viernes, 18 de septiembre de 2015

Relato 2 [Porque el momento de encontrarnos llegó en plena tormenta...]

-Un tono... dos... tres...-
Seguía intentando llamar a Dani. Había pasado un mes más. Por mucho que había intentado dejar de buscarlo, no era capaz.
Volví a intentar.
-Un tono...do..
-¿Si?- me paralicé. No era su voz, sino la de una mujer.- ¿Diga?- repitió
-Si... Hola... Quería hablar con Daniel...
-¿Daniel? No, lo siento. Se ha equivocado.
-¿Quien es usted? ¿Y por qué tiene su móvil?

No obtuve respuesta. Simplemente colgó.
Llamé a Marina y le expliqué lo que había pasado. "Tranquila Malú, seguro que se lo robaron" me dijo.
Pero ¿y si no era así? ¿Y si Dani estaba con otra mujer?
Si, bueno, reconozco que a veces soy un poco paranoica pero. ¿Y si está con otra?
No me cuadraba nada. Me había quedado literalmente paralizada.
De repente sonó mi móvil. Esperaba que fuera ella. Que me explicara por qué colgaba, no sé, algo. Pero no, era Rosa.

-Dime Rosa. 
-Malú, ¿vendrás a grabar hoy?
-¿A qué hora?
-A las 10.
-Lo pensaré.
-No puedes dejar tu vida estancada tanto tiempo porque él se haya ido. ¿Es que ya no quieres acabar el disco ni empezar la gira el año que viene? Creí que era lo que querías...
-Lo era.
-Está bien. Haz lo que quieras. Avísame si al final vienes.
-De acuerdo.

Colgué y no pude evitar que se me saltaran las lágrimas. Sabía que Rosa tenía razón. ¿Pero y si me iba y Dani volvía? Tenía que estar aquí para esperarlo... Aunque, pensándolo bien, habían pasado meses ya, y el no había vuelto. No tenía ningún sentido seguir esperando, parando mi vida y arriesgándolo todo. Era improbable que volviera hoy.
(No me creí mis palabras en absoluto.)

Decidí intentar encontrarlo una vez más. Llamé otra vez a Marina y le pedí sus llaves del estudio de Dani. Pasaría a buscarlas y una vez allí pensaría qué hacer.
Cuando llegué me costó bastante subir las escaleras. No sé si por la niña o también por la angustia que me producía aquella situación.
Cuando llegué arriba la puerta estaba abierta. Era muy extraño. Entré sin más y grité "hola" unas cuantas veces.

-¿Hay alguien?- dije

Me acerqué a la única habitación que había allí.

-Hola.- dijo. No fui capaz de responder.- Esperaba verte hoy... aunque no aquí.
-Yo esperaba verte hace meses.
-Lo sé...
-Ah, ¿si? Pues veo que te importa mucho.
-Malú...
-¿Como se llama?
-¿Quien?
-Ella. La que tiene tu móvil.
-No sé de quien hablas Malú. Perdí el móvil hace un tiempo.
-Es una buena excusa para no haberme llamado.
-No. No te llamé porque necesitaba pensar.
-¿Pensar? ¿Tres meses fuera para pensar?
-Yo...
-Ahórratelo. Me voy.
-Espera, por favor...

No me paré. Simplemente me fui. Simplemente no era capaz de entender como es posible que sea capaz de decirme todas esas cosas tan tranquilo. Que se fue a pensar como quien se va a comprar el pan. Y no es normal.
Mis lágrimas no tardaron en aparecer y yo ya no sabía a donde ir.
Acabé volviendo a casa, sola y teniendo que poner buena cara. Ya sabéis, los periodistas siempre pueden estar por ahí.
Cuando llegué alguien me esperaba. Había un coche frente a mi puerta, con alguien dentro a quien no conseguía ver. Me acerqué.

-Hola amiga.- sonrió. Cómo me alegraba de verla en este momento
-¿Entras conmigo?
-Claro.- Salió del coche y me abrazó. Era uno de esos abrazos que curan por dentro, que reconstruyen. Y en este momento me hacía mucha falta que alguien me reconstruyera. Entramos en mi casa y ella misma cogió dos copas y un vino. Se sentó en el sofá y me hizo un gesto para que fuera a su lado.- Tu como en tu casa ¿eh?- dijo divertida
-Lo tendré en cuenta- reí. Me quedé un momento mirándola.- ¿Qué haces aquí? Hace mucho que no te veía...
-Bueno, he estado fuera, con la gira, el disco.. Tampoco quería dejarme ver mucho más.
-Te echaba de menos...- sonreí
-Y yo- sonrió- ¿Y tú qué? ¿Dónde está tu chico?- automáticamente una lágrima empezó a recorrer mi mejilla.
-Decidió irse hace unos meses y... Después de mucho tiempo lo vi hoy. No dio señal alguna durante meses y...
-Lo siento mucho Malú.. Pero escucha, que todo se va a arreglar. No creo que se vaya a ir de tu vida definitivamente, ya verás.
-Gracias...- sonreí
-¿Gracias por qué? ¿Tu estás tonta?
-Porque llegas en los momentos más oportunos. ¿Eres bruja o qué?
-Gracias por el cumplido oye.- reímos
-La bruja Vane... Suena bien ¿eh?
-Anda qué, yo no sé para qué te animo si vas a soltarme estas cosas.
-Que poco humor hija.- reímos

Al final no, no fui a grabar. Vanesa estuvo conmigo todo el día contándome cosas de su nuevo disco, cantándome algunas canciones... Comimos y charlamos, como en los viejos tiempos.
Por la noche seguíamos hablando. No importaba que lleváramos haciéndolo todo el día, no se nos acababan los temas de conversación, y era genial.
Pasadas las 10 sonó el timbre. No esperaba visitas, así que decidí no abrir.
Volvió a sonar. En el fondo sabía quien era. No abrí.
Pero como no, aún tenía la llave y entró.

-Si no te abrí será porque no quiero verte ¿no crees?
-Hola, Vanesa.- le dijo ignorándome
-Hola Dani..- le respondió ella.- Voy a irme ya Malú, tendréis cosas de las que hablar...- Me abrazó y a él lo saludó con un gesto.
-Tenemos que hablar.
-Teníamos que hablar hace meses Daniel.
-¿Por qué se supone que te pones así si prácticamente eras tu la que me estaba echando? ¿Te paraste a pensar en lo mal que me hablabas? ¿En que siempre me gritabas por todo y solo buscabas discutir?
-¿Y eso te da derecho a irte durante meses sin ni siquiera avisar?
-Sé que no.
-Entonces entiende que me enfade.
-Entiende tú que ya no podía más. Te pasaste muchas veces. Intenté aguantar, pero necesitaba respirar.
-Tres meses. Claro que sí.
-Si quieres que me vaya definitivamente dímelo y ya está.
-Haz lo que te dé la gana.- Empecé a subir las escaleras. Lo mejor que se me ocurrió era dejar de discutir.
-Siempre quisiste que me fuera.- gritó. Me paré en seco. Me giré y lo miré. Empecé a llorar, igual que cada uno de los días que no había estado aquí. Volví a bajar.
-Eres un imbécil.- grité- Te llamé desde el primer día que te fuiste y no me cogiste el teléfono en ningún momento. Todos los días te llamaba, pero nada. Tres meses Daniel. Tres putos meses me dejaste completamente sola, sin explicaciones, sin cogerme el teléfono, nada. Nunca quise que te fueras. Y sé que te traté mal, que fui insoportable, lo que quieras. Pero si no vas a ser capaz de aguantarme no haberte casado conmigo. ¿Quieres irte? Vete. Así de fácil.

Cogí mi abrigo y salí dando un portazo. No aguantaba más.
Me puse a andar, sin ir a ningún sitio en específico. Solo necesitaba calmarme.
Si de algo estaba segura es de que lo quería. Lo quería muchísimo más que a mi misma. Y por nada del mundo quería que volviera a irse. Pero a veces el orgullo, el enfado... Todo eso puede más que soltar un "quédate" sin más.

sábado, 31 de enero de 2015

Relato 1 [Búscame, a ver si puedes...]

Aquella abrumadora mañana de Enero había conseguido helarme hasta las pestañas. 
Salí de mi casa con unas 5 camisetas encima, 2 jerseys y una enorme cazadora. Parecía una auténtica esquimal. El frío me congelaba hasta las ideas, que para colmo ya tenía pocas. Estaba en una época de mi vida, digamos complicada, que ninguno de estos días inundados de niebla y frío conseguían mejorar. No sé cuantas veces habré pedido ayuda incluso a las estrellas durante estos meses. Mi vida había dado un vuelco inesperado del que no sabía como salir, ni tampoco nadie se interesaba en ayudarme. 

Hace dos semanas que vivo sola en mi apartamento. Mi reciente marido se ha ido de mi vida; por un tiempo, espero. No sé si pretende volver porque aún no dio señal de vida alguna. Yo, embarazada de 6 meses y sin poder dar concierto alguno, sin poder desahogarme del torbellino que estaba pasando por mi vida. Y reconozco que todo esto me estaba ahogando. Sentía la necesidad de irme de aquí, de viajar a un sitio lejano que me hiciera olvidar todo esto que solo me hacía llorar. Pero no tenía la fuerza necesaria para hacerlo sola y, de nuevo, nadie estaba a mi lado. 
Durante estos dos meses llamé a Dani millones de veces. Le rogué que volviera, que hablara conmigo... le pedí perdón tantas veces que creo que hasta eso lo cansó. Y es que la inestabilidad emovional que me invadía poco después de casarnos no era normal. No sabía por qué, pero siempre estaba de mal humor y provocaba con ello su mal estar y, con con el también las discusiones entre ambos. Me iba de casa sin decir a dónde, daba portazos para hacer ver mi prepotencia y gritaba como si no hubiera un mañana. Pero nada explicaba mi comportamiento. 
Creo que simplemente el echo de estar con el hombre de mi vida, con tener al lado a una persona que me lo daba todo sin pedirme nada más que simple amor y el echo de que fuera tan bueno conmigo, me provocaba una sensación contraria a la que debería. 
Cuando se supone que debería ser la persona más feliz del mundo -teniendo en cuenta que iba a ser madre, cosa que llevaba esperando muchísimo tiempo y además estaba casada con alguien de quien estaba perdidamente enamorada- acababa enfadándome por la más insignificante tontería, haciendo que él, pobrecito mío, se viera en una situación insalvable. Y creo que la culpa de todo la tengo yo, por no estar satisfecha después de haberlo conseguido todo; por haber estropeado la mayor gelicidad que intentaba darme la vida. 
Porque a veces pasa, que cuanto más tienes, más rápido lo echas todo a perder. Y a quien más quieres es a quien más daño le vas a hacer.

Y allí estaba, deambulando por la calle a las 7 de la mañana paseando a las perras, camuflando mis lágrimas con aquella niebla espesa que no me dejaba ver ni mis pies. 
Otras quinientasmil llamadas en un intento desesperado por encontrar a Dani, por saber si estaba bien, por saber si iba a volver... pero nada. Pasé por su piso, por su estudio, llamé a su hermana, a su cuñada, a sus tías, a su amigo Esteban... pero nadie sabía nada. 
¿Pero como podía haber desaparecido sin que nadie supiera nada? ¿Se había ido hace tanto tiempo sin decir nada a nadie? ¿O seguirá aquí escondido, quizás?

Pues no lo sé, pero sinceramente tras estar una mañana más buscando lo imposible, desistí. 
Me prometí a mi misma dejar de buscar. Ya sabéis, cuando perdemos algo lo mejor es dejar de buscarlo, y solo entonces lo vamos a encontrar. Así que me mentalicé en olvidarlo. Me prometí a mi misma pasar un tiempo sin él, hasta que él mismo decidiera que ya era hora de volver. 
Aunque sin duda, esto no me iba a ser nada fácil. 

Hola de nuevo!

Bueno chicos, en primer lugar gracias otra vez por la acogida de las dos novelas. Hace ya un año que empecé a escribir y quiero agradeceros todo el apoyo. 
Como dije, voy a subir una serie de relatos de las dos novelas, empezando por esta. 
El primero será en este blog, de Dani y Malú. El siguiente de Aurora y Martina y los siguientes de cada uno de ellos y vuelta a empezar. No los subiré todos seguidos y seguramente los separe un largo espacio de tiempo. No serán tan largos como los capítulos e intentaré que tampoco sean muy cortos. Espero que os gusten y gracias por leer!

viernes, 5 de septiembre de 2014

//Tu historia y la mía, tu sueño y el mío.//

Llega el final, mucho antes de lo que había previsto... pero el final al fin y al cabo. No me queda más que agradeceros, mil veces más, a todos los que estéis leyendo esto, a todos los que hayáis leído cada fragmento de esta pequeña historia. Como ya os dije, pretendo con esto que podáis emocionaros... haceros sentir algo, cualquier cosa, aunque sea rabia. Así que de corazón, espero que os guste y que lo disfrutéis tanto como yo al escribirlo. Gracias a todos!
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Disfrutábamos de un maravilloso día en Cantabria, en mi ciudad. Habíamos alquilado una casa en la playa y todo parecía perfecto en aquel momento. Mi hermana y Aurora paseaban por la playa cogidas de la mano. Malú me abrazaba por la espalda, con la barbilla apoyada en mi hombro. Nada en ese momento podía hacerme más feliz.
En cuanto al pasado, no puedo pararme a contaros todo por lo que pasamos cada uno de nosotros. Supongo que os imaginaréis que hubo momentos muy buenos... pero también otros muy malos. Os resumiré un poco la historia: 

¿Os acordáis del concierto en Barcelona? ¿Y de Sara? No sabéis la de problemas que me trajo aquello... El novio de Sara apareciendo por Madrid, Malú celosa y Sara, la pobre, que no sabía que hacer. Por lo pronto, los celos de Malú me costaron bastante caros. Mi chica no podía soportar que cuidara de Sara, pensaba que entre nosotros había algo más, cuando en realidad yo solo quería ayudarla. Discutíamos durante meses, dejaba de hablarme y no me abría la puerta de su casa ni me cogía las llamadas. Una vez incluso se fue de Madrid sin decirme a donde, según ella 'a pensar'. Sin duda nuestra relación no fue fácil, ni mucho menos, pero no me arrepiento de nada de lo que hice. No me arrepiento de haberme plantado en su puerta durante horas hasta que decidió salir, ni de recorrer Madrid con el coche para encontrarla, ni de seguirla por los conciertos, esperándola en el camerino con ayuda de su hermano para que habláramos. No me arrepiento de mi decisión de estar a su lado cada día por muy mal que me contestara, ni de comprarle una rosa blanca todos los días, para recordarle lo mucho que la quería. No, no me arrepiento. 
Aunque bueno, no todo lo que yo hice es bueno. Mi orgullo desde luego no faltó en ciertos momentos. Había momentos en los que era yo el que me enfadaba y me iba, el que no le contestaba, el que le cerraba la puerta cada vez que hacía algo que no me gustaba y el que se pasaba horas sin hablarle por celos. Y diréis ¿celos? Si, celos. Celos de un compañero de Malú que la invitaba a salir, que quedaban constantemente, aún viéndose cada día, cada hora del día. Y me molestaba mucho. Pero al fin y al cabo, todas esas cosas quedaron reducidas en pequeñas anécdotas que podremos contar a lo largo de los años, riéndonos de lo tontos que fuimos al dejarnos escapar por momentos.
Pero bueno, antes de seguir contándoos nuestra historia, no quiero pasar por alto la de mi hermana:

Para los que no recordéis lo de su viaje a París, os resumiré también, pero mejor me centro en lo importante. Martina me llamó, en el que se supone que era su día de vuelta, para decirme que se quedaría unos meses más. Me enfadé con ella, más que nada porque era un momento en el que la necesitaba bastante, necesitaba que estuviera allí, pero por otra parte estaba orgulloso de ella, de que tuviera la valentía de plantarse allí, prácticamente sola, y ejercer un trabajo periodístico con apenas diecisiete añitos. Me inspiraba valentía, de la que muy pocos tienen y me encantaba. Pero lo importante es su historia allí, lo que me fue contando a través de unos testamentos de whats app que me escribía cada día. En ellos me lo contaba todo, sus sensaciones al entrevistar a modelos parisinas, a grandes diseñadores de moda y a grandes artistas como pintores, escultores... incluso cantantes franceses. Vivía en un piso bastante céntrico en la ciudad de París, con muy buenas vistas. Le daban dinero para que fuera en taxi a Francia, las veces que le tocaba hacer algún reportaje allí, lo cual ella acababa aprovechando para hacer turismo. Se la veía muy feliz, la verdad, hasta por una pantalla se le notaba. Pero un día, en uno de esos textos me decía que tenía que contarme algo muy importante, pero como no íbamos a vernos, que al menos me lo contaría por teléfono. Entre unas cosas y otras, cuando salí de trabajar una mañana se me ocurrió llamarla a Skype. Hablamos durante horas, muchas horas. Pero después de tanto tiempo hablando, viendo como sonreía, con que ilusión pronunciaba cada palabra que decía... Por fin me dijo lo que tenía que decirme. ¡Ella y Aurora estaban juntas! Si os soy sincero, esa noticia me sorprendió... Bueno, me dejó helado cual iceberg, pero no me disgustó en absoluto. Era una de esas noticias que en mi familia (me refiero a mis padres y a nosotros, el resto de la familia es más cerrada...) no nos suele sorprender. Sabemos que es algo normal, con lo cual, cuando me lo dijo mi hermana me alegré mucho. Me chocó, claro, al recordar esa imagen con mi primo en el hotel... Pero me alegré al ver lo feliz que estaba, como sonreía y como le brillaban esos preciosos ojos. Al fin y al cabo ¿que hay mejor que la felicidad de la gente a la que quieres? 
Ya estábamos por fin todos juntos. Martina y Aurora pasaron a vivir juntas en mi estudio y todo lo de mi estudio pasó a mi casa, donde se supone que yo viviría solo pero no. Solía dormir en casa de Malú, o Malú allí pero pocas veces. Sara unos meses después de estar en mi estudio ya tenía un pequeño piso en las afueras, y había empezado a trabajar en la cafetería de Esteban, por lo que nos veíamos todos los días. 
En resumen, a pesar de todo lo malo siempre acabábamos bien. supongo que como en todas las buenas historias de amor, en mi caso con Malú. 

Y... ¿Queréis que os cuente como estamos ahora? 
En fin, como es lógico no puedo esperar a que me contestéis, porque sería esperar mucho, y al final no contaría nada... yo me entiendo. Así que, queráis o no, yo os la cuento, que en el fondo se que queréis. 

Hace un mes, un mes exacto que sonrío más que nunca. No sé si os ha pasado esto de que estás enamorado hasta las trancas, y lo primero que hace que te des cuenta es tu constante sonrisa, tus ganas de ver a esa persona cada minuto de tu vida, siempre. La verdad, sabía que me estaba enamorando de Malú pero... ¿tanto? 
Sin duda ella fue esa persona que lo trastocó todo en mi. Que llegó y me cautivó con su sonrisa, como yo esperaba. Era esa que cambiaría mi vida sin quererlo, sin que yo se lo pidiera. Cuando ella llegó, todo mi mundo se revolucionó. Todo cambió, en todos los aspectos posibles. ¿Y que haces cuando quieres tanto a alguien que te duele? 
Yo, en este caso, opté por luchar por ella, por despertarme a su lado cada mañana y por ver su sonrisa muy cerca de la mía. Elegí ser feliz a su lado, envejecer a su lado. Opté por discutir con ella a gritos, pero reconciliarnos entre gemidos ahogados y sentir su piel junto a la mía, muy cerca. ¿Por qué? Sencillo, es la mujer de mi vida. 
Soy de los que piensan que cuando has pasado por tanto con una persona, cuando te da igual perder tu orgullo por ella, cuando haces lo que sea por ver su cara, aunque hayáis discutido hasta tiraros toda la vajilla a la cabeza, cuando eso pasa, la relación es la más sincera del mundo. Porque quiere decir que nunca, nunca vas a dejar escapar a esa persona, que estás dispuesto a todo por ella, a todo. 
Para mi, en realidad, no suponía ningún esfuerzo quedarme a su lado. Más bien era algo que necesitaba, que pedía a gritos. Necesitaba girarme por la mañana y ver su cara junto a la mía, o su espalda, daba igual. Tenía la necesidad de acariciar sus lunares suavemente para no despertarla, y besar sus labios después de su primera sonrisa del día. No podía estar ni un solo día sin escuchar sus buenos días con esa voz de dormida que me enamoraba, sin ver su cuerpo desnudo cada vez que se levantaba y caminaba hacia la ducha. Me gustaba cada cosa que hacía cada minuto del día. Cada sonrisa que me dedicaba, cada palabra, cada gesto, cada mirada... Me perdía en sus ojos constantemente, sin poder evitarlo nunca, eran hipnóticos. Ella era quien me calmaba cuando yo me preocupaba demasiado, cuando me superaba la situación. Ella me abrazaba siempre, pasara lo que pasara. Aunque si había algo que odiaba eran sus giras... Lo pasaba fatal. Se me encogía el corazón cada vez que tenía un concierto lejos y sabía que iba en coche. Miraba las noticias y veía los accidentes de coche que hay a diario, y siempre la llamaba cada dos horas para saber si estaba bien, para asegurarme de que seguía ahí. Pero siempre me invadía ese miedo de que no me contestara, de que su coche saliera en las noticias, no sé, una de esas cosas que siempre pasan pero rezas con todas tus fuerzas para que nunca le pase a esa persona. 
En  definitiva, enamorado hasta las trancas. 
Si os digo la verdad, nunca supe con certeza cuando estaba enamorado... hasta que la conocí. Con ella lo vi claro. Me ponía nervioso cada vez que me besaba, cada vez que pasaba sus dedos por mi espalda y cada vez que me soltaba un 'Te quiero' así, de la nada. No os podéis imaginar lo que me producía todo aquello. Y ni os imagináis cuando me cantaba, cuando me dedicaba las letras solamente a mi y hacía que se me clavaran en lo más profundo de mi. Eso era magia, magia pura. 
Adoraba cada gesto, cada sonrisa, cada letra de las canciones que me cantaba al oído, la ternura con la que me hablaba, las caricias con las que me tranquilizaba siempre... Y podría seguir, pero supongo que no tenéis toda la vida para que os cuente algo que ya sabéis: que es increíble.

Pero, si algo me queda en el tintero es su último viaje a México. 
Tuvo que irse, en esa ocasión sin mi compañía y una semana antes de su cumpleaños. Iba a estar allí apenas tres días, pero tres días muy, muy intensos. Pero bueno, mejor os lo cuento con todo detalle, porque es algo esencial en esta historia.  
//

Se fue por la mañana después de un leve beso en los labios. No podía acompañarla al aeropuerto ya que tenía bastante trabajo, pero lo entendía y me perdonaba. Íbamos a estar tres días separados. Pero no tres días cualquiera, sino tres días de la semana antes de su cumpleaños. Por una parte aquello me venía estupendo, ya que podría pensar en una gran sorpresa que darle, en algo digno de la mujer que amo ¿no? Así que había decidido tomarme aquello como unos días solo, para poder prepararlo todo, no como unos días interminables sin ella, no sé si me explico. 
En cuanto se fue llamé a Martina y a Aurora. Necesitaba que vinieran a ayudarme a pensar. Martina es muy romántica, le gustan mucho los detalles y es muy creativa, siempre tiene ideas nuevas y muy buenas. Digno de una periodista de su rango, vamos. 
En cuanto llegaron yo estaba como un loco. Desquiciado porque necesitaba tiempo para prepararlo todo, pero también tenía que trabajar, con lo cual me agobiaba pensar que no me daría tiempo de hacer nada decente antes de que ella volviera. 

-Dani, cálmate ¿vale? Vas a hacerle algo increíble, yo lo sé.- dijo mi hermana acariciando mi espalda
-Es que no tengo ni idea de con que sorprenderla ya Martina. Si le regalo más flores, esto será una floristería, tendrá que empezar a venderlas... Si la llevo a un hotel, para ella no será nada nuevo porque está acostumbrada a eso cada vez que tiene conciertos. Si la llevo de viaje me dirá que no, porque todos sabemos que su trabajo suele ser lo principal. ¿Entonces? ¿Que se supone que tengo que hacer? 
-Pues...
-¡Oye! ¡Tengo una idea!- gritó Aurora eufórica

Sin esperar a nada me contó aquella idea. ¡Era increíble! Mi hermana y yo nos quedamos completamente boquiabiertos, sin palabras. Era algo que yo siempre había querido hacer, y este era el momento, supongo. Si que tenía miedo, no os voy a mentir, de que algo saliera mal... Pero eso siempre pasa, y no por eso voy a dejar de intentarlo ¿no? 
Les pedí a las chicas que buscaran el sitio que más les gustara y me pasaran la dirección. Iría allí en cuanto pudiera a verlo y si me gustaba, a ir preparándolo todo. Se fueron y yo cogí mi coche, con mi guitarra a mi lado y me fui. Primero a comprar lo esencial para la sorpresa, cosa que aún no os puedo revelar. Y luego, casi llegando tarde me fui al restaurante donde me tocaba actuar, mi preciado trabajo. Saludé al dueño, que se había convertido en un gran amigo mío y le pedí un día de vacaciones, ¿adivináis cual? Si, el 15 de Marzo. Ya con todo firmado, subí al escenario y lo dejé todo, una vez más. Solo me hacía falta pensar en ella y salía solo. Dos canciones a guitarra, tres con el piano y ya había acabado mi jornada. Sin duda un muy buen trabajo, la verdad. No pagaban como a un ejecutivo, pero me llegaba para vivir ya que una vez al mes actuaba en fiestas privadas y eso hacía que ganara el doble o el triple que en el restaurante. No me puedo quejar, en resumen. 
Los dos días siguientes estaba atacado de los nervios. No quedaba nada para que ella volviera. Yo ya había ido a ver el lugar que Aurora y mi hermana habían escogido, con muy buen gusto por cierto, y ya lo había decorado con anticipo. Solo tenía que ir unas horas antes de la sorpresa para los últimos detalles, pero el resto estaba todo planeado. 

La recibí por fin en casa, con un gran abrazo y la cena puesta. 

-¿Que tal México?- dije mientras le servía una copa de vino
-Agotador.- dijo graciosa chocando nuestras copas- ¿Qué has hecho tu por aquí?
-Pues nada, lo de siempre. Fui al restaurante, estuve con las niñas... No mucho más.- sonreí

Cenamos entre risas, ella contándome anécdotas de su viaje y yo atendiéndolo sin parpadear siquiera. Como ya era tarde simplemente nos fuimos a la cama, con un par de besos y muchas sonrisas para el día siguiente. ¿Para qué más?

Pasaban y pasaban los días, pero no tuvieron importancia hasta hoy, hoy era el día. Nada más despertarme me levanté lo más despacio que pude. Como cada día desde hacía un tiempo, corrí hacia la floristería y compré una rosa blanca que la mujer ya me tenía preparada cada día. Volví a la casa, preparé el desayuno y lo coloqué todo en una bandeja y se lo llevé a la cama. 

-Buenos días marmotita.- besé sus labios y me dedicó su primera sonrisa
-Buenos días madrugador.
-Toma, para la cumpleañera.- le tendí la bandeja y su sonrisa perduró, esta vez más intensa que la anterior
-Pero mira como me mima mi niño.- me besó- Me estás malacostumbrando cariño... ¿que haré cuando no te tenga para estas cosas?
-¿Piensas echarme acaso?
-¿A ti? Ni aunque quisieras.- me senté a su lado, la abracé y besé sus labios.
-Oye, una cosita. 
-¿Si? 
-¿Dejarás de cumplir años?
-¡Oye!- me dio en el brazo- ¿Me estás llamando vieja?
-No, cariño. No me malinterpretes... Quiero decir que si dejarás de cumplir años, porque me he roto la cabeza para tu regalo.
-¿Y que es?- dijo cual niña pequeña abriendo los ojos como platos
-Sorpresa.- sonreí
-Jo, no vale.- se cruzó de brazos y besé sus labios. Y cada vez que intentaba decir algo o protestar, la besaba una y otra vez. Ya os podéis imaginar como acabó la cosa ¿no?
Pues si chicos si, con el café derramado en las sábanas debido a las patadas que daba cuando le hacía cosquillas. 
-Oye Malú.
-Dime cielo. 
-Mi hermana quiere que vayas a pasar la tarde con ella. 
-Pero ¿y tu?
-Yo tengo trabajo cariño. Aunque tampoco me ibas a hacer mucho caso cuando tu móvil no para de sonar.- y era cierto, sonaba cada dos minutos, siempre una persona tras otra felicitándola en su día.
-Bueno... Te veré esta noche al menos ¿no?
-Por supuesto. Te voy a ir a buscar a casa de mi hermana para ir a cenar así que ponte guapa eh. 
-¡A la orden!- estallamos en carcajadas, acabando con nuestros labios pegados, sonrisa con sonrisa. 

Pasamos la mañana juntos, con los bichos en el jardín. Comimos con sus padres y su hermano con los que por cierto ya había encajado a la perfección. Pero por la tarde al irse todos también se iba mi chica a casa de mi hermana. Habíamos acordado que ella la entretendría toda la tarde y por la noche yo la recogería para cenar en el sitio escogido. La idea era perfecta pero ¿nos saldría bien?
Cuando se fue cogí mi coche y me fui directa a aquella cabaña. Era muy acogedora, en un sitio bastante apartado pero seguro. 
Ultimé los detalles que quedaban. Me aseguré de que todo había quedado perfecto y pasadas unas tres o cuatro horas allí metido por fin estaba todo listo. Lo esencial, lo más imporante estaba entre mi cabeza y mi bolsillo... Pronto lo entenderéis. Me fui a mi apartamento y me puse mi mejor traje. Eran las diez de la noche cuando me fui a casa de mi hermana, con los nervios a flor de piel pero sobre todo, muy feliz por lo que estaba a punto de hacer. 

-¿Lista?- grité desde el salón a Malú, que estaba en la habitación de mi hermana. 
-¡Casi!- después de unos minutos por fin salió. Estaba preciosa, realmente impresionante.- Ahora si. ¿Que tal estoy?
-Pues fíjate si no es mejor que cenemos en casa...- reímos- Bueno venga, vamos que al final se nos hace tarde.- nos despedimos de mi hermana y nos fuimos. Cuando subimos al coche le pedí que se pusiera una venda en los ojos, quería que fuera una verdadera sorpresa.- Póntela, venga.- le pedí
-Dani, ¿en serio es necesario?
-Lo es, por favor cariño.
-Bueeno- accedió y se la puso por fin. 

Conduje hasta la cabaña. Ya estaba hecho lo primero, ahora venía la cena y luego... lo complicado. La ayudé a bajar del coche y a caminar hacia el lugar. Entramos y pronto se dio cuenta del peculiar olor de aquel sitio... olía a flores, unas flores con un aroma que te transportaba. Encendí las velas, que por cierto no eran pocas y al acabar la abracé por la espalda y tras un beso en el cuello le solté la venda. 

-Bueno, dime. ¿Te gusta?
-Dios Dani... Es... Precioso...- una lágrima empezó a resbalar por su mejilla. Había visto el espacio vacío, con apenas una cesta, un mantel y unos cojines, pero todo esto rodeado de velas y pétalos. En el suelo también, hacia los cojines un camino de fotos. Fotos nuestras, de nuestro paso de los días al lado del otro. Fotos que nos recordaban muy buenos momentos, fotos que nos recordaban a la felicidad que compartíamos. La besé con tanta pasión como pude. Intenté transmitirle como siempre lo muchísimo que la quería, lo muchísimo que era para mi ella. Intenté explicarle con un beso, el por qué de mi sorpresa, básicamente. 

Cenamos tranquilos, con calma. Hubo momentos en los que cambiamos la comida por besos, por caricias, por sonrisas y miradas furtivas, sobre todo las suyas, que penetraban en mi llegándome al corazón, muy muy dentro. Había llegado el momento. No era un momento cualquiera, sino sin duda el más especial de todos los que hubiéramos podido vivir hasta ahora. 

-Malú... ¿Quieres ya tu regalo?
-¿Como? Pero... ¿No era esto?
-Desde luego que no mujer. ¿Lo quieres o no?
-Pues claro que si bobo.- me besó y me puse en pie. Le di la mano para que se levantara y por fin había llegado la hora. La tenía frente a mi, con un brillo especial en los ojos y una gran sonrisa. ¿Me acordaría del discurso?
-Verás cariño... Llevamos mucho tiempo juntos. Mucho tiempo en el que poco a poco hemos ido descubriéndonos el uno al otro hasta llegar a conocernos por dentro y por fuera. Después de tanto tiempo a tu lado... Sé que eres la mujer que quiero ver a mi lado siempre, la mujer con quien compartir mis desayunos, mis comidas y mis cenas. La mujer a la que mimar y cuidar cuando esté enferma, o cuando no lo esté. Eres esa a la que quiero darle todos los caprichos que se me permitan, a la que quiero hacerle cosquillas y fundirnos en una guerra que acabar en besos. Quiero una vida Malú, pero solo si es a tu lado...- respiré profundo, saqué una cajita azul de mi chaqueta y...- ¿Quieres casarte conmigo?- miles de lágrimas que corrían por sus mejillas me hicieron temblar. Su sonrisa me tranquilizaba, pero a la vez me alteraba más. Necesitaba una respuesta, y la necesitaba ya.
-¿Pero como no voy a querer?- se lanzó a mis brazos y nos fundimos en un abrazo de los pocos que te acarician el alma. La besé, ahora si, como a mi futura mujer, como la futura madre de mis futuros hijos. ¿Acaso hay algo mejor que eso? Yo creo que no. 
//

Bueno, ¿que os ha parecido esta parte de nuestra historia? La verdad, nunca había imaginado que acabaría viviendo a su lado toda mi vida... Nunca había supuesto que ella, Malú, sería la mujer de mi vida. Pero sinceramente, de haberlo supuesto no habría pasado, y por ello doy gracias de no haberlo sabido. 
Ahora llega la parte del presente, del ahora. Ahora, como os dije, estamos en una casa frente a la playa, en mi ciudad natal. Es nuestra pre- luna de miel. Estamos juntos, felices, con mi hermana y su chica y sin nada que pueda estropearlo ya. 

-¿A donde quieres que vayamos en la luna de miel de verdad?- dijo casi en un susurro con su boca pegada a mi oreja
-Pues... ¿Que tal a la cama?- sonreí pícaro
-En cuanto a eso... Luego tengo algo que enseñarte cariño.
-¿Vamos a cambiar la cama?- reí
-No tonto.- sonrió- Bueno, ¿a donde vamos?
-No lo se amor, a donde tu quieras, ya lo veremos cuando volvamos a Madrid.
-Estuve pensando y... Podíamos comprar una casa nuestra ¿no? Más grande, con más habitaciones... ¿Que te parece?
-¿Pero para qué queremos más habitaciones estando nosotros solos Malú? No creo que mi hermana y Aurora vayan a venir a dormir a casa ya ¿no crees?
-Ya Dani pero... 
-Dime, venga.- tiré de ella hasta tenerla en frente. Cogí sus manos y la miré a los ojos con una gran sonrisa.
-Pues... Que ya no somos solo dos cariño...- sonrió a la vez que miraba hacia su barriga y la acariciaba, no podía ser.
-No me digas que...
-Si mi vida, vamos a ser padres.

En ese momento no pude reaccionar de otra manera. La abracé levantándola por los aires y dndo vueltas con ella en brazos. Iba a tener un mini yo, o una mini Malú, con la mujer de mi vida. ¿Sueño o realidad? Sin duda no, una vez más no existía mayor felicidad que lo que yo estaba viviendo en aquel momento. ¿Queréis un consejo? Guiaros por el corazón, cuidad a quien tenéis al lado, a quien queréis... Nunca sabéis lo que puede pasar, con quien vais a terminar envejeciendo. ¿Y que pasa y perdéis al amor de vuestra vida por no saberlo ver? Con la mano en el pecho, como dice mi mujer, os digo que luchéis por lo que queréis, por quien amáis y lo hagáis posible. Solo vosotros decidís quien será esa persona con la que vais a compartir vuestra vida, no lo desaprovechéis nunca. 
Y aquí, mi mujer, yo y nuestro futuro pequeñín os deseamos lo mejor.        

IMPORTANTE:

Bueno, quera comentaros que después de mucho tiempo dándole vueltas, he decidido acabar con las novelas. Más que nada porque sé que no podré ser constante con los capítulos cuando empiecen las clases, y que entre una cosa y otra tampoco se si van a salir bien. Aún así, no voy a dejarlas sin más. Intentaré hacer un capítulo largo, que cuente todo lo que me queda por contar. Una especie de epílogo largo, que espero poder hacer bien. De verdad que os pido disculpas, que he intentado durante mucho tiempo seguirlas lo más que pude, acabarlas lo antes posible pero no doy abasto y al menos pues quiero acabar con un final decente. Seguramente cuando acaben las clases o en vacaciones pueda escribir pequeños relatos de las novelas, no sé, cualquier cosa que vaya publicando. Pero hasta entonces, para no dejarlas paradas tanto tiempo prefiero que así sea.

Quiero agradeceros una vez más todo el apoyo, todo el cariño y todo en general. Gracias por leer, por comentar, por todo. Que como es lógico nunca me imaginé llegar hasta aquí, con tantos seguidores de las novelas, con tanta gente que me apoya... Así que de corazón, millones de gracias porque en estos 8 meses me disteis muchísimo. Como siempre digo, sois enormes.

En la siguiente publicación (hoy) pondré el último capitulo... el 'epílogo'. Espero que os guste, de verdad, y si se puede, espero poder emocionaros aunque sea un poquito. Gracias!

miércoles, 27 de agosto de 2014

- 3 - QUE TU PRESENCIA NO LA CAMBIO POR NINGUNA

Había llegado el día, Sara y yo por fin estábamos en Barcelona y mis ganas por verla eran infinitas. Al menos unas cien veces se me había pasado por la cabeza que podía encontrármela por la calle, como una verdadera casualidad, y aunque mi sentido común me decía que eso no iba a ocurrir, realmente nada me gustaría más. Tenía unas ganas locas de decirle lo estúpido que había sido, de pedirle perdón cuantas veces hicieran falta y sobretodo de besarla como si mañana mismo se me acabara el mundo. 
Mientras tomábamos un café en el hotel, no se me quitaban los nervios. Realmente si que parecía un fan, de los que cuentan los días, las horas y los minutos para ver a su ídola. Pero no un fan cualquiera... no. Me declaraba oficialmente malulero, en todos los sentidos posibles que se le pudieran dar a la palabra. 

-Hoy no vas a escucharme...¿no?- dijo Sara, después de dar dos palmadas frente a mis ojos
-Lo siento Sara, supongo que estoy nervioso... Tengo mil cosas que decirle pero se con toda certeza que cuando la tenga delante no me van a salir palabras coherentes... 
-No puedes preocuparte tanto bobo. Seguro que encuentras la manera de calmarte y puedes hablar con ella como lo haces siempre. No me cabe ninguna duda de que si le pides perdón no dudará en perdonarte. Aunque yo si fuera ella, después de lo que has tardado pensaría que ya no te importo...
-Espero que no piense eso, porque es lo que más me importa en el mundo...
-Lo sé, por eso estoy segura de que encontrarás las palabras exactas y se arreglará todo. Eso si, no sigas dándole vueltas o acabarás por desquiciarte.- reímos- Y venga, sube a la habitación y descansa un rato que el concierto es en dos horas. ¡Pero descansa eh!
-Si mamá.- asentí y besé su mejilla.- Gracias.- susurré a su oído y sonrió.

Le hice caso y subí a mi habitación. Tenía una hora para descansar y media hora para ducharme y vestirme. La otra media hora pensaba repartirla en llegar al concierto y pensar en como iba a hacer para pasar a su camerino, sin tan siquiera un pase o un conocido dentro más que ella o su hermano al que había visto escasas veces. 
Me tumbé en la cama pero me era imposible dormir. Le daba vueltas a todo, pero no conseguía entender ni mis propios pensamientos. Aún sin poder pegar ojo y sabiendo que luego no podría conmigo, decidí ir a ducharme y a cambiarme de ropa. Dejé caer el agua, recordando las duchas con ella, la forma en la que malgastábamos el agua o la aprovechábamos de forma especial. 
Cuando por fin me di cuenta de que había pasado mucho tiempo, acabé y salí del baño para vestirme. 
Ya no quedaba nada. La iba a ver en menos de una hora y estaba de los nervios. Seguía intentando pensar como entrar en aquel camerino. Por Dios ¿por qué era tan difícil? Obviamente no podía llegar allí y decir 'oye, que soy su ex ¿por qué no me dejas pasar?' Iba a ser completamente imposible, pero me daba igual. No me importaba irme a Madrid y esperarla sentado frente a su casa hasta que volviera. No me importaba porque sabía que necesitaba verla, y que si fuera realmente fácil cada cosa que se presenta querría decir que nuestra historia no vale nada, cuando en realidad lo vale todo. 
Me subí al coche con Sara y la miré sonriente. 'Allá vamos' pensé. No estaba lejos del hotel, por lo que tardamos poco tiempo. Cuando llegamos, lo difícil sería aparcar el coche ya que por los alrededores más 'cercanos' estaba todo demasiado lleno. 
Aparcamos. Por fin aparcamos. Íbamos bastante justos de tiempo, pero como teníamos unos asientos específicos tampoco pasaba nada. Fuimos, nos sentamos y esperamos a que el concierto empezara. 

Cuando el concierto empezó, mi cordura se perdió. La estaba viendo ahí, relativamente cerca de mi y más preciosa que nunca. Solo de pensar cuanto la había echado de menos me daba unas ganas más enormes si cabe de abrazarla, aun que aún tenía mis dudas de que aquello fuese posible. A pesar de todo, la noche aún no había acabado y nunca se sabe lo que puede cambiar en dos horas...

-Dani, te espero en el hotel ¿vale? Luego me cuentas que tal.- Sara me besó en la mejilla y sonreí
-Toma.- dije lanzándole las llaves del coche
-¿Y tu?
-Cualquier cosa llamo a un taxi.- reímos. Besé su mejilla y me fui.

Respiré hondo y fui hacia un hombre de seguridad. Intenté hacerme el loco y pasar como si nada, pero no me dio resultado... y con razón. 

-Oiga... conozco a Malú, necesito verla.
-Tiene que enseñarme una acreditación, sino no puedo dejarlo pasar.
-Y... ¿por qué no la llama y que le diga ella si me conoce o no? 
-Lo siento señor, no puedo hacer nada. 
-Por favor, es importante. 
-Le repito que no puedo hacer nada. 
-Ya... Es que... me ha mandado su padre Pepe. ¿Quiere usted que lo llame y se lo pregunta?- se quedó pensativo un rato y yo ya me había hecho a la idea de otro 'no puedo hacer nada', pero esta vez la frase había cambiado y no pude alegrarme más.
-Bueno... mire... va a pasar pero le voy a acompañar hasta el camerino de la señorita para asegurarme de que lo conoce. 
-Perfecto, perfecto. 
-Acompáñeme...- lo seguí hasta su camerino. Estaba hablando por teléfono por lo que aún no me había visto. Creo recordar que mi corazón iba a mil por hora, sino más, y tenía una extraña sensación de que iba a meter la pata pero bien. Aún así me quedé allí como una piedra y con una sonrisa de oreja a oreja con el de seguridad a mi lado observándome de arriba abajo, cosa que como a cualquier persona normal, me incomodaba bastante. Unos minutos después (bastante largos por cierto) Malú colgó el móvil y aquí, mi amigo fue a hablar con ella. No escuché lo que le dijo, pero ella me miró y asintió, aunque no parecía alegrarse de verme. 
-Hola.- dije ya frente a ella. 
-¿Que haces aquí?
-Pues... quería verte. 
-Genial, ya puedes irte.- iba a entrar a su camerino pero la cogí del brazo en cuanto reaccioné. 
-Necesito que hablemos Malú, por favor.- no dijo nada durante un rato, se limitó a mirarme seria hasta que por fin cedió.
-Pasa.- pasamos a su camerino y era ahora cuando podía liarlo más o arreglarlo todo.- Habla, no tengo toda la noche Daniel.
-Perdóname Malú... Perdóname.- no era capaz de decir nada más. Mis nervios eran tan, tan grandes que no podía. 
-Perdonado. ¿Qué más?
-¿Hasta cuando vas a seguir con esto? Te estoy pidiendo perdón joder. 
-Si, casi un mes después. Te comportaste como un inmaduro ¿lo sabes? Y encima te fuiste de Madrid, no sabía nada de ti. No me pediste perdón en ese momento. ¿Tanto necesitabas pensar si te arrepentías?
-Si no te llamé fue porque me echaste tu. Porque necesitaba una llamada tuya que me pidiera que me quedara, pero eres una jodida orgullosa y te dio igual que me fuera. 
-Si, me dio igual. Me dio igual porque si te fuiste de esa manera significa que no me quieres una mierda, que te la suda lo que pase, solo piensas en ti. Pobrecito, que lo eché del hotel... ¡Joder Dani, eres un gilipollas!
-Tienes toda la razón del mundo. Soy un completo imbécil, no te merezco Malú. No te merezco en absoluto. Vine para verte, para decirte que te quiero y para que me perdones por ser un gilipollas. Ahora bien, si te da igual mejor me voy.- estaba a punto de salir por la puerta cuando apoyó su mano en ella por detrás para que no pudiera abrirla. Cuando me giré hacia ella un montón de lágrimas corrían por sus mejillas y esta vez si sonreía. Se acercó a mis labios y sonrió a milímetros de los míos.
-Si te vuelves a ir te mataré.

Reímos, reímos hasta que mis labios rozaron los suyos y miles de besos me devolvieron esa felicidad que hacía semanas que echaba de menos. 

domingo, 24 de agosto de 2014

- 2 - HE SALIDO A CAMINAR POR FIN... Y AHORA NADIE ME ACOMPAÑA

Los días en Cantabria pasaban, pero me era indiferente puesto que aquella llamada que tanto había esperado no parecía tener ganas de llegar. Mi primo me había dejado su pequeño apartamento mientras el estudiaba en Valencia, cosa que le agradecí porque tampoco tenía dinero para un hotel ni para alquilar un piso, y al resto de mi familia mejor dejarla donde está.
Casi no comía, me pasaba los días en la cama, como un depresivo sin terapia. Me daba pena a mi mismo. 
Cada vez que llamaba mi hermana intentaba disimular que todo iba bien. Le dije que estaba en Cantabria porque nuestro primo me necesitaba unos días. No era capaz de decirle la verdadera razón y eso me dolía muchísimo tratándose de mi hermana. 
Cogí el ordenador y busqué su twitter. Volvía a empezar con los conciertos en una semana y el primer sitio cerca de aquí era Barcelona, dentro de 10 días. Automáticamente mi cabeza dijo '¿Y por qué no?' 
No me lo pensé, porque sabía que si pensaba demasiado me acabaría arrepintiendo. Entré en la página de venta de entradas y cogí una en asiento reservado, más bien alejado para que, en caso de que se diera cuenta de mi presencia fuera más bien tarde. 
Tenía muchísimas ganas de verla en un concierto así. Siempre me había encantado escucharla cantar, pero no hay ni punto de comparación a como lo hace durante un concierto. Lo deja todo allí, y eso se nota. 
Cuando ya tuve mi entrada fui a comprar un coche. Tuve suerte de que un amigo mío me lo podía dejar bastante barato y eso me iba a compensar. 

Estaba feliz. Feliz porque la iba a ver en tan solo 10 días dejándose la piel en aquel escenario. Porque la iba a ver sonreír como tanto me gustaba, con esa sonrisa que iluminaba mis días como ninguna otra había hecho jamás. Tenía tanta ilusión de verla como el primer día, como si toda mi vida la controlara ella por completo. Es increíble como en apenas horas después de que se fuera del hotel, ya la echaba de menos. Ya sentía que la había perdido y las consecuencias de aquello era que yo me iba, pero mi vida entera se quedaba allí, a su lado. En aquel momento me di cuenta de lo muchísimo que la necesitaba. Y puede que ahora se haya acabado, o que al verme todo se solucione, pero yo solo con ver su cara en esas pantallas enormes, sus preciosos ojos y su brillante sonrisa dedicada a su público, solo con eso ya soy inmensamente feliz. 

Uno a uno los días pasaban. Cada cual más lento que el anterior. Me di cuenta de que los días pasaban sin que les prestara atención. Que daba igual todo, solo quería que esos 10 días se pasaran volando. Me veía allí, en el Palau Sant Jordi junto a miles de personas, admirándola simplemente a ella. ¿Era mucho pedir que el tiempo pasara rápido? 

Decidí ir a dar un paseo, para aprovechar un poco mejor el día. Dicen que cuando lo pasas bien, el tiempo pasa más rápido. Pues era el momento de ponerlo en práctica. 
Llegué a un parque, muy cerca del piso de mi primo y allí vi a alguien que me resultaba muy familiar. Pensé un momento. Largo y liso pelo negro, ropa sencilla... No conseguí ver sus ojos, ya que los ocultaban unas enormes gafas, pero estaba seguro, ¡era Sara! Me acerqué a ella sin parecer un psicópata, por miedo a que no se acordara de mi. 

-Perdona... ¿Sara?- coloqué la mano sobre su hombro cuidadosamente, lo menos que quería era asustarla
-Si, soy yo. ¿Y tu eres...?- se giró lentamente hasta que por fin se paró delante de mi- ¿Dani? ¿Eres tu?
-Si- sonreí
-¡Que sorpresa!- nos abrazamos con fuerza y le di dos besos
-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso?
-Bueno... digamos que las cosas en Murcia se complicaron un poco... Necesitaba salir de allí...
-¿Ha pasado algo?- asintió mientras se bajaba las gafas lentamente hasta que conseguí ver su ojo. Estaba hinchado, casi ensangrentado, era un golpe reciente.- ¿Y esto? ¿Ha sido...?
-Si, ha sido el.- dijo secándose al instante una lágrima que estaba a punto de resbalar por su mejilla- No es la primera vez que lo hace... pero fue la gota que colmó el vaso. 
-¿Sabe que estás aquí?
-No, pero no tardará mucho en averiguarlo... Llegué ayer, pero supongo que tendré que irme en un par de días antes de que decida venir a buscarme...- la envolví entre mis brazos tan fuerte como pude. Aquello me había llegado a lo más profundo de mi ser. Supongo que enterarte de que alguien que conoces tiene que pasar por semejante situación te hace darle muchas vueltas a todo, te hace empatizar mucho más de lo normal, y aquello había conseguido que la impotencia por no poder hacer gran cosa por ella, me llevara a querer protegerla por encima de todo. 
-Estaré aquí para lo que necesites Sara. Vendrás conmigo a Madrid, puedes vivir en mi piso. No creo que allí te encuentre. 
-Te lo agradezco de verdad Dani, pero no quiero que tengas que cargar conmigo... Estaré bien.- fingió una sonrisa


Intenté convencerla pero no había manera. No quería venir conmigo, pero yo no podía dejarla allí. Ni siquiera me había puesto a pensar en que pensaría Malú cuando me viera aparecer con ella, pero desde luego no lo pasaría por alto seguro...
Aún así lo esencial era mantener a Sara lo más lejos posible de su ex-novio. No me perdonaría que le hicieran daño estando yo con ella. No me preguntéis por qué, pero con Sara... la verdad es que sentía un vínculo especial, muy especial.
Después de hora sy horas intentando convencerla por fin aceptó. Vendría conmigo al concierto de Barcelona y luego a Madrid. Viviría en mi estudio hasta que pudiera alquilar un piso en condiciones y luego quedaríamos cada fin de semana a tomar café. Ya lo habíamos planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Parecíamos una de esas parejas de adolescentes que se prometen un para siempre, que planean su vida juntos aún sin saber si llegarán al año de relación. Pero supongo que eso es lo que hace especial la relación ¿no? La ilusión, la verdadera ilusión por que todo salga bien. Si se pierde eso, se pierde todo. 
Aunque también es verdad que Sara y yo no éramos pareja. Yo ni siquiera le había contado que mi chica era Malú. Era imposible que lo que hoy teníamos algún día se convirtiera en relación, ¿o me equivoco? No sé, pero desde luego si algo aprendí es que hay que tomarse la vida con calma y disfrutar de cada momento como si del último se tratara. Quizás así, prestándole más atención a los detalles igual conseguía ser un poquito más feliz ¿no? No sé, solo sé que mi única felicidad es ella, y ahora mismo no la tengo conmigo. Ahora mismo esa felicidad ha de estar en un coche, de gira con su equipo para repartir mi felicidad con miles de personas. Pero lo que más me intrigaba solo era una cosa... ¿me echará de menos?



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Bueno, para los que no os acordéis de Sara, os dejo aquí el capítulo 14, donde hizo su primera aparición. Espero que os haya gustado, mil gracias! 
http://novelaaprendizmalu.blogspot.com.es/2014/04/14-no-me-acostumbro-sin-ti-yo-no-se.html