír, sino volver a donde está tu chica y pedirle perdón las veces que hagan falta aunque tu no tengas la culpa. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza- Porque quien haya tenido la culpa es lo de menos, lo que importa es que os queréis y eso no es algo que se pueda dejar pasar con tanta facilidad. ¿De verdad estás dispuesto a dejar ir a la muchacha que te puede hacer feliz el resto de tu vida?
-No... si tiene toda la razón del mundo...
-Claro que la tengo.- sonrió
-Oiga y... ¿Al final como acabó su historia con ese hombre?- La mujer sonrió y me enseñó su mano. Pude ver como un anillo decoraba su dedo y no me hizo falta más.
-Pasamos muchas dificultades ¿sabes? Nos separamos un montón de veces... Pero aún así siempre estuvimos juntos. Y ahora compartimos casi una vida entera.- sonrió y le correspondí.- Anda, lucha por ella.- me dijo dándome pequeños toquecitos en el hombro. Y se bajó del autobús.
No puedo saber cuantas horas estuve hablando con aquella mujer. Tampoco sabía donde estábamos ni cuanto me faltaba para llegar a Cantabria. lo único que tenía claro era que todo lo que me había dicho hizo que algo dentro de mi diera una vuelta completa. Todo en mi se revolucionó. Pero con esto no quiero decir que tuviera las ideas claras, sino todo lo contrario. Hizo que me comiera la cabeza lo innombrable, que me desquiciara por no saber qué hacer. ¿Debía ir otra vez a Madrid o era bueno que esperara un tiempo para volver? ¿Me vendría bien Cantabria o tal vez sería peor? Todos mis pensamientos volaban a la velocidad de la luz y yo no era capaz de controlarlos. No sabía lo que me estaba pasando pero de repente sentí como que el tiempo se paraba. Ella venía a mi recuerdo sin cesar, recordándome lo mucho que la necesitaba en mi vida. Lo mucho que me hacía sentir con solo una palabra y yo ahora estaba tirándolo todo por la borda. Y todo por algo que a lo mejor solo había sido un malentendido, por algo que pudo no ser real. ¿Me estaría volviendo loco o era justificado? ¿Pero qué digo? ¿Como va a ser justificado dejar a la mujer que quieres? Estaba confuso, dolido, aturdido...
No le presté atención alguna al viaje, por lo que no me di cuenta de que habían pasado muchísimas horas y ahora ya estaba en Cantabria. Ahora solo me quedaba pensar en lo que quería. ¿Me iba o me quedaba? ¿Querría verme o por el contrario estaría mejor sin mi? ¿Me echaría de menos o sería yo el imbécil que lo estaba pasando mal sin ella? Todo, absolutamente todo hacía que me derrumbara cada vez más.
Bajé de aquel autobús, cogí mis maletas y me puse a caminar sin rumbo alguno. No sabía a donde ir, pero tampoco quería saberlo en ese momento. "El tiempo lo pondrá todo en su lugar." Recordé esa frase que solía decir mi madre antes. No recuerdo en qué momentos me la decía, pero el caso es que esa frase me acompañó toda la vida y ahora más que nunca no me hubiera venido nada mal que mi madre me la hubiese recordado. Seguí caminando como pude, con las pocas fuerzas que tenía por el desgaste de energía que me producía aquella angustia. Miraba a todas partes y la veía en el resto de la gente. Veía a una chica de pelo largo y ondulado y los espejismos de mi chica aparecían sobre ella. Parecía, poco más, un loco perdido en un desierto buscando su oasis.
Di vueltas durante horas sin parar, sin saber a donde iba ni lo que buscaba. Mi móvil sonó y sonó toda la tarde pero ninguna era la melodía de sus llamadas, por lo que no contesté.
Decidí parar a descansar un rato en una playa que al parecer estaba algo vacía. Me dejé caer sobre la arena, literalmente me desplomé. No podía conmigo, no tenía fuerzas. Solo repetía una y otra vez "llama, llama". Parecía loco, completamente loco.
Mi hermana no estaba. No le había dicho que me iba a Cantabria porque sabía perfectamente que no me dejaría ir. Seguramente me insistiría en que me quedara, pero mis impulsos en ese momento en el que decidí irme fueron mucho más fuertes que todo lo demás.
Subí. Pensativo, desganado y asustado pero subí. No paraban de pasarse por mi cabeza las mismas imágenes que habían hecho que decidiera irme. No dejaba de verla a ella, de recordar todos y cada uno de los momentos que habíamos pasado juntos. Eran demasiado bonitos como para no recordarlos. Hice un recorrido por cada beso que le di, por cada mañana a su lado y por cada desayuno, comida o cena juntos. Repasé cada instante a su lado, pero aún así no me bajé del autobús. ¿Acaso aquello había hecho que la dejara de querer? No, eso es imposible. Nunca podría dejarla de querer. ¿Qué idiota puede dejar de querer a semejante mujer?
Una mujer subió al autobús y se sentó a mi lado. No quedaban sitios libres y desalojé el sito para que no tuviera que ir de pie. Me llamaba bastante la atención,era una mujer mayor de unos sesenta y muchos. Parecía ser amigable, aunque yo en estos momentos no tenía muchas ganas de sociabilizarme.
Una lágrima comenzó a resbalar por mi mejilla mientras miraba por la ventanilla y la entrañable señora no dudó en preguntar.
-Hijo ¿puedo preguntar qué te ocurre?
-No es nada.- sonreí- He tenido algunos problemillas últimamente... Pero no se preocupe, nada que no se solucione...- Intentaba parecer fuerte, que pareciera que no me afectaba o al menos no tanto, pero la mujer me caló como si me conociera de toda la vida.
-¿Como se llama ella?- quiso saber, curiosa
-Se llama María Lucía...- sonreí y suspiré. Como me encantaba pronunciar su nombre.
-¿Y esa tal María Lucía y tu habéis roto?
-No lo sé, la verdad... Creo que he huído por no querer aceptar que algo no iba bien... Aunque si tengo que ser franco, en este momento me supongo que si, hemos roto. Dudo que después de lo que ha pasado quiera volver a verme.
-Si ella te quiere seguro que está deseando que vuelvas, sea lo que sea lo que haya pasado.
-¿Usted cree?
-¡Por supuesto! ¿Quieres que te cuente una historia?
-Claro, cuénteme.
-Verás hijo, cuando yo era joven conocí a un muchacho. Quedábamos cada día, nos pasábamos las horas juntos...- siguió relatando durante no sé cuanto tiempo hasta que me dijo algo que me hizo pensar, quizás demasiado.-... Con todo esto quiero decirte que las relaciones no son fáciles chico. Porque si lo fueran ¿qué gracia tendría? Todos necesitamos superar baches y obstáculos para valorar más lo que tenemos, porque con lo que más se puede afianzar una relación es con los obstáculos que vamos superando ¿me entiendes?- si, la entendía perfectamente.- No debes huír, sino volver a donde está tu chica y pedirle perdón las veces que hagan falta aunque tu no tengas la culpa. ¿Y sabes por qué?- negué con la cabeza- Porque quien haya tenido la culpa es lo de menos, lo que importa es que os queréis y eso no es algo que se pueda dejar pasar con tanta facilidad. ¿De verdad estás dispuesto a dejar ir a la muchacha que te puede hacer feliz el resto de tu vida?
-No... si tiene toda la razón del mundo...
-Claro que la tengo.- sonrió
-Oiga y... ¿Al final como acabó su historia con ese hombre?- La mujer sonrió y me enseñó su mano. Pude ver como un anillo decoraba su dedo y no me hizo falta más.
-Pasamos muchas dificultades ¿sabes? Nos separamos un montón de veces... Pero aún así siempre estuvimos juntos. Y ahora compartimos casi una vida entera.- sonrió y le correspondí.- Anda, lucha por ella.- me dijo dándome pequeños toquecitos en el hombro. Y se bajó del autobús.
No puedo saber cuantas horas estuve hablando con aquella mujer. Tampoco sabía donde estábamos ni cuanto me faltaba para llegar a Cantabria. lo único que tenía claro era que todo lo que me había dicho hizo que algo dentro de mi diera una vuelta completa. Todo en mi se revolucionó. Pero con esto no quiero decir que tuviera las ideas claras, sino todo lo contrario. Hizo que me comiera la cabeza lo innombrable, que me desquiciara por no saber qué hacer. ¿Debía ir otra vez a Madrid o era bueno que esperara un tiempo para volver? ¿Me vendría bien Cantabria o tal vez sería peor? Todos mis pensamientos volaban a la velocidad de la luz y yo no era capaz de controlarlos. No sabía lo que me estaba pasando pero de repente sentí como que el tiempo se paraba. Ella venía a mi recuerdo sin cesar, recordándome lo mucho que la necesitaba en mi vida. Lo mucho que me hacía sentir con solo una palabra y yo ahora estaba tirándolo todo por la borda. Y todo por algo que a lo mejor solo había sido un malentendido, por algo que pudo no ser real. ¿Me estaría volviendo loco o era justificado? ¿Pero qué digo? ¿Como va a ser justificado dejar a la mujer que quieres? Estaba confuso, dolido, aturdido...
No le presté atención alguna al viaje, por lo que no me di cuenta de que habían pasado muchísimas horas y ahora ya estaba en Cantabria. Ahora solo me quedaba pensar en lo que quería. ¿Me iba o me quedaba? ¿Querría verme o por el contrario estaría mejor sin mi? ¿Me echaría de menos o sería yo el imbécil que lo estaba pasando mal sin ella? Todo, absolutamente todo hacía que me derrumbara cada vez más.
Bajé de aquel autobús, cogí mis maletas y me puse a caminar sin rumbo alguno. No sabía a donde ir, pero tampoco quería saberlo en ese momento. "El tiempo lo pondrá todo en su lugar." Recordé esa frase que solía decir mi madre antes. No recuerdo en qué momentos me la decía, pero el caso es que esa frase me acompañó toda la vida y ahora más que nunca no me hubiera venido nada mal que mi madre me la hubiese recordado. Seguí caminando como pude, con las pocas fuerzas que tenía por el desgaste de energía que me producía aquella angustia. Miraba a todas partes y la veía en el resto de la gente. Veía a una chica de pelo largo y ondulado y los espejismos de mi chica aparecían sobre ella. Parecía, poco más, un loco perdido en un desierto buscando su oasis.
Di vueltas durante horas sin parar, sin saber a donde iba ni lo que buscaba. Mi móvil sonó y sonó toda la tarde pero ninguna era la melodía de sus llamadas, por lo que no contesté.
Decidí parar a descansar un rato en una playa que al parecer estaba algo vacía. Me dejé caer sobre la arena, literalmente me desplomé. No podía conmigo, no tenía fuerzas. Solo repetía una y otra vez "llama, llama". Parecía loco, completamente loco.
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