viernes, 18 de septiembre de 2015

Relato 2 [Porque el momento de encontrarnos llegó en plena tormenta...]

-Un tono... dos... tres...-
Seguía intentando llamar a Dani. Había pasado un mes más. Por mucho que había intentado dejar de buscarlo, no era capaz.
Volví a intentar.
-Un tono...do..
-¿Si?- me paralicé. No era su voz, sino la de una mujer.- ¿Diga?- repitió
-Si... Hola... Quería hablar con Daniel...
-¿Daniel? No, lo siento. Se ha equivocado.
-¿Quien es usted? ¿Y por qué tiene su móvil?

No obtuve respuesta. Simplemente colgó.
Llamé a Marina y le expliqué lo que había pasado. "Tranquila Malú, seguro que se lo robaron" me dijo.
Pero ¿y si no era así? ¿Y si Dani estaba con otra mujer?
Si, bueno, reconozco que a veces soy un poco paranoica pero. ¿Y si está con otra?
No me cuadraba nada. Me había quedado literalmente paralizada.
De repente sonó mi móvil. Esperaba que fuera ella. Que me explicara por qué colgaba, no sé, algo. Pero no, era Rosa.

-Dime Rosa. 
-Malú, ¿vendrás a grabar hoy?
-¿A qué hora?
-A las 10.
-Lo pensaré.
-No puedes dejar tu vida estancada tanto tiempo porque él se haya ido. ¿Es que ya no quieres acabar el disco ni empezar la gira el año que viene? Creí que era lo que querías...
-Lo era.
-Está bien. Haz lo que quieras. Avísame si al final vienes.
-De acuerdo.

Colgué y no pude evitar que se me saltaran las lágrimas. Sabía que Rosa tenía razón. ¿Pero y si me iba y Dani volvía? Tenía que estar aquí para esperarlo... Aunque, pensándolo bien, habían pasado meses ya, y el no había vuelto. No tenía ningún sentido seguir esperando, parando mi vida y arriesgándolo todo. Era improbable que volviera hoy.
(No me creí mis palabras en absoluto.)

Decidí intentar encontrarlo una vez más. Llamé otra vez a Marina y le pedí sus llaves del estudio de Dani. Pasaría a buscarlas y una vez allí pensaría qué hacer.
Cuando llegué me costó bastante subir las escaleras. No sé si por la niña o también por la angustia que me producía aquella situación.
Cuando llegué arriba la puerta estaba abierta. Era muy extraño. Entré sin más y grité "hola" unas cuantas veces.

-¿Hay alguien?- dije

Me acerqué a la única habitación que había allí.

-Hola.- dijo. No fui capaz de responder.- Esperaba verte hoy... aunque no aquí.
-Yo esperaba verte hace meses.
-Lo sé...
-Ah, ¿si? Pues veo que te importa mucho.
-Malú...
-¿Como se llama?
-¿Quien?
-Ella. La que tiene tu móvil.
-No sé de quien hablas Malú. Perdí el móvil hace un tiempo.
-Es una buena excusa para no haberme llamado.
-No. No te llamé porque necesitaba pensar.
-¿Pensar? ¿Tres meses fuera para pensar?
-Yo...
-Ahórratelo. Me voy.
-Espera, por favor...

No me paré. Simplemente me fui. Simplemente no era capaz de entender como es posible que sea capaz de decirme todas esas cosas tan tranquilo. Que se fue a pensar como quien se va a comprar el pan. Y no es normal.
Mis lágrimas no tardaron en aparecer y yo ya no sabía a donde ir.
Acabé volviendo a casa, sola y teniendo que poner buena cara. Ya sabéis, los periodistas siempre pueden estar por ahí.
Cuando llegué alguien me esperaba. Había un coche frente a mi puerta, con alguien dentro a quien no conseguía ver. Me acerqué.

-Hola amiga.- sonrió. Cómo me alegraba de verla en este momento
-¿Entras conmigo?
-Claro.- Salió del coche y me abrazó. Era uno de esos abrazos que curan por dentro, que reconstruyen. Y en este momento me hacía mucha falta que alguien me reconstruyera. Entramos en mi casa y ella misma cogió dos copas y un vino. Se sentó en el sofá y me hizo un gesto para que fuera a su lado.- Tu como en tu casa ¿eh?- dijo divertida
-Lo tendré en cuenta- reí. Me quedé un momento mirándola.- ¿Qué haces aquí? Hace mucho que no te veía...
-Bueno, he estado fuera, con la gira, el disco.. Tampoco quería dejarme ver mucho más.
-Te echaba de menos...- sonreí
-Y yo- sonrió- ¿Y tú qué? ¿Dónde está tu chico?- automáticamente una lágrima empezó a recorrer mi mejilla.
-Decidió irse hace unos meses y... Después de mucho tiempo lo vi hoy. No dio señal alguna durante meses y...
-Lo siento mucho Malú.. Pero escucha, que todo se va a arreglar. No creo que se vaya a ir de tu vida definitivamente, ya verás.
-Gracias...- sonreí
-¿Gracias por qué? ¿Tu estás tonta?
-Porque llegas en los momentos más oportunos. ¿Eres bruja o qué?
-Gracias por el cumplido oye.- reímos
-La bruja Vane... Suena bien ¿eh?
-Anda qué, yo no sé para qué te animo si vas a soltarme estas cosas.
-Que poco humor hija.- reímos

Al final no, no fui a grabar. Vanesa estuvo conmigo todo el día contándome cosas de su nuevo disco, cantándome algunas canciones... Comimos y charlamos, como en los viejos tiempos.
Por la noche seguíamos hablando. No importaba que lleváramos haciéndolo todo el día, no se nos acababan los temas de conversación, y era genial.
Pasadas las 10 sonó el timbre. No esperaba visitas, así que decidí no abrir.
Volvió a sonar. En el fondo sabía quien era. No abrí.
Pero como no, aún tenía la llave y entró.

-Si no te abrí será porque no quiero verte ¿no crees?
-Hola, Vanesa.- le dijo ignorándome
-Hola Dani..- le respondió ella.- Voy a irme ya Malú, tendréis cosas de las que hablar...- Me abrazó y a él lo saludó con un gesto.
-Tenemos que hablar.
-Teníamos que hablar hace meses Daniel.
-¿Por qué se supone que te pones así si prácticamente eras tu la que me estaba echando? ¿Te paraste a pensar en lo mal que me hablabas? ¿En que siempre me gritabas por todo y solo buscabas discutir?
-¿Y eso te da derecho a irte durante meses sin ni siquiera avisar?
-Sé que no.
-Entonces entiende que me enfade.
-Entiende tú que ya no podía más. Te pasaste muchas veces. Intenté aguantar, pero necesitaba respirar.
-Tres meses. Claro que sí.
-Si quieres que me vaya definitivamente dímelo y ya está.
-Haz lo que te dé la gana.- Empecé a subir las escaleras. Lo mejor que se me ocurrió era dejar de discutir.
-Siempre quisiste que me fuera.- gritó. Me paré en seco. Me giré y lo miré. Empecé a llorar, igual que cada uno de los días que no había estado aquí. Volví a bajar.
-Eres un imbécil.- grité- Te llamé desde el primer día que te fuiste y no me cogiste el teléfono en ningún momento. Todos los días te llamaba, pero nada. Tres meses Daniel. Tres putos meses me dejaste completamente sola, sin explicaciones, sin cogerme el teléfono, nada. Nunca quise que te fueras. Y sé que te traté mal, que fui insoportable, lo que quieras. Pero si no vas a ser capaz de aguantarme no haberte casado conmigo. ¿Quieres irte? Vete. Así de fácil.

Cogí mi abrigo y salí dando un portazo. No aguantaba más.
Me puse a andar, sin ir a ningún sitio en específico. Solo necesitaba calmarme.
Si de algo estaba segura es de que lo quería. Lo quería muchísimo más que a mi misma. Y por nada del mundo quería que volviera a irse. Pero a veces el orgullo, el enfado... Todo eso puede más que soltar un "quédate" sin más.

sábado, 31 de enero de 2015

Relato 1 [Búscame, a ver si puedes...]

Aquella abrumadora mañana de Enero había conseguido helarme hasta las pestañas. 
Salí de mi casa con unas 5 camisetas encima, 2 jerseys y una enorme cazadora. Parecía una auténtica esquimal. El frío me congelaba hasta las ideas, que para colmo ya tenía pocas. Estaba en una época de mi vida, digamos complicada, que ninguno de estos días inundados de niebla y frío conseguían mejorar. No sé cuantas veces habré pedido ayuda incluso a las estrellas durante estos meses. Mi vida había dado un vuelco inesperado del que no sabía como salir, ni tampoco nadie se interesaba en ayudarme. 

Hace dos semanas que vivo sola en mi apartamento. Mi reciente marido se ha ido de mi vida; por un tiempo, espero. No sé si pretende volver porque aún no dio señal de vida alguna. Yo, embarazada de 6 meses y sin poder dar concierto alguno, sin poder desahogarme del torbellino que estaba pasando por mi vida. Y reconozco que todo esto me estaba ahogando. Sentía la necesidad de irme de aquí, de viajar a un sitio lejano que me hiciera olvidar todo esto que solo me hacía llorar. Pero no tenía la fuerza necesaria para hacerlo sola y, de nuevo, nadie estaba a mi lado. 
Durante estos dos meses llamé a Dani millones de veces. Le rogué que volviera, que hablara conmigo... le pedí perdón tantas veces que creo que hasta eso lo cansó. Y es que la inestabilidad emovional que me invadía poco después de casarnos no era normal. No sabía por qué, pero siempre estaba de mal humor y provocaba con ello su mal estar y, con con el también las discusiones entre ambos. Me iba de casa sin decir a dónde, daba portazos para hacer ver mi prepotencia y gritaba como si no hubiera un mañana. Pero nada explicaba mi comportamiento. 
Creo que simplemente el echo de estar con el hombre de mi vida, con tener al lado a una persona que me lo daba todo sin pedirme nada más que simple amor y el echo de que fuera tan bueno conmigo, me provocaba una sensación contraria a la que debería. 
Cuando se supone que debería ser la persona más feliz del mundo -teniendo en cuenta que iba a ser madre, cosa que llevaba esperando muchísimo tiempo y además estaba casada con alguien de quien estaba perdidamente enamorada- acababa enfadándome por la más insignificante tontería, haciendo que él, pobrecito mío, se viera en una situación insalvable. Y creo que la culpa de todo la tengo yo, por no estar satisfecha después de haberlo conseguido todo; por haber estropeado la mayor gelicidad que intentaba darme la vida. 
Porque a veces pasa, que cuanto más tienes, más rápido lo echas todo a perder. Y a quien más quieres es a quien más daño le vas a hacer.

Y allí estaba, deambulando por la calle a las 7 de la mañana paseando a las perras, camuflando mis lágrimas con aquella niebla espesa que no me dejaba ver ni mis pies. 
Otras quinientasmil llamadas en un intento desesperado por encontrar a Dani, por saber si estaba bien, por saber si iba a volver... pero nada. Pasé por su piso, por su estudio, llamé a su hermana, a su cuñada, a sus tías, a su amigo Esteban... pero nadie sabía nada. 
¿Pero como podía haber desaparecido sin que nadie supiera nada? ¿Se había ido hace tanto tiempo sin decir nada a nadie? ¿O seguirá aquí escondido, quizás?

Pues no lo sé, pero sinceramente tras estar una mañana más buscando lo imposible, desistí. 
Me prometí a mi misma dejar de buscar. Ya sabéis, cuando perdemos algo lo mejor es dejar de buscarlo, y solo entonces lo vamos a encontrar. Así que me mentalicé en olvidarlo. Me prometí a mi misma pasar un tiempo sin él, hasta que él mismo decidiera que ya era hora de volver. 
Aunque sin duda, esto no me iba a ser nada fácil. 

Hola de nuevo!

Bueno chicos, en primer lugar gracias otra vez por la acogida de las dos novelas. Hace ya un año que empecé a escribir y quiero agradeceros todo el apoyo. 
Como dije, voy a subir una serie de relatos de las dos novelas, empezando por esta. 
El primero será en este blog, de Dani y Malú. El siguiente de Aurora y Martina y los siguientes de cada uno de ellos y vuelta a empezar. No los subiré todos seguidos y seguramente los separe un largo espacio de tiempo. No serán tan largos como los capítulos e intentaré que tampoco sean muy cortos. Espero que os gusten y gracias por leer!